Introducción
Mañana del domingo, 27 de julio, 2003.
Alguien ha debido extender el rumor de que la madre de Ana se encuentra en el descansillo entre plantas de la escalera, con la zapatilla en la mano. Los chicos son tan valientes que esta mañana parece que ninguno se atreve a asomarse por la escalera a comprobarlo. No vaya a ser verdad y alguno se lleve un zapatillazo.

El despertar
El caso es que el día anterior Ana se despertó por la alarma de su despertador y por sentir que había movimiento en el pasillo de la planta reservada a las chicas, por lo que se supone son los maridos/esposos de las que ya chicas que están casadas, que no demostraron demasiado reparo en subir. Con la confianza de que saben a qué dormitorio han de ir y que las demás no se dejarán ver mientras no estén presentable.
Esta mañana, sin embargo, en la planta de las chicas, por el pasillo, reina el silencio. Tal vez porque en este caso las chicas se esperan la sorpresa, la visita. Es la última mañana de la convivencia y la costumbre es que los chicos se salten un poco esa norma y se acerquen a rondarles. Que las despierten con música.
Sabemos que el ultimo dia de la convivencia de la Pascua, los chicos llegaron a entrar en el alojamiento de las chicas, con el consentimiento de éstas, que Manuel llegó a asomarse por la puerta de la habitación donde Ana se encontraba y la llego a ver metida en el saco. Aquí hay más comodidades y no ha habido necesidad de dormir en el suelo.
Me sentía de buen humor e incluso estaba dispuesta a permitir que Manuel llegase hasta la puerta de mi dormitorio y de nuevo me viera en pijama.

Mejor prevenir
Esto de subir a rondar a las chicas es algo de los que, en principio, participan solteros, novio y casados. Sin embargo, no es lo mismo tener que recorrer las calles del pueblo que subir por las escalera interiores de edificio, aunque la pretensión sea la misma: tomarse una pequeña libertad para despertar a las chicas y romper de algún modo esta separación entre ellos.
Sin embargo, la valentía de los chicos esta vez brilla por su ausencia. No suben. Da igual que las chicas se lo esperen y estén dispuestas a participar de esta alegría matinal, de ver cómo los chicos hacen el ridículo, porque algunos cantan que dan pena, pero la intencion es lo que cuenta. Tan solo se trata de despertarlas, de hacer que salgan al pasillo y darles los buenos días.
El caso es que en esta ocasión no parece que sea muy buena idea que sean tan atrevidos. Alguna se ha debido quejar de la presencia de los casados y esta vez optan por la prudencia. Mejor respetar su espacio, no sea que alguna se pueda incomodar de más por un exceso de entusiasmo de los chicos. Que, si alguna prefiere mantener cerrada la puerta, no tienen por qué obligarla.

Decepcionadas
Cuando salí de la habitación con idea de bajar a la capilla, me encontré con que todas las chicas se encontraban en el pasillo, incluso las casadas. No hizo falta que ninguna dijese nada para comprender que compartíamos aquella pequeña desilusión, aunque alguna empezó a insinuar que creía haber escuchado movimiento y que tal vez nos preparasen alguna sorpresa, por lo que propusieron que bajásemos todas a la vez,
¡Vaya con los chicos! ¿Quién se iba a pensar que una insinuación jocosa de Ana con respecto a su madre les iba a poner a todos en su sitio? ¿Que una llamada de atención a los comentarios de Manuel iba a hacer que los demás se den por aludidos?
Ana se ha despertado con ganas de ser un poco traviesa, pero nada. Se contagia de la desilusión general. Los chicos no suelen ser discretos ni silenciosos. Por lo cual, si hubieran tenido intención de subir a despertarlas, los hubieran escuchado en cuanto se hubieran reunido en el pasillo de su piso con idea de subir. Hubieran tenido tiempo de prepararse para que la situación no se vuelva comprometida ni comprometedora para nadie.
De hecho, alguna de las chicas parece que les ha escuchado, pero éstos no se deciden a subir. Al parecer esta vez quieren ser originales y sorprenderlas. ¿Qué estarán tramando?
Seguro que no se les ha olvidado ¿Cómo se les va a olvidar? Es más, como Ana se siente reafirmada en la idea de que Manuel es su novio, casi espera que éste se junte con los demás y comporte como tal, que deje a un lado ese carácter suyo introvertido y permita que aflore su alegría y complicidad con ella.
Ana ilusionada
Ana no se ha olvidado que esta tarde Manuel se queda, de manera que entiende que su relación de pareja ha dado un gran paso en la buena dirección. Se han desvanecido la desconfianza y las dudas entre ellos. Manuel está dispuesto a comprometerse. Es un «sí, quiero», pero de momento tan solo a ser pareja. Aún es pronto para hacer grandes planes de futuro.
De manera que sí, a Ana le hace ilusión eso de que Manuel se junte con los demás chicos y suba a despertarla. Porque allí los chicos no van a pasar de la puerta ni a invadir la privacidad de nadie. Es mas, cuando estén su casa, Ana confía en que Manuel se sabrá comportar, porque los padres no van a ser tan condescendientes con este tipo de comportamientos.
En casa de Ana lo de la zapatilla de la madre es una advertencia – una amenaza – que se habrá de tomar completamente en serio. De hecho, más valdrá que corra, como se le ocurra intentarlo, porque de seguro no le dejarán volver.


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