Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Saturday, September 11, 1995 – 12:23 AM
Crónicas de una Freshman: El Área de Deportes
Por Jessica Marie Bond
Cruzar el patio de Medford High este septiembre de 1995 es, para alguien como yo, un ejercicio de invisibilidad fallido. Mientras la bandera norteamericana ondea en el asta, yo intento caminar con una seguridad que no tengo, sintiéndome como un fantasma recorriendo pasillos llenos de gigantes de 12th Grade que ya saben a qué pandilla pertenecen. Ser una «freshwoman» —una novata— es una etiqueta pesada, pero ser una «chica del St. Clare» es una marca que parece brillar en mi frente. Aquí, entre los muros de MHS, sigo buscando mi lugar, intentando que nadie note que mi dirección es un hogar de acogida y no una casa con jardín en West Roxbury.
Mi Periodo 6 es «Physical Education/Health» con Mr. Ford. No es que yo sea una entusiasta del ejercicio, pero la clase de gimnasia ha servido para algo más que para sudar. Fue el jueves 7 de septiembre cuando Mr. Ford decidió «llamarnos la atención» a Julia Stephanie MacWindsor y a mí. Ese momento de ser señaladas por el profesor, de quedar en evidencia frente a todos, fue el pegamento inesperado que nos unió. A partir de ahí, para el resto del instituto, ya no éramos dos extrañas; éramos un equipo. Supongo que compartir la vergüenza es la forma más rápida de construir una amistad en 9th Grade.
El polideportivo es el centro neurálgico de Medford High, pero el verdadero drama ocurre en los vestuarios. Es un espacio que me aterra. Existe un contraste brutal entre la naturalidad con la que Yuly se cambia y mi propio pudor. Me siento increíblemente cohibida. Tengo catorce años, pero mi físico no ha recibido el mensaje del crecimiento; mis medidas son más típicas de una niña mucho más joven. En un lugar donde la desnudez es obligatoria y el juicio de las otras chicas es constante, mi falta de desarrollo físico me hace querer desaparecer entre las baldosas.
Para intentar integrarme, o al menos parecer «normal», hice algo que no suelo hacer: compré la camiseta oficial del equipo del instituto. Me costó $8.00. No fue un intercambio de ropa usada ni uno de esos «trapicheos» habituales en el St. Clare’s; fue una compra real, con dinero ahorrado, en una tienda. Estaba probándomela en mi habitación cuando Ana, mi tutora, entró sin llamar. Es lo que tiene vivir en un hogar de acogida; la privacidad es un lujo que no te puedes permitir. «Hay que animar al equipo», le dije para justificar el gasto, aunque en realidad lo que quería era sentir que, por una vez, llevaba algo nuevo que me hacía pertenecer a MHS.
A veces, mientras corro en la pista bajo las órdenes de Mr. Ford, no puedo evitar comparar este orden con la vida en la calle. En el instituto, el deporte es estructura y reglas. Es un mundo opuesto a mis tardes en el parque, donde los chicos pretendían que jugara «sin camiseta» y yo tenía que defenderme con uñas y dientes para proteger mi integridad. En el parque, mis piernas servían para huir a toda prisa hacia los muros del St. Clare’s para ponerme a salvo. Aquí, el gimnasio representa una superación de esos traumas. El orden de la clase me da una extraña paz; prefiero el silbato de Mr. Ford a las manos de los chicos de las bandas.
Al final, Educación Física son 2 créditos vitales para mi expediente. Mi meta es clara: necesito un GPA superior a 3.0. Ana ya me ha dado el ultimátum: si mis notas caen por debajo de 2.0, el plan de enviarme a Toledo (España) el próximo verano deja de ser una amenaza para convertirse en realidad. No puedo irme. Tengo que quedarme en Medford, en el St. Clare’s, porque ese es el único faro que mi «Daddy» tiene para encontrarme. Si me trasladan, si pierdo mi rastro, él nunca sabrá dónde buscarme. Por eso me esfuerzo, incluso en la pista de atletismo. Estoy decidida a no ser el monigote de las burlas de nadie, ni en las aulas ni en el deporte. Mi permanencia aquí depende de esos números, y no pienso dejar que nada me aleje de la espera por mi padre.

Origen
- Saturday, September 11, 1995 página 4
- NotebookLM
