Cerca del Tajo, en soledad amena

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Introducción

A parte de historias de romanos, visigodos y demás pobladores de estas tierras toledanas, la ciudad también presume con orgullo de sus literatos. Ya que nos encontramos en la plaza de San Román y que dentro de ésta destaca la estatua dedicada a tan ilustre personaje, detengámonos un momento a conocerle, de tal manera que el Siglo de Oro de la literatura española, si no lleva por nombre «Toledo», que el nombre de esta ciudad se incluya entre sus apellidos o la propia ciudad entre sus musas, con el río Tajo como corona.

En su momento tuve la osadía, el atrevimiento de «plagiar» un par de sus versos para escribir uno de mis poemas.

Égloga 1º. 18 Nemeroso
Garcilaso de la Vega 
http://www.garcilaso.org/

Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
     yo me vi tan ajeno
     del grave mal que siento
     que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
     por donde no hallaba
sino memorias llenas d'alegría.
Recuerdos (11/04/1995)
Manuel Pellicer
Tras el último verso

Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
dejad descansar en la orilla mi recuerdo,
no lo rocéis como si fuera las piedras,
lo no desgastéis porque pienso en ella.
Si tantas lágrimas de amor no la recuerdan,
si la furia del viento se lleva las hojas,
desnuda las ramas de mis recuerdos,
si mis palabras han de navegar por tierra,
no permitáis que yo me olvide de ella.
Mi amor ha de ser más puro que el agua,
más fuertes que las raíces que riega,
resistir más que los árboles del río,
más que cuantos están pensando en ella.

Garcilaso de la Vega

Garci Lasso de la Vega, más conocido como Garcilaso de la Vega, ​ (Toledo. 1501 ó 1503- Niza, 14 de octubre de 1536) es uno de los poetas más destacados y emblemáticos de la literatura española del Renacimiento, Siglo de Oro. Como capitán militar y poeta, encarnó el ideal del caballero cortesano renacentista. Nació en Toledo en la cuna de una familia ilustre y pudiente; su padre fue Garcilaso de la Vega y su madre Sancha Guzmán.

Nacido en Toledo entre 1491 y 1503, fue el tercer hijo de Garcilaso de la Vega (fallecido el 8 de septiembre de 1512, tres días después de otorgar codicilo), señor de Arcos y comendador mayor de León en la Orden de Santiago, y de Sancha de Guzmán, señora de Batres y de Cuerva. Sus abuelos paternos fueron Pedro Suárez de Figueroa, hijo de Gómez I Suárez de Figueroa y Elvira Lasso de Mendoza, hermana del primer marqués de Santillana, y Blanca de Sotomayor (hija de Fernando de Sotomayor y Mencía Vázquez de Goes a través de quien hereda el señorío de Arcos). Su madre, Sancha de Guzmán, fue hija de Pedro de Guzmán, señor de Batres (hijo del cronista Fernán Pérez de Guzmán) y de María de Rivera.​

La casa natal de Garcilaso de la Vega se encontraba en la Calle Santo Domingo el Antiguo, donde en la actualidad de ubica el centro Cívico Padilla

Quedó huérfano de padre y se educó esmeradamente en la Corte, donde conoció en 1519 a su gran amigo, el caballero Juan Boscán. Seguramente a este debió el toledano su gran aprecio por la lírica del valenciano Ausiàs March, que dejó alguna huella en su obra.​

Sus aventuras y desventuras en múltiples batallas sirvieron de fuente de inspiración para su obra literaria. Viaja por gran parte de la península ibérica, por Francia, por Italia, por Alemania, Portugal…, inmerso en la violencia propia de la época.

Tras diversas aventuras por Italia, regresa a Toledo en junio de 1530. Se encuentra en uno de los momentos más intensos de su vida. No son pocas las veces que el poeta se enfrenta, de una forma u otra, a la mala fortuna de caer en desgracia ante la Emperatriz o ante el mismo Emperador… En varias ocasiones es desterrado, aprovechando estos momentos para intensificar su obra poética. En esta época, el enfrentamiento con los turcos alcanza intensas cotas, y Garcilaso estaría en primera línea de la lucha. Viaja por Italia y es en esta época cuando escribe una de sus más conocidas obras:

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento,
y la furia del mar y el movimiento;
y en ásperas montañas
con el suave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese
y al son confusamente los trajese;
no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre y de sudor teñido;
ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes,
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados.
Mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada”…

También a esta época pertenece uno de sus poemas más perfectos, inspirado en el clásico del “carpe diem”:

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre”.

Fue en 1534 la última ocasión que pisó tierras toledanas. Vuelve a Italia y desde allí parte a enfrentarse a las tropas turcas de “Barbarroja”. Un gran ejército se reúne para desembarcar en tierras africanas, cerca de las ruinas de Cartago. En los primeros enfrentamientos, Garcilaso es herido en la boca y en un brazo (asedio de “La Goleta”).

Parte de la égloga tercera describe claramente esta época, “de armas y letras”:

“Entre las armas del sangriento Marte,
do apenas hay quien su furor contraste,
hurté de tiempo aquesta breve suma,
tomando ora la espada, ora la pluma”…

Es también éste tiempo de inspiración toledana, pues la poesía de Garcilaso dota de un cariz mitológico a Toledo. La Égloga III trata de cuatro ninfas, que en la orilla del Tajo tejen sendos tapices: Filódoce (Orfeo y Eurídice), Dinámene (Apolo y Dafne), Climene (Adonis) y Nise (Isabel Freire):

“Pintado el caudaloso río se vía,
que, en áspera estrecheza reducido,
un monte casi alrededor ceñía,
con ímpetu corriendo y con ruido;
querer cercarlo todo parecía
en su volver, mas era afán perdido;
dejábase correr, en fin, derecho,
contento de lo mucho que había hecho.
Estaba puesta en la sublime cumbre
del monte, y desde allí, por el sembrada,
aquella ilustre y clara pesadumbre
de antiguos edificios adornada”…

Aunque fue sepultado inicialmente en el monasterio de Santo Domingo de Niza, su cuerpo fue mandado traer a Toledo por su viuda doña Elena dos años después, en 1538, depositándose en la capilla del Rosario del convento de San Pedro Mártir. En 1869 los restos fueron exhumados para su conducción al Panteón de Hombres Ilustres, y restituidos a la capilla familiar en 1900.​

Sepulcro de Garcilaso de la Vega y su padre, en la Iglesia del Convento de San Pedro Mártir (Toledo)

“En el convento de San Pedro Mártir de Toledo y en la capilla de la cabecera de la nave lateral derecha, en que hay un altar churrigueresco con la imagen muy venerada en esta ciudad de la Virgen del Rosario, se hallan empotrados en el muro los sepulcros del poeta Garcilaso de la Vega y de su valiente padre, del mismo nombre, cuyas dos estatuas de mármol, armadas a la antigua y arrodilladas hacia el altar, no carecen de mérito.”

Gustavo Adolfo Bécquer
Enterramientos de Garcilaso de la Vega y su padre en Toledo

Casa donde vivió

Según dicha moción, de los documentos aportados por la investigadora toledana y Catedrática de Lengua y Literatura Españolas doña María del Carmen Vaquero Serrano y por el  arquitecto y profesor de la Universidad de Lyon e ilustre investigador del Toledo medieval don Jean Passini, se desprende que  el edificio señalado con el número 20 de la calle Tendillas, que hace esquina con el de los Aljibes núm. 2, perteneció a la familia paterna de Santa Teresa y fue después casa del matrimonio Garcilaso de la Vega-Elena de Zúñiga, según prueba de manera irrefutable la primera de ellas en el artículo El mayorazgo de Doña Elena de Zúñiga y la casa matrimonial de Garcilaso de la Vega”, aparecido en el núm. 11 de la revista Lemir (2007), y el segundo en el artículo La casa del poeta Garcilaso en el barrio de las Tendillas, publicado en el número extraordinario de la revista Toletum (2009).

Al encontrarse dicho inmueble en la actualidad abandonado y, por lo tanto, abocado a su derrumbe total, como evidencian las fotografías adjuntas, urge poner remedio a lo irreparable si no se actúa con celeridad,  por lo que esta Real Academia que por parte de Patrimonio y Ayuntamiento se tomen con rapidez las medidas pertinentes para que dicho edificio se mantenga en pie y con la dignidad que merece.

(cita del año 2013)

Obra literaria

Su obra poética puede ser leída íntegramente en la Red. Recomendamos la visita a la página de la “Asociación de Amigos de Garcilaso de la Vega” (www.garcilaso.org) Interesante en esta Web son sus textos, investigaciones, y un excelente “paseo por el Toledo literario” inspirado en la obra de Garcilaso.

Soneto XVI, 
“Para la sepultura de Don Hernando de Guzmán”

No las francesas armas odiosas,
en contra puestas del airado pecho,
ni en los guardados muros con pertecho
los tiros y saetas ponzoñosas; 

no las escaramuzas peligrosas,
ni aquel fiero ruido contrahecho
de aquel que para Júpiter fue hecho,
por manos de Vulcano artificiosas, 

pudieron, aunque más yo me ofrecía
a los peligros de la dura guerra,
quitar una hora sola de mi hado. 

Mas infición del aire en sólo un día
me quitó el mundo, y me ha en ti sepultado,
Parténope, tan lejos de mi tierra.

Soneto V

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