¡La que se va a liar!

En la última entrada, ¿Nos vemos pronto? ya os adelantaba que la novela “Silencio en tus labios” empezaba a tener un matiz un tanto diferente, como ya he avisado en alguna ocasión, nos alejamos del mundo de Manuel y nos adentramos poco a poco en el de Ana ¿Por qué? ¿Acaso ese carácter casi autobiográfico no da para escribir una novela? ¿Acaso no es bastante intrigante intentar averiguar qué hay de cierto y qué hay de inventado en lo que se ha contado hasta ahora? Vale que como escritor, como persona de carne y hueso, quiera proteger de algún modo mi vida personal y evitar en lo posible que alusiones demasiado personales lleven a pensar que menciono a personas de mi entorno que no son en sí personajes de ninguna novela, pero la razón es que cuando llegué a ese punto de la historia, pensé que la vida de Ana, ese entorno y ambiente sacado de mi imaginación, iban a dar mucho más juego, sin que por ello la novela pierda ni su esencia ni su intención. Porque en el trasfondo de todo, casi de manera latente en cada palabra, en cada letra, está el descubrimiento de mi propia identidad, de mi manera de entender y comprender el mundo que me rodea.

Sí, la novela como tal pretende ser una novela de amor con tintes románticos, es un preguntarse “¿Alguien como tú se enamoraría de alguien como yo?” o “¿Yo me enamoraría de alguien como tú?” y la respuesta está en el silencio de tus labios, en el hecho de que quienes me conocen dicen que soy una persona bastante callada y creo que esa faceta de mi personalidad está bastante bien plasmada, quizás en algunos momentos un tanto exagerada, porque de otro modo no encajaría con el desarrollo de la novela con esa secuencia. Es más, si algunas secuencias fueran tan reales como las cuento tal vez mi proceder sería algo diferente. Otras secuencias, por el contrario, creo que, aunque un tanto disfrazadas, con otros actores, explicadas en un contexto diferente, son anécdotas sacadas de mi propia experiencia personal, de mis vivencias. Tanta imaginación no tengo y, dentro de lo que cabe, como escritor a veces soy demasiado realista. No es tan fácil evadirse cuando pretendo ser el protagonista de mis propias novelas.

El detonante de este cambio en el rumbo de la historia, aunque se mantiene esa advertencia de que nuestra historia de amor llegará un momento en que se trunque, por cuestiones del guión, para dar paso a nuevos personajes, narradores y conflictos, porque la historia de amor ha de saltar por los aires, romperse en mil pedazos y, por lo tanto, no ha de ser solo algo simbólico, metafórico, prefiero que sea algo que se plasme como tal en la novela, que se unifique en una única línea temporal, en un trenzado de historias que se entrelazan y confluyen en una sola. Pero hasta que llegue ese momento aún queda novela que contar. De momento hay que preparar el terreno.

Medicamentos

Aún no le hemos dado el suficiente juego ni importancia a la enfermedad de Ana, que como tal no pretendo que sea el centro y motor de su línea argumental, porque admito mis limitados conocimientos en cuestiones médicas y tampoco he pretendido ser un exacto muy exacto en ese sentido. tan solo dejar claro que es algo que le afecta, que le condiciona y le lleva a tomar decisiones en ocasiones equivocadas. es algo que poco a poco le roba la vida. Está su enfermedad, su condición de mujer, de esposa y madre, toda la personalidad de Ana ha de afrontar la realidad ¿Está ella preparada para afrontarlo? Hasta ahora ella ha vivido su vida su independencia personal, pero la intención es que poco a poco Manuel vaya formando parte de su vida, de lo cotidiano.

El detonante, por lo que he contado hasta ahora es el embarazo de la hermana de Ana, de Marta, un personaje un tanto enigmático dentro de la novela y que he ido poco a poco perfilando con los años, porque entiendo que como personaje dentro de la trama tiene mucho juego, tanto por el hecho de que hasta ahora no haya tenido ninguna participación en la historia, por eso de ser la hija rebelde que vive lejos y al margen de la familia, como por el hecho de que sus circunstancias personales vayan a tener ese giro de 180º y hasta cierto punto convertirse en un enlace, en alguien que juega a dos bandas, más bien, a tres o cuatro.

De momento, dejemos que la familia resuelva el tema del embarazo, de ese bebé no deseado, que en la familia vaya poco a poco forjando sus propios secretos y complicaciones, que se vayan levantando esos muros de silencio en torno a unos y a otros cuando se supone que la intención de Manuel es llegar a ser parte de esa familia. ¿Acaso se va a meter en un callejón sin salida? ¿Va a ser como una ratonera? ¿Tal mal concepto tengo yo de las vidas ajenas que necesito darles una vuelta de tuerca para plasmar esa realidad? ¿Acaso se presenta una imagen distorsionada de lo que ha de ser el amor?

Lo que no intento, en ningún caso, es justificar esa ruptura, por mucho que la anuncie y me reitere en esa idea, más bien, al contrario, dar a entender que el amor está por encima de las dificultades, que la hija rebelde que un día se marchó de casa, regresa y se la recibe con los brazos abiertos; que la hija enamorada consigue que acepten como a su pareja a un chico que quizás no reúne las mejores cualidades; que cuando el amor de rompe, o se abre ese paréntesis por tiempo indeterminado, hasta que la vida o los acontecimientos vuelvan a juntarles, la familia va a estar ahí para los dos, aunque haya que guardar algún que otro secreto. En definitiva, esta es una novela de amor, que le dice “sí” al amor y como novela, como historia, está repleta de vaivenes, de vueltas y revueltas, que como en una partida de ajedrez, cada pieza tiene su importancia y sin en peón que va por delante, las piezas que están en la línea de atrás no se pueden mover, que por mucho que haya piezas que como el caballo se puedan adelantar al resto, no le puede quitar el sitio a los peones.

Así, más o menos, creo que ya he hecho una presentación de todos los personajes, lo que faltan o están por nacer o aún no son parte de esta historia. Lo próximo es que Manuel encaje dentro de la vida y el mundo de Ana, pero, claro, con esto del bebé todo se retrasará un poco más de lo previsto. ¿Más tiempo para que Manuel o Ana se lo piensen mejor? En cualquier caso, esta historia de amor ya ha echado a andar y si lo dejásemos aquí, con ese final abierto, todo eso que está por llegar, por contar, una vez que ya está escrito, sería una pérdida de tiempo, de modo que esperemos a ver que pasa, a ver si publico algo más u os dejo con la intriga, porque hasta ahora no he dejado que la gente leyese tanto. En todo caso, la novela no se va a quedar olvidada en el cajón ni en la copia de seguridad del ordenador.

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