Y el dueño del perro ¿muerde?

Sábado 27 de septiembre

Continuando con la historia, retomándolo desde la entrada de “Don excusas” y partiendo de lo escrito en “En un lugar de la Mancha” nos encontramos con que Ana ha venido a Toledo por su cuenta, al encuentro de Manuel para convencerle para que acuda a la boda de Carlos, para que no se invente excusas para no acudir, dado que para ella es un acontecimiento importante y prefiere contar con su compañía, que ello ayude a hacer un poco más oficial su relación una vez que parece que los padres de ella empiezan a ceder. Ana le quiere y va a poner todo de su parte para vencer cualquier resistencia, por lo cual lo mínimo es que Manuel también ponga de la suya ¿No os parece? Se ha apuntado a lo de la cuenta vivienda, porque Ana aún mantiene esa deuda con Carlos y ya no tiene sentido que siga con éste, pero eso a los padres de Ana no les basta, a pesar de que Manuel parece que ha adoptado una postura acomodada, que mientras Ana no corte la comunicación todo está bien. sin embargo, están las distancias, el no poder hacer planes en lo cotidiano porque no pueden verse, porque Manuel siempre encuentra alguna buena excusa para no moverse de Toledo. A la pascua no sé sabe muy bien por qué acudió, queremos pensar que algo se le removió en el corazón, sintió esa llamada, pero a la convivencia de novios fue en cierto modo engañado por las amigas de Ana, que si no acude es ella misma quien a recogerle porque la tontería tiene un límite y a ella se le terminaba la paciencia esperando un arranque de heroísmo y romanticismo por parte de su amado.

Ana necesita un novio, un acompañante para la boda y esta vez no se va a fiar del primer tonto que pase por delante de la puerta de su casa. La primera vez le ha salido bien, pero casi mejor que no vuelva atentar a la suerte porque en su lista de “novios” tan solo hay un nombre, ya que incluso ha roto todo contacto con su amigo de Internet para centrar todo su corazón en quien ella considera que es “su chico”, pero el muy tonto se siente muy seguro porque ya ha conquistado su corazón, pero ella tampoco es una chica que se vaya a rendir ante los encantos de nadie por muy ocultos o a la vista que los tenga, de modo que ante la falta de iniciativa de éste decide ser ella misma quien le saque esa declaración de amor sincero de sus labios y de paso ese compromiso para acudir a la boda. Ya que está aprovecha para conocer un poco más la vida privada de “su chico”.

El perro mostraba más entusiasmo en sus ladridos para que me mantuviera alejada e incluso me fuera porque no me conocía y nadie le había dicho que fuera bienvenida,

Ana

Manuel, cuando en julio acude a casa de Ana se asusta ante la posibilidad de cruzarse con la madre de Ana. Ana, por su parte, no sabe muy bien dónde va, lo único que tiene seguro es que no se va a encontrar con nadie de la familia de Manuel, tan solo con el perro, porque es la excusa que éste le ha dado para no acudir a ese Encuentro Nacional de jóvenes. La madre de Ana no muerde, pero por lo que se da a entender en ese pasaje de la novela, Manuel no sale muy bien parado de ese primer encuentro, esa primera charla con ésta. ¿Le pasará lo mismo a Ana con el perro? Su suerte está en que ella llega en su coche, que en realidad nadie la obliga a pasar de la verja. Ha acudido hasta allí por decisión propia, para sorprender a Manuel sin contar con la complicidad de nadie, ni siquiera ha recurrido a su director espiritual para saber de la conveniencia de dicha visita, porque tampoco tiene intención de quedarse a dormir, ha conseguido evitarse verse en esa tesitura para no sentirse victima de su propia trampa.

De todos modos, tras un primer momento de confusión, Manuel la reconoce y acude a recibirla, le abre la verja para permitirle la entrada, ante lo cual, por prudencia, por cierta desconfianza hacia el perro, decide no perder mucho tiempo y entrar en la parcela con el coche, en parte porque Manuel tampoco se muestra demasiado acaparador de su atención. El día que éste se presentó en el portal de su casa, como estaba mosqueada con él, le dio la espalda hasta que se abrió la puerta y no quiso que Manuel se quedase en la calle. Esta vez la intención y preocupación de Manuel está en evitar que el perro se escape, por lo que se centra en cerrar la verja una vez que ha entrado el coche y de manera sutil se entiende que por evitar que Ana se lo piense mejor y se marche por donde ha venido

Dado que la actitud del perro me pareció mucho más amistosa, que había cambiado sus amenazantes ladridos por una silenciosa curiosidad, expresada por su interés por olisquear el coche y esperar a que me bajase, preferí dejar a un lado la cautela y abrir la puerta, con intención de hacer tiempo hasta que Manuel acudiera a mi lado y me rescatase, en caso de que lo necesitara.

Ana

A Manuel, en casa de Ana, la madre le recibió con una actitud inicial un tanto afable y cordial, con un ““Buenas tardes, Manuel. Soy la madre de Ana. Encantada”. (25 de julio) En esta novela los animales no hablan, de manera que el único cambio en la actitud del perro es que pasa de los ladridos de advertencia ante la presencia de una extraña que se ha detenido en la verja, a la curiosidad por saber quién es la chica que se ha bajado del coche, en lenguaje perruno sería algo así como “Buenos días ¿Tú quien eres?” ante lo cual Ana en un primer momento se muestra un tanto asustada, pero dada la tranquilidad demostrada por Manuel, entiende que no hay motivo para inquietarse, que el perro entiende que si éste le ha permitido la entrada, éste no adoptara una actitud agresiva, tan solo de curiosidad

Se tomó con calma eso de venir a mi encuentro, como lo había hecho para salir a recibirme, como si pretendiera que fuera el perro quien me recibiera con todo el entusiasmo y después agradeciera su moderación. Terminó de cerrar la verja y se encaminó hacía mi coche como si estuviera de paseo y disfrutara de un paisaje que ya se conocía de memoria, donde la única novedad era mi presencia. 

Ana

Manuel y Ana hablan

Y si hasta ahora en la novela no ha habido como tal un diálogo entre los personajes, en este momento, en este saludo cuando se rompe ese silencio, cuando se da entender que hay una cierta complicidad y confianza entre ellos. Como escritor, como autor de la novela, me pareció un buen momento porque de hecho están ellos solos y no hay nadie que les interrumpa, no hay otro punto de atención. Entiendo que la intención de Ana al presentarse allí es recibir todo el cariño y el amor de su amado, de su chico, que con la simpatía del perro no se va a conformar y menos con los motivos que le han llevado hasta allí. sin embargo, esas primeras palabras no son todo lo románticas que deberían. Es, más bien, el reflejo de su naturalidad, de su complicidad. es Manuel el primero que habla.

Manuel: ¿Tú no debías estar rezando por los dos? – Me preguntó en tono recriminador y algo contrariado. – Creo que has equivocado el camino.

Ana: ¡Si te vas a poner tonto, me marcho! – Le respondí amenazante. – Te dije que iba a venir. – Le recordé. – Sólo ha habido un ligero cambio de planes.

Versión de Ana

En realidad, la conversación de inicia como hasta entonces, de manera un tanto indirecta. Todo parece indicar que mantendré a misma técnica, que la novela en ese sentido no sufrirá grandes cambios ni novedades, que el hecho de escribir la versión de Ana no influye en modo alguno en la versión de Manuel, que es la original. Sin embargo, éste es uno de esos momentos en que se pone de manifiesto ese paralelismo, que no se entiende una versión sin la otra.

Lo primero que hizo fue preguntarme si me quedaba mucho para marcharme, quiso con ello tener una base sobre la que decidir qué hacía con el coche. En cualquier caso, debido a la hora que era y a que los dos teníamos el deseo de estar juntos, esa pregunta estaba de más. Debía darme a entender que estaba allí para quedarse y que cruzase aquella verja con el coche era una manifestación de esa confianza.

Manuel

En cierto modo puede decirse que la apertura de esa verja, la entrada de ese coche en el espacio privado de Manuel son lo que provocan ese cambio en cuanto a los diálogos, en la actitud de los personajes. para ser justo, como escritor yo también sentía entonces la necesidad de dar a los personajes su propia voz, meterme en conversaciones ajenas donde no me llaman, y exprimir ese momento con toda su grandeza y que vez de oírles decirse lo mucho que se quieren, que se han echado de menos, me pareció más creíble esa naturalidad, esa contrariedad ente el hecho de que Manuel se encuentra con que Ana se ha presentado en el chalé cuando suponía que estaría de convivencia y como Ana se plantea aquella situación con toda tranquilidad consciente de que le ha sorprendido, pero tampoco le quiere dar mayor importancia.

Nuestra primera conversación de pareja, sin tener que pedirnos perdón por nada y sin esperar las disculpas del otro. Las sensaciones eran bastante positivas, de manera particular porque no estábamos condicionados por terceras personas, que tal vez fuera lo que nos había cohibido hasta entonces, que cuando no había sido la gente del Movimiento, había sido por nuestros padres. 

Ana

Y dado que Manuel aun le quedan tareas pendiente por la parcela, Ana aprovecha la excusa de que necesita hacer tiempo, ir al aseo, para darse una vuelta por el chalé. A diferencia de Manuel, ésta no se encuentra con excesivos impedimentos para explorar, con la ventaja de que Manuel no le acompaña y que el perro no pase de la puerta del garaje. Si a Manuel se le hubiera ocurrido moverse del salón, en su primera visita a casa de Ana, hubiera causado muy mala impresión, pero allí Ana siente que tiene plena libertad de movimiento, que necesita entretenerse de algún modo y eso de ver cómo Manuel termina de regar tampoco es que le entusiasme demasiado. Después de un viaje de dos horas en coche y de la tensión de no tener muy claro si llegaría a su destino, la excusa del baño le abre todas las puertas.

Tardé poco en decidirme, algo más que él, quien optó por seguir con lo que hacía antes de mi llegada. Era mi momento de descubrir un poco más sobre el gran amor de mi vida y su familia. 

Ana

Sin embargo, Manuel no se desentiende del todo y en cierto modo nos da una pista de donde esta ese agujero en la pared desde el que se permite observarla, aunque también se da a entender que Ana no está de humor para muchas bromas ni para sorpresas no deseadas

Tardó poco en subir a la planta principal y encontrar el aseo. Lo cual quedó patente cuando subió la persiana, preservando su intimidad para evitar tentaciones, se percató de que dicha ventana da a la fachada de delante, a la escalera exterior y cabía la posibilidad de que le gastase una broma y me asomara.

Manuel

En cualquier caso este día en pareja no termina aún. es cierto que tampoco pasan mucho tiempo en el chalé, pero ello da pie a que se alargue un poco más la visita, para que Ana siga descubriendo un poco más la vida privada de su chico, porque Ana necesita contárselo todo a su madre y cuanta más información obtenga mejor. Manuel quizá no sea el chico que la madre de Ana querría para ésta, pero si la hace ver que éste no vive bajo un puente, que es un chico de buena familia, hará que sume puntos a su favor.

Cuando hablé con mi madre sobre mis expectativas, ésta se había mostrado poco optimista. Lo del chalé lo intuía más como un adosado en una urbanización a las afueras del pueblo, un sitio para escaparse del bullicio de la ciudad y, en cierto modo, la evidencia de que sus primeras impresiones no iban muy desencaminadas, pero la realidad era que lo que más destacaba de aquel lugar era que se trataba de una urbanización alejada del pueblo, con parcelas individuales de unas dimensiones bastante aceptables. 

Ana

Será un día lleno de descubrimientos, de complicidad y tal vez, casi con total certeza, Ana se encuentre con algo que no se espera, pero sobre todo se acuerden de solventar esos pequeños falos en la comunicación que quedaron pendientes tras la convivencia de novios. Quizás al final Ana se dé cuenta de que el dueño del perro muerde más de lo que parece, pero esa tarde ella se volverá a casa con la tranquilidad de que éste acudirá a la boda, que no le va a poner excusas, ni aunque haya de pasar ese fin de semana en su casa.

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