Los «arrastra_culos» de Toledo

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en página aparte)

Introducción

En la entrada anterior (Al final del Locum) hacía alusión a el callejón del Diablo, cuando íbamos por la calle del Locum y os llevaba hasta la plaza de Abdón de Paz, con la recomendación de que no os metierais por la calle del Diablo. Ahora, sin embargo, os animo a que seamos valientes, porque no es el nombre de la calle lo que nos tiene que asustar. Ésta es una de esas calles o callejones que dan fama a esta ciudad, porque lo de «subir a Toledo» se queda en algo más que palabras o buenas intenciones.

Pero antes de adentrarnos por el Callejón del Diablo para mostraros que en esta ciudad hay una cuesta más difíciles de subir

La peor cuesta

En el casco antiguo de Toledo, dentro de la muralla, hay diferentes calles en las que uno se tiene que armar de paciencia porque no es tan fácil transita por ellas, como su propia denominación dice «cuesta subirlas» y diría que incluso cuesta bajarlas, a riesgo de resbalarse.

¿Y a qué nos referimos con la peor cuesta de Toledo? En este caso a la que más pendiente tiene en pocos metros, y la que te hace perder el aliento incluso cuando estás a medio camino.

Para seleccionar la cuesta más empinada del casco antiguo en menos metros de Toledo hemos tenido en cuenta varias cosas:

  • Que estuviera dentro de la muralla.
  • Que tuviera la mayor pendiente en el menor número de metros. (Hay calles en Toledo muy largas que salvan enormes pendientes, como la Calle Pozo Amargo o la Calle del Barco, pero su pendiente es menos pronunciada, transcurriendo por muchos metros)
  • Nos daba igual que tuviera o no escalones.

Cuesta de los Escalones

Cuesta de los escalones
Cuesta de los escalones

La cuesta que “te hace perder el aliento incluso cuando estás a medio camino”, indican. Situada entre calle del Pozo amargo y calle del Plegadero y de camino de la Iglesia de San Andrés. En uno de los barrios con más pendiente de la ciudad

La cuesta más empinada del casco antiguo de Toledo en menos metros es la Cuesta de los Escalones, con una pendiente del 22% en apenas 40 metros de recorrido con escalones.

A mediados del XIX el Alcalde-Corregidor don Bernardo de la Torre impuso su nombre para suprimir el vulgar de “Arrastra-culos” que le daba la gente. Por algo será.

Cuesta de los Escalones, Toledo. Esta sí que es la peor cuesta de Toledo.

La Cuesta de los Escalones es una calle solitaria, de esas en las que no parece vivir nadie. Su disposición en cuesta y su estructura escalonada no anima a transitarla ni a permanecer entretenido hablando en ella. Es calle apetecible para bajar, y no tanto para subir. No hay ventaja en tu camino si eliges pasar por ella, sólo es paso de vecinos, y éstos son pocos, tan sólo unas pocas puertas abren su boca a esta empinada calleja. Sin embargo es una de las calles más bonitas de la ciudad, no es raro por ello que los pintores se encaramen a lo más alto de esta escalinata y coloreen, con el alma de este vial, lienzos de bella factura.

Cuesta de los escalones por la noche
Cuesta de los Escalones, n°1. Parte baja de la calle
Cuesta de los escalones visto desde abajo

Abajo, en el arranque acodado de la calle,  flanquea el paso, a modo de fiel centinela, una pétrea portada. Arriba, esquinada sobre la calle Plegadero, se acuesta una bella casa barroca, de esas de manual. Busco, a media cuesta, el número 5, una casa que ya conozco. Hoy nuestra ruta incluye una visita a este edificio de aspecto humilde. Lo primero que llama mi atención, por lo malo, es su fachada embadurnada con maquillaje “portland”, coloretes de pintura plástica y una puerta agotada de pelear contra el paso del tiempo.

En el interior, tras pasar un corto pasillo-zaguán, me agacho prudente, para pasar bajo una de las muy someras vigas principales del patio. Aquí llama mi atención, esta vez por lo bueno, un extraordinario capitel “a lo romano”. Una pieza magnífica, de bello mármol tallado, de cronología incierta para este observador inexperto. Lo apellido “a lo romano” por su espectacularidad pero puede ser un elemento de cantería islámico. Arriba, en una vivienda de la planta superior hay arcos de herradura que pueden consolidar la idea de que esta casa tiene trazas moras. No obstante, las proporciones del capitel y su belleza parecen pensadas para un edificio de proporciones más grandes y quizás de más entidad.

Patio en Cuesta de los Escalones nº 5, en Toledo. Capitel y columna de mármol en la crujía suroeste del patio. Fotografía: Jose María Gutiérrez Arias, Área de Gestión Patrimonial, Sección Vivienda, Consorcio de la Ciudad de Toledo. Año 2019.

Columna y capitel están muy deteriorados, alguien tuvo la desafortunada idea de limpiar ambos elementos con chorro de arena. Sistema de limpieza muy utilizado, por desgracia, en portadas, portones y elementos diversos de piedra y madera. No es conveniente utilizar este sistema casi en ningún caso, sobre todo en elementos situados a la intemperie, ya que las superficies exteriores de los elementos tratados quedan muy afectadas, porosas, abiertas a la entrada libre de agua y suciedad. Se pierde la pátina protectora del paso del tiempo, los elementos quedan desnudos.

Capitel

Callejón del Diablo

Callejón del Diablo

Seguida muy de cerca por el legendario Callejón del Diablo, en segundo lugar, con unos escasos 37 metros con una de las escaleras más pronunciadas del casco viejo.

Una ascendente travesía desde la calle del Lócum nos lleva hasta la calle Coliseo, por unos desgastados escalones que acceden hasta un cruce de varias calles que se ensancha, en el que si levantamos la vista observamos en uno de los muros de ladrillo una pequeña placa cerámica que indica que nos encontramos en el ahora famoso “Callejón del Diablo“.

Callejón del Diablo
Callejón del Diablo

No hace tantos años este oculto rincón en el laberinto toledano permanecía olvidado y desierto por las noches. Pero las numerosas visitas guiadas nocturnas en las que se narran las leyendas y los misterios de Toledo han recuperado para el trasiego turístico este rincón.

Callejón del Diablo, Toledo. Siempre en segundo lugar…

Toledo es la única ciudad en la que puedes pasear del callejón del Infierno al Diablo en unos pocos metros, llegando en un agradable paseo hasta la Catedral, no muy lejana a estos siniestros lugares.

“Sugerimos al viajero-lector que se adentre por el Callejón del Vicario, baje por la calle de Sixto Ramón Parro, y enlace a través de la Plaza de los Cuatro Tiempos con la calle del Locum para arribar hasta dos de los más interesantes rincones misteriosos que no podemos dejar de citar: la travesía del diablo, y el callejón del infierno,  cuyas  referencias no son en absoluto claras, aludiéndose en algunos casos a la leyenda, y en otros casos a la hechicería como justificaciones de sus nombres, y así nos aparece una protagonista -a quien se denomina genéricamente como la “Diablesa”- que será la encargada de  preparar los filtros para que don Felipe de Pantoja, caballero mozárabe, consiguiera los amores de Rebeca. Un trágico final termina con estos amores, con incendio pavoroso y quema de la hechicera incluido, sumiendo al lector en una sensación de pesadumbre. 

A nosotros se nos antoja como posible la siguiente explicación: cuando una persona era procesada por el Santo Oficio, y condenada a la pena capital, (“relajación” en la jerga inquisitorial) el reo era obligado a portar una camisola infamante, el “sanbenito”, mientras duraba la procesión que precedía al auto de fe. Pero tras la quema del hereje, la camisola no perecía en las llamas, sino que permanecía en la parroquia de la que esta persona era feligrés, para continuar la mancilla, el ultraje a su nombre y el de su familia.

En los casos en el que se desconocía la procedencia del reo, se colocaba el sanbenito en la puerta o ventana de la casa en que había vivido, sin que pudiera ser retirado por nadie, porque de hacerse, constituía delito contra el Santo Oficio. Estas telas llevaban dibujadas unas llamas (hacia arriba o hacia abajo dependiendo de si el reo se había arrepentido o no, y tenía por tanto el privilegio de ser dado muerte con el garrote vil, o por el contrario ser quemado vivo) y frecuentemente unos demonios, lo cual servía para ilustrar al pueblo sobre el destino que le esperaba al pobre desgraciado: las llamas eternas del infierno, y la compañía de los demonios. Tal vez alguno de esos sambenitos quedará por espacio de décadas colgado en alguna casa de este barrio, y tal circunstancia diera lugar a los nombres del infierno y el diablo.”

Callejón del Diablo

Toledo tiene su propia explicación legendaria: la historia de aquel caballero cristiano que, enamorado de una joven judía que prefería a un comerciante de su misma religión, contrató los servicios de una célebre bruja conocida como la Diablesa para que le ayudara con un conjuro. Efectivamente, víctima de la magia negra, el comerciante hebreo apareció muerto con expresión desencajada y el cristiano tuvo libre para acceder a su amada. Una noche se citó con su cómplice en el callejón de marras para pagarle; al tocar las monedas ,un fuego justiciero mató a la bruja y espantó al caballero. Desde entonces, aquél fue conocido como el Callejón del Diablo. Incluso hay unas coplas tradicionales

Ayer murió la Diablesa
por el fuego consumida.
Ayer murió la Diablesa, 
la de los ojos de oliva.
La Diablesala Diablesa
del Demonio poseída.

Web de referencia

Leyendas de Toledo La peor cuesta

Leyendas de Toledo, Callejón del Diablo

Las peores cuestas de España

La forja de un rebelde

Consorcio de Toledo

viajero incidental el-diablo-en-toledo.html