Introducción
Sábado, 27 de septiembre 2003
Como en ambas versiones de la novela se hace alusión a esas primeras impresiones, entiendo que es un detalle sobre el que conviene que nos detengamos a reflexionar

Manuel apareció por uno de los laterales del chalé, vestía con ropa deportiva o, más bien, para trabajar en la parcela, ocupado de las plantas y del perro, con un aspecto distinto al que le había visto hasta entonces, más informal y descuidado.

(Ana) Vestía de una manera bastante informal, aún la recordaba vestida como la había visto al despedirnos el día que me marché de su casa y aquella mañana, como casi cada vez que nos habíamos reencontrado, me sorprendía de nuevo con su naturalidad,
Primeras impresiones

Sabemos, por lo que hemos conocido hasta ahora a Victoria, la madre de Ana, que ésta quiere para su hija un «novio» que cause buena impresión desde el primer momento y que dentro de esos esquemas y expectativas quien no encaja demasiado, ni aunque se esfuerce, es Manuel. De hecho, esos mismos criterios fueron por los que al principio Ana también se mostró bastante reticente a las insinuaciones y pretensiones de éste. Como así se lo dio a entender en sus primeras cartas y ocasiones en que hablaron.
Victoria quiere para su hija un chico de los que visten con traje y corbata, de los presumen de títulos universitarios y están bien relacionados, de esos que por su apariencia y presencia cualquier madre quisiera tener por yerno porque se supone que a su lado las hijas podrán tener una buena vida. Aparte que Ana ya es una licenciada en Economía y Finanzas, responsable del departamento de Contabilidad en la gestoría y se ha ganado un cierto prestigio en el barrio.
Ante ese panorama tan poco favorecedor para las pretensiones de Manuel, casi mejor que Ana se evite la tentación de hacerle una fotografía al chico que la ha recibido y abierto la verja en este chalé situado a las afueras de Toledo, en una zona un tanto apartada, algo escondida, aunque Ana haya comprobado que tampoco es demasiado complicado llegar, siguiendo unas mínimas indicaciones.
A la madre de Ana no le iba a gustar demasiado ver a Manuel con el aspecto de alguien que con aspecto de dedicarse al cuidado y mantenimiento de este chalé, un chico vestido de manera bastante informal, con un chándal, pero que en vez de estar practicando algún deporte, como haber salido a correr por el campo, se encuentra allí dedicado al riego de las plantas y al perro.
Comparando chalets
Y sí, Ana puede comparar «chicos» entre el que a ella le gusta y las expectativas de su madre, con respecto al chalé, dado que, aunque ella sea una chica de ciudad y sus padres han reinvertido las ganancias del negocio en el propio negocio, su hermano José ha buscado sus propias inversiones e invertido en tener un chalé como primera residencia.
- El chalé de José

Podemos argumentar, aun sin que nos hayan invitado, que a la madre de Ana sí le gusta el chalé de José, en una zona urbanizada, de aspecto más urbano que rural, donde prima más el lujo y la elegancia, la comodidad, donde los invitados se pueden llegan a sentir como en casa, como si les recibieran en un piso, con la suerte de que hay terraza como una alternativa al salón.
El aquel chalé tanto los padres como Ana disponen de su habitación, los padres porque tiene la ventaja de ejercer de abuelos y como sabemos en esta familia hay unos fuertes valores familiares, aunque por lo general estos vivan en su piso y tampoco quieran molestar demasiado. Por su parte a Ana la mandan al apartamento que hay en la buhardilla, donde disfruta de una cierta privacidad.
Además, como ya sabremos cuando nos inviten, en el chalé de José no hay un perro, sino dos, que también cumplen la función de guardianes, como si el hecho de la presencia de los perros fuera un reflejo del nivel social de cada cual, aparte que aquel chalé es primera residencia.
- El chalé de los padres de Manuel

Es un chalé construido en un terreno menos urbanizado. La casa se encuentra en medio de una parcela grande, con piscina y con gran parte de la parcela dedicada a árboles frutales, donde no destaca tanto ese aspecto tan cuidado y parece primar ese carácter de rural, donde los árboles tienen más importancia de la vivienda, aunque esta sea de gran tamaño.
Es un chalé que se evidencia que se va construyendo poco a poco, adaptando a los tiempos y a las necesidades de la familia, que no es una construcción que se haya adquirido sobre plano, lo que hace que tenga un carácter más personal, dado que en poco o nada se parece a los chalets vecinos, porque todos son distintos en aspecto y tamaño.
Se puede intuir que allí a cada cual se le vendió la parcela, el solar vacío y con el tiempo cada cual lo ha urbanizado según sus posibilidades y consideraciones propias, en el sentido de que se les puede considerar «urbanización» en cuanto que se encuentran en el mismo lugar y comparten servicios públicos, como las calle, el alumbrado de las farolas, el suministro de agua y el servicio postal.
En este entorno encaja el hecho de que Manuel tenga aspecto de ser más el jardinero, el chico encargado del mantenimiento, que el propietario o el hijo de los dueño, porque salvo que contratasen a alguien, nadie se va a ocupar de esas tareas y está claro que hay gastos que los padres de Manuel no se pueden permitir ni siquiera por capricho.
Aquí quienes se sienten como en casa son los dueños, que tienen en este chalé su segunda residencia, para el verano, mientras que las visitas, que se entiende son siempre bien recibidas, aquí se pueden sentir más como en casa ajena, aunque cuando se marchen se puedan ir cargados de fruta, según la época del año.

De hecho, aunque no se mencione como tal en ninguna de las dos versiones la novela, porque Ana tampoco se dedica a recorrer la parcela, la amplitud de ésta, el hecho de que tenga ese carácter tan rural y particular, no oculta el hecho de que en algún momento se hayan dedicado a la crianza de gallinas.
Es más, como en la fecha en que Ana hace esta visita ya no es época para ello, es fácil suponer que dentro de esta parcela hay espacio para montar un pequeño huerto donde sembrar tomates, patatas, pimientos, cebollas, sandías, melones, etc… de manera que se le saque provecho, aunque sea propio y no con fines comerciales.
Buenas impresiones

Digamos que conocer este tipo de detalles, aunque ello no contribuya a mejorar la imagen de Manuel y tampoco sea algo para lo que éste se pueda atribuirse el mérito, ni siquiera por derivación, al padre de Ana le causará buena impresión, dado que es alguien que valora a la gente trabajadora, con inquietudes, que al igual que éste vio la oportunidad de montar una gestoría, los padres de Manuel le han sacado provecho a este chalé, se han construido su propio negocio, aunque sea para beneficio propio.
En cierto modo es justo lo que Ana confiaba descubrir y encontrar de ese chico que le tiene revolucionado el corazón y la cabeza, porque en principio dista bastante de ser el chico perfecto, el ideal, pero tiene algo que a ella le ha cautivado desde el primer momento, que la tiene intrigada, porque eso de que se le considere un rompecorazones, se refiere más al suyo propio que a las chicas que va dejando tras de sí.
Últimas impresiones
En cualquier caso, a las chicas hay que ganarselas e impresionarlas con algo más que el pretendido encanto personal. De manera que el chico este con aspecto de campesino, de agricultor, la verdad es que coincide más con las impresiones que le ha causado a su madre, que al maravilloso concepto que Ana se ha creado de él hasta ahora.
El chico guapo y bien plantado, de los de traje, corbata y zapatos lustrosos, en poco o nada se parece a éste, de aspecto desaliñado, vestido con ropa deportiva, escogida al azar del armario, con esas zapatillas de deporte llenas de barro.

Sin embargo, al chico guapo Ana no esperaba encontrarlo aquí ni por casualidad, porque resultaría del todo chocante. El que se ha encontrado, al menos consigue sacarle una sonrisa de complicidad, porque es a ella a quien no esperaba ver por aquí, menos aún por sorpresa, de manera que no ha tenido ocasión de mejorar su aspecto.
La madre de Ana le aconsejaría que se subiera al coche y volviera a casa por el mismo camino, pero al padre le preocuparía que por precipitarse, por pretender echar la verja abajo, el coche terminase en el taller y fuera peor el remedio que la felicidad.

De hecho, Ana ha venido justo a eso, a encontrarse con este chico de aspecto desaliñado, que le puso como excusa el hecho de que esta mañana de sábado tenía que estar aquí para no acudir al Encuentro de este fin de semana, que no se dejase convencer por el hecho de pasar juntos dos días.
Origen

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