Esperando a mi Daddy (4)

12:05 AM. MHS Corridor

¡Vacaciones por fin! Hasta dentro de una semana y media. Con un poco de suerte, tal vez haya una fuerte nevada y se alargue unos cuantos días más, porque la verdad es que me apetece una larga temporada sin venir por el Medford High. Aunque me temo que ello no hará que me olvide del suspenso en la asignatura de Spanish, a pesar de que he aprobado el resto de las asignaturas con unas calificaciones aceptables. Sin embargo, he fallado en la asignatura que de verdad parece que le importa todo el mundo y me lo recordarán cada vez que salga de la habitación porque está en juego mi continuidad en el St. Clare’s. Supongo que soy optimista con respecto a ese asunto porque entiendo que méritos no me faltan, tal solo una participación más activa en clase y que me atreva a hablar. Es verdad que el español se me da un poco mal por mi falta de interés y motivación, a pesar de toda la ayuda recibida, pero confío en que aprobaré el curso, que no soy tan mala estudiante como se supone. Lo único que sucede es que no quiero que me obliguen a crearme ilusiones y expectativas que tal vez no tengan ningún futuro. Reconozco que pondría más empeño si supiera algo de Daddy, si hubiera alguna posibilidad de ese encuentro, pero el hecho es que no hay nada, mi vida familiar y personal no ha cambiado desde que me encontraron en el hospital hasta hoy. Sin embargo, algún día Daddy vendrá a por mí y entonces aprenderé su idioma y me interesaré de verdad por conocer su ciudad y su cultura.

Yuly: ¿Te llevamos y te evitas el bus? – Me propone con intención. – A mi madre no le importará.

Jess: ¡Vale! – Le digo animada. – La verdad es que en el bus no me espera nadie. – Alego con toda intención.

Ana no me ha dicho que fuera a venir a por mí de manera que la invitación de Yuly es la mejor excusa para que me relaje y olvide de las prisas por llegar al bus, que ha sido lo que en cierto modo me ha impulsado a recoger con cierta prisa cuando ha sonado el timbre de salida. Aunque, por otro lado, me he frenado un poco al ver que Yuly está tan tranquila. Ante lo cual he pensado que, debido a que el horario de las clases no siempre coincide con el horario de trabajo de sus padres hoy es uno de esos días en que se tendrá que quedar esperando en la puerta hasta que vengan a recogerla. Por lo cual, me he sentido un poco mal por ella y creado un cierto cargo de conciencia. Aparte que el ambiente que yo espero encontrar en el internado me motiva más a no tener prisa por llega. Si me piden explicaciones, siempre tengo la excusa de que me he quedado a hacer compañía a una buena amiga. No creo que se vayan a inquietar mucho, si me retraso un poco.

El mejor sitio para estar a esta hora y esperar a que llegue la hora de irnos, sin que nadie tenga reparo en que nos relajemos un poco, es aquí, junto a la ventana, cerca del radiador, para estar calientes, mirar cómo nieva fuera y sentirnos relajadas y seguras, dado que aquí estamos a salvo de la climatología. Esta mañana a las dos nos apetece estar tranquilas. No sé si será porque estamos algo desanimadas o porque Yuly se ha contagiado de mí, porque no me ha sentado demasiado bien comenzar la clase de Spanish y que Mr. Bacon me expusiera de ese modo delante de todos los compañeros. No sé si ha sido con idea de humillarme, pero lo que ha quedado de manifiesto es que tal y como llevo la asignatura hasta ahora no aprendo nada y mi suspenso es más que merecido. Se supone que me lo he de tomar en serio, pero, por mucho que todo el mundo se empeñe, no consigo superar mi recelo hacia ese idioma. No quiero crearme falsas expectativas con respecto a Daddy. Me da igual todo lo que me diga sobre las ventajas de conocer el idioma. Para mí tan solo hay un inconveniente. Es el idioma de Daddy y éste aún no ha venido a por mí ni sé nada de él.

Esta vez no se ha permitido que me amparase en el hecho de que me niego a hablar el idioma ni en mi supuesta ignorancia para no participar en la guerra de las palabras y que me eliminaran cuando antes y así pasar el resto de la clase sin hacer nada e ignorada por todo el mundo. Casi ha dado la sensación de que Mr. Bacon pretendía que fuera yo quien me mereciera esos diez puntos de más para la próxima evaluación y, por lo tanto, que será necesario que haga el examen porque ya estaría aprobada. Lo malo es que he estado tan poco participativa como de costumbre, pero no se me ha dado ocasión para marginarme del juego, Todo lo que dijera se daba por válido, aunque yo fuera la primera en reconocer que no tenía sentido o que no eran más que fallidos intentos para excusarme y no contestar. Lo que, por otro lado, ha sido motivo para que los chicos se sintieran justificados para acentuar sus burlas y demostrar su desacuerdo con la benevolencia de Mr. Bacon. Por supuesto no ha sido del agrado de ninguna de las chicas, porque era evidente que no se respetaban las reglas,

Yuly: ¿Estás más relajada? – Me pregunta. – ¡No sé cómo permiten que Mr. Bacon te trate de esa manera! – Me dice un tanto mosqueada.

Jess: Me guste o no he de acudir a clase y tener los ejercicios al día o a final de curso, si no antes, me mandarán al Matignon High y allí no serán tan considerados. – Le respondo y justifico.

Yuly: Mi tío Luis me trata igual cuando le hablo en inglés. – Alega para solidarizarse. – Al menos con él no me juego el curso. Tan solo el salir con las amigas de allí o no merendar.

Jess: ¡Pero es que tú pasas en Vigo todos los veranos y yo hasta ahora no me he movido del St. Clare’s, salvo el verano pasado! – Argumento.

Yuly: ¿Aún no tienes ni idea de dónde te llevó Ana? – Me pregunta intrigada. – Tengo en mi casa libros con fotos de España, si quieres te lo presto y le echas un vistazo por si descubres algo que te sea familiar. – Me sugiere.

Jess: Te lo agradezco, pero mejor que no. – Rehúso su sugerencia. – Además, me da igual dónde me llevara. El caso es que no me llevó con Daddy.

Yuly: Tal vez, si vieras alguna fotografía, sabrías dónde estuviste. – Me insiste. – Si fuisteis a una ciudad turística, seguro que es fácil de identificar. Habrá algún libro en la biblioteca. – Me indica. – Es cuestión de buscarlo. – Propone. – ¿No trajiste ningún recuerdo típico?

Jess: No, olvídalo. – Le insisto. – Prefiero no saberlo. No sea que descubra que estuve con Daddy y que éste no quiso nada de mí cuando se enteró que habíamos ido a verle.

Yuly: Quizás Ana sí le viera y por eso sigas en el internado. – Me insinúa. – ¿No lo has pensado? – Me pregunta contrariada. – Tal vez, en sus circunstancias actuales, no pudieras quedarte con él, pero tampoco quiere perderte la pista. – Me dice con optimismo y casi convencida de que sabe de lo que habla.

Jess: Entonces ¿Por qué no sé nada de él? – Le pregunto desanimada. – De ser así, Ana lo sabría, pero no me cuenta nada y me prometió que no me mentiría, hasta ahora no lo ha hecho.

Yuly: Bueno, no sé. – Me contesta dubitativa. – Tal vez te llevara porque pensó que le había encontrado, pero se trataba de una pista falsa y no ha querido que te desilusionaras.

Jess: Eso también lo he pensado. – Le confieso. – Me prometió que haría lo posible por encontrarle y tal vez se confundiera.

Yuly: Entonces, ¡tal vez te llevase a Toledo! – Me dice con ánimo.

Jess: Estuvimos en una ciudad antigua, con un río. – Le comento. – Pero, en realidad, no sé dónde.

Yuly: ¿Y la fotografía que te di? ¿No te suena haber visto ese castillo? – Me pregunta intrigada.

Jess: Lo que parecía estar sobre la montaña era la ciudad, no vi ningún castillo ni nada que se le pareciera, salvo la muralla.

Sé que me quiere ayudar a encontrar a Daddy, que como Ana está dispuesta a hacer todo lo que pueda, y en su caso lo tiene un poco más fácil porque ya me ha dado evidencias de que su madre ha estado en Toledo y le pregunta con total libertad, mientras que Ana hay temas que prefiere evitar. Tampoco es que Ana me oculte algo, tan solo prefiere que lo averigüe por mi cuenta y no adopte una postura tan cómoda de que me lo den todo hecho. Además, como se supone que para final de curso he de organizar una fiesta alusiva a Toledo, entiende que más motivada no se puede estar, aunque como tal la idea no me convence y tan todo, casi como último recurso, Yuly está dispuesta a echarme una mano. Sin embargo, no es lo mismo que me ayude con la asignatura de Spanish, que lo haga con la fiesta o para encontrar pistas sobre Daddy porque es mucho más personal. De todos modos, sé que ella está encantada y que sí no se entusiasma más es porque mi actitud la cohíbe. Yo me temo que no le permitan entrar en el internado porque la consideren una mala influencia porque se toma demasiadas confianzas y libertades. De momento tiene a su favor que Ana no le ha puesta objeciones a esta amistad.

Yuly: Vayamos fuera antes de que nos dejen encerradas. – Me aconseja.

Jess: Sí. Como quieras. – Le respondo resignada.

12:25 PM. MHS Patio

Poco me ha durado la alegría, si hemos de esperar en la calle, en la puerta. Pero entiendo que no van a tener abierto todo el edificio por nosotras, aunque pudiera estar justificado, por eso de que somos las últimas y a Yuly aún puede que tarden en venir a por ella. Tampoco es que nos hayamos de salir a Winthrop Street y quedarnos a la vista de todo el mundo. Basta con que nos quedemos donde nuestra presencia no moleste y nos sintamos a salvo. En todo caso, como Yuly ya está habituada a este tipo de situaciones, no ha hecho falta ni que nos lo dijeran. Por mi parte yo me siento del todo desubicada, porque cualquier otro día, en cuanto terminan las clases, hubiera corrido hacia el bus para regresar el internado cuanto antes. Me temo que no tengo tanta paciencia como Yuly y soy la primera que reconozco que me inquietan estos retrasos, esta incertidumbre.

Con que nos quedemos en los soportales es suficiente. Por suerte no hay una valla que delimite el recinto ni una puerta que cierre el paso. En todo caso, no parece que hoy vaya a llover. Lo único es que en la calle hace frío. La temperatura rondará los 40ºF. Razón por la cual no apetece quedarse mucho tiempo a la intemperie. Sin embargo, mientras no nos movamos de donde estamos, siempre que los padres de Yuly no tarden en venir a buscarla, creo que podremos soportarlo. Ambas estamos lo bastante abrigadas. Por mi parte, en el internado tampoco se pretende que pase frío. Esto es Medford y somos conscientes de cómo es el clima en esta época del año.

Yuly: Aún no te he presentado a mi madre ¿verdad? – Me dice con complicidad. – Hasta ahora siempre me ha recogido mi padre o el bus se ha ido antes de que pasaran a por mí.

Jess: No, aún no me la has presentado. – Le confirmo.

Yuly: Seguro que es la primera española a la que ves tan de cerca. – Me comenta. – Si fuera mi tío Luis, te aconsejaría que te alejases, pero ya verás cómo mi madre te gusta.

Jess: No, no es la primera, ya he visto a alguna turista. – Le confieso. – Además, como no sé dónde me llevo mi tutora el verano pasado, no estoy segura de que no haya estado en España.

Yuly: ¿Tienes algo en contra de las madres españolas? – Me pregunta con complicidad. – Entiendo que receles de la tuya porque no la conoces, pero la mía es simpática.

Jess: Sí, seguro que me cae bien. – Le digo con confianza. – Además, quien suponemos es español es mi padre, no mi madre. – Le aclaro.

Yuly conoce a casi toda la gente del St. Clare’s por las visitas que me ha hecho en estos meses y yo tan solo conozco su padre, porque le he visto cuando la deja o recoge. En estos meses su madre aún es una extraña para mí. Si me cruzase con ella por la calle, no la reconocería, salvo que se parezca mucho a Yuly. Por lo mucho que me ha hablado sobre ésta desde una postura filial. De manera que, en abuso de la amistad y confianza que hay entre nosotras, no se ha reprimido a la hora de desahogarse. Sin que por mi parte la haya tomado en serio siempre, porque entiendo que, por encima de esos pequeños conflictos cotidianos, quiere a su madre y sabe que es un sentimiento correspondido. Sin embargo, las madres tienen que actuar como tales según las circunstancias del momento, como me sucede a mí con Ana, de quien no siempre hablo maravillas. Aunque una vez que se me han pasado los nervios del momento y recapacito sobre ello, soy la primera que lamenta todo lo negativo que haya dicho de ella en esos momentos de frustración. Que ese mal concepto lo tenga de mi madre, porque me abandonó y no la conozco, hasta cierto punto, se entiende. Sin embargo, sobre Ana no se puede decir nada malo, salvo que hay ocasiones en que no nos entendemos porque, como ella argumenta, yo no soy más que una adolescente y ella es la adulta que ha de poner un poco de sentido común en mi cabeza.

Por lo que Yuly me ha costado de sus padres, ha heredado los rasgos físicos de los dos, que, según a quién le pregunte, unos aseguran que se parece más a su madre y otros a su padre, pero en chica. Lo único de especial que tiene la madre de Yuly, según ésta, es que tiene rasgos españoles. Aunque lleva tantos años en Boston que por su aspecto no lo parece. Se ha integrado sin mayor problema. En gran medida debido a que se trata de un matrimonio mixto y que el padre está enamorado de su personalidad. En su casa se respira hispanidad en muchos rincones, ese sentimiento a España, y todo ello por influencia de la madre y la condescendencia del padre, quien tampoco ha renunciado a los orígenes irlandeses de sus antepasados, aunque esto no resalte tanto. Por lo cual se entiende que Yuly tenga tan marcado ese espíritu español. Según Yuly, su casa es algo así como la embajada de Vigo en Boston, porque la variedad cultural española es tan amplia que no se puede concentrar toda en tan poco espacio.

Yuly: Hace frío ¿Verdad? – Me dice. – ¿En el St. Clare’s os funciona bien la calefacción? – Me pregunta contrariada. – En mi parroquia cada dos por tres hay un motivo para la recolecta. Piden dinero para todo. Supongo que algo de eso os llegará.

Jess: No estoy muy enterada de cómo funciona el tema de las colectas, pero me parece que dependemos mucho de las donaciones de la gente del barrio. – Le comento. – De momento la calefacción funciona y se pagan las facturas. Aunque desde hace unos años hay cambios que no comprendo del todo.

Yuly: Mis padres siempre echan algo a la colecta. En ocasiones me parece que es como si tuviera un hermano porque también le dan la paga semanal y algún que otro extra. – Me comenta con complicidad. – Además, este año me parece que un poco más por eso de que somos amigas.

Jess: Gracias, pero no sé si ese dinero llega al St. Clare’s. – Le digo.

Yuly: Como las tutoras no aceptan que mis padres les paguen por las molestias que ocasiono, así se sienten más justificados. – Me explica.

Jess: A nosotras siempre nos dicen que no vivimos de la caridad sino de la generosidad de los demás. – Le explico, porque es lo que se me ha inculcado desde pequeña. – Supongo que el St. Clare’s tiene su presupuesto para cada curso y una vez que se ha cubierto, ya no se necesita más, por lo que se entrega a quienes lo necesitan más que nosotras.

Yuly: Mi padre también organiza la economía familiar cada año, pero, al final, siempre se queja de que nunca cuadran las cuentas y gastamos más de lo debido. – Me comenta con complicidad. – Mi madre siempre le contesta que, cuando se sienta a hacer cuentas, se olvida que hay dos mujeres en la casa.

Jess: ¿Gastáis más de lo debido? – Le pregunto contrariada.

Yuly: Según mi madre, nuestros gastos son normales, pero no es mi padre quien se ocupa de las compras de la semana ni tiene en cuenta que los precios cambian. – Alega. – Mi madre compra para que nos alimentemos y estén las necesidades cubiertas; mi padre hace los cálculos para que la despensa siga llena a final de mes. Será difícil que se pongan de acuerdo.

Desde que Yuly y yo nos consideramos amigas y hablamos de cuestiones domésticas con esta naturalidad, me he dado cuenta de que la vida de las familias es tan complicada como la del St. Clare’s Home, incluso puede que más. Aunque en su caso sus padres trabajan y no ella. No considera que tengan problemas ni dificultades económicas demasiado serias. La ventaja está en que ella es hija única y no hay quince bocas que alimentar cada día. En el St. Clare’s no dependemos de los ingresos de Monica y Ana, sino de los donativos que con ese fin se entregan en la parroquia y de las aportaciones directas de algunas personas. No tengo muy claro si recibimos algún otro tipo de aportación por parte de algún otro organismo oficial. Entiendo que los cambios que se producen en el St. Clare’s se deben a una sustancial reducción de esos ingresos, que el presupuesto cubre tan solo la manutención de las chicas que cursen sus estudios en el St. Francis School. Este año se me incluye a mí también como excepción. Deduzco que Monica y Ana son trabajadoras y percibirán un salario por ello, aunque desconozco la cuantía de éste. Pero, en su caso, no tienen a nadie que dependa de ellas, por lo cual. el salario será muy ajustado.

Yuly: ¿Te esperan a almorzar? – Me pregunta. – Hoy salimos dos horas antes.

Jess: ¿Aún te has quedado con hambre? – Le pregunto contrariada. – Lo cierto es que apenas he comido, por lo que, si no me esperan, cogeré algo de la nevera. – Le contesto. – Ana me ha dicho que, como soy la mayor, me puedo tomar alguna que otra libertad.

Yuly: Me parece que te has quedado como si Ana te hubiera adoptado o algo así. – Me comenta algo contrariada por mi situación. – Si no entiendes por qué se te haya hecho esta concesión, no le veo otro sentido.

Jess: Me lo hubiera dicho, porque eso no es tan sencillo. – Le respondo. – Intuyo que la razón es que ha hablado con mi padre y es quien toma las decisiones. Sin embargo, es un asunto al que Ana ni alude. – Justifico.

Yuly: Con todo lo que me has contado de Ana y lo que la he conocido estos meses, la verdad es que esa tontería tiene sentido. – Me dice con cierta incredulidad por su parte. – Tal vez en Matignon High no te esperen porque tal vez alguien se haya hecho cargo de tu custodia.

Es imposible que Ana me haya adoptado porque, según tengo entendido, no es algo que esté permitido, dado que en el St. Clare’s tan solo se admite a chicas sin hogar o con familias con dificultades. En el supuesto de que me hubiera adoptado, yo habría tenido que dejar el St. Clare’s porque no hay ningún impedimento para que ella disponga de una casa propia. De hecho, no es ningún secreto que sus padres no viven lejos y que desde hace algún tiempo les visita con bastante más frecuencia. Mi teoría de que ha contactado con Daddy o que éste sea la razón última de mi estancia en el St. Clare’s tiene mucha más lógica, como si se necesitara de su autorización para mi traslado porque de otro modo se me perdería la pista o se complicaría demasiado que este me recogiera el día que venga a por mí o reclame mi custodia. Siento mucho aprecio por Ana, pero ella sabe que todo mi cariño y esperanza es para Daddy por lo cual no quiero que nadie más me saque del St. Clare’s. Sin embargo, debido al poco afecto que siento hacia mi madre porque me abandonó, resulta un tanto incoherente que no sienta lo mismo por Daddy o le dé tanta importancia a lo que considero fue la voluntad de mi madre o de quienes me abandonaron y dejaron ese papel en la cuna. En cualquier caso. Daddy es mi único pariente conocido, es mi única familia.

El coche y la madre de Yuly no se hacen esperar mucho más. Éste es un día atípico en el calendario debido a que es víspera de las vacaciones, aunque no el primero en que terminamos a estas horas. En cualquier caso, la novedad está en que he aceptado que me acerquen hasta el St. Clare’s, lo que no es muy habitual en mí, porque soy una chica de costumbres y acostumbro a desconfiar de la gente, sobre todo cuando considero que hay riesgo de que no me lleven, más cuando a Yuly la llevan de regreso a su casa y, como a su madre se le olvide que lleva una pasajera extra, me pondrá en una grave tesitura. No tiene ninguna autorización para hacerse cargo de mí y ello ocasionaría un grave conflicto. Sin embargo, en esa ocasión, como prueba de nuestra amistad, entiendo que he de darles ese voto de confianza, confiar en eso de que de verdad no les supone demasiado trastorno, sin desviarse demasiado de su ruta, porque, según Yuly, en ocasiones acceden por Fellsway, que es casi como decir que por la salida del St. Clare’s, sin exagerar demasiado.

Carmen: (Asomada por la ventanilla) Hola. ¡Ya estoy aquí! – Nos dice con toda naturalidad, aunque por su tono de hablar se nota que no es de Boston.

Yuly: Hola. – Le contesta con una sonrisa de alivio. – Ella es mi amiga Jessica. – Me presenta. – Jessica, ella es mi madre, Carmen. – Me dice. – ¿Mamá, la podemos acercar a su casa? – Le pregunta. – Le he hecho que perdiera el bus para que hablásemos. – Se justifica.

Carmen: Hola, Jessica, encantada de conocerte. – Me saluda. – Anda, subid al coche que se hace tarde y yo aún tengo que volver al trabajo. – Nos pide. – Creo que sabré llegar. – Dice no muy segura. – Pero espero que vosotras sepáis el camino. – Nos indica con complicidad.

Yuly: Está un poco más arriba de la iglesia de St. Francis. – Le indica. – Si la dejamos allí, no creo que le importe darse el paseo y así nosotras seguimos hasta la I93.

Carmen: Hasta la parroquia de St. Francis sé llegar. – Le responde. – Venga, subid al coche y marchémonos. – Nos pide. – Estoy segura de que se preocuparán, si Jessica se retrasa.

Jess: A estas horas estarán recogiendo a las niñas del colegio. – Le comento.

Yuly no puede negar el hecho de que se parece a su madre. No son como dos gotas de agua, pero es más que evidente que ha heredado muchos de los rasgos de ésta. Aunque lo cierto es que en alguna ocasión he hecho esta misma reflexión con respecto a su padre, por lo cual no me queda claro a quién de los dos se parece más. Es una mezcla armoniosa entre los dos que hace de Yuly una chica con tanta belleza personal como simpatía, que a simple vista queda constancia de quiénes son sus padres y como ella asegura, se alegra de haber heredado lo mejor de cada uno, porque, si tan solo tuviera los rasgos de su padre, se vería un poco rara. De su madre ha heredado el encanto español, la mirada, la alegría y, en ocasiones, incluso asegura que el genio y la bravura. Aunque esta última es posible que sea una mezcla con la de su padre.

En cualquier caso, la primera impresión que me causa su madre es bastante positiva. Esta vez no se trata de una de las madres de acogida de las chicas del St. Clare’s, sino una de verdad, la de mi nueva mejor amiga, por lo que los sentimientos son un tanto confusos y contradictorios. Es algo así como si me reencontrase con la mía, pero con la salvedad de que con ésta no me une ningún parentesco. Es alguien a quien he de respetar y aceptar por todo lo que conlleva que Yuly y yo seamos amigas, que ésta no ha mostrado este interés por las presentaciones por el hecho de que quiera provocar un distanciamiento entre las dos, sino por todo lo contrario, corresponde a la confianza que yo le he dado al invitarla al St. Clare’s y darle la oportunidad de que conociera a Ana, Monica y al resto de las chicas que viven allí. En cualquier otra circunstancia mi primer impulso sería el de salir huyendo, el temor a que me quieran imponer una familia de acogida, pero por esta vez prefiero reprimirme y pensar que tan solo me llevan de regreso, que esto no cambiará en nada mis planteamientos.

Ya hablé con la madre de Yuly el día que tuvimos nuestra pelea y Ana me insistió para que me reconciliara por teléfono, aparte que Yuly la nombra con bastante frecuencia para dar a entender el buen ambiente familiar que hay en casa, así como para hacerme cómplice de sus conflictos de hija única y adolescente. De tal manera que ella es la única que les causa y sufre los quebraderos de cabeza. Mientras que yo, al menos, tengo el escape de no ser la única chica del internado, aunque sea la mayor y sobre quien Ana y Monica tienen puesta toda su atención debido a la novedad y excepcionalidad que mi presencia supone. Ya que, según me han dado a entender, lo de la edad es un detalle bastante relevante, porque marca la madurez mental de cada una. Se supone que yo estoy en una época difícil de mi crecimiento, como para que me permitan tener mi propio dormitorio; para que me enfrente yo sola a mis tormentos sin que las demás se vean afectadas. Yuly me ha confesado que a ella también le gustaría tener un escondite en su casa donde no se sintiera tan controlada.

12:50 PM. 192 Fulton Street

El panorama que nos encontramos en el porche de St. Clare’s pone de manifiesto el caos que se suele organizar en estas fechas, sobre todo cuando coincide el inicio de las vacaciones en viernes y hay familias que aprovechan la salida de clase para venir a recoger a la chica que tienen apadrinada, de manera que se juntan las prisas por marcharse con la inquietud de quienes llegan de clase con hambre y necesidad de que se ocupen de ellas. La cuestión está en que por mucho que me empeñe o me gustaría, entre la gente que se ha concentrado aquí, entre los coches que hay estacionados delante de la puerta, todos me son familiares y quizá la principal novedad sea que en esta ocasión he dejado que la madre de Yuly me trajera, por lo que casi da la sensación de que mientras que las demás de marchan, yo vengo a pasar aquí las vacaciones, cuando lo cierto es que éste es mi hogar y no tengo intención de mudarme a ninguna parte. Es más, en caso de que me pregunten tendré que aclarar que la madre de Yuly tan solo me ha traído, no esperan que me marche con ellos, sobre todo porque no he dejado que me convencieran, dado que entiendo que Yuly estaría encantada, si aceptase su invitación, pero mi expectativa y prioridad siguen pendientes de que sea Daddy quien venga a por mí.

Para que no haya más complicaciones de tráfico, ya que no me pueden acercar hasta el porche, me dejan en el cruce. Lo cierto es que en estos casos casi prefiero entrar por la puerta del patio, donde sé que hay menos jaleo, aunque por cuestiones de seguridad no siempre esté abierta y ya en alguna ocasión me he encontrado con ese problema para acceder, sobre todo en alguna de mis escapadas. Esta vez espero que me sonría la suerte, que Ana haya pensado en ello y previsto que sea una alternativa al atasco que hay en la entrada principal. En cualquier caso, en esta época del año se insiste en que hay que hacer lo posible por mantener el edificio caliente, que no haya un gasto innecesario de la calefacción, por lo que cuantas menos puertas y ventanas haya abiertas más fácil será que todas estemos a gusto, en particular aquellas que son un poco más frioleras. Durante los meses de verano, dado que estoy sola, casi prefiero entrar y salir por aquí porque de ese modo o me hago tanto de notar para los vecinos, me siento menos controlada.

Yuly: (Ventanilla del copiloto) Bueno ¿Seguro que no te lo piensas mejor? – Me pregunta con intención. – Ya estamos aquí y a mi madre no le importa esperar el tiempo que sea, incluso hablar con Ana. – Alega. – ¡Para cuatro días tampoco hace falta que vengas cargada!

Jess: Gracias, pero prefiero quedarme. – Le reitero. – Debería habérselo avisado con más antelación para que lo organizasen, pero ya está todo previsto para que pase aquí las vacaciones.

Yuly: ¡Tú te lo pierdes! – Me recrimina con toda intención. – Si cambias de idea, llámame. – Me propone. – A mis padres no les causará ningún trastorno recogerte. – Indica. – Si les convenzo, hasta es posible que te haga una visita.

Jess: Me quedo porque tal vez tenga suerte y Daddy venga. – Alego. – Si vienes de visita, estaré encantada. – Añado para que no piense que le rehúyo.

Carmen: Ya veremos cómo organizamos la semana. – Interviene antes de que hagamos promesas que no se cumplan. – Jessica, pasa una feliz Navidad. – Me dice. – Si necesitas que vengamos a por ti, aunque sea para pasar la tarde, ya sabes dónde tienes tu casa.

 Jess: Lo sé, pero no creo que haga falta. – Le contesto. – Feliz Navidad para vosotros también. – Añado para no ser descortés y corresponder.

Ya sé que los padres de Yuly trabajan cerca y, aunque sé muy bien dónde, Yuly me ha dejado claro que no les supone demasiado trastorno desviarse un poco de su ruta habitual para recogerme o traerme, como hacen con ella para que asista a clase. Sin embargo, no quiero complicarles y tampoco es un trámite tan simple como a Yuly le pueda parecer, porque ellos no están registrados como familia de acogida y entre Yuly y yo tan solo hay un vínculo de amistad, aunque ello se pueda considerar un punto a su favor y en cierto modo que podría haber una aceptación implícita por mi parte, pero sigo tan cabezota como siempre en ese aspecto y prefiero quedarme, aunque vaya a ser mi sombra la única que me haga compañía. De irme a alguna parte, prefiero que sea por las buenas y ahora mismo no me siento muy motivada a ello. Ya me he hecho a la idea que me quedo. Aunque no tengo reparo en que Yuly venga de visita alguna tarde, si es que le apetece y resulta factible. Siempre será mejor que quedarse sola en casa si sus padres tienen que trabajar.