En busca de Daddy

Por si lo dudas, sigo siendo Jessica. Manuel/Daddy o como le quieras llamar está literalmente secuestrado.

¿Quién encontró a Daddy primero?

Por lo que te he contado hasta ahora y se relata en la novela, ya que por otro lado es lógico, quien primero tuvo suerte en esta búsqueda, porque disponía de los datos (Nombre, fecha y lugar de nacimiento) y los medios, fue Ana, lo cual ya os confieso que no fue fácil, pero debería ser ella quien os contase todo el proceso. Yo lo único que os puedo decir, porque por aquel entonces hacía oídos sordos a todo aquello, es que me tenía que sacar del internado por las malas y ni aun así demostraba el más mínimo interés, ya que era Daddy quien tenía que venir a buscarme. Sin embargo, lo más lógico era pensar que éste ni supiera de mi existencia, por lo tanto, tampoco mi nombre ni lugar de nacimiento, porque ya os he contado que me abandonaron a nacer.

Presuponer que Daddy me viniera a buscar, aparte de que por lógica era absurdo que se creyese la historia, alguien se la debería haber contado. Para ser justa tampoco creo que dispusiera de los medios ni interés para ello. Yo estaba mejor en el internado y así no le complicaba la vida a nadie. Mi problema es que yo sí quería encontrarle y que al menos supiera de mi existencia. Ante mi cabezonería y dado que Ana disponía de los medios para ello, puso su empeño en complacerme, a ver si de ese modo se me quitaba la tontería, aparte de aclarar mi situación, había que intentar localizar a mis verdaderos padres o al menos darle una explicación al hecho de que se nos hubieran dado esos datos, por incoherentes que pudieran resultar, pero algún sentido e intención debían tener.

La cuestión es que Ana le encontró. Presupongo que fue por medios legales, aparte de un trabajo personal, eso de ir puerta por puerta o recurriendo a sus amistades, porque no sé tú, pero ella tiene amigos en todo el mundo, por mucho que cueste de creer, pero sabe aprovechar muy bien las vacaciones para viajar. El caso es que le encontró, habló con él y éste en un primer momento se desentendió de mí. Le pareció demasiado comprometido y sus circunstancias no eran las más idóneas para hacerse cargo de una adolescente, pero tampoco se cerró a la posibilidad de que nos conociéramos en el futuro, una vez que la situación tanto por su parte como por la mía hubieran mejorado. Como por aquel entonces esto de Internet aún no había progresado tanto ni se sabía muy bien cómo evolucionaría, no se esperaba que la comunicación entre nosotros pudiera ser fácil ni fluida, pero Ana consiguió de Daddy una prueba que le había localizado, algo que demostrase que ella había cumplido su palabra y superase mis más que probable incredulidad, sobre todo mi testarudez.

No sé si lo sabes, pero te lo cuento. Hay un chiste que me contó Yuly, en referencia a lo que yo le conté con respecto a la vida social de Ana. El caso es que en el chiste se cuenta que estando en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, un hombre le pregunta a uno de los guardas “¿Quién es el hombre vestido de blanco que está al lado de Ana?” Bueno, en realidad, ella no es tan conocida, es mucho más del montón, más discreta, pero os lo cuento para que os hagáis una idea, o al menos esa era la que Yuly se montó cuando se lo conté como una confidencia entre amigas ¡Entre nosotras nos lo contamos todo! La cuestión es que Ana se aprovechó de esas amistades para localizar a Daddy y para que yo me creyese que en realidad el mérito fuera mío porque tan solo tuve que seguir las pistas que me fueron dejando.

Búsqueda al método tradicional

Guía de teléfonos antigua

Pensareis que como Yuly lo sabe todo sobre España, por sus narices tenía que conocer a Daddy, pero ya os aclaro yo que no, que como ya os he comentado en anteriores post y se cuenta en la novela, ella no había estado en Toledo. Sin embargo, por lo que a mí respecta, ella fue una gran ayuda cuando por fin de decidí a iniciar es búsqueda, pero como comprenderéis no disponía de los contactos ni de los medios que Ana. La mía fue una búsqueda mucho más rudimentaria. Yuly consiguió de sus parientes una guía de teléfonos y localizamos en ésta, en Toledo, el apellido de Daddy, con un número de teléfono y una dirección, pero igual podía ser la suya como que no ¡A saber que había sido de Daddy y su familia a lo largo de todos aquellos años! Aparte que el nombre que aparecía en esa guía de teléfonos tan solo coincidía en el primer apellido con el de Daddy lo que era aventurarse demasiado a que hubiera algún tipo de parentesco o relación entre ellos.

Os lo confieso, nunca he sido tan osada ni tan valiente como para llamar a ese número de teléfono sin más. Tal vez debería haberle confesado antes a Ana que había encontrado esa pista para que ella me orientase, pero, como ya supondrás, siempre he tenido mis secretos para no admitir ciertas cosas, al igual que no ignoraba que Ana me conoce incluso mejor que yo misma y solía ir un paso por delante. Por lo cual cuando me sinceré con ella no se sorprendió, pero tampoco me quiso aclarar si iba tras la pista correcta, porque era yo quien debía moverme, hacer algo en vez de quedarme sentada a la espera de los acontecimiento. Al menos había encontrado un punto de partida desde el que iniciar esa búsqueda, la confirmación de que ésta tendría algún sentido y no perseguía una ilusión. De todos modos, os he de aclarar, porque así se cuenta en la novela que tuve el atrevimiento de mandar una carta, aunque ya os podréis imaginar lo que me costó. Ana tan solo me recriminó que no lo hubiera hecho antes.

Mi búsqueda

En realidad, como se cuenta en la novela, lo que me motivó a iniciar esa búsqueda de Daddy, fueron sus poemas, pero no los que Ana me hacía llegar de una manera más o menos indirecta, porque incluso ella se vio sorprendida por mi hallazgo. Fue gracias a la evolución de Internet y a una amiga de la universidad, a Pigeon, amiga de Yuly y mía. En cierto modo a que Daddy empezó a enviar poemas a una de esas páginas web literarias y a que mi amiga era una aficionada a la poesía en español. Fue un hallazgo casual por mi parte, porque me fijé en ello, igual que podía haberlo pasado por alto.

Título: "Folios en blanco"

Folios en blanco, no hay poesía,
intento escribir palabras otro día,
pero mis manos ven folios en blanco.
No saltan las palabras a esta vida,
mi lapicero calla guardando silencio,
la inspiración ya se ha escondido.
La busco, pero se esconde en el río,
se oculta bajo las aguas del cielo.
La inspiración es agua que corre,
pero el cauce del río está vacío,
no hay pesca, sólo folios en blanco,
una hoja de papel que no dice nada,
la inspiración que se esconde callada.
Autor: Manuel Pellicer Sotomayor. 28/03/1994

Lo que no está claro es por qué Daddy empezó a publicar poemas. Yuly es de las que piensa que fue su manera de buscarme, de hacerme saber que sabía de mi existencia y que no fuese Ana la única intermediaria, quería que yo le encontrase. Yuly es así de sensible y emocional. ¿A vosotros qué parece? ¿En realidad lo hizo por buscarme? Para mí hasta entonces, tan solo era una idea, una posibilidad, alguien tan real como mis propios sueños, tan solo Ana tenía la certeza de que perseguía a alguien real.

Búscale tú

¿A ti te han motivado de alguna manera los poemas de Manuel? Ya te digo que para mí fue lo que me ayudó a conocerle y motivó a buscarle. Aunque, claro, tenía un buen motivo, es Daddy. Puede decirse que era inevitable que nuestros caminos se cruzasen, nos encontrásemos, aunque de igual modo podría haber seguido con mi vida en Medford e ignorar quién soy yo en realidad. Sin embargo, impulsada por Ana, y en parte gracias a mi amistad con Yuly, supere todos mis temores al respecto. Tenía que conocer a Daddy, saber si había un presente y un futuro para los dos y después, en base a lo que hablásemos, a lo que decidiéramos, seguir con mi vida. Te he de confesar que he tenido suerte, porque Daddy ha querido aceptarme en su vida al menos hasta que nuestros caminos se vuelvan a separar, porque, como éste dice, cualquier día me va a salir un novio y él va a dejar de ser tan importante en mi vida. A mí me preocupa que pueda ser al revés, pero los dos queremos que el otro sea feliz, de manera que no hay ataduras en ese sentido.   

10. octubre 2020

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