Los «trastos» al trastero

ESPERANDO A MI DADDY

(Reeditado)

Introducción

Ahora que parte algunas de las escenas de la novela van a ocurrir en la habitación de Jessica en el trastero, lo apropiado es que haya una pequeña introducción en ese sentido, que seáis cómplices de esos momentos de privacidad, sin que ninguno llegue a resultar demasiado comprometido, porque Jessica ya sabe que la observan por las ventanas de la buhardilla, dado que el único plano que encontré y se ajustaba a cómo debía ser el internado incluía esa habitación abuhardillada.

Ventana abuhardillada del trastero

He tenido que levantar las paredes, poner el tejado y decorar el interior, pero los planes como tal los descargue de Internet, a los que me ajusté todo lo que puede. No que no implica que en el diseño todas la casa éste amueblada. Tan solo aquellas habitaciones en las que se desarrolla alguna secuencia de la novela.

Planos del trastero

En cualquier caso, que sea Jessica quien os invite a pasar, si lo considera oportuno. El «Daddy» con quien ella comparte esa privacidad es un ser imaginario al que de vez en cuando también manda al pasillo o a que se dé un paseo, porque una chica necesita quedarse a solas en ocasiones y no le apetece que haya testigos ni dar explicaciones. Nada por lo que se haya de escandalizar la gente, pero que el mundo sepa que ella es una chica con pudor, vergüenza y decencia incluso con ese personaje sacado de su imaginación.

Como se entiende que en esa habitación van a asar algunas cosas, en esta presentación del dormitorio se adelantan acontecimientos que a 6 de septiembre de 1995 aún no han pasado, pero como ya he reflexionado sobre pasajes posteriores, tampoco se desvela nada que los seguidores de la web o de la novela no sepan de antemano.

Reflexiones de Jessica

En el dormitorio de una chica no deberían entrar los chicos. De modo que dejadme que sea yo, Jessica, y no Daddy, quien os invite a mi habitación, a mi dormitorio, en el internado. Os dejaré que os coléis casi sin que Ana se entere, no sea que nos mande a todos a la calle. No sea que vayamos a ser demasiados y el escandalo nos delate.

Tan solo os ruego que intentéis entrar en orden y no os agolpéis, porque no hay sitio para todos y tenemos que ser discretos para no molestar a las demás niñas que habitan el «St. Clare Home for girls», donde el lema es «All are welcome» (Todas son bienvenidas), pero, como me dirá Yuly cuando empiece a venir por aquí, esa invitación no incluye quedarse a dormir

St. Clare Home for girl. Diseño 3D

A la única que en algún momento se han pensado vetarle la entrada es a Yuly, porque, sin ser una de las niñas, se ha llegado a pasar aquí más tiempo que muchas. Aunque, en su caso siempre ha venido de visita y desde que empezamos a ser amigas. Antes de eso no estoy muy segura de que conociera la existencia del internado.

Su casa se encuentra lejos de aquí, en West Roxbury, un barrio situado al sur de Boston. El internado no es un lugar demasiado conocido para los que no son de esta parte de North Medford. Se tiene más conocimiento de la iglesia y de la parroquia de St Francis.

Las chicas del St. Clare’s preferimos no hacernos notar demasiado, aunque siempre son bienvenidas las niñas que necesitan un hogar y las posibles familias de acogida o adoptantes.

Para seros sinceros, a mí, que vinieran más niñas, me era un poco indiferente. Tan solo me apenaba un poco eso de que hubiera tantas necesitadas de este tipo de instituciones. Lo que me preocupaba y me ponía en alerta era la visita de esas familias y parejas interesadas en ampliar la familia, en ofrecernos un hogar.

¡No os imagináis la cantidad de sitios que hay para esconderse o pasar salir corriendo y que escogieran a otra! No eran Daddy y yo prefería descartarme la primera desde bien temprana edad. Porque, incluso de recién nacida, era un bebé llorón y el hecho de aprender a andar no hizo más que favorecer ese juego del escondite.

Eso sí, en cuanto pasaba el peligro salía de mi escondite.

La cuestión es, al principio, compartía dormitorio con otras niñas de mi edad, Jodie y Brittany, porque el internado no es tan grande como para que haya un dormitorio para cada una y había niñas que apenas se quedaban unos días o semanas. Dependía de las circunstancias y de la suerte de cada cual.

Yo fui de las últimas niñas a la que se acogieron recién nacidas. A partir de 1987 se estableció que debían tener edad para ir al colegio, aunque fuera al kindergarten, (preescolar) La edad tope eran los catorce años, cuando se pasaba al high school. Sin embargo, se suponía que en esa tesitura debíamos ser las menos, preferiblemente ninguna. La situación de Jodie y Brittany no era tan peculiar como la mía, aunque las tres llegásemos a esa edad, pero a ellas las trasladaron al otro internado.

¡A mí no me sacaban del internado ni por las malas! O me iba con Daddy o me iba a la universidad, lo que sucediera antes.

El trastero

El caso es que a la edad de 12 años, en junio de 1993, ya que en el internado no suele haber niñas tan mayores y que estuviéramos tres en la misma habitación suponía un problema, porque necesitábamos sitio para estudiar, para ser un poco más independientes, nos separaron. Una de las tres debía irse a otro dormitorio. Lo cual no puede decirse que echásemos a suerte, ni fuera una decisión voluntaria. Se consideró que, dadas las circunstancias, yo era la candidata perfecta para que se me asignara otro sitio, por eso de que era la más propensa a esconderme, a no querer ir a ninguna parte y se hacia necesario tenerme mas controlada. Es decir, proporcionarme un sitio en el que me pudiera sentir tranquila, despreocupada y no alborotase a todo el mundo cada vez que escuchaba mi nombre y no era porque me fueran a hacer un regalo.

idea aproximada de las condiciones del trastero, aunque algo mas acogedor, como habitacion de castigo o pasa casos que requiriesen cuarentena por enfermedad contagiosa

¿Dónde van «los trastos»? Al trastero. Una habitación abuhardillada encima del garaje, una habitación de no muy fácil acceso, donde me pudiera sentir a gusto, escondida, sin necesidad de jugar al escondite; un poco apartada del resto de la vida en el internado; donde tenerme controlada, sin necesidad de estar pendiente de mí las veinticuatro horas del día, en especial a las horas de estudio, que era cuando yo aprovechaba para escaparme al parque. Aunque a la edad de 12 años y con Ana pendiente de mí, ya estaba más que mentalizada de que, si iba a algún sitio sin permiso, era al cuarto de baño. Además, a esas edad ya era un poco más consciente de que los niños son tontos o demasiado listos, según se mire.

Ventana abuhardillada del trastero

Al trasero se accede a través de uno de los despachos, con un pequeño hall para tener acceso al cuarto de baño.

Puerta de acceso al ático

Después hay que cruzar un pasillo con el techo inclinado, algo frío estrecho. No es una habitación que éste al paso.

Pasillo del ático

Allí se solía quedar aquellas niñas que por enfermedad o por cualquier otro motivo necesitasen estar aisladas del resto. Pero, sobre todo, era la habitación de los trastos, hasta que lo convirtieron en mi dormitorio, Lo hicieron un poco más acogedor. Sobre todo, después de mi visita a a ese lugar desconocido que años después supe que era Toledo y tras el cual se decidió que podría quedarme en el internado cuatro años más, si asistía al menos durante 9th Grade a la asignatura de Spanish y aprobaba. lo cual muy a mi pesar tuve que acatar porque la alternativa era que Daddy me perdiera la pista, no volver a saber de él

En cierto modo, era como estar presa en mi propio torreón, aunque no cerraran la puerta con llave ni se olvidaran que de yo seguía allí. Ello no me eximia de tener que ir a clase, en días lectivos y a misa los días de precepto. Aparte que nunca desaprovechase la ocasión para asomarme y preguntar si había llegado alguno noticia sobre Daddy, que, por lo general, siempre era que no. Pero así sabían que no había perdido el interés. También Ana me sacaba de allí de vez en cuando para obligarme a leer textos en español. Lectura no comprensiva, solo leer, y repetir hasta que me saliera perfecto, para compensar eso de que me saltase las clases de Spanish en el colegio.

¿Qué tiene una chica en su dormitorio?

Dormitorio (1996)

Hasta que conocí a Yuly, quizá lo más llamativo de mi dormitorio en aquel último año de colegio y primeros días en el high school, aunque resultara un tanto chocante, dado mi carácter de chica tímida y retraída, era el cartel de una película, «El Karate protagonizada por una chica joven, una actriz que empezaba a destacar por aquel entonces. Sin que me considerase una chica muy dada a meterse en peleas. Más bien, era de las que salía corriendo, sobre todo, si me perseguían los chicos del parque, porque éstos no acostumbraban a tener mucha consideración conmigo. Fue un cartel que me consiguió Ana, por sin con ello me motivaba y superaba todos mis miedos y bloqueos mentales.

The next karate kid (1994)

Cuando Yuly vino por primera vez a mi dormitorio y me pregunto por el poster, le desmentí y descarté su ocurrencia de que le fuera dar una patada a Mr. Bacon para así librarme de la asignatura de Spanish. Aunque con algún chico de clase me lo hubiera pensado dos veces, si con ello les callaba la boca y lograba que dejasen de burlarse de mí.

Sin embargo, mis técnicas de autodefensa siempre han sido correr a esconderme, ponerme a salvo, antes que ese enfrentarme cara a cara con los problemas, afrontarlo de manera seria. He sido una chica un tanto cobardica, miedosa. El cartel se quedó allí día que dejé la habitación para irme a la universidad.

La foto del castillo

Yuly quiso tener un detalle conmigo y me hizo un regalo, la foto de un castillo. Sin querer decirme dónde era, por temor a que le dijese que no. Una fotografía que le había robado a su madre. De modo que era preferible que, si ésta me preguntaba alguna vez, le tuviera que decir que no sabía nada, cubrirle las espaldas a mi nueva amiga. Aunque con ese detalle y confidencia, la verdad es que no demostraba ser muy buena influencia.

Castillo de San Servando. ToIedo

Mi nueva amiga era una pequeña ladrona. Con el tiempo supe que se trataba del Castillo de San Servando, en Toledo capital, que me quiso hacer ese regalo para demostrarme que se había preocupado por localizar la ciudad en el mapa y enterado que su madre había estado allí en su juventud, poco después de conocer al padre de Yuly, antes de casarse y trasladarse definitivamente a Boston.

My «Spanish secret»

Por ahí escondido tenía esos textos en español que en secreto intentaba traducir y comprender, porque esa ha sido, en gran medida, la manera en que he aprendido el idioma. Era mi pequeño truco, si no para conseguir que la lectura fuera un poco más fácil, al menos para tener un poco más de idea de lo que estaba leyendo, porque tenía la sensación de que Ana se buscaba los textos más largos y rebuscados, con intención de que me esforzase y no intentara engañarla memorizándolos después de leerlos una y otra vez. Así fue cómo supe que me hacía leer leyendas de Toledo, que compensaba mi ausencia a la clase de Spanish en e el colegio, con esos pequeños trucos. De manera que con ello compensaba esa pretendida y falsa ignorancia que yo me pretendía imponer por norma.

Picaresca a la española

Quien no sé si descubrió mi truco fue Mr. Bacon, cuando tuvo que venir de visita para que no me saltase sus clases, porque era mucho lo que me jugaba. Porque sí, los hombres, los padres, los chicos tenían prohibido el acceso a los dormitorio. Pero con Mr. Bacon se tuvo que hacer una excepción, ya que, o le dejaban subir al trastero o sería a mí quien obligasen a salir. Lo cual dadas mis circunstancias no era tan sencillo. Debía guardar cama, aunque ya os contaré lo que me pasó.

De modo que, si aquello se hubiera tratado de un truco para evitarme acudir a clase con normalidad, lo cierto es que yo misma caí en la trampa, porque me quedé sin opciones. Tuve al profesor de Spanish junto a mi cama una hora a la semana durante casi dos meses.

Para compensar, lo cierto es que Yuly me venía a visitar todos los días después de clase y estudiábamos juntas, al menos eso le hacíamos creer a todo el mundo, porque Yuly era mi enlace con los profesores. ¡Pero dos chicas solas en una habitación en al que se supone no nos escucha ni controla nadie, tienen libertad para compartir muchas confidencias y no tantas horas de estudio!

El Lazarillo de Tormes en español

Mr. Bacon me hacía leer la novela de «El lazarillo de Tormes» en español, bajo promesa de que si nos daba tiempo a terminarlo después de dos meses, me lo regalaría. Tenía que leer como yo sabía, cuidando la pronunciación. Pero, además, hacer una lectura comprensiva. De manera que cada cierto tiempo debía explicarle lo que había leído y entendido.

En ausencia de éste, gracias a la siempre oportuna complicidad de Yuly, por mi cuenta me leía la traducción en inglés. Al final casi no llegamos a leer esos pasajes de la novela que transcurren en Toledo.

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