Introducción
Domingo, 26 subirlos.re de 2003. (04:00)

La espera en el pasillo cuando salí del baño se me hizo interminable. Casi se me llegó a pasar por la cabeza de que por su parte se trató de algo premeditado…

Cuando salimos del aseo, Manuel ya me esperaba en el pasillo y no me dio la impresión de que se sintiera con ánimos para que nos asomáramos por la puerta del comedor a despedirnos de la gente…
Las chicas con unas tardonas
Para Manuel eso de perder veinte minutos en el aseo es una eternidad; le resulta excesivo. En cualquier caso, parece querer dar a entender que tampoco tiene mucho que esconder, que las consecuencias o efectos que ha tenido ese beso con Ana tampoco es algo que le inquiete en exceso. Aparte de que, al no tener a nadie con quien comentar la jugada, tampoco tiene otras distracciones.
Ana tarda más porque ha estado acompañada por las amigas. No atribuiremos esa tardanza al hecho de que se haya encontrado con más o menos dificultades por causa del vestido ni por cuestiones similares. No vamos a preguntar. La discreción nos lleva a pensar que tan solo ha necesitado arreglarse un poco el peinado; la tardanza ha sido, sobre todo, por la conversación con las amigas.
¡Nos vamos ya!
La cuestión es que Ana se encuentra con que Manuel ya está decidido a marcharse, que esta vez no va a dejar que el ambiente, los amigos ni la posibilidad de alargar el baile les hagan olvidarse de la hora. Ya es hora de irse, porque empieza a sentirse cansado, incómodo y, hasta cierto punto, que su grado de sociabilidad ha llegado a lo más que es capaz de aguantar. Han sido demasiadas situaciones y emociones para una velada.
Se entiende que ya se siente lo bastante cohibido tras el beso y le falta coraje para volver a dar la cara ante los amigos; que no sabe muy bien cómo gestionar toda esta situación; este inesperado éxito personal y tanto protagonismo improvisado le agobia un poco. Mejor poner distancias antes que cometer otra torpeza que le ponga en ridículo.
Es más, como ya sabemos, los aseos se encuentran cerca del acceso al garaje; no hay necesidad de que pasen a despedirse ni avisen de que se marchan. Pueden hacerlo por ellos las dos amigas de Ana, porque tampoco es que se trate de irse sin más. En todo caso, antes del beso, Ana ya dijo que se marchaban como excusa para evitarse el beso.
¡Qué chico más despistado!

Ana: ¿No te llevas el ramo? —Le pregunté al ver que no lo llevaba consigo.
Ana se muestra de acuerdo en marcharse, hasta el punto de que de nuevo le encomienda la tarea de ser él quien conduzca. Que, como particularidad en esta relación de pareja, tenemos que siempre que están juntos, aunque se trata del coche y la ciudad de Ana, es Manuel quien conduce y ella quien se deja guiar. Se limita a indicarle la dirección.
Sin embargo, Ana se percata de un pequeño detalle que prefiere no pasar por alto y que pone de manifiesto que no ha sido tal su indiferencia con respecto a lo sucedido. Manuel se ha dejado el ramo de novia en la mesa, ese que la novia tiró a sus pies y que ninguna chica quiso recoger; ese que le puso en una situación un tanto comprometida…

La cuestión es que Manuel parece haberse olvidado del ramo de manera intencionada, ya que, desde un primer momento, dejó claro que él no lo quería, pero tampoco se mostró muy habilidoso a la hora de conseguir que Ana lo aceptara y se hiciera cargo. Ella esperaba un momento de romanticismo que no se produjo.
Ante esta tesitura y casi con la misma mentalidad que con las fotos con los novios en la parroquia, al finalizar la ceremonia, Ana le propone que sea él quien vaya a por el coche y la recoja en la puerta, mientras que ella se ocupa de recoger el ramo y despedirse de todo el mundo, de manera que, como éste la tiene que recoger, le da la excusa para no entretenerse.
En la puerta en dos minutos.
Si Ana ha necesitado más de veinte minutos de privacidad en el baño para compartir confidencias con las amigas, para despedirse de la gente, de todo el mundo, de quienes aún siguen en el salón, puede necesitar una eternidad, pero aun así, espera que Manuel confíe en ella y le asegura que no se entretendrá.
A diferencia de lo sucedido en la salida de la parroquia, esta vez no se ha formado una hilera, un atasco de coches, por lo cual para Manuel todo son ventajas, porque para llegar hasta el coche, esta vez no ha de mojarse, porque éste se encuentra en el garaje y tampoco tiene dificultad en colocalizarlo, ya que a esas horas se supone que se ha marchado mucha gente.
Ni siquiera se encuentra con complicaciones para llevar el coche hasta la puerta principal, aunque esta vez no tenga a Ana para que le haga indicaciones en ese sentido. Es decir, que sin tener que tomarselo con calma, ni darse mucha prisa, se entiende que tampoco será él quien haga esperar a Ana en esta ocasión.

Como había sitio, detuve el coche justo delante de la puerta, con la distancia establecida por la acera de la calle, por lo que en el supuesto de que hubiera llovido con fuerza ni siquiera se hubiera planteado que ella necesitase un paraguas para protegerse.
En realidad, a estas horas de la madrugada ya no llueve, por lo cual Ana no precisa de la galantería de ningún amigo. Ni tan siquiera por parte de Manuel para no mojarse, como sí lo necesitó para salir de la parroquía. Con el añadido de que, en esta ocasión, tiene mucho más entre las manos, dado que lleva el ramo consigo, lo cual tampoco pretende que pase inadvertido.

El hecho de que los amigos no los vean salir juntos tampoco es un detalle demasiado relevante. Ya han visto todo lo que tenían que ver y ya nadie se atreve a poner en duda la consistencia de esta pareja. Además, Ana es una chica bastante independiente y organizada, por lo que no necesita tener a su novio pegado a ella en todo momento. Los que ya conocen a Manuel saben que a éste tampoco le va mucho eso de despedirse.

Antes de entrar en el coche, dejó su abrigo y el ramo de novia en el asiento de atrás. El primero le incomodaba para ir en el coche y lo segundo era una responsabilidad que no estaba dispuesta a asumir, que, si había ido a recogerlo, había sido para tener una excusa y evitarse bajar al garaje.

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