Hay una carta para ti

Introducción

En mi anterior entrada sobre la novela “Silencio en tus labios” ( “Hacemos las paces” ), os comentaba que había subido dos nuevos capítulos, (10 y 11) en sus dos versiones. Esta tarde, en vez de avanzar en la historia y publicar en capítulo 12, porque aún queda pendiente un nuevo reencuentro entre los protagonistas, me atrevo a dar un paso atrás y publicar el capítulo 9 para que se pueda entender un poco más lo que está a punto de suceder en la novela, aunque, dado que ya he escrito varias entradas, tampoco le añado nada nuevo e incluso es posible que me repita. Sin embargo, con estas entradas, con este presentar la novela con tantos saltos en el tiempo, hacia delante y hacia atrás, cuando tal vez debiera compartir al menos el primero de los libros, lo que pretendo es dar la relevancia debida tanto a los personajes como a los acontecimientos, casi como si cada vez que leo un párrafo o una línea de lo ya escrito, se tratase de una novela diferente o que tratándose de la misma, quien me escucha no sabe mucho del tema y aún soy capaz de sorprender con un giro en el guion. De todos modos, la novela, como tal, ya está escrita y tan solo precisa de alguna que otra corrección antes de considerar que se merece el punto y final. poco más se le puede añadir, salvo actualizarla en el tiempo porque fue escrita con mentalidad de futuro y el tiempo me ha terminado por ganar en esta carrera

Ana. Silencio en tus labios

Manuel. Silencio en tus labios

Como todo lo acontecido hasta este punto de la historia, se van produciendo saltos en el tiempo de sábado a sábado, dado que aquellos que ya saben algo de la novela entienden que, dado que es Ana quien acude a Toledo, estos encuentros se deben a las convocatorias que se le hacen, aparte de que hayan de compaginarlo con su vida y su trabajo, con el añadido de que Ana se ve condicionada por los problemas de salud y en ocasiones por unos padres un tanto protectores, aunque para ella esto de venir a Toledo de vez de en cuando, de tratar con las amigas, le devuelve la vitalidad, a pesar de que esas visitas no siempre son todo lo agradables que le gustaría, porque en el fondo de ha de enfrentar a sus propias circunstancias, más que escapar de éstas. Lo de sus desencuentros con Manuel son una distracción, algo que no le termina de cuadrar del todo y que mantiene su mente ocupada, aunque sea un tema que prefiera mantener en secreto y sin que tenga mayor importancia. El problema es que Manuel también se distrae y no tiene a nadie mejor ni peor en quien fijar su atención. Sin embargo, en este punto de la novela parece que esta cuestión ya está más o menos resuelta, por lo cual Ana no tiene motivos para inquietarse.

Ana regresa a Toledo con idea de que la vida sigue, que, si necesita un empujón, ahí están sus amigas para dárselo y a lo cual no se siente capaz de negarse. Su vitalidad, en cierto modo, pretende ser como la locomotora que arrastre tras de sí a los demás. Siente que se cuenta con ella, que ha sabido hacerse un sitio en el grupo, ser ella misma y ya no le acompaña la coletilla de ser “la novia de Carlos”. Es tan solo Ana, la chica que viene de otra ciudad en representación de su grupo, cuando no hay nadie más que le acompañe y sin que sus pesadillas la frenen en casa. Es una chica valiente y decidida.

Con esa mentalidad y disposición comienza el día, con el aliciente de que en la reunión de ese sábado, con un poco de suerte se puede volver a casa con un jamón, que no lo hará con las manos vacías. Se acerca la Navidad y ella tiene un millón de planes e ilusiones. con la expectativa de que sean los de Toledo quienes le devuelvan la visita, por lo cual intenta contagiarles su entusiasmo. Que sin saber si aquel día en Toledo estaba o no nublado, con la sola presencia de Ana era como si luciera el sol en todo su esplendor. Aparte que se da a entender que se quedará todo el fin de semana, por lo cual sus amigas serán las primeras que se contagiaran y compartirán con ella esa felicidad.

Todo parece que va sobre perlas hasta que se encuentra cara a cara con Manuel, que es algo así como darse de bruces con la realidad y darse cuenta de que no se puede engañar a sí misma. Esta vez el encuentro se produce de manera causal, tal distantes e indiferentes se muestran el uno con el otro que de manera casi inevitable están condenados a encontrarse, a enfrentar sus mundos y realidades. Ella que se ha planteado unas Navidades llenas de actividades y novedades, mientras Manuel que sigue atado a sus costumbres familiares. Ella que está dispuesta a darlo todo y él se muestra poco dispuesto a renunciar a nada.

¿Para quién será el jamón? ¿Para quien se entrega y compromete sin medida o para quien se frena y reprime por norma? ¿Será Ana quien sorprenda a sus padres al presentarse en casa con algo tan suculento? ¿Será cierto eso de que “desafortunado en el amor, afortunado en el juego? Ana sigue un tanto dolida por eso de que su relación de pareja se ha roto y aún no ha encontrado a nadie con quien de verdad le apetezca intentarlo de nuevo y Manuel va de desplante en desplante. Ella se ha rascado el bolsillo y él parece que tan solo intenta justificarse.

No pensaba escribirte, pero…..

Terminada la reunión con los amigos, los que quedan se van a cenar. Después de haber pasado el dia juntos, lo menos para aquellos que se lo puedan permitir, es apurar hasta última hora y el hecho de que Ana se quede en el ciudad para sus amigas más cercanas es un aliciente, lo que arrastra a los demás. De hecho, sin que se puede librar de ese empuje, Manuel, se siente impulsado a unirse y con ello demostrar un cambio en su mentalidad, que no fuera siempre el primero en desaparecer ni en tomarse tan al pie de la letra lo de “podéis ir en paz”, porque hay gente interesada en disfrutar de su compañía y no tanto de sus ausencias.

Y como entre los que se quedan se pueden formar parejas, de una manera un tanto jocosa, se hace alusión al tema, sin ninguna pretensión y, en todo caso, como una manera de que aquellos que a lo son se sientan reforzados y reciban el respaldo de los demás. En cierto modo es una excusa, una manera de ayudar a aquellos que mantienen su soltería para que den el paso, para que pierdan la timidez si entre los presentes se encuentra alguien de su interés. Lo cual provoca que se mencione lo habido entre Ana y Manuel, como una manera de romper el hielo e incluso de darles ocasión de que ambos se psiciones y dejen clara su postura al respecto.

Si las miradas matasen, Manuel no hubiera salido vivo de ese momento. Sin embargo, Ana prefiere desviar el tiro y poner su atención en otro que ya sabe de antemano no le corresponderá. Pero el caso es que la gente habla de ello. que hay incluso quien vería con buenos ojos que Ana y Manuel se dieran una oportunidad, ninguno de los dos está comprometido con nadie y algún que otro rumor no confirmado se ha escuchado en las conversaciones menos serias.

Esto saca a Ana de sus casillas, la descoloca, porque se da cuenta de que por las buenas no consigue que Manuel ponga su atención en cualquier otra con quien tenga más en común, para así ella no sentirse implicada en sus romances infructuosos y que éste la considere como a las demás, porque no será ella quien se quede con lo que a las demás no les suscita el menor interés. De hecho, si el hecho de que se haya unido al grupo esa tarde es con pretendida expectativa, mejor que se olvide de volver a intentarlo.

Final del capítulo, versión de Ana

Cuando cerré el sobre me quedé con la sensación de que hubiera necesitado de un tercer folio, pero me pareció que tampoco había motivo para que dijese nada más cuando aquella carta suponía un distanciamiento definitivo entre los dos. Después de esto confiaba en que Manuel guardase las distancias conmigo…..

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