100% ella

Ya he subido a la web la continuación de la novela “Silencio en tus labios”

Ana. Silencio en tus labios páginas 1 y 2

Esta vez no hay una doble versión. Es Ana en estado puro, dado que, para ser justo, en un principio estas palabras, esta parte de la novela, que incluye dos páginas, dos hojas, no fueron escritas con intención de que la novela tuviera dos versiones, por lo cual se puede decir que, salvo por pequeños retoques, pertenecen a la novela original, cuando tan solo había un narrador y, aunque por aquel entonces Ana ya tuviera nombre, no me la había planteado con idea de que contase su versión de la historia. La idea, la intención original, de donde se fraguó y partió la idea de que Ana debía tener una novela propia, fueron estas hojas escritas en su diario para contarle a Manuel cómo se había producido ese cambio en su opinión, en sus sentimientos hacia éste. Esto es como una carta, un pequeño diario personal (14- 20 de abril) que con posterioridad, en mi labor como escritor, quise ampliar, pero lo fechado el 14 y 15 de abril de 2003, se ha quedado tan cual, porque en esencia dice mucho y poco más se puede añadir y porque si algo de realista y cautivador tienen esas páginas es porque desde el primer momento pensé que estaban estaban escritas desde el corazón, que es una manera de hacer a los lectores cómplices de lo que sucede a continuación, que sea partícipes de que ese “No es no”, de febrero en estos próximos capítulos se va a convertir en un “estoy enamorada de ti hasta los huesos, pero me apetece jugar al perro y al gato contigo”.

Ana se va mentalizando y preparando para lo que le espera. Se enfrenta a sus dilemas de vida, sin estar muy segura del planteamiento e intenciones de Manuel, por lo cual empieza a organizar su estrategia con la suerte y la ventaja de que ella puede, que, si en la charla que mantienen en febrero, ella destaca por ser una chica con las ideas claras, que no se va a rendir ante los encantos de nadie por mucho que lo pretendan, frente a esto su actitud no va a ser muy diferente, por eso se muestra comedida y prudente con lo que apunta en su diario, consciente de que no tampoco tiene demasiado claro con lo que se enfrenta y que no considera muy prudente mostrarse demasiado impulsiva. Puede que Manuel tan solo acuda para hacer el tonto y que sea ella quien sufra de sus torpezas, aunque ella, en realidad, sueña con que éste la sorprenda para bien y se haga merecedor de todo eso que empieza a dejar aflorar en su corazón a no será capaz de frenar.

De todo esto Manuel no sabe nada, ¿Por qué acude a la Pascua? Lo único que Ana sabe es que hasta ahora, desde sus caminos se han cruzado, éste siempre ha preferido quedarse en casa. Que se apunte a la convivencia de la Pascua es toda una novedad ¿Por qué viene? ¿En plan conquistador? ¿Por demostrarle que está dispuestos a enmendarse? ¿Acaso no sería mejor que hiciera méritos en otra parte?

Sea como fuere, la cuestión es que Ana tiene la suerte, la ventaja de saber con antelación que se va a producir ese reencuentro ¿Lo sabrá Manuel? Después de lo hablado en febrero, ¿no sería mejor que se le frenase un poco? Ana tiene la potestad de dejarle en evidencia, de poner en práctica su advertencia de que, cómo le vea hacer otra tontería de las suyas, ella será la primera que no se quede callada. Sin embargo, prefiere no convertirse en la mala ni en la victima de toda esta historia. Ya sabemos que no está bien permitir ciertos comportamientos, pero ella prefiere pensar que puede ser hasta divertido y considera que incluso ella tiene un poco más de sentido común y será capaz de manejarle.

Martes 15 de abril 2003

Si el otro día mantuvimos una charla amistosa, no veo razón para que no compartamos la Pascua en un clima de fraternidad, con todos, como todos. Pero eso sí, ¡él por su lado y yo por el mío! Quizá, si durante la Pascua sucediera algo que provocase un cambio de actitud por mi parte, lamente la frialdad con lo que ahora me lo planteo. 

De todo esto, de estas confidencias y reflexiones, como ya he dicho, se supone que Manuel se entera con posterioridad, porque la idea es que tras la declaración de amor Ana le confiese sin tapujos ese cambio en su corazón.

Escribir como mujer

Después de escribir esta secuencia, de lo que tan solo era un diario de una semana, consideré, como novelista, según avanzaba la historia, que todo se quedaba un poco pobre, que le había dado a Ana la suficiente fuerza y personalidad como para que tuviera voz propia, de manera que lo que tan solo a ser algo así como un resumen de lo que Manuel vive y cuenta con intensidad, sin saber muy bien lo que pasa, los párrafos que se supone escribe Ana se convierten en páginas, en dar detalles. Se ofrece un punto de vista muy diferente.

La actitud fría y huidiza de Ana, en ésta se convierte en un juego, en bromas inocentes para hacerse la interesante y para intentar con más o menos fortuna que Manuel se comporte con la seriedad y formalidad que se le supone, de manera que se dan dos puntos y dos manera diferentes de vivir la Pascua, en donde incluso Ana acaba por reconocer que se ha dejado contagiar un poco por esas locuras, aunque sean sus amigas quienes se preocupan de que no pierda del todo la cabeza.

El caso es que me gustó la dualidad de la historia, la manera en que, como escritor, conseguí empatizar con ese personaje, algo que como novelista tampoco era una novedad, pero nunca con la intensidad que demuestro aquí, por lo cual, sin ser muy pretencioso en mis apreciaciones, empecé a creer un poco más en mi habilidades como escritor, en la fuerza narrativa de esta novela, por lo que no descarto que, llevado por ese entusiasmo inicial, la personalidad que le he querido transferir a Ana en algunos momentos haya quedado un tanto diluida, que sea un tanto pretensioso por mi parte suponer lo que pensaría una chica que de verdad se tuviera enfrentar a una situación y dilema como éste.

En todo caso, como sucede con la novela con la idea original de este pretendido diario enviado a Manuel tras la Pascua, éste tiene la oportunidad de conocer a la verdadera Ana, no a esa Ana enfadada que escribe por impulso ni aquella que le da calabazas una y las veces que le hagan falta porque tiene más cabeza que corazón. Ésta es la verdadera Ana, en esencia y en todos los sentidos, para todos los públicos y en particular para aquel que le ha cautivado el corazón.

Como llevo escrito en las últimas entradas sobre la novela, al final queda a criterio de los lectores y de los personajes determinar la sinceridad de cada uno, porque los narradores de esta novela cuentan la historia según les parece y les conviene. Es una técnica narrativa que espero haber sabido aplicar de la manera correcta, donde yo, como escrito, me considero como un espectador más, no su conciencia. Por lo cual, como he leído en alguna ocasión, la historia en sí misma se me ha ido un poco de las manos, dado que como Manuel he intentado ser un poco yo mismo, pero a Ana le he dado una mayor libertad creativa y en base a ello la historia de mi yo como Manuel, se ha visto de un modo u otro condicionado e influenciado.

A partir de estas páginas dejo a la elección que cada cual se posicione, que decida con quién quiere vivir esta historia de amor, hasta cierto punto generar un pequeño debate. Incluso es posible que debido a esa dualidad, ante el esfuerzo de tener que escribir las dos versiones, lo que en ocasiones resulta un tanto repetitivo, haya momentos en los próximos libros que pueda dar la sensación de que sobre una de las versiones porque ya habla el uno del modo de pensar y actuar del otro, aunque también se complementan. Supongo que al final la suma de los dos es como la vida misma, que eso es el amor, sin que tenga que ser algo perfecto.

De todos modos, esto de escribir como Ana me ha dado la oportunidad de sacar a la luz tanto sus virtudes como sus defectos. De justificar y explicar un poco más los motivos y el desconcierto de Manuel por el hecho de que una chica como ella se fije en alguien como él, que es en esencia de lo que trata la novela, que nada hay imposible cuando se habla desde el corazón. Después serán los acontecimientos los que pongan en tela de juicio esa premisa.

Pero no nos adelantemos y dejemos que fluya este enamoramiento. A esta historia aún le quedan muchas risas y por mi parte estoy dispuesto a dejar que tanto Ana como Manuel disfruten de éstas, porque no todo es tan idílico como sería deseable y hay mucho que descubrir, por lo que juntos habrán de luchar como un único corazón, hasta que se sientan tan débiles que, como dice el título de la novela, haya “silencio en tus labios”, pero tan solo en sus labios, porque cuando los labios callan quien habla es el corazón.

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