¡Que se besen! ¡Que se besen!

26 de octubre de 2003. (Domingo de madrugada)

El día anterior, la secuencia previa termina con nuestra pareja que regresa a la pista de baile, un último baile y se marchan a casa que se les hace tarde. Ya han superado sus discrepancias, han planificado su futuro y han recuperado el ánimo y las ganas de disfrutar de la fiesta, aunque Manuel se haya puesto un poco en evidencia y hecho el ridículo con el asunto del ramo de la novia. No debería haberlo recogido del suelo cuando le cayó a los pies o, en todo caso, si la novia no aceptaba que se lo devolviera, debería haber demostrado un poco más de romanticismo cuando se lo quiso entregar a Ana. Ese “toma” resultaba demasiado frío. Sin embargo, antes que volver a discutir, lo mejor es que se distraigan con otro baile, que se dejen de sentir el centro de atención de todo el mundo, porque ya han frustrado demasiadas expectativas e ilusiones al respecto. Tras los recién casados ellos son la pareja del momento, pero más que de boda da la sensación de que son los convidados de piedra, que saltan chispas y no esa pasión que se les supone.

Cuando nos quisimos dar cuenta de la hora eran más de las tres y media de la madrugada. Seguíamos allí, disfrutábamos de la fiesta y el baile, ajenos a lo tarde que se nos hacía, a pesar de la advertencia que le había hecho a Manuel sobre los planes para nuestras últimas horas juntos.

Ana

Aquel último baile sirvió para que nos relajásemos y olvidásemos de todas las preocupaciones que nos rondaban por la cabeza, de los agobios y de las ocurrencias con más o menos sentido, como la posibilidad de que aquel fuera el primer paso que nos encaminara a nuestra boda.

Manuel

Ana: Dijimos que un baile y nos íbamos.- Le recordé.- Nos despedimos de los novios y nos vamos a dormir.- Le indiqué.- Tú conduces.- Le dije.- Yo, con estos zapatos, no puedo.

Ana

Gente: (A coro) #¡Qué se besen! ¡Qué se besen!

¿Cuántas veces hay que pedirles a los recién casados que se besen? ¿Una, dos? A as tres y media de la madrugada, cuando ya tan solo quedan los amigos, la gente joven. de alguna manera hay que mantener vivo el ambiente y esa es la mejor de las excusas, en cierto modo también para hacer que la velada sea un poco más participativa, sin obviar el hecho de que en alguna ocasión ocasión sea para molestar, porque el día de la bodas es el único en que este tipo de peticiones están permitidas, no se admite una negativa. Los invitados quieren ver cómo aflora el amor, cómo son esas primeras horas de felicidad y hasta cierto punto se caldea el ambiente con la expectativa de lo que llegue a pasa cuando les dejen solos. De manera que si éstos siguen el juego, se muestran cómplices y participes de ello, esa petición por parte de los invitados será reiterativa. La ceremonia suele acabar con el típico “Ya puede besar a la novia”, de manera que mientras dure la fiesta han de haber muchos besos, cada cual más apasionado que el anterior ¡Qué no de caiga la fiesta! Aunque después del tercer o cuarto beso éstos sean un poco más fríos, por compromiso, por no defraudar a la audiencia, a los invitados.

La manera de desviar la atención, de librarse del apuro, de que se tomen un descanso de tanto beso, de tanto acaparar la atención de todo el mundo, es derivar esa petición hacia otras parejas o personas “#¡Qué se besen los padrinos!” “#¡Qué se besen los padres del novio!” “#¡Qué se besen los padres de la novia!” “#¡Qué se besen los consuegros!” “#¡Que se besen los lectores de esta web!” “#¡Que se besen los lectores de la novela!” etc…..

Carlos: (Se acercó a nosotros y nos señaló con el dedo) ¡A éstos, a éstos!- Indicó.

Ana y Manuel

Al principio Ana se resiste, le resulta demasiado comprometido, la petición le pilla un poco por sorpresa y ella ya tiene suficiente con disfrutar del baile con su chico, aparte que ya piensan en marcharse. El instigador de ese beso es Carlos, con quien de todos los presentes tal vez ella pueda decir que tiene más confianza en ese sentido. Fueron novios y ahora han quedado como buenos amigos. Él es el recién casado y ella está en los comienzos de su nueva relación. En cierto modo él ha sido su confidente y hasta cierto punto pretende dejar clara su postura en cuanto al futuro de Ana, aunque ésta se haya mostrado un tanto reservada en lo referente a él porque ya no es un tema que le afecte. En todo caso, ambos quieren la felicidad del otro y durante la velada ha quedado claro que Ana y Manuel no estaban pasando por uno de sus mejores momentos, por lo cual necesitan que alguien les dé un pequeño porque es evidente que son la pareja perfecta.

Ana: Pero es que ya nos marchamos. – Argumenté como excusa.- Nosotros hasta ahora no hemos llegado a tanto. – Justifiqué.

Gente: (A coro) ¡Qué se besen! ¡Qué se besen! – Nos pidieron al unísono.

Ana

Tan solo les queda una vía de escape, ya están bailando juntos, abrazados a compas, sin separar jamás tu cuerpo de mi cuerpo… Lo que la música no les pide, se lo piden sus amigos ” ¡Qué se besen! ¡Qué se besen!” De manera que terminan por ceder. Ya ha resultado un tanto frío y poco romántico el asunto del ramo de novia, – “Manuel que se había dejado la pasión en Toledo” – Pero ahora están allí los dos, uno abrazado al otro, se pueden mirar a los ojos, se lo pueden decir todo con la mirada. Ana está en su ambiente, conoce a sus amigos y sabe que éstos no se van a cansar de pedirles un beso, mientras que Manuel se siente un tanto cohibido, ya que poco antes Ana le ha advertido que tuviera las manos quietas, que no se aprovechase de la situación.

Bueno ¡Qué! ¿Cómo fue el beso?

“Desde la invención del beso ha habido cinco besos que han sido calificados como los más apasionados, los más puros. ¡Éste los superó a todos!” Fin. Y ahora creo que deberías dormir.

La princesa prometida (película)

Si queréis saber cómo es ese beso de novela, leedlo en la novela,

Ya escribí una primera entrada al respecto.

Por supuesto no es el final de la novela. Continuara

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