Vocación con vistas al Tajo

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en pagina aparte)

Introducción

Visitaremos el Seminario, pero, sobre todo, buscaremos un mirador, con leyenda incluida, desde el que observar el entorno del Tajo, de manera que leed hasta el final.

Salimos del Seminario Menor y, con más descaro que otra cosa, nos atrevemos a cruzar la plaza de San Andrés para seguir llamando a más puerta con la expectativa de que nos abran y descubramos un poco más de la historia de Toledo, que, en realidad, es la nuestra. Aunque al Seminario Menor tan solo nos hayamos acercado para hacer una visita y, en todo caso, para saludar, si conocemos a alguien.

Lo que se dice que hay mucho en Toledo, aunque con el paso del tiempo se haya modernizado la ciudad, son: militares, monjas, monjes y sacerdotes. A los primeros les hemos visitado en la Academia de Infantería, aunque sabemos que también han estado en el Alcázar y en los campos de los antiguos campos Escuela de Educación Física. A las monjas y monjes nos los hemos ido encontrando en los diferentes conventos que hemos visitado y en algunos es posible que aún esperan que vayamos, porque hemos pasado por delante de la puerta y pasado de largo. Los sacerdotes están en las iglesias, son los párrocos y después de haber estado en el Seminario Menor, ya nos ha quedado un poco más claro que éstos no están ahí porque sí y que tampoco crecen en los árboles.

Fachada del Seminario Mayor, plaza de San Andrés

Seminario Mayor o Seminario Conciliar «San Ildefonso»

Vista del Seminario desde el Valle, zona del Parador

El Seminario Mayor, o Seminario Conciliar «San Ildefonso» de Toledo, se inauguró el 29 de septiembre de 1889. Su existencia era algo obligado desde 1563, año en que el Concilio de Trento (1546-1563), de ahí el nombre de «Conciliar», implanta el Seminario como el centro encargado de la formación de los sacerdotes. En Toledo no se consideró necesario este tipo de institución al existir ya más de veinticinco centros en los que se impartía dicha enseñanza, por lo que no sería hasta 1831, gracias a los esfuerzos del Cardenal Inguanzo y Rivero, arzobispo de Toledo desde 1824, cuando comienza la construcción del actual edificio, una labor que se detendría a su muerte en 1836. A partir de entonces los fondos dedicados a su construcción se dedican a otras labores más urgentes, utilizándose parte del material en fortificar el Alcázar y las murallas. En 1847, al haber desaparecido todos los centros de enseñanza sacerdotal de la provincia, se decide la implantación de un Seminario Conciliar en la ciudad, instalándose en el Convento de los Carmelitas e iniciando su actividad el 1 de octubre de dicho año..

En 1886, con la llegada a la sede arzobispal del Cardenal Payá y Rico, se retoman las obras paralizadas en 1836, inaugurándose el edificio el 29 de septiembre de 1889. Posteriormente, ha tenido diversas actuaciones de ampliación y mejoras, como el Salón de Actos y la enfermería, así como una restauración tras el incendio sufrido durante la Guerra Civil Española (1936-1939).

Comentario

Para no dejar la plaza de San Andrés sin llamar a todas sus puertas, nos acercamos a la que nos queda. Ya que estamos, molestemos un poco más antes de que nos hagan ver que se agradece la visita, pero ésta ha de ser breve. Porque, además de ser centro de formación y estar casi a final de curso, con los nervios que ello implica, se preparan para procesionar el día del Corpus

Centro de formación Sacerdotal Sagrado Corazón

Es la casa de formación de los futuros miembros de la Hermandad. El Cardenal Antonio Cañizares Llovera atendiendo al crecimiento del número de vocaciones y a la necesidad de una formación específica de las mismas confió la formación sacerdotal de los futuros miembros a los sacerdotes de la Hermandad creando el Centro de Formación Sacerdotal “Sagrado Corazón” en el año 2006.

Comentario

Como no nos vamos a quedar sin ver las vistas del Valle ni del entorno del río Tajo desde aquí, dado que eso de subir a las habitaciones del seminario o asomarnos por las que dar a esa fachada está un poco complicado, nos habremos de buscar las mañas. Quizá nos dejen que nos asomemos al patio exterior. Sin embargo, somos exploradores y de seguro descubrimos alguna otra curiosidad, si lanzamos en busca de algún mirador próximo.

Calle de la Cruz Verde

Para no incordiar demasiado con nuestra curiosidad, tenemos a oportunidad de recorrer los alrededores del seminario donde se ha abierto un camino peatonal, para poder contemplar las vistas del Tajo y de la zona del Valle, porque sigo con el convencimiento de que hay rincones de Toledo que ya sea por novedosos o por ese empeño de ir siempre por los mismos recorridos uno no llega a conocer. Uno se piensa que ha estado en Toledo y a a fin de cuestas no se ha movido de los alrededores de la catedral, si acaso de la plaza de Zocodover, hasta que se confunde de calle, se pierde y ha de recurrir al Google Maps para encontrar el camino de regreso a casa

Calle Cruz verde, a los pies del Seminario

En esta ocasión creo que merece la pena perderse por aquí, aunque tan solo sea por las vistas, por darse cuenta que esta parte de Toledo es como un edificio de muchas plantas y de igual manera que puedes estar en la orilla del río, vas subiendo niveles

Visto del Río Tajo desde la calle Cruz Verde
Calle de la Cruz verde visto desde la plaza.
Vista del Valle desde la plaza de la Cruz Verde

La Cruz Verde.

Texto de: Leyendas de Toledo

Las batallas entre judeoconversos y cristianos viejos fueron tan importantes y cruentas en Toledo que dieron de sí para escribir un capítulo entero de nuestra historia y por supuesto de ahí surgieron varias leyendas como la que ahora os traemos en esta página. Hay en Toledo un relato relacionado con aquellas luchas intestinas que se denomina ‘La leyenda de la Cruz Verde’ y quizás sea una de las menos conocidas en nuestra ciudad.

Eran tiempos del reinado de Enrique IV y las reyertas en la ciudad por el poder como ya sabemos por otras leyendas, eran frecuentes y podían darse en cualquier lugar de nuestra ciudad, pero sobre todo alrededor de la catedral, en lo que era el Alcaná, o mercado principal de los hebreos antes de construirse en estos terrenos el claustro del templo primado, promovido por el arzobispo Tenorio.

No sería de extrañar que en un mercado repleto de gente donde todo el mundo acudía para aprovisionarse de víveres, utensilios, aparejos, etc. a las primeras de cambio saltara la chispa y surgiera alguna escaramuza mas o menos importante y así sucedió en esta leyenda.

He de recordar que en Toledo, en esta etapa histórica, las luchas entre clanes las protagonizaban los Ayala y los Silva.

En esta web: Leyenda de El Cristo de las cuchilladas (Otro duelo a espadas))

Calle de Plegadero

La plaza de la Cruz Verde se encuentra en Toledo en la zona de la cornisa al final de la calles del Plegadero y Vida Pobre, es un mirador espléndido desde donde se pueden observar el entorno del Tajo y toda la zona del Valle.

Existía en esta plaza una gran cruz de piedra, al lado de la cual todas las tardes María del Sagrario (hija de un seguidor de los Silva) y su novio Pedro iban a platicar y a jurarse su amor.

Pero una tarde Pedro es portador de una triste noticia: el padre de su novia ha muerto en una reyerta en el Alcaná a manos de los Ayala. Esto es algo que la chica, -siendo huérfana también de madre-, no logra superar y poco tiempo después cae enferma y muere en pocas semanas de melancolía (depresión), según decían los vecinos.

Nos cuenta la leyenda, que cada tarde al caer el Sol, terminadas las labores cotidianas, venía Pedro a los pies de la gran Cruz a llorar por la muerte de su amada y por su ilusión perdida. No pasó mucho tiempo cuando Pedro desapareció de Toledo y nunca mas de él se supo. Hubo quien dijo que se había quitado la vida, otros que había entrado en un convento. Nunca se conoció su paradero.

Observaron los vecinos que a partir de entonces unas hierbas trepadoras comenzaron a crecer y que en breve espacio de tiempo llegaron a alcanzar los brazos de la Cruz. Nunca se había visto este prodigio en la plaza y no tardó la vecindad en achacar este fenómeno a las lágrimas de Pedro con las cuales había regado cada atardecer la base de la Cruz. A partir de entonces el humilladero de piedra fue denominado como La Cruz Verde.

Las tropas francesas durante la guerra de la Independencia, destruyeron la Cruz nada mas entrar en Toledo y hoy solo nos queda el nombre de la plaza y la leyenda que seguirá viva siempre que haya alguien que quiera escucharla.

Visito nuestro cementerio con frecuencia y cada vez que voy, veo a un señor ya mayor que siempre está apoyado en la cruz de una sepultura, he averiguado que es la de su hijo que falleció muy joven hace unos años. Ya sé que no tiene nada que ver, pero cuando veo a este señor me recuerda la leyenda de LA CRUZ VERDE.

Una ventana desde Madrid

Seminario Mayor

Google Maps

La Cruz Verde. Leyenda de Toledo – Leyendas de Toledo

Paseo fotográfico nocturno por algunas calles de Toledo – Leyendas de Toledo