Bueno, ¿qué habéis decidido?

26 de octubre de 2003. (Mediodía)

Habíamos dejado la novela en el momento de que Manuel y el padre de Ana se han ido a misa mientras que Ana se quedaba en el piso terminando de asearse y poniendo un poco de orden en el dormitorio con el ramo de novia (blog: ¡Eso lo será tu padre!) Ana les ha echado de casa porque le incomoda tanto la presencia de Manuel, el nerviosismo de éste, como e hecho de que el padre monte guardia en el pasillo escoba en mano. Es justo después cuando sigue con la historia, se reúnen en misa. Ana llega con la hora pegada y busca sentarse entre los dos, aunque en un primer momento el padre parece ser quien se siente en medio de la pareja

Photo by Felipe Balduino on Pexels.com

Para ser justa me situé en medio de los dos. Cualquier otro sitio hubiera tenido interpretaciones muy distintas, dado que ni Manuel pretendía separarme de mis padres, ni como tal mis padres se interponían en mi relación con éste.

Ana

¿Quien de los dos es más importante? ¿Quién merece más acaparar su atención y su cariño? ¡Menuda disyuntiva! Hasta este momento de la novela Ana no se ha tenido que enfrentar de manera tan clara a esa disyuntiva, a ese dilema, pero ahora se ha quedado con los dos y está claro que el padre, aunque complaciente con el hecho de que ésta se eche novio, aquí parece que intenta rivalizar, que toda esa buena predisposición demostrada a lo largo del fin de semana, por eso de que la pareja afrontaba un momento delicado de su relación, no generaba ningún conflicto por su parte. El objetivo del padre era que Manuel demostrase y quisera estar a la altura de las expectativas, que si no tiene trabajo, en la gestoria le pueden hacer sitio y por lo tanto darle una excusa para que se mude a la ciudad y las distancias dentro de la pareja dejen de ser un problema. Pero ahora se trata de compartir el banco en la iglesia. Se produce una lucha tácita de titanes, de sentimientos enfrentados Ana opta por zanjar el asunto de raíz al sentarse entre ellos.

Esta pequeña rivalidad no va a terminar aquí, el padre lo seguirá intentando, porque necesita hacerse valer, se ha dado cuenta de que los sentimientos de Ana son firmes y aunque éste no se haya a interponer de manera directa, tiene que dejar claro que es su niña por encima de otras consideraciones, que si Manuel la quiere, como así parece, va a tener que pasar por de él, no de su cadáver, pero sí de su autoridad de padre.

En el momento de darnos la paz, el padre me tendió la mano con firmeza, como si con ese gesto me diera su aprobación a mi relación con Ana y la bienvenida a su casa, que esperaba le considerase más un amigo que una autoridad moral, aunque no por ello se fuera a mostrar menos paternal y protector con Ana

Manuel

A la hora de la Comunión, Ana se levanta con su padre, se suelta de la mano de Manuel, quien en un primer momento se muestra indeciso, ventaja o situación que el padre no desaprovecha. Están en su terreno. Cuando Manuel regresa al banco, se ha de sentar en el extremo, el padre ha conseguido interponerse entre ellos y si Manuel quiere sentarse al lado de Ana ha de pasar por encima de los dos, ante lo cual se ha de resignar.

A la vuelta me encontré con que me habían dejado el extremo del banco para sentarme, que su padre se había intercambiado el sitio conmigo para evitar que tuviera que pasar por encima de ellos, lo que hubiera sido una confianza que no hubiera contado con el agrado del padre, lo que con Ana casi había sido un motivo para demostrarle su cariño y ejercer de padre, pero conmigo prefería evitarse ese tipo de familiaridades.

Manuel

Terminada la misa, el padre se marcha sin dar muchas explicaciones, les deja allí a los dos solos. Parece que su actitud cambia por completo y se muestra del todo confiado, ya no se interpone entre ellos ni adopta una actitud vigilante. Mientras que Ana se queda sentada en actitud orante como ya ha demostrado en ocasiones anteriores y como es lógico Manuel se queda con ella. Como entendieron en la convivencia han de ser capaces de compartir banco. Se quedan allí en silencio, haciendo tiempo, Ana parece que no tiene prisa. son cinco minutos antes de levantarse y salir a a calle.

Como el padre no está en la puerta, prefieren esperarle, no saben dónde ha ido ni si regresará, pero Ana opta por esperar, dado que no llevan ninguna prisa ni tienen a donde ir. Su único compromiso para ese día es que Manuel esté listo cuando los de Toledo le pasen a recoger, pero antes hay tiempo para que coman juntos, para que se relajen.

¿A dónde ha ido el padre? Ana sabe de sus costumbres y por eso se muestra relajada. Ya nos lo ha dicho con anterioridad y el hecho de haberme encontrado esa mañana con la escoba, ha sido la evidencia que le faltaba. El domingo la costumbre es comprar el periódico. Sabemos que el padre es un hombre de negocios y, por lo tanto, alguien a quien le gusta estar informado, al día, de las noticias. En realidad, por la manera en que les habla cuando se reúne con ellos da a entender que ese dejarles solos es con toda intención.

Papá: Bueno ¿qué habéis decidido? – Nos preguntó animado.

Ana

Don José: Bueno ¿qué habéis decidido? – Nos preguntó animado.

Manuel

Ana: ¡Qué nos casamos!- Le respondió de manera jocosa, aunque no fuera ese el motivo de la pregunta ni hubiéramos aludido a ello. 

Ana

Don José: ¡Ya veremos cómo reacciona tu madre ante eso!- Le advirtió en tono serio, aunque se diera cuenta de que bromeaba.- Me refería a dónde queréis comer- Nos aclaró en tono más afable.- Si os apetece, comemos fuera.

Manuel

¡Qué susto! ¡Qué impresión! Es evidente que Ana conoce a su padre y que está de buen humor, que se siente feliz, de manera que no desaprovecha la ocasión para proclamar su amor a los cuatro vientos, da a entender que por encima de los reparos que el padre pueda tener, de los obstáculos que hayan de afrontar, a pesar de que veinticuatro horas antes no demostrase la misma convicción, en este momento se siente obligada a ello, necesitada de conseguir el beneplácito de su padre, más que una romantica y sincera declaración de amor por parte de Manuel, después de que éste durante el banquete de boda se mostrase un tanto reacio.

Manuel: A mí me da lo mismo. – Dijo para que la decisión no dependiera de él.

Ana: ¡Ósea, que no te quieres casar conmigo! – Le recriminé sin perder el buen humor que me embargaba en aquellos momentos. – ¡Vaya un pretendiente me he buscado! – Me lamenté apenada entre risas no reprimidas.

Ana

Ana propone que sea Manuel quien invite a comer, que demuestre su hombría y caballerosidad, que de muestras de estar a la altura de las expectativas, porque ese fin de semana ha estado alojado con todos los gastos pagados y es momento de que se rasque un poco el bolsillo, que haga méritos. Sin embargo, el padre prefiere librarle del compromiso. Están en su ciudad, pero a diferencia de lo que sucede con el coche, el padre prefiere no perder el control de la situación

La comida es un último intento para convencer a Manuel para que acepte el trabajo en la gestoria y esta vez su negativa no es tan firme. Ya no se siente tan coaccionado por las discrepancias con Ana y ésta se muestra mucho más favorable a esa idea. En todo caso, al final todo queda en que se lo pensará. Con Ana ya se ha comprometido a que las visitas, sus encuentros sea cada vez más frecuentes, de manera que mejor no precipitar los acontecimientos.

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