Introducción
Agosto 2003

Por lo que sabía de Manuel, su mayor virtud o defecto estaba en su costumbre de escribir, de dejarse llevar por su imaginación. Lo cual, hasta cierto punto, no era algo que a mí me desagradara,

Es más, pretendía ser parte de ese mundo interior que yo viviera, aunque fuera la primera que reconocía que era una persona bastante reservada, pero, dado que para mí lo de escribir era un vicio irreprimible, al menos quería tener la oportunidad de protestar,
¿Es poeta o es «El poeta»?
Quienes seguimos las reflexiones sobre esta novela, sabemos o al menos sospechamos con más o menos criterio que Ana sospecha sobre a identidad de su anónimo amigo del chat, ese del que se supone ella no debería saber nada, porque por su parte espera que cumpla con ese pacto de preservar el anonimato en pro de mantener la amistad y no crear confusiones.
Sin embargo, no podemos obviar el hecho de que causa cierta intriga, sobre todo descubrir cuánto sabe «El poeta» de la chica que se esconde bajo la identidad de «La Dulce Gatita», por confirmar o desmentir eso que Ana se teme, que se han dado demasiadas coincidencias o que por causa de su desesperación ha sido inevitable que sus caminos se cruzasen sin pretenderlo.

Ana se siente, hasta cierto punto, preocupada y a la par avergonzada por haber compartido sus penas y frustraciones con un chico a quien, en realidad, no conoce de nada. Sus mensajes, al amparo de ese anonimato han sido más un desahogo de sus frustraciones contra Manuel antes de ser consciente de que entre la frialdad y el amor había una línea muy fina.
Lo que sí tiene claro, porque incluso ya ha tenido ocasión de leer alguno de los poemas de Manuel, aunque haya sido a hurtadillas, no queda claro si con el consentimiento tácito de éste o por un exceso de confianza, por confiarle la custodia de su cuaderno y no pensar que Ana se podría dejar llevar por la curiosidad, por ese impulso de chica enamorada por saber algo más de su amado.
Aunque en la novela no se especifica nada en ese sentido, despiste no intencionado por parte del autor o porque esto del chat anónimo no es más que una táctica literaria, creativa para dar voz a quien entonces no la tenía, el caso es que no queda claro si «El poeta» ha compartido alguno de sus poemas con ella o lo del pseudónimo no es más que eso.
Se entiende que lo del anonimato, es para no dejar pistas de la verdadera identidad, aunque nos ha quedado claro Ana, como «la Dulce Gatita» no tiene demasiado reparo en expresar sus frustraciones, obviando datos demasiado precios o clarificadores. Ella habla de «un amigo» un tanto impertinente y enamoradizo, aunque también de sí misma.
A esos desahogos su amigo «El Poeta» le ha respondido en muy contadas ocasiones, por preservar su vida personal y porque en las ocasiones en que lo hace se refiere a que él tiene «una amiga», una chica con la que está empezando a tener una relación, pero con la que no termina de entenderse.
Manuel sí escribe
La cuestión es que eso de que Manuel es aficionado a la poesía y a escribir novelas, no siendo más que la distracción el pasatiempo de un escrito aficionado, es algo sabido y conocido por todo el mundo. El tema de los poemas sobre todo por parte de aquellas chicas a quienes se los dedica y tiene la osadía de entregárselos para atraer su interés, a pesar de que éste no se vea correspondido como Manuel espera.

Lo que te digo y lo que oyes, una de las tácticas de Manuel para acercarse a las chicas, para hacerse el interesante o el interesado, es la poesía. Poemas que normalmente nadie le pide ni se espera recibir, pero que de seguro quedan plasmados en sus cuadernos, con el temor y la preocupación por parte de la afectada de que el chico se monte sus propias historias, muy alejadas de la realidad.
Celosa de su intimidad
Se entiende que ahora que la relación entre Ana y Manuel se está afianzando, que ya no es una simple suposición de éste, sino que Ana ha dado muestras de su interés, toda esa inspiración, esa poesía romántica ha de tener una única fuente de inspiración y una única destinataria: Ana.

Es decir, que si para escribir Manuel se basa en sus propias vivencias y sentimientos, todo eso que suceda dentro de la pareja es una fuente inagotable para su creatividad, tanto en lo bueno como en lo mío, que igual Ana aparece como una novia de lo más cariñosa que como un novia celosa, posesiva y nociva a la que es mejor mantener alejada.
Se puede generar un cierto morbo, que Manuel empiece a contar intimidades sin ton ni son, de tal manera que Ana no sólo tenga que disculparse con él si en algún momento tienen un desencuentro, sino que, además, se sentirá obligada a dar explicaciones, por otro lado innecesarias, ante todos aquellos que lean esos poemas e historias.
Es más, en el caso de que esas torpezas de novio procedan de él, es muy posible que en esos poemas y esos escritos intente justificarse y suavizar lo que ha sido una metedura de pata en toda regla, de manera que después de dejar a Ana como una «planta tomatera«, querrá ir a disculparse, si es que el proceso no es al contrario, primero consigue su perdón y después él queda como «un inocente e ingenuo conejillo de indias«.
Autocensura
Lo que Ana pretende, para evitar conflictos innecesarios, es que Manuel se ahorre esos comentarios, esas menciones y reflexiones referente a su relación de pareja, dado que a nadie le importa lo que suceda entre ellos, por muy buenas que puedan ser sus intenciones a la hora de dejar claro que ella es una chica maravillosa y él se siente afortunado de tenerla en su corazón.
Es decir, que, si de verdad la quiere, si la respeta en todos los sentido, como así se supone que ha de hacerlo, se habrá de cuidar muy mucho de escribir nada que a ella le pueda molestar, ya sea para bien o para mal. Si tiene algún problema, mejor que lo hablen entre ellos y si lo que pretende es dejar constancia de ese amor incondicional, a veces es mejor regalar un ramo de flores o un sencillo «te quiero» susurrado en su oído, aunque sea por teléfono.
Origen

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