La niña, que ha hecho una amiga

Publicado September 6th, 1995. 11.10 AM

Volvemos un poco atrás en en tiempo, 48 horas, porque lo más avanzado de la novela es del día 8 de septiembre. Pronto se producirá esa primera visita de Yuly al internado, esa misma tarde y ante la expectativa de no saber cómo comentarla, me he dado cuenta que no he dado el suficiente protagonismo a los padres de ésta, porque se entiende que éstos han de dar su consentimiento, que aunque Yuly ya sea una adolescente de catorce años, tampoco es que vaya a ir de visita a casa de la vecina de la puerta de al lado. Ellos viven en West Roxbury y Jessica en Medford. se tiene que organizar para llevarla y traerla. Los padres han de actuar con un mismo criterio y ponerse de acuerdo en estas obligaciones de padres. Se entiende que han de ser éstos quienes den o n el consentimiento, el beneplácito para que se fomente esa amistad más allá del ámbito del high school, ya que sin duda les va a complicar un poco la vida, aunque cabe pensar que sea algo previsible, porque Yuly, aparte de ir a aprender, asistir a clase, ha de fomentar su vida social y no actuar como si fuera un saco roto que lleven de acá para allá. Inconvenientes de haberla matriculado en un high school tan lejos de su casa, pero cerca de donde trabajan los padres, por lo cual el trastorno no es tan grave, siempre y cuando los horarios de ajusten y a la niña no se le ocurra tener vida propia, como es el caso.

Recorrido entre West Roxbury y Medford, Google maps

Esta secuencia del día 6, esta conversación en la cafetería del high school, durante el descanso del primer día de clase en principio puede parecer intrascendente, más allá de hecho de conocer un poco más a Yuly, lo típico cuando dos chicas empiezan a conocerse y empiezan a forzar una amistad o al menos un buen compañerismo, aunque en vista de las pocas coincidencias que hay entre sus horarios de clase, de asignaturas no parece que vayan a tener mucho en común, aparte que Yuly se presenta como una chica bastante sociable mientras que ya sabemos que Jessica es un poco más tímida y retraída, menos sociable. Sin embargo, no está incluida en la novela como simple relleno ni para que le hagamos una ficha familiar y personal a Yuly, que también. De hecho, a lo largo de la novela Yuly va a hacer mención algunos de sus parientes, en particular a su tío Luis, pero también serán importantes sus abuelos, de uno y otro lado del océano y por supuesto sus padres, dado que éstos no se mantendrán al margen de la vida social de Yuly no de todo lo que rodea a Jessica, quien de manea un tanto extraoficial se sentirá adoptada, como parte de la familia, aunque sin renunciar a sus manías ni mentalidad, Daddy es su prioridad y ella no se mueve del internado, salvo que éste venga a buscarla. La cuestión es que entre Yuly y Jessica se forjará una gran amistad con el beneplácito de todo el mundo, lo que dará pie las típicas comparaciones para que la una tome ejemplo de la otra en determinadas cuestiones ya que tanto los padres de una como las tutoras de la otra consideran que a éstas les queda mucho que mejorar y que aprender, ¿Qué mejor referente para ello que su amiga?

Los padres de Yuly

¿Qué decir de los padres de Yuly? Se puede decir mucho y a la vez nada, porque tan relevante es conocerles como no saber nada de ellos, pero sin duda se hace indispensable tener unos conocimiento mínimos de quién es cada uno, por lo cual o os haré las correspondientes presentaciones en base a lo que Jessica llega a saber de cada uno de ellos a lo largo de toda la novela.

Don Aidan MacWindsor, es de ascendencia irlandesa. sus antepasados llegaron a Boston a finales del siglo XIX. Su ocupación no queda demasiado clara en la novela, porque tampoco es un tema del que Yuly hable con mucha profundidad ni detalle. Sabemos que trabaja para la Administración y que su puesto de trabajo se encuentra cerca del high school, por los alrededores de Medford, al noroeste de Boston. Sus padres residen en la Commonwealth Avenue, en el centro de la ciudad. Es un hombre bastante serio, un poco tradicional y algo paternalista, porque siente verdadero aprecio por su única hija, quien en alguna que otra ocasión le consigue sacar de sus casillas, pero con quien mantiene una buena relación. Es un padre entregado y un esposo comprometido. En cierto modo es quien lleva los pantalones en esa familia, aunque sus muros siempre tienen un punto débil, una puerta trasera, porque Yuly no es una chica que se deje controlar, aunque le adore.

En esa faceta de padre responsable es quien con más frecuencia ejerce de chófer para su hija, por lo cual ésta ha de contar con ello a la hora de hacer planes que impliquen cualquier tipo de desplazamiento, aunque por lo general se suele mostrar bastante comprensivo con las peticiones de ésta, lo que en alguna ocasión también le sirve de argumento y excusa para que ésta se quede dónde está o regrese a donde debería estar, si es que ha tomado alguna iniciativa al respecto.

Carmen Fernández. Por su nombre ya se deduce que es española, para más señas, procedente de Vigo. Fue a Boston a completar sus estudios en la universidad y encontró al amor de su vida, de manera que después ya poco tuvo que pensar sobre su futuro y su vida. Es una mujer que no ha olvidado sus raíces ni sus tradiciones, que se mantiene en contacto con la familia a pesar de las distancias y a quien le interesa de manera particular que Yuly mantenga esos lazos, por lo cual no hay verano en que Yuly no pase allí un par de meses, ya sea porque la lleva ellos o porque vienen a recogerla y la traen de regreso antes de que comiencen las clases. Habla un perfecto inglés, pero no tiene reparo en hablar con Yuly en español, sobre todo cuando es necesario reprenderla por alguna de sus ocurrencias y locuras, que suelen estar a la orden del día. De todos modos, sabe ejercer de mediadora, para que Yuly no acabe encerrada en su dormitorio bajo cuatro candados y siempre tenga por donde respirar.

Como esposa y como madre no se le pueden poner reparos y a la hora de establecer los criterios para la educación y crianza de Yuly suele tener en cuenta la opinión de su marido, del padre de la criatura, aunque en cuestiones más intimas, más femeninas, es ella quien tiene la última palabra. Como buena madre es de las que una vez que Yuly se va a la universidad, aunque se trate de la de Medford, se ocupa y preocupa de que a ésta no le falte de comer, de manera que es fácil pensar dónde se lava la ropa sucia y que cuando las circunstancias lo permiten nunca falta ese típico tupperware o esas compras para sobrevivir durante la semana, por supuesto a compartir con Jessica, no sea que ésta pase hambre o se que haga la boca agua por no disfrutar de esa comida casera preparada con cariño de madre. Además, entre sus especialidades está la comida española, de la que Yuly se considera una adicta confesa, per aun así, no tiene reparo en que su amiga meta la cuchara de vez en cuando

Al igual que su marido trabaja para la Administración, pero, además, y como complemento, trabaja como representante comercial para la empresa familiar, dedicada al intercambio comercial de mercancías entre Vigo y Boston, siendo esta empresa una de las principales proveedoras de productos gallegos. Empresa de la que Yuly es la única heredera porque por esa parte de la familia no tiene más primos, dado que el hermano de Carmen, el tío Luis, no tiene descendencia ni planes de tenerla, aunque como se comenta en esta secuencia de la novela, tenga planes de boda a corto plazo

Yuly: ¿Sabes? La novia de mi tío es de Boston. Se llama Martha Alexandra Bond. ¡Tal vez seáis familia! – Me comenta entusiasmada para que tengamos un tema de conversación. – Hasta hace no mucho a mi tío le llamaba ‘el soltero de oro’. Era mi venganza porque no me deja hablar en inglés cuando estoy en Vigo, pero le ha salido una novia y parece que van muy en serio.

La niña

De manera que ahí tenemos a Yuly con unos padres un tanto protectores, pero, sobre todo, implicados en su vida, aunque demuestra ser un espíritu bastante libre, a pesar de que siente un gran aprecio por sus padres, pero no puede reprimir su curiosidad ni sus ganas de vivir, sin perder por ello el sentido común ni la decencia. Es una chica que no se va a dejar engatusar por cualquiera, aunque haya quien lo pretenda. su mejor defecto, o su mayor virtud, es su entusiasmo por todo lo referente a España, de manera que a la hora de espantar a los chicos no tiene mejor recurso, pero ello también provoca que con las amigas en ocasiones no llegue a entenderse tan bien como le gustaría, sobre todo, porque en ocasiones tan solo apetece hablar de temas y confidencias de chicas, resulta un poco chirriante eso de que se ensalce España cuando están en Boston y debería primar el patriotismo norteamericano, que por supuesto ella también comparte, pero a ella lo que le hace sentirse especial, diferente, es su orgullo español. El cual en ocasiones consigue moderar.

A Yuly le gusta la naturaleza, la libertad, los animales, de ahí que una de sus distracciones sea la visita al Zoo de Boston. Lo que no le entusiasma tanto es que parezca que su familia ya ha decidido su futuro, que si nada lo remedia, acabará en Vigo dirigiendo la empresa familiar, aunque eso de los negocios, de pasarse la vida encerrada en un despacho no es algo que le atraiga, aunque año tras año, verano tras verano, desde que tiene edad para trabajar, se encuentra con la tesitura de tener que compaginar sus vacaciones ideales, con su pandilla de amigos españoles, con esas obligaciones y exigencias impuestas por su tío Luis. De todos modos, como la playa está cerca de la casa de sus abuelos, por lo que le comenta a Jessica en alguna ocasión, consigue escaparse sin mucho remordimiento. Mejor disfrutar del sol, la arena, el océano y la compañía de las amigas que de ese paisaje veraniego desde la ventana del despacho y sintiéndose prisionera.

¿Entonces?

Esa conversación para determinar la conveniencia de favorecer esa amistad entre Yuly y Jessica no está incluida en la novela, porque se entiende que Jessica no fue testigo de ello y Yuly tampoco tiene motivos para darle mayor relevancia, a ésta tan solo le inquieta la disponibilidad de sus padres para que la lleven y recojan. Yuly tan solo quiere afianzar esa amistad con esa chica que ha conocido en el high school, con quien tan solo coincide en dos clases y con quien tiene que hacer ese trabajo para la asignatura de Spanish, aunque dado que sus padres conocen el carácter sociable de Yuly, no les quepa la menos duda de que si Jessica se lo permite, hasta le hará la cama por la mañanas, porque es así de desprendida y generosa con la amigas. Tema distinto es que encuentre tiempo para su cama antes de irse a clase. De todos modos, cuando se tiene que centrar en sus estudios no hay que pedírselo dos veces y prueba de ello son sus excelentes resultados académicos hasta la fecha y los que se esperan para el futuro.

El internado

El caso es que Yuly ha empezado a hacer amistad con una chica criada en un internado, en una casa de acogida, en Medford, que no es esté aquí al lado de su casa. Una chica que algo raro debe tener porque ya no tiene edad para seguir allí; una chica que además es el objetivo de las burlas y humillaciones de todo el mundo, que tiene problemas con los estudios porque lleva bastante mal la asignatura de Spanish. Mientras que Yuly es una chica de buena familia, de una familia estable de padres trabajadores, una chica que debería estar centrada en sus asuntos, porque no la han matriculado en ese instituto para que se dedique a perder el tiempo y menos cuando este primer año se está probando su capacidad de adaptación, las repercusiones que pueda tener esos madrugones y esas largas horas en la carretera, cuando está habituada a ver su colegio desde la ventana de su dormitorio, al otro lado de la calle. ¿Será Jessica una buena influencia? ¿No debería Yuly intentar relacionarse con chicas con quienes tenga un mayor afinidad, con quienes coincida en más clases?

Os dejo empatizar con los padres y que saquéis vuestras propias conclusiones. De todos modos, el personaje de Yuly va a ser un elemento fundamental en la vida de Jessica, su primera amiga fuera del internado, aunque ello no sea razón para que cambie sus esquemas, dado que para ella West Roxbury sí se encuentra demasiado lejos y no sólo porque vaya a ser complicado que la traigan y la lleven, si en algún momento se planteara devolver la visita. Es más, como Jessica depende del internado, no puede decirse que disfrute de la misma libertad que Yuly para ir donde quiera, hay que cumplir con ciertos trámites administrativos, se exige una implicación como familia de acogida y dados los precedentes en ese sentido casi mejor no dar pie a Jessica de un portazo demasiado fuerte. Si a Yuly y a sus padres no les importa, las visitas al internado están permitidas y en último caso, como una excepción particular, con Yuly se pueden saltar los horarios, siempre que ésta sepa comportarse y no cause problemas. Puede acudir tanto para estudiar como a pasar la tarde.

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