Quien tiene un amigo tiene…. un amigo

Original escrito el 18 de noviembre 2015

Dado que la novela “Silencio en tus labios” está escrita en sus dos versiones, lo coherente es que sí he hablado de las amigas de Ana, entresacado cinco párrafos de la primera parte, lo justo y coherente sería que con la versión masculina, la de Manuel, hiciera lo propio, que, al amparo de los consejos y las opiniones de mis amigos, presentara un punto de vista un poco más objetivo del personaje de Ana

  • ¿Qué piensan los demás de ella?
  • ¿Cómo aconsejan a mi personaje a lo largo de todo ese conflicto?
  • ¿De parte de quién se ponen cuando surgen los problemas?
  • ¿Qué piensan mis amigos de que Ana haya roto la relación con su novio y yo me interese por ella?
  • ¿Y de sus motivaciones para venir a Toledo?
  • ¿Acaso no hay un equilibrio en la importancia de los dos personajes principales? 
  • etc. etc etc..

Si como tal la novela es un intento personal de presentar mi planteamiento y experiencia de la vida desde un punto de vista Asperger, porque es la intención inicial de todo este proyecto, iniciado ya hace bastantes años, y que se ha ido perfilando con el tiempo, gracias en gran medida a que encontré respuesta a esa gran pregunta, se hace obligado que haga mención a los amigos, aunque una vez que la novela parece más o menos perfilada, al final se llega a la conclusión de que no he valorado a los amigos, a mis amigos, en su justa medida. De todos modos, aunque peque de un exceso de subjetividad y un toque muy novelesco, la cuestión de los amigos se presenta casi como algo secundario en toda esta historia. La realidad incuestionable es que están ahí, son parte de esta historia.

Los pasajes escogidos, sin que sean los más representativos, sí son un reflejo de la discreción y la prudencia que en ocasiones han de tener los amigos a la hora de tratar algunos temas en ciertos momentos y situaciones. En cierto modo, es una manera de expresar a través del comportamiento y la actitud de los amigos, mis propias torpezas.

Es un contraste entre la actitud de las amigas, que saben dar su apoyo frente a quienes se encuentran un tanto confundidos ante el desarrollo de los acontecimientos.

Debido al orden seguido para escribir la novela y no tanto el desarrollo como tal de la historia, a que en todo momento he intentado ser lo más realista posible, tanto con una versión como con la otra, las diferencias son bastante notables, incluso a la hora de escoger los párrafos y momentos para este post, dado que en este caso no pretendo contar una historia, tan solo presentar una actitud, una manera de comportarse.

En estos dos párrafos Ana se mantiene en silencio y “¡Quién se vaya de la lengua que se prepare!” Por eso la novela se titula “Silencio en tus labios”. 

Los amigos de Manuel

15 de febrero, sábado. A la salida del restaurante

Se negó a contestar, aunque en esa ocasión no se vio sorprendida por la situación ni la pregunta. Me hubiera reiterado sus calabazas o defendido el hecho de ser buenos amigos porque aquel tema estaba aclarado entre nosotros y ya no le afectaba hasta el punto de no querer nada conmigo. No dijo nada, pero su mirada fue lo bastante expresiva como para que a nadie se le ocurriera aludir aquella cuestión de nuevo. No tenía porqué dar explicaciones de sus actos y la confesión se dejaba para el confesionario, en caso de producirle algún remordimiento. Entre amigos lo mejor era ver, oír y callar, dado que bastante tenía sabiendo que a mí me costaba aceptar que no me correspondía y tan solo quería conservar mi amistad, como para, además, soportar las suspicacias de los demás por algo que carecía de sentido y se había desmentido. Si me hubiera ido a casa antes, no me hubiera propuesto que la acompañara, y estaba claro que de lo primero ella no tenía culpa ni responsabilidad. No era algo que pretendiera y que le sorprendió de manera no muy grata.

19 de abril, sábado

Me levanté porque la jarra de agua se había quedado vacía y porque yo era el único de mi grupo en esa mesa. En esa ocasión más de uno aprovechó y preguntó si sabía lo que le pasaba a Ana, dado que su cara de pocos amigos helaba el ambiente. Si los demás estaban comiendo despacio por lo mucho que hablaban y yo porque las palabras de Ana me habían dejado sin apetito, ella lo hacía con intención y saboreaba cada bocado, pero sin que nadie le tosiera porque daba la impresión que acabaría como parte de su cena, valoración subjetiva que no iba del todo desencaminada, serían el postre, una vez devorado el primer plato.  

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