Por el sudor y la sangre de un labrador, en la tierra que él mismo trabajó, del amanecer hasta la puesta del sol, el mundo le levantó un monumento para que la gente tomara el sol, un edificio que llegara hasta el cielo, para que se acordaran de mi abuelo.
El edificio no llegó hasta el cielo y el asfalto cubrió todo el suelo, ya nadie se acuerda de mi abuelo. Pero hasta aquel lugar llega el mar para que tu alma desde el cielo sepa que el mar no le olvida jamás se lo ha dicho a tu nieto, abuelo.
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