Despertar y a clase

Esperando a mi Daddy

Diario: Monday, September 11, 1995, 06:20 AM-07:30 AM

Reflexiones de Jessica

¿A vosotros quién os despertaba por las mañanas para ir a clase? Ya se han publicado varios días de la novela y he pasado por este tema un poco de puntillas, pero lo cierto es que a lo largo de la novela hay unos cuantos despertares, casi diría que no hago otra cosa que dormir y que a primera hora de la mañana suene el despertador porque comienza un nuevo día, aunque no diría que se ha establecido una especie de rutina en la que todos los días sea lo mismo. Pero sí los despertares tiene una cierta importancia a lo largo de la novela, desde aquella primera mañana en la que me encontraron en la cuna del hospital hasta casi lo último que se ha escrito de la novela ¿A quién le gustará tanto eso de interrumpir mi descanso? ¿Quién se deleita entrando a hurtadillas en mi dormitorio? El dormitorio de una chica se supone que es su espacio privado, que hay que llama a la puerta y esperar que te respondan para poder entrar. ¿No os parece? Pues parece ser que en mi vida, en esta novela, existe la norma no escrita de que si yo sigo en la cama es porque aun duermo, si duermo es difícil que responda y por lo tanto es absurdo esperar a que dé mi permiso para esa irrupción en mi dormitorio «¡Jessica, despierta que es la hora!» Para lo que muchas veces es indiferente que tenga despertador o que se suponga que soy lo bastante responsable como para levantarme a mi hora y con la debida celeridad. Es como si tuviera fama de perezosa.

Despertador 1995

Durante mis años en el colegio me despertaba y despertaban a la misma hora que el resto de las niñas, sin excepción «O te despiertas o te despiertas» Tan solo cuando estaba enferma me podía quedar en la cama. Sin embargo, eso no implicaba que se olvidasen de mí. En realidad, sobre esos días tampoco se hacen mucha mención en la novela, era la rutina y no le daba mayor importancia. La complicación llego con mi paso al high school con el cambio de horario, porque debía tomar el bus para ir a clase. la ventaja o el inconveniente estaba en que yo dormía en el trastero, en mi propio dormitorio, apartada del resto, de manera que era más probable que me hiciera la despistada e hiciera como que no había escuchado ni el despertador ni el bullicio que se solía montar en el internado y, por lo tanto, despertarme tarde, lo suficiente como para que ya no fuera hora de ir a clase. La advertencia o amenaza, en tal caso, era que si me libraba de ir a clase por dormilona, perezosa, vaga e irresponsable, iba a tener tiempo de sobra para recoger mis pertenencias porque se me terminaba eso de disfrutar de los privilegios de seguir en el internado, porque si no estaba dispuesta a comportarme, no tenía mucho sentido que Ana y Monica tuvieran la menor consideración conmigo, por lo cual a las 06:20 AM convenía que por lo menos se me escuchara respirar, si no quería que me vinieran a llamar. Por descontado los fines de semana y vacaciones se me dejaba dormir a pierna suelta.

El típico, «pi pi pi pi» de primera hora de la mañana empezó a ser historia con mi paso a la universidad, cuando me mude a vivir al campus, porque sí, porque como ya se ha comentado en el blog con anterioridad esta cosa, con algo por encima de los hombros, llamada «Jessica» a pesar de mis dificultades con la asignatura de Spanish, conseguí matricularme en la universidad y verme en la tesitura de dejar el internado, aunque como ya supondréis y os he adelantado en el blog, no me fui muy lejos. La cuestiones es que durante esos años, a falta de Ana o de Monica porque éstas no me siguieron ni iban a seguir pendientes de mí hasta ese punto, me despertaba con la voz del amigo Johnny. Un locutor de radio. ¡No penséis mal! Yo en la universidad o compartía dormitorio/ alojamiento con otra chica, casi siempre con Yuly o vivía sola. El tal Johnny se convierte en un personaje más de la novela al cumplir esa función «¡Despierta, despierta, Medford, Yeah, yeah! Éste es un nuevo día, esté es un gran día» En ocasiones hasta le da tiempo a informarme de alguna que otra noticia local, nacional o internacional, incluso del tiempo. Otras muchas apago la radio antes de que termine con su saludo. Lo gracioso es que da igual a la hora en que me despierte y sea cual sea el día del año o de la semana, el amigo Johnny siempre está ahí al otro lado de la radio dispuesto a dar los buenos días. Hasta yo me atrevo a preguntarme, si no sería una cinta grabada. Pero como en ocasione, como so digo informaba del tiempo o podía alguna ocasión, tal posibilidad se desmentía sola.

En Toledo, quien me viene a despertar es Daddy ¡Es que a una no la dejan dormir ni cuando sus sueños se realidad! Mi venganza es que yo también le despierto a él en alguna ocasión. En cualquier caso, si me viene a despertar, y no estoy de humor, a él sí le puedo mirar con mala cara, con cara asesina porque una tiene derecho a descansar, a que la dejen dormir, aunque sea mediodía y sábado por la mañana. «¡Daddy, get out!» Por supuesto, él no tiene derecho a quejarse ¡Qué ni se le ocurra! Se limita a ejercer de padre y yo a disfrutar como una enana, aunque yo ya no tenga edad para esas niñerías, pero me lo debe después de que ha tenido olvida y abandonada durante gran parte de mi vida. Una vez que Daddy me despierta, sigo siendo la mujer responsable que se supone debo ser y soy. Pero ya os digo, me gusta que Daddy me despierte, pero eso, asomarse por la puerta y poco más como mucho que entre suba la persiana, para encender la luz para que no aumente la factura eléctrica, dado que sobra con la luz natural. Por lo general no me da tiempo a mucha vida familiar porque tengo que ir a trabajar.

Desayunas y a clase

School Bus Boston

Cuando estaba en el colegio, iba a pie, no está tan lejos del internado. Lo único era que debido a mis malas costumbres no me dejaban ir por mi cuenta ni siquiera en el último año. Ana prefería no fiarse por si acaso, no pueda a acabar en el parque o de regreso en el internado cuando se suponía que estaba en clase. ya era bastante que se tomase con esa condescendencia que me saltara las clases de Spanish como para que con las demás asignaturas hiciera lo que e viniera en gana. De todos modos, siempre me he caracterizado por ser una chica responsable con los estudios. Lo único que estudiaba tan solo aquello que no hiciera referencia a España ni al idioma español. Es decir, que estudiaba casi todo y llevaba los estudios con unas calificaciones aceptables, aunque mejorables en algunos casos.

Para ir al high school puede decirse que no me quedaba otro remedio que tomar el school bus (el bus escolar) que no sé por qué no paraba delante de la puerta, sino calle arriba, en el cruce, por lo que me veía en la tesitura de tener que subir esa cuesta todas las mañana. Si perdía el bus o me arriesgaba a ir a pie, a recorrer esas dos millas y media de distancia o regresaba al internado, con la expectativa de que me acercasen en coche. Porque faltar a clase, sobre todo cuando la primera es la de Spanish, suponía arriesgarse que me llevasen al otro internado y sin posibilidad de retorno. Lo que por supuesto no quise comprobar. De todas maneras, como se cuenta en la novela, en alguna ocasión tengo la suerte de que Yuly convence a su padre para que me pasen a recoger o me traigan de vuelta, porque las compañías del bus no siempre son tan agradables, aparte que tenga que escuchar esa dichosa cancioncita casi todos los días, aunque al final, ya sea por a madurez que dan los años o porque los chicos se cansaron de mi indiferencia, se olvidaron de ésta.

En la universidad, como resido en el campus o por los alrededores, lo habitual es que vaya a clase a pie, salvo en el último semestre, el último año, que, por cuestiones que ahora no viene a cuento, me encuentro en la tesitura de tener que vivir en Medford y no me queda otro remedio que recurrir al transporte público, al bus urbano, aunque también me permita algún que otro paseo en alguna ocasión, porque no llevo excesiva prisa.

En Toledo, al trabajo voy en función de donde sea porque la verdad es que a lo largo del primer año de estancia en el país debido a mi inestabilidad y problemas con el idioma, lo de trabajar en un sitio fijo se planeta un poco complicado. Daddy no es de los que me esperaban con la vida resuelta ni tampoco lo pretendía. A diferencia de mi pasividad en el internado, tras mi paso por la universidad, lo cierto es que me vuelvo una chica mucho más independiente y autosuficiente. Aun así, como me gusta que me mimen un poquito, si Daddy me puede llevar o traer, incluso si tan solo se trata de que me acompañe, no le consiento que se busque excusas. De todos modos, si he sido capaz de ir desde Medford a Toledo por mi cuenta, moverme por la ciudad no tiene mayor complicación una vez que sabes orientarte. Tampoco es indispensable que me acompañe, si tiene otros quehaceres.

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