Cadenas de libertad

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en página aparte)

Introducción

Podría deciros que nos han visto por los alrededores del Monasterio de San Juan de los Reyes. – Paseo de Virgen de Gracia para arriba y Paseo Virgen de Gracia para abajo en busca del camino más fácil accesible (Un paseo con gracia) – y nos han invitado a una boda, pero habrá de ser en otra ocasión. Quedamos en lista de espera.

De todos modos, las cadenas de la fachada no son recuerdo ni evidencia de las bodas que se han celebran y se celebran casi todos los fines de semana

Pero ya que estamos por aquí y, aunque de manera novelada ya vinimos hace tiempo (Encadenados a Toledo) he pensado que os apetecería que nos diéramos otra vuelta, una visita de verdad, a nuestra manera, en busca de detalles y curiosidades que seguro conoce para alguno será toda una sorpresa.

Monasterio de San Juan de los Reyes

Imagen de la Virgen Inmaculada Concepción en el mirador de la plaza

La devoción del bienaventurado señor San Juan

San Juan Evangelista fue el santo a quien la reina Isabel I siempre tuvo como especial abogado: 

“Por cuanto yo he tenido y tengo muy singular devoción al bienaventurado Señor San Juan, Apóstol y Evangelista y a la Orden de la Observancia del Señor San Francisco, he deliberado de facer y edificar una casa y monasterio en la muy noble y muy leal ciudad de Toledo.” Yo, la reina.

En 1479 el monasterio recibe el nombre de “San Juan de Portalatyna”, una particular advocación de san Juan Evangelista quien, según su leyenda, sufrió martirio por orden de Domiciano, en una tina de aceite hirviendo frente a la Puerta Latina de Roma.

La reina solicitó y obtuvo del papa un jubileo especial para el día de San Juan ante Portam Latinam. Después pasó a llamarse de los santos Juanes. Con el tiempo, al haber sido una empresa impulsada por la reina, San Juan de la Reina. Finalmente el monasterio ha pasado a la historia como San Juan de los Reyes.

Una casa para los franciscanos

La idea de la Colegiata debió ser descartada por la presencia en la ciudad de la Catedral. Siendo muy devotos de la orden de San Francisco decidieron donar el monasterio a los frailes franciscanos observantes que llevaban en el convento de San Antonio de la Bastida 57 años. Cuando llega Cisneros en 1486, ya vivían algunos religiosos. Quince años después, mandaron reformar el otro monasterio de franciscanos de la ciudad, de monjes claustrales, o no observantes, y unirse a los de este monasterio. Su antiguo edificio situado bajo el Alcázar fue entregado a Santa Beatriz de Silva para su recién fundada orden de la Concepción o Concepcionistas.

Una restauración neogótica fantástica

A finales del siglo XIX a instancias del gobierno estatal se emprende una restauración integral dirigida por el arquitecto Arturo Mélida, quien también dará las trazas para la Escuela de Artes en el solar del segundo claustro desaparecido. Arquitecto, pintor, escultor y diseñador, Mélida reemprenderá una subjetiva restauración, desde la admiración al monumento, en un neogótico con tintes del romanticismo historicista.

El paseo sosegado por sus pandas regala toda la belleza de sus filigranas en piedra y reserva numerosas sorpresas en representaciones humorísticas de animales: dragones, simios, aves fantásticas… talladas por el escultor toledano Cecilio Béjar, quien también trabajó hasta 1967 en la restauración de las imágenes de los santos que pueblan el claustro bajo. Especial ingenio se despliega en las gárgolas, ejemplares únicos y llenos de fantasía.

Introducción

El monasterio de San Juan de los Reyes, formado por la iglesia y el claustro, es un cenobio de Toledo perteneciente a la Orden Franciscana, que fue construido bajo el patrocinio de la reina Isabel I de Castilla. El convento conmemora la victoria de los Reyes Católicos sobre el rey Alfonso V de Portugal en la Batalla de Toro así como los logros y el programa político de aquellos. También se pensó, en un primer momento, que sirviera de lugar de enterramiento para estos monarcas. Su construcción fue encargada a los arquitectos Juan Guas y su discípulo Enrique Egas y al escultor flamenco Egas Cueman.

Vista cenital del conjunto.
Se trata de un convento franciscano, construido con el auspicio de los Reyes Católicos, en conmemoración de la Batalla de Toro (1476).

Fachada norte Plaza de San Juan de los Reyes

La iglesia se terminó en 1495 y corresponde plenamente al estilo del gótico-isabelino, también conocido como gótico toledano o hispano-flamenco; es de una sola nave, con capillas entre los contrafuertes con pináculos goticistas, coro alto en los pies sobre la bóveda que sirve de vestíbulo, y altar elevado sobre gradas. Destaca las capillas hornacinas existentes en los laterales de la nave, el cimborrio octogonal en la cabecera y el crucero que es excesivamente grande. El espacio interior está perfectamente jerarquizado, con una zona dedicada a la corona (con verja) separada del pueblo.

Puerta de entrada de la iglesia.
Data de comienzos del S. XVII y en ella aparece la Cruz, la figura de San Juan Bautista, diversos santos franciscanos, el escudo de los Reyes Católicos y relieves con el yugo y las flechas.
Detalle de la puerta.
Símbolo de los Reyes Católicos Fernando
Detalle de la puerta.
Símbolo de los Reyes Católicos. Isabel
Esculturas del exterior del ábside de la iglesia. Se trata de estatuas de heraldos, que eran personajes encargados de preceder a los monarcas en sus apariciones en público y presentar sus mensajes en las Cortes de otros reinos.

Un catafalco funerario

Al exterior el perfil del edificio con su gran volumen rectangular rodeado de pináculos verticales simula un catafalco flanqueado por hachones fúnebres. La entrada original se hacía por los pies de la nave tras unas escaleras que salvan el desnivel de la pendiente hacia el Puente de San Martín y que han aparecido en la última restauración del año 2007. En ábside poligonal de la cabecera, las poderosas figuras en piedra blanca de pajes ostentando las armas del reino, tras la reciente restauración, han recuperado todo su esplendor.

Pináculos góticos, adornados con frondas y fitaria (motivos vegetales).
Estos elementos arquitectónicos recorren la parte superior de la iglesia y el claustro, confiriéndole un aspecto característico al templo y estilizando sus formas. También se puede ver, en la parte inferior, las franjas epigráficas con caracteres góticos loando los éxitos de las campañas militares de los Reyes Católicos.
Pináculos vistos desde la calle Reyes Católicos

Las cadenas exteriores: Trofeo de dolor y triunfo

“De los muros exteriores penden cadenas y grillos de los cautivos cristianos de Granada, puestos allí en memoria suya, que no bastarían dos carros para llevarlos.” El viajero Münzer describía asombrado este curioso exvoto: las cadenas de los prisioneros cristianos liberados por don Fernando en Marbella y otras plazas andaluzas, mandadas colocar aquí por la reina en 1494.

Ventanal gótico de la fachada, abierto a la altura del transepto (brazo) oeste.
Está formado por un arco apuntado (ojival), ajimezado (dividido en dos), decorado con tracería cuatrilobulada y en el interior una vidriera. Sus jambas están decoradas con figuras con peana y dosel, labor de cardina a base de elementos vegetales y puntas de diamante de tradición románica. En la franja epigráfica inferior se puede leer: NO A NOSOTROS SEÑOR SINO A TU NOMBRE DA LA GLORIA-
Cadenas.
Se tratan de exvotos colgados de las paredes exteriores de la iglesia que corresponden a los prisioneros cristianos liberados por el rey Fernando el Católico en Marbella y otras plazas andaluzas. Fueron mandadas colocar aquí por la reina Isabel la Católica en 1494.

Fachada Oeste. Calle Reyes Católicos

La cruz del pelícano

La actual puerta de acceso al visitante está coronada por un impresionante grupo escultórico de arte hispano-flamenco, que algunos creen se realizó para decorar la capilla mayor, bajo un arco sobre el retablo que hoy acoge la pintura de Romero Carrión: María Inmaculada y la orden franciscana. Se trata de un Calvario en el que la cruz, flanqueada por la Virgen y San Juan, es un Árbol de la Vida. Curiosamente, en su cima anida un pelícano, ave que, según la sabiduría popular, cuando carece de alimento, se pica el pecho para alimentar con su propia carne y sangre a sus crías. La sentencia moral derivada de tal acto fue destacada por el  Physiologus, libro compilado en Grecia por un autor desconocido, en el siglo II A.C. y que fue trasladado al latín sobre el año 400, influyendo decisivamente en los bestiarios medievales, en los que el pelícano aparece claramente como imagen de la Eucaristía: Cristo por salvar a la humanidad entrega su carne, su sangre y hasta su propia vida.

Fotografía de Alexander Lamont Henderson de fines del siglo XIX en la que se ve la Primitiva ubicación de la Puerta del Pelícano
Detalle de la Crucifixión
Escaleras de acceso al claustro

Interior de la Iglesia

Iglesia. Vista desde el coro
Tiene nave única de cruz latina, de cuatro cuerpos, finalizada en ábside hemidecagonal, con capillas entre los contrafuertes y coro elevado a los pies. Mide 55 mts. de longitud y 12 mts. de anchura (20 mts. a la altura del transepto).

El retablo de la Santa Cruz

El retablo actual procede del Hospital de Santa Cruz, hoy en Museo Provincial de Bellas Artes, promovido por el cardenal Mendoza a comienzos del siglo XVI. Obra del escultor Felipe Bigarny y del pintor Francisco de Comontes de mediados del siglo XVI y por tanto, contemporáneo del monasterio. Representa episodios de la Pasión, Anástasis o bajada a los Infiernos y Resurrección, además de contener dos originales escenas procedentes de la Leyenda de la Santa Cruz, popularizada en el siglo XIII por el dominico Santiago de la Vorágine en su Leyenda dorada: Santa Elena, madre del emperador Constantino asiste en Jerusalén a la invención o encuentro de la Santa Cruz, oculta por los judíos en una cisterna profunda. La segunda escena alude al milagro de la cruz de Cristo que, frente a las de los dos ladrones, es capaz de resucitar a un muerto que era conducido a su sepulcro. La escena discurre frente a la rotonda de la Anástasis, un edificio de planta circular que contiene el Gólgota y el Santo Sepulcro, dado a conocer  por peregrinos y viajeros.

En el altar mayor se encuentra un retablo del siglo XVI procedente del Hospital de la Santa Cruz que sustituye al que fue quemado y es que cuando llegaron los franceses en 1808 convirtieron el convento en cuartel de sus tropas. Tenía que hacer frío por entonces en esta ciudad imperial porque a los soldados no se les ocurrió mejor modo de calentarse que quemar el retablo original del siglo XV y los valiosos códices de la biblioteca.

Retablo del altar mayor, procedente del Hospital de Santa Cruz de Toledo.
Fue promovido por el Cardenal Mendoza a comienzos del S. XVI y realizado por el escultor F. Bigarny y por el pintor Fco. de Comontes. Contiene pinturas que aluden a Jesús camino del Calvario, el Descendimiento y al Descubrimiento de la Cruz de Cristo por Santa Elena (madre del emperador Constantino el Grande)
Detalle de la bóveda vaída que cubre el techo del sotocoro del templo.
En ésta se pueden apreciar los nervios cruzados formando una esplendida estrella en cuyas claves aparecen el escudo de los Reyes Católicos (clave central), junto con el yugo, las flechas y las iniciales de los nombres de Isabel y Fernando (claves secundarias).
Sotocoro situado a los pies del templo, cubierto con una bóveda vaída de crucería.
En la parte superior del arco carpanel (rebajado) aparecen esculpidos los emblemas de los Reyes Católicos (escudo, yugo y flechas), en el centro un heraldo real y encima de todo ello una franja epigráfica, de caracteres góticos, exaltando el poder monárquico. Se remata la composición con una balaustrada de piedra gótica de formas cuatrilobuladas

La luz penetra a través de vanos apuntados con parteluz pero está desvirtuada respecto al origen al haber perdido las vidrieras, que según testimonio de Ponz en 1783, no desmerecían de las de la propia catedral, conservándose también muestras de su diseño reproducido por Amador de los Ríos.

Dibujo de las vidireras
Vista del cimborrio cubriendo el crucero del templo.
Es de planta poligonal (octogonal) sobre trompas y nervios que forman una estrella que recuerda estructuras mudéjares. 
Iglesia.
En la parte superior de la imagen se puede apreciar el claristorio que está constituido por enormes ventanales apuntados (ojivales) que cobijan tracerías flamígeras. 
Transepto este.
Está decorado a base de motivos heráldicos entre los que destacan los repetidos escudos de los Reyes Católicos (anteriores a la toma del Reino de Granada), acogidos por águilas nimbadas de San Juan, parejas de leones a los pies y los símbolos del yugo y las flechas. Iglesia. 
Detalle del escudo de armas sobre el muro del transepto este.
El simbolismo de los elementos que forman esta composición es: los leones tumbados representan a la realeza; en los cuarteles del escudo aparecen el león y el castillo, representativos del reino de Castilla y las barras representando al reino de Aragón. El yugo fue escogido por el rey Fernando como muestra de unión de fuerzas y las flechas por la reina Isabel como muestra de unión de reinos
Aspecto actual de transepto oeste.
Este espacio, junto con el transepto este (situado enfrente) y el espacio central (situado entre ambos), forman el crucero del templo que en un principio estuvo pensado para ser panteón real (Reyes Católicos). Por ello se decoró abigarradamente a modo de gran tapiz, con imágenes de santos y el escudo de España, de forma repetitiva, en un alarde heráldico que refuerza la imagen de la dinastía. Iglesia. Monasterio de San Juan 
Escultura gótica del interior de la iglesia (transepto) sobre peana y dosel.
Representa a San Francisco de Asis, fundador de la Orden Franciscana, en el acto de la confirmación de la Regla de esa Orden, que tuvo lugar en el año 1220.
Tribuna real, situada a la altura del transepto oeste, con las iniciales labradas en piedra de Isabel y Fernando (Y y F).
Ésta tiene forma hexagonal perteneciendo al más puro estilo del gótico-isabelino.
Grupo escultórico del interior de la iglesia.
Representa a María Magdalena, junto a las plañideras, portando tarros de ungüentos con los que se untó el cuerpo de Jesús después de su muerte. 
Púlpito menor,
situado frente a la puerta de entrada al templo.

El Claustro: Un paraíso en la tierra

El claustro cuenta con dos alturas. La planta baja, en la que estaban la librería en la panta oeste y la sala capitular en la sur, se organiza mediante arcos apuntados con parteluz y tracerías flamígeras, en los que intervendría Simón de Colonia, y cubierta con bóvedas cuyos nervios no se cruzan en el centro.

El claustro acoge un jardín síntesis del paraíso terrenal poblado de especies que originalmente buscaron evocar el Jardín del Edén. Hoy, arrayanes, ciprés, naranjo, granado y otras especies perfuman el aire con sus aromas y proporcionan a la piedra atractivas notas de color. Dividido en cuatro partes, reflejo de las cuatro partes del mundo y en el centro el pozo de agua, rememora hortus conclusus o huerto cerrado medieval, alegoría de la virginidad de María:

“Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada. Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos: nardo y azafrán, con los mejores bálsamos.” (Cant. 4, 12).

Claustro
Parte superior del claustro que limita con la iglesia y donde se precia el cimborrio (parte superior de la imagen), la crestería coronando la iglesia y el claustro y los pináculos que rematan ambas construcciones. 

Otro elemento destacable de San Juan de Los Reyes es su claustro gótico flamígero con arcos en los dos pisos. Los del claustro bajo se apoyan en columnas decoradas con estatuas y pilares muy trabajados como si se tratara de auténticos encajes pétreos. Del claustro alto destaca el cuidado artesonado mudéjar que aparece decorado con escudos y diversos motivos relacionados a Los Reyes Católicos. El acceso al piso superior se realiza por una escalinata cuya bóveda es obra de Covarrubias.

Puerta de acceso al claustro bajo desde la iglesia.
Encima del vano aparece, esculpido en piedra, un arco mixtilíneo en cuyo interior se encuentra el escudo con las cinco llagas (representadas por cinco racimos de uva) rodeado del cordón franciscano y flanqueado por dos ángeles tenantes.
Puerta de acceso desde el claustro bajo a la iglesia.
Está formada por un arco mixtilíneo que cobija a la Verónica, mostrando el lienzo de Jesús.
Claustro alto.
Está compuesto de cinco vanos por panda de arcos mixtilíneos. Mide 4,60 metros de altura, siendo más bajo que el claustro inferior; asimismo, muestra mayor austeridad por sus muros lisos y blanqueados y es de factura posterior a todo el resto de la obra. 

El yugo y las flechas y el “Tanto monta”

El escudo de armas que sostiene el águila nimbada de san Juan evangelista, bajo dos leones afrontados, símbolo de la realeza, contiene en sus cuarteles el león y castillo del reino de Castilla y las barras del reino de Aragón,  propietario además del reino de Sicilia, representado en las águilas coronadas. En su parte baja los emblemas del yugo y las flechas. Isabel escogió el haz de flechas, significando la unión de reinos, porque la F era la inicial del nombre de su marido. Fernando, caballero del Toisón de oro, escogió el yugo, con el sentido de unión de fuerzas, porque la Y era la inicial de su esposa. La Y y la F están presentes en las esbeltas y majestuosas tribunas adosadas a los pilares, espacio sin duda reservado para los reyes. La divisa del “Tanto monta” que debía acompañar a su emblema, propuesta por el gran latinista Antonio de Lebrija, alude al legendario episodio de Alejandro Magno llegado a Gordión donde a un yugo atado con un complejísimo nudo se unía la promesa de conquista de oriente. Alejandro lo corta con su espada y proclama: “tanto monta cortar como desatar”, que se traduce como “da lo mismo”. Con esta divisa se hace presente la igualdad de rey y reina en los reinos respectivos.

Cubierta con armadura de lacería mudéjar.
En ella aparece el texto -Tanto Mota- que alude al episodio del macedonio Alejandro Magno cuando corta con su espada, llagado a Gordión en su conquista de Oriente, el famoso cordón (nudo gordiano), proclamando: -tanto monta cortar como desatar-, traducido como: -da lo mismo-. Con esta divisa se hace presente la igualdad de Isabel y Fernando en sus respectivos reinos.
Arco rebajado con dos leones sedentes,
el escudo del reino de Castilla y la inscripción Monta Tanto. Claustro Alto.

Gargolas

Gargola

Referencia: 

Cultura Castilla La Mancha Monasterio de San Juan de los Reyes

Toledo Monumental. San Juan de los reyes

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