Exposición permanente

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Introducción

Para acceder al claustro de la catedral desde la calle de Arco de Palacio, por la puerta de Mollete o del Niño perdido, aunque tambiens e puede acceder desde el interior de la catedral por la puerta de Santa Catalina y la puerta de la presentación.

Ya hemos visitado la parte alta del claustro y en esta visita nos centraremos en la parte baja, mucho más conocida y visitada, donde a parte de la capilla de San Blas hay otros muchos motivos para visitarla, incluido del 15 de agosto, para beber el agua de la Virgen

Plano de la catedral

Desde el principio el destino del claustro tuvo funciones varias desde almacén a aula de enseñanza y sobre todo fué usado como lugar de transacciones mercantiles, llegando a ser lugar de reuniones del municipio, dada la inexistencia de ninguna orden monacal en la iglesia.
A la izquierda podéis ver la puerta gótica de la Presentación, por el interior, obra gótica de Pedro Martínez de Castañeda, a la izquierda, la de enfrente es la parte trasera de la Puerta del Mollete .

Puerta de la Presentación

Claustro de la catedral, puerta de la presentación vista desde la puerta de Mollete

El estilo plateresco mostraba su gracia juguetona en la portada del Claustro, y hasta el arte churrigueresco tenía la mayor de sus muestras en el transparente de Tomé que rompe la bóveda detrás del altar mayor para dar luz al ábside.

Vicente Blasco Ibáñez
Puerta de La Presentación, de estilo plateresco.
Es de tiempos del Cardenal Tavera, realizada entre 1565 y 1599. El medallón es obra de Pedro Martínez Castañeda (1568) y representa la Presentación de Nuestra Señora. Claustro Bajo. Catedral de Toledo

De tiempos del cardenal Tavera, realizada entre 1565 y 1599; de rica talla y miniaturas de imaginería en estilo plateresco elaboradas en buena piedra muy blanca. Es la otra puerta que conduce al claustro. El medallón es obra de Pedro Martínez Castañeda (1568) y representa la Presentación de Nuestra Señora.

La ventana del Claustro entre la puerta de la Presentación y la puerta de Santa Catalina

Historia del claustro

Sobre el antiguo al-caná o alcaná (barrio comercial hebreo), en el costado norte de la catedral, el arzobispo Pedro Tenorio planeó el claustro y una capilla que le serviría de sepultura.

Las obras del claustro se iniciaron el 14 de agosto de 1389, con la colocación de la primera piedra, y terminaron en 1425. En ellas trabajaron los maestros Rodrigo Alfonso y Alvar Martínez en una construcción de cuatro crujías con bóvedas cuatripartitas.

La construcción del claustro no estuvo exenta de historia y leyenda. Al encontrarse la feria en el lugar donde Pedro Tenorio planeó su construcción, los propietarios de los puestos y tiendas fueron reacios desde el primer momento. Eugenio Narbona cuenta el interés del arzobispo por ocupar cuanto antes «las alcaycerías, que es el lugar donde las mercadurías se venden».

Durante el tiempo en el que el arzobispo y los propietarios discutían sobre la compra y los precios, el infortunio llegó en forma de incendio que destruyó todo el mercado. Aprovechó entonces Pedro Tenorio para su compra y, aquí la leyenda, se acusó al mismo de haber provocado el desastre para poder adquirir los terrenos.

Dado el relieve de la zona, se construyó metro y medio por encima del nivel de la planta de la catedral y de modo que pudiera soportar dos alturas, lo que ocurrió con la llegada del cardenal Cisneros. Tenorio no escatimó esfuerzos en conseguir que la grandeza y majestuosidad del claustro fuera merecedor del gótico catedralicio. En las galerías de la planta baja hay una serie de pinturas al fresco con escenas de santos (Eugenio, Casilda, Eladio). Once de estas pinturas son de Bayeu y dos de Maella.

Es de notar que, no existiendo en la catedral orden monástica, el destino del claustro y el resto de las piezas que en su contorno se construyeron tuvieron funciones muy distintas en el tiempo: desde almacén a aula; como lugar de transacciones mercantiles (recuperando el sentido de la antigua alcaná o de oración). Llegó a ser lugar de reunión del municipio y una de sus salas fue capilla mozárabe.

El agua de la Virgen

Cuenta Juan de Moraleda y Esteban en su libro “Tradiciones y Recuerdos de Toledo (3ª edición, 1888) que había en los claustros bajos de la catedral unos pozos o cisternas que recogían y filtraban las aguas de la lluvia, dotándolas de un agradable sabor y finura. Sucedió que en el día y la víspera de la festividad de la Virgen del Sagrario (15 de agosto), era tal la aglomeración de gentes en la catedral para festejar a su Patrona y el calor de la estación tan intenso que el cardenal don Bernardo de Sandoval y Rojas dispuso que aquella agua de las cisternas tan fresca y cristalina como la de un manantial se distribuyera gratuitamente al público en jarras y botijos pequeños, lo que aliviaba a los numerosos fieles de los rigores de la canícula. Gran parte de los asistentes a la festividad religiosa y a las ferias y festejos que luego se celebraban acudían al claustro para calmar su sed y una vez se produjo tal tumulto que un niño, hijo único de un magnate acomodado, fue acometido de un repentino síncope juzgándole cuantos le reconocieron como difunto, más al ser rociado con el agua que se estaba repartiendo, recobró el conocimiento y sanó. Desde entonces se ha tenido por milagrosa el agua de la Virgen. Otras versiones de esta leyenda apuntan a que en los referidos pozos o aljibes estuvo guardada la imagen de la Virgen del Sagrario durante la dominación árabe y por esta causa dichas aguas tienen una virtud sobrenatural.

15 de agosto en el claustro de la catedral

Portada de Santa Catalina

Es una de las dos puertas que se abren al claustro. De estilo gótico tardío. Sus arquivoltas están labradas con motivos vegetales de hojarasca y follaje. El pilar que hace de mainel está muy trabajado en sus caras laterales, con castillos y leones. En su interior presenta dos secciones. La más alta está ornamentada con una serie de estatuas con doseletes. En el tímpano sobre el arco gótico hay una pintura de Luis de Velasco representando la Anunciación.

En el parteluz, en una columna de mármol negra la imagen de santa Catalina.

Imagen de Santa Catalina, parteluz
Capitel policromado en el parte luz

En el tímpano una bella pintura de la Anunciación del pintor Luis de Velasco, con dos bellas tallas policromadas bajo doseletes,

y en el tímpano una bella pintura de la Anunciación del pintor Luis de Velasco

Timpano

En su parte interior , es gótica tardía, de finales del s.XV

PINTURAS AL FRESCO ( BAYEU Y MAELLA )

Claustro bajo de la catedral
Pinturas del claustro bajo de la catedral
Pinturas del claustro
Frescos del claustro

La prisión de San Eugenio, de Francisco Bayeu

Delante de una cerca o tapia almenada, tras la cual se divisa la copa de los árboles, el santo, con sobrepelliz, exhorta a un grupo de cristianos que salen maniatados hacia el martirio por una puerta a la izquierda del fresco. Tres hombres parecen burlarse de sus exhortaciones.
Algunos más con el mismo o parecido atuendo aparecen a la derecha, dos de ellos sentados en piedras en primer término con dos niños y un perro. Arriba, ángeles con palmas y coronas. El boceto está fechado en 1784.

En este paño y en torno a la mencionada puerta se representa otra de las obras encargadas a Bayeu: La predicación de San Eugenio, primer arzobispo de Toledo. 
Aparece el santo sobre una escalinata, delante de un edificio de composición clásica, en una especie de ágora o plaza pública predicando a los fieles que figuran repartidos por el lienzo en distintas posiciones y formas. 
A la izquierda, un hombre de espaldas en actitud de conversar con otro que está semioculto y dos mujeres con niños; en el centro, un enfermo con su acompañante; a la derecha, otra mujer con niño y detrás del santo varios personajes más que escuchan atentos sus palabras. 
Fondo de árboles e iglesia y arriba en el cielo ángeles y querubines que revolotean alrededor del Espíritu Santo cuyos destellos iluminan la cabeza del venerable prelado. 
El boceto es de 1766. Bordea el lienzo a modo de marco un baquetón esculpido con trenza dorada. Inferiormente sillería con greca de espirales común con el resto de las crujías, excepto la meridional.

El martirio de San Eugenio, de Francisco Bayéu

En lo alto de un balcón, sobre una gradería, aparece sentado el pretor romano, revestido de púrpura, al que acompañan dos lictores y un viejo que lleva cubierta la cabeza con un manto verde. El santo, de blanco, se halla cogido por uno de los verdugos mientras el otro levanta la espada para decapitarle. Dos soldados contemplan la escena. 
Abajo, a la derecha, dos personajes, uno sentado con turbante y otro de pie que señala al santo. A la izquierda, dos mujeres, una de espaldas y otra sentada, las dos con niños, y varios personajes más, uno sujetando un caballo, presencian la escena con horror. Al fondo, a la derecha, edificio clásico con columnas y estatuas y en primer término la capa pluvial, la mitra y el báculo. 
Arriba, ángeles con palma y corona. En segundo término, a la izquierda del cuadro se representa el acto de arrojar el cadáver del santo al lago Mercasio. El boceto está fechado en 1777. Bordeado con baquetón decorado con trenza dorada.

 San Eugenio repartiendo limosna a los pobres, de Francisco Bayéu

El resto del paño lo ocupa otro fresco de Bayeu, el de San Eugenio repartiendo limosna a los pobres. Como es frecuente cuando el espacio está condicionado a una puerta, la escena se divide en dos partes fingiendo una escalinata; en las gradas superiores y delante de un templo de gran columnata, el santo, asistido por otras personas, casi de frente, se inclina ligeramente para socorrer a un pobre que recibe las limosnas de rodillas, “cuya pierna parece que se echa fuera del cuadro, según lo bien que se destaca en la pintura”. En segundo plano otras personas conversando. En la parte inferior, agrupados a ambos lados de la portada, unos ciegos, uno de pie y otro sentado, guiados por niño y otro tullido semi echado en el suelo que, al decir de Parro llaman la atención por la naturalidad de su expresión. Al fondo de la parte superior, cerca con espadaña y más al fondo una iglesia. El boceto lo pintó Bayeu en 1782.

La aparición de San Dionisio a Hercoldo, de Francisco Bayéu

La aparición de San Dionisio a Hercoldo

En el tramo tercero está otro de los frescos de Bayéu, continuación temática de los anteriores: la aparición de San Dionisio Aeropagita, arzobispo de París al devoto Hercoldo. Éste se halla a la derecha, recostado en el lecho, una magnífica cama dorada con pabellones y accesorios de mucho lujo, elevada sobre una escalinata donde también hay pintada un ánfora. Sobre una nube que aparece sostenida por ángeles se le aparece entre sueños San Dionisio para decirle donde está el cuerpo de San Eugenio, que le mandase recoger y le diera adecuada sepultura. En la gloria, ángeles y querubines. A la izquierda del cuadro se divisa, por entre un enrejado o balcón, el lago Mercasio y el cuerpo de San Eulogio flotando sobre sus aguas. El boceto es de 1777. Baquetón en el borde.

Traslado del cuerpo de San Eugenio

En el cuarto tramo se encuentra la pintura relativa al el traslado de las reliquias de San Eugenio, en opinión de Parro “uno de los frescos mejor entendidos que dejó Bayéu en estos claustros”. Representa el momento en que la procesión que lleva las reliquias en una artística urna que despide resplandores de gloria, entra en Toledo por la puerta de Bisagra. Históricamente esta traslación tuvo lugar en el año 1565 y está bien documentada. 

Traslado del cuerpo de San Eugenio

Delante del cuadro del traslado de San Eugenio podéis ver un vestigio histórico, la única columna que se conserva de la primitiva basílica visigoda,con la inscripción de la conversión de Recaredo que os comentaba ayer.

Entre los caballeros que portan las andas, todos en traje de corte, se reconoce fácilmente al Rey Felipe II que es la figura que ocupa el puesto principal o sea a la derecha de los dos que van llevando las andas. Junto a él marchan sus sobrinos Rodolfo, quién luego sería emperador de Austria y Ernesto, archiduque de Austria, hijos ambos del emperador Maximiliano II. 

La caridad de Santa Casilda

En el tramo quinto se encuentra otro de los frescos de Bayéu: la Caridad de Santa Casilda, hija del rey moro de Toledo Al-Mamum o Almenón8

La escena está dividida en dos alturas, al objeto de respetar la puerta que se abre en este paño- figurando otros tantos pisos de la morada del monarca, separados por la escalera que une el palacio con las mazmorras en las que están encerrados los esclavos cristianos. En un descanso de la escalera se encuentra la santa con sus doncellas en actitud de alargar un pan de los que lleva en su canastillo a uno de los cautivos que trepa sobre otro para alcanzarlo, mientras otro, mayor, implora sentado y otros más e pie dirigen la vista hacia la santa. 

Detalle de la pintur anterior

La delación de Santa Casilda

En el tramo sexto se continúa otra escena de la vida de Santa Casilda correlativa de la anterior: la Delación de la Santa. También esta escena aparece dividida en dos pisos. En el superior que figura una galería del palacio, Santa Casilda, junto a su aya, muestra a su padre, al que acompañan los delatores, las rosas en las que milagrosamente se han convertido los panes que llevaba para los cautivos.

El rey se toca con turbante, lo mismo que los personajes situados a la izquierda en diversos planos. Nótese –observa Parro- la rabia del delator que se oculta detrás del grupo, apretando los dientes y los puños de ira por el chasco que acaba de llevarse. A la derecha, edificio con pórtico, columnas y galería. En el piso inferior, los subterráneos del palacio de Almenón, “alumbrados triste y débilmente por un farol que cuelga de la bóveda y atestados de infelices cautivos que unos en cepos, otros encadenados y en diferentes posiciones los demás, presentan todos en sus fisonomías la pesadumbre que les abruma”. Arriba, como es costumbre, gloria con ángeles y querubines volando. El boceto de Bayéu es de 1779.

Santa Leocadia ante el pretor, de Mariano Maella.

La pintura del tercer paño de la crujía está perdida en la parte inferior y representa en un fresco de Mariano Maella a Santa Leocadia ante el Pretor Daciano. Este situado a la derecha del espectador en una silla curul, sobre un plinto circular con relieves, rodeado de soldados, increpa a la santa quien, está en el centro sujeta por un soldado en actitud modesta pero llena de energía y dispuesta a repeler las órdenes que recibe para que ofrezca incienso a una estatua de oro bronce dorado de Júpiter que tiene enfrente colocada sobre un gran pedestal mientras un sacerdote le invita imperiosamente al culto pagano para el que está dispuesto el ceremonial. Fondo de arco y ángeles entre nubes que llevan los símbolos del martirio. Gracias al boceto definitivo que posee el Cabildo (lienzo 0,90 x 0,73 m.), y que data de 1775 podemos conocer íntegramente el conjunto, en primer término debiera haber junto al sacerdote profano un niño y un hombre inclinado a la izquierda del espectador, más soldados de pie y uno sentado en las gradas a la derecha.

La muerte de Santa Casilda, de Francisco Bayéu

Pintura

En el último tramo de esta crujía aparece el que, a juicio de Parro sea acaso el mejor de los frescos trabajados por Bayéu: la muerte de Santa Casilda, acaecida, según la leyenda, en un desierto al que se retiró, cercano a Burgos. A la derecha, la santa, sentada en la hierba, expira en brazos de dos hermosos ángeles mientras otros vuelan alrededor y uno mayor porta la corona y la palma. Más arriba, Jesucristo, en toda su gloria, sobre nubes y rodeado también de ángeles, sale al encuentro de la santa. A Parro le admira el realismo de la calavera, el libro y la tosca cruz esparcidos en el espacio que ocupa la santa y que dice “no pueden pintarse con más verdad”, así como la hermosura de los paisajes representados. La parte baja está muy afectada por la humedad. El boceto de Bayéu es de 1782.

El siguiente paño en el segundo vano del ala norte, representaba “La muerte de Santa Leocadia» y se destruyó en su casi totalidad a los pocos años de su conclusión debido la humedad. En tiempos de Parro solo quedaba ya la parte más alta de la composición en la que se veía casi toda la figura de Jesucristo y algunas nubes y ángeles acompañantes. Según el boceto de Maella la santa estaría a la derecha, sentada en el suelo y sostenida por un ángel tras las rejas, mas arriba otro ángel con corona y palma. A la izquierda, Cristo sobre nubes semiarrodillado con más ángeles. En segundo plano, ciudad con guerreros y en el primero el carcelero guardándola. El boceto es de 1775.

Web de referencia

Catedral de Toledo – Wikipedia, la enciclopedia libre

Pinturas al fresco ( Bayeu y Maella ) en el Claustro de la Catedral de Toledo – 6

Pinturas al fresco ( Bayeu y Maella ) en el Claustro de la Catedral de Toledo – 7

Catedral de Toledo Claustro Pinturas Murales | Flickr

Maravillas ocultas de España: La Catedral de Toledo.El claustro ,la sacristía y sus alrededores.Segunda parte (maravillasdeespana.blogspot.com)

Tres Culturas: Los Frescos del Claustro de la Catedral de Toledo (y II) (ciudaddelastresculturastoledo.blogspot.com)

Fotos de la Catedral de Santa María de Toledo – España (micamara.es)

Frescos del Claustro de la Catedral de Toledo (I) – Paperblog