Los detalles son importantes

Hay un detalle de esta historia que está plasmado en mi cabeza, pero que creo que no queda lo bastante bien reflejado en la novela, porque reconozco que soy poco dado a las descripciones del entorno, lo cual, hasta cierto punto, admito que puede ser un fallo por mi parte, dado que me centro sobre todo en la psicología de los personajes. Sin embargo, una vez que entiendo que la novela ya está más o menos acabada, salvo que le quiera hacer correcciones o añadidos de última hora, incluir esos detalles que hasta ahora he obviado, no me parece que sea muy prudente. No soy lo que se dice un escritor muy visual y he dejado a la libertad de los lectores que sean éstos, vosotros, quienes se imaginen dónde se desarrolla la historia. En todo caso, cuando hago referencia a Toledo supongo que, de manera más o menos, implícita se da por sentado de sobran las explicaciones y, dado que se trata de una novela con cierto toque autobiográfico, cualquier concreción en ese sentido es como invitar a todo el mundo a que se meta en mi casa y se dé una ducha en la bañera. Lo cual me resulta un tanto comprometida e innecesario. En todo caso, analizado con detalle, no es una hipótesis demasiado absurda. Quizá por eso en determinado momento la novela se aleja de la ciudad, para que, como diría Cervantes, la historia se desarrolle “en un lugar de * de cuyo nombre no quiero acordarme”. Porque sí, porque al final he de admitir que se me hace necesario buscarle una dirección a Ana, un lugar de residencia. Antes que echarle excesiva imaginación, recurrí al mapa y busque una ciudad que por su ubicación me encajase con todo lo dicha hasta ese momento con la vida de Ana y, hasta cierto punto entiendo, que la elección al final ha sido bastante acertada.

En este post/entrada no pretendo hacer alusión a esas ubicaciones geográficas, porque, si me adelanto a la historia, ésta perderá todo el interés. De momento, hasta lo publicado, la historia se empieza a desarrollar en un pueblo. Era necesario sacar a los protagonistas de su zona de confort, de su ciudad, de su ambiente, para que afloren sus miedos, inseguridades… en definitiva todo eso que han pretendido ocultarse el uno al otro, pero que para sus amigos está a la orden del día y, aun así, éstos les aprecian, dado que Ana brilla con luz propia allá donde va, pero los amigos saben que es una luz que en ocasiones pierde la vitalidad. Y Manuel, que parece no querer nada con nadie, tener la sensación de que va a su rollo, porque no se entiende con nadie, en el fondo es alguien que está pidiendo a gritos un poco de comprensión. De manera que sí, lo que sucede en el pueblo es importantes y ciertos detalles no lo son menos.

¡A comer!

Diseño de una casa. Manuel Pellicer

Primero he de aclarar que no soy arquitecto ni diseñador de interiores, pero en ocasiones tengo el defecto, la necesidad o la suerte de recurrir a esos programas de diseño en 3D para ilustrar mis novelas, aunque admito que para ésta no en algo que en su momento tuviera tan accesible, aparte de que con los años la tecnología en ese sentido ha evolucionado y lo que hace unos años parecía más un trabajo de lápiz y papel, a día de hoy se consigue en cuestión de segundos con lo que en apariencia es un programa de diseño gráfico de edificios en 3D. Lo que en mi caso ayuda a plasmar en imágenes lo que en principio está en mi cabeza.

La cuestión es que, si hay un lugar de la pascua, del desarrollo de esta novela en estos días, no tanto lo que ocurra en la iglesia, en donde sí habrá momentos de introspección personal y hasta cierto punto se dará la oportunidad para que nuestros tortolitos jueguen al perro y al gato. Como novelista, como autor de la novela, le he dado algo más de juego a lo que sucede durante las comidas, en el comedor, cuando se pierde de algún modo esa seriedad y formalidad, se da a entender que cada cual puede mostrar su verdadera personalidad y como leones hambrientos lanzarse contra el mangar más exquisito. es en esos momentos cuanto toma vigencia el dicho “Con verte me alimento”, aunque Ana no va a estar muy de acuerdo en eso de ser el plato principal ni siquiera el postre, pero digamos que no se va a reprimir demasiado a la hora de darse un banquete todos los días, en todas las ocasiones, sin que Manuel llegue a ser demasiado consciente de ello, dado que éste se queda con hambre.

De este comedor, lo que quiero destacar y destaca por encima de todo, no es el modo en que comen, unas veces por libre y otras por grupos, porque ello depende de la decisión de los organizadores y hasta cierto punto se puede considerar una cuestión de logística, porque aquellos que sirven la mesa son los últimos en sentarse a comer y el grupo que recoge son los últimos en marcharse, mientras que lo del tercer grupo, llegan, se sientan a comer y se marchan. Con la pauta de que en cada comida, que no por días se produce esa rotación, ya que a lo largo de los días todos los grupos han de hacer de todo y como es lógico, aquellos que se han de ayudar en la liturgia no pueden ocuparse de las mesas, pero tampoco desatender esa labor de servicio a los demás.

La cuestión es que hay tres mesas de seis, son tres grupos mixtos compuestos por seis personas y se da la circunstancias de que hay más chicas que chicos, pero se puede considerar que nadie tiene como tal un sitio ni una silla asignada, que en cierto modo, por lo que he comentado con anterioridad, a la hora de sentarse cada cual ha de ocupar la primera silla que encuentre libre, si la comida es por grupos, pues en a mesa de su grupo y si la comida es por libre se da la opción de escoger compañeros, siempre y cuando no se junten más de seis en una misma mesa. De algún modo, la hora del desayuno, comida y cena, se convierte en un improvisado juego de las sillas, donde la rapidez cuenta tanto como la complicidad de los amigos o la decisión de los organizadores.

¿En serio? ¿Nadie tiene una silla asignada?

Photo by Paula Schmidt on Pexels.com

Si como pretendemos y esperamos, Manuel ha de hacer el tonto para llamar a atención de Ana, eso de que nadie tenga una silla asignada, se le presenta como una oportunidad de oro. Tan solo tiene que esperar su momento. Tres mesas, dieciocho sillas y él tan solo ha de esperar a que Ana llegue tarde, de las últimas, y no le quede otro remedio que sentarse en la silla que éste le haya reservado o, por el contrario, esperar a que ésta escoja mesa y ser él quien ocupe una de esas cinco sillas libres antes de que alguien se le adelante. Ana no tiene cuatro amigas, tan solo dos o tres, por mucho que quiera, no puede pretender acaparar la atención de todo el mundo, porque los demás también querrán estar con otra gente. Además, con eso de que las tareas se realizan por turnos y que los que tienen que servir son los últimos en sentarse, así, de un plumazo, a Manuel le desaparecen seis obstáculos. tan solo ha de esperar a que sea una de esas comidas que sea por libre y en las que ni a su grupo ni al de Ana les corresponda servir.

De jueves por la mañana hasta el domingo a mediodía hay comidas/ocasiones de sobra para intentarlo, salvo que el viernes es día de ayuno voluntario y el sábado hay planificada una salida al campo, pero ello no es motivo para desanimarse. Manuel tiene que hacer el tonto porque en el fondo es lo que Ana está esperando que haga, porque ésta necesita saberse correspondida, que sus sentimientos no son por mera subjetividad o desesperación personal ante la necesidad de que los dos encuentren al gran amor de sus vidas y de momento no se les conocen otros candidatos.

Bueno, sí hay otros candidatos a ser los grandes amores de sus vidas, Ana tiene a su misterioso “Poeta” y Manuel a su “Dulce gatita”, pero en estos días no parece que se acuerden mucho de ellos, aparte que Ana tiene una última charla con Carlos el sábado por la noche. Quienes no dan señales de vida ni de sentirse afectadas por los acontecimientos son todas aquellas amigas de Manuel en su momento se desentendieron de sus insinuaciones románticas.

¡Ya tenemos el lio armado! ¡Tontos los hay en todas partes, pero el nuestro se lleva el premio gordo por listo!

Pero la pregunta que nos hacemos no es si Manuel será capaz de ponerse en evidencia hasta ese punto y lograr esa sonrisa de aprobación por parte de Ana o ésta le mandará a freír espárragos, como se dice vulgarmente, en cuanto consiga zafarse de su acoso.

La pregunta es, si a pesar de todo ese caos que se monta con las distribución de las mesas, ¿No hay nadie que tenga el asiento reservado? Porque el plan de Manuel tiene que fallar por alguna parte, aparte de hecho de que no debería ponerse en evidencia por una chica cuando ésta parece ignorarle de una manera un tanto obsesiva. como se dice en la novela, en el día 16 de abril

Mi cordialidad con él, esa actitud de cercanía, se terminó en la puerta de la iglesia por decisión mía y porque él tampoco me retuvo a su lado. En caso de que lo hubiera intentado, se hubiera encontrado con un mal gesto por mi parte y era algo que los dos queríamos evitar en particular en esos primeros momentos.

Ana. 16 de abril

A mí desde siempre me ha gustado pensar que ese comedor tiene un escalón en la puerta, de manera que esa panorámica de la habitación, nada más entrar ya sea una oportunidad para escoger mesa y silla, para hacerse una idea del ambiente. Esa puerta elevada va a tener su importancia a lo largo de varios momentos de la novela, porque está claro que ni Manuel ni Ana van a reprimir el impulso de entrar y buscarse el uno al otro con más o menos disimulo. Si Manuel ya ha llegado, Ana puede relajar las inquietudes y preocupaciones de su corazón, éste no se ha perdido y hasta cierto punto se ha integrado con normalidad en el clima de la convivencia. Y si Ana ha llegado, Manuel se puede plantear las opciones que tiene de sentarse en su mesa, en caso se les dé libertad en ese sentido. Allí a Ana no le resulta tan fácil esconderse, evitarle, porque, en realidad, Manuel siente que de manera un tanto descarada está jugando a hacerse la inalcanzable, pero le deja migas de pan y pistas para que le siga.

Puerta del comedor de la pascua Manuel Pellicer

El miércoles 16 ya tiene la oportunidad de cenar de coincidir en el comedor, pero tampoco sucede nada relevante, por lo cual no parece que el comedor sea motivo para pensar que allí vaya a suceder nada en particular, pero, si he de destacar un detalle, no es tanto esa aparente indiferencia de Manuel, sino que ya Ana deja claros indicios de tener su atención puesta sobre éste que se empieza a sentir un tanto afectada por su actitud, que ese rechazo por su parte no es más que una tapadera para esconder sus verdaderos sentimientos.

La cena fue en un ambiente distendido, tuve la sensación de que Manuel se mostró bastante integrado en el grupo, que se desentendió de mí como si después de la misa hubiera entendido que no le prestaría ninguna atención 

Ana, 16 de abril

En la versión de Manuel no hay como tal ninguna mención a esta primera cena. No es fácil intuir ni deducir cómo se siente, qué pensamientos le rondan por la cabeza en esos momentos. da la impresión de que, como Ana no quiere nada con él, su cabeza se ha quedado en “stand by”, bloqueada, sin energía, se ha desconectado. Lo que comente o comparta con los demás carece de importancia. Lo poco o mucho que sabemos al respecto es Ana quien nos los cuenta. Ésta se lamenta un poco de que Manuel no se muestre un poco más vivo en ese sentido

aquella frialdad me dolió, tanto o más que cuando no entraba entre mis expectativas que nuestros caminos se cruzaran de nuevo. Estaba claro que o nos entendíamos sin palabras o aquello era consecuencia de esa falta de comunicación por parte de los dos. Me daba la tranquilidad que yo necesitaba, pero a la vez la que rechazaba, porque en aquellos momentos estaba bastante contrariada.

Ana, 16 de abril

Ante este panorama, Ana no se va quedar cruzada de brazos, tiene que conseguir que reaccione, que no se sienta allí como si fuera un mueble más del comedor. Sin embargo, ella tampoco va a hacer nada, tan solo le va a dejar hacer. Lo único es que el desayuno del jueves, lo que sea la primera comida organizada dentro de la logística de la convivencia le corresponde al grupo de Ana y de nuevo la historia se va a centrar entre estas cuatro paredes.

En realidad la alusión a este primer desayuno no ocupa más de un párrafo, porque me da cierto apuro ampliarlo y estropear su sentido, que se pierda ese deseo de los personajes de entregarse un poco más el uno al otro. Sin embargo, lo poco o mucho que se cuenta al respecto resulta muy significativo y relevante para la historia, es en cierto modo la actitud de Ana lo que provoca que Manuel se dé cuenta que ésta reclama un poco más de atención por su parte, pero con la discreción que hasta ahora le ha caracterizado.

El desayuno lo sirvió su grupo y, como ya me comentó el día anterior, tuvo mucho cuidado y no se acercó por donde yo estaba. De mi mesa se ocupó otro, aunque confieso que hubiera esperado algún detalle por su parte en ese sentido, pero comprendí aquella actitud con algo más de humildad y resignación.

Manuel, 17 de abril

La respuesta a la pregunta sobre el asiento reservado es que sí, hay un asiento reservado y ahí es donde entran en juego las amigas, más que la rapidez de Manuel por ocupar una silla libre en esa mesa. Os pongo de nuevo la foto para que desde la puerta decidáis qué mesa y qué silla es esa en la que nadie más puede sentarse porque ya está reservada, da igual que la comida sea por libre o por grupos. esa silla, ese rincón del comedor está reservado hasta el domingo por la mañana o hasta que Ana considere que ha llegado el momento de ser un poco más afable y cercana.

Comedor de la pascua, Manuel Pellicer

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