Un palacio al otro lado del río

Esperando a mi Daddy

Introducción

El otro día os hablaba de las gemelas Twist (The sisters Twist) cuya relevancia en la novela radica en que crean un vínculo con Jessica y llegan a formar parte de la familia. A efectos creativos, en su condición de narradoras cuando ya están en Toledo, su relevancia está en su curiosidad, en las excursiones que se montan por su cuenta, donde intentan averiguar la funcionalidad de cada edificio.

Aclaración previa

En 2008 ya se habían iniciado las obras de reformas en el Alcázar para convertirlo en el Museo de Ejército, lo que no impedía el normal funcionamiento de la biblioteca regional, situada en la última planta del edificio. Pequeño detalle que se menciona en la novela, pero al que no se da excesiva relevancia. Sin embargo, como se puede ver en Google Maps, el edificio se encontraba en plena reforma, se le hacía un oportuno lavado de cara.

Entrada biblioteca Nov. 2008
Entrada Biblioteca Mayo 2011

***Hasta que terminaron las obras en el Museo del Ejército, la puerta de acceso a la biblioteca se encontraba en el aparcamiento del Alcázar. Sin embargo, por evitar que la novela resulte confusa en ese sentido, desde el primer momento sitúe la entrada en su ubicación actual, de ahí que las gemelas se muestren un poco contrariadas al ver el aparcamiento, dado que se supone que ya han subido a la biblioteca en varias ocasiones acompañando a Daddy

Puerta peatonal , abril 2012 Google Maps

Al bordear el edificio de la biblioteca casi lo hacemos a hurtadillas, con la sensación de que, aunque Daddy se encuentre en el último piso, nos está observando y se preguntará dónde vamos. No tenemos muy claro en cuál de los cuatro torreones está su oficina y confiamos en que pueda ser el único junto al que no vamos a pasar, el de la esquina opuesta a la entrada. En cualquier caso, estamos seguras que desde la cafetería no se observa el río y, por lo tanto, es la única manera de acercarnos a ver con más detalle el edificio que se encuentra al otro lado es acercándonos. Confiadas en que, si los autobuses bordean el edifico de la biblioteca, es que se puede pasar, aunque nosotras vayamos por la acera, pegadas al muro que delimita el terreno, aunque no vayamos a alejarnos. Pero como el hecho de girar esa esquina y bajar esta cuesta ya es toda una novedad estamos un poco asustadas, a la par que emocionadas, nos sentimos incluso más libres de lo que estábamos en la plaza, dado que por aquí hay menos gente y más tráfico, aunque sospecho que quienes vienen por aquí lo hacen con la misma intención que nosotras, ver el corte que el río le ha hecho a la montaña y observar lo que hay al otro lado.

Milly: Mira, ese es el túnel mágico que lleva hasta el interior de nuestro armario. – Me dice con jocosidad.

Becky: No lo creo. – Le respondo con buen humor.

Entrada al parking del Corralillo de San Miguel

Lo que hay a nuestra derecha parece ser una terraza, un mirador, y la entrada a un aparcamiento subterráneo, porque, además, las señalizaciones así lo indican. Dudo mucho que sea ese túnel o pasadizo al que tantas veces se ha referido Daddy con idea de asustarnos. Ni siquiera la entrada de un túnel que vaya por debajo del río hasta el otro lado, dado que el río parece estar mucho más hondo y, aunque no entiendo mucho de esas cosas, supongo que un túnel así debe ser difícil de construir y sería mucho más fácil un puente que fuera la continuación de esta calle que, sin embargo, gira a la derecha, hacia abajo, bordeando el edificio de la biblioteca de manera que cada vez que desciende el terreno el edificio parece estar más alto y destacar. En todo caso, creo que en ese aspecto seguiremos el consejo de Daddy y no intentaremos averiguar a dónde lleva esa calle, aunque sospecho que podríamos dar la vuelta a todo el edificio, como hacen los autobuses, pero podría ser que esta calle siga hacia abajo y llegue hasta el río o vayan por una carretera que rodee toda la ciudad y ya no vuelvan a subir hasta que no lleguen a la plaza principal que hay junto al parque, por donde hemos accedido nosotras. Sea como fuere, no pasaremos de aquí para no perdernos.

A nuestra izquierda aparte de la calle en cuesta y del muro que rodea el edificio descubrimos que éste cuenta con un patio o aparcamiento privado, con una estatua en la esquina, parece una mujer o un ángel ofreciendo una espada. Esta fachada de edificio también es ventanas pequeñas y no se ve que haya ninguna puerta de acceso. La puerta principal del edificio es la que ésta en la fachada que da a esta calle, con el pórtico, los arcos y los escalones de piedra, pero que da la impresión de estar cerrada, porque a la biblioteca que accede por una pequeña junto a la base del torreón, en el primero de los arcos. Por lo cual, le da sensación de que en conjunto es un edificio que no se aprovecha lo suficiente. Demasiado grande para la biblioteca y, sobre todo, me sorprende que la hayan puesto en la última planta, cuando lo lógico y más accesible sería que estuviera menos escondida, aunque, si es por el tema de la iluminación, sin duda en las últimas plantas los ventanales con más grandes. 

Aparcamiento del Alcázar
Calle de La Unión
Calle de La Unión. Jardines del Alcázar. Nov 2008. Google Maps

Milly: Hay parece haber un parque, podríamos bajar por las escaleras y acercarnos más para ver el río desde más cerca. – Me comenta en referencia lo que hay al otro lado de la calle.

Becky: Mejor que tan solo crucemos la calle. – Le respondo. – Ya sabes lo que nos ha dicho Daddy. – Argumento. – A mí me parece que habría que bajar demasiado y no sabemos lo que nos podemos encontrar.

Milly: Parece que tan solo es parque, un mirador al río. – Me contesta animada. – Desde aquí no se ve demasiado bien el edifico del otro lado.

Becky: Cruzamos la calle, pero no bajamos. – Le insisto convencida y un tanto acobardada.

Academia de Infantería vista desde el Alcázar

Milly: Como quieras. – Me responde resignada. – Entonces ¿Qué piensas qué es ese edificio? – Me pregunta. – Tiene muchas ventanas pequeñas, con una parte central y torreones a los extremos. – Me explica para justificar su hipótesis. – Si no es la casa del presidente de la nación o del rey, debe ser algún edificio oficial, de esos que decía Jessica. – Argumenta. – Me aparece que, en la parte central, en la base, eso no es una puerta, sino un túnel.

Becky: Puede ser cualquier cosa. – Le respondo por no tener una respuesta clara. – Pero no creo que el presidente viva allí, tampoco el rey, porque Madrid es la capital del país.

Milly: Yo creo que antes debían vivir en el edificio de la biblioteca, pero que se les quedó pequeño y se construyeron uno más grande al otro lado del río. – Me explica. – Tal vez sea la casa de vacaciones. – Sugiere. – Además, si es verdad eso de que en esta parte de la ciudad hay mucho turismo, como no se puede cruzar al otro lado, allí están mucho más tranquilos. – Argumenta. – La biblioteca antes debía ser la del palacio, pero como se trata de muchos libros, la han dejado accesible para la gente.

Becky: Puede ser. – Le respondo porque tampoco tengo argumentos para rebatirlo. – Ya le preguntaremos a Daddy. – Le propongo como alternativa.

Milly: ¡Ya verás cómo me da la razón! – Me dice confiada. – En Washington tenemos ‘The White House” y aquí tienen ese edificio. – Se atreve a argumentar. – Así, con el río delante, parece un castillo medieval, pero sin muralla ni puente levadizo.

Becky: La capital es Madrid. – Le insisto con conocimiento y porque fue algo que estudiamos en clase de Spanish.

Milly: ¡A ver, lista! – Me increpa para recriminarme mi incredulidad. – ¿Tú que piensas que puede ser? – Me pregunta. – ¡Se parece al edifico de la biblioteca y está justo al otro lado del río! Si este edificio antes era un palacio, que ya no se utiliza como tal, lo que hubiera aquí se lo han llevado allí. Por lo tanto, aquello tiene que ser un palacio también.

Becky: Sí, bueno, no sé. – Le contesto dubitativa. – Algún parecido tienen, pero la capital es Madrid.

Le tengo que dar la razón, aunque hay algo en su argumentación que no me cuadra. No me suena eso de que el rey, porque aquí hay una monarquía, ni el presidente del gobierno tengan su residencia en Toledo, ni siquiera de vacaciones, aunque sí creo recordar que en clase nos dijeron que Toledo había sido la capital del país durante la Edad Media, por lo cual no tiene mucho sentido que construyan un palacio tan grande después de tantos siglos. Tal vez aquello sea un hotel para que los turistas se sientan como si estuvieran aquí, porque además se tienen buenas vista de la ciudad, además, con eso de que en el siglo pasado hubo una guerra que destruyó parte de la ciudad, quizá alguien pensara que al construir allí un edificio tan grande ello dificultaría que los tanques se acerquen, por lo cual el edificio tiene sobre todo un carácter defensivo porque, como, además, no hay un puente para cruzar, aquellos que pretendan atacar la ciudad se van a encontrar con un obstáculo. Lo que pasa es que ahora con eso de la aviación y de los misiles da lo mismo. De todos modos, yo no espero que vaya a haber ninguna otra guerra, aunque con eso de la crisis económica nadie sabe lo que puede pasar.

El puente que nunca existió

Muy poco después de acabada la Guerra Civil se iniciaron obras de reconstrucción en las zonas dañadas por las acciones bélicas. Uno de los edificios más afectados era el Alcázar, que había sido sede la Academia de Infantería hasta el inicio de la contienda. Presos de colonias penitenciarias se encargaron de construir sus nuevas instalaciones con nuevos edificios levantados en el antiguo barrio de San Blas, próximos al castillo de San Servando y al Hospital Provincial. Las clases de la nueva Academia de Infantería comenzarían el 16 de septiembre de 1948. Años antes, ingenieros militares debieron proyectar la construcción de un puente que uniera el Alcázar con la nueva Academia, que guardaría cierta similitud con el existente en época romana. De este proyecto nos han llegado los dos alzados aquí reproducidos, conservados en la colección de Luis Alba.

Restos del acueducto de Toledo

Dejó de funcionar hacia el siglo IX (estuvo en pie unos 1000 años), por lo que sus recreaciones no dejan de ser algo aventuradas.

El conjunto de abastecimiento hidráulico nacía en la presa de Alcantarilla en Mazarambroz, en el arroyo Guajaraz. Iniciada su construcción en el siglo I, los mismos romanos ampliaron esta presa desviando hacia la misma también el curso del arroyo de San Martín de la Montiña, hasta alcanzar una capacidad de 3,5 millones de metros cúbicos, es decir 3 hectómetros cúbicos y medio, que no está nada mal.

El acueducto de Toledo forma parte de un conjunto hidráulico que los historiadores datan entre el S. I y II d. C.

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