¡Ana tiene novio!

SILENCIO EN TUS LABIOS

Introducción

Es el despertar del domingo de Resurrección, de la convivencia de la Pascua. Y a la Pascua no viene a hacer el tonto. Pero la tarde anterior Ana le dijo a Manuel eso de «Te quiero, tonto, Luego hablamos«, sin que hasta ahora hayan hablado y todos estamos esperando que hablen. que está bien que haya habido besos de chocolate y que Ana no se haya cansado de decirle a Manuel todo lo que siente por éste, pero aún nadie más lo ha escuchado, al menos no hemos sido conscientes de ello porque Ana ha sido demasiado discreta con las confidencias con las amigas y su atención ha estado más en la conversación que tenía pendiente con Carlos, de manera que Manuel se ha sentido un tanto contrariado, y en las últimas horas abandonado por aquella que asegura ser el gran amor de su vida, pero que se ha ido con el primero que se le ha puesto por delante (Es una manera de hablar)

Aclaración

Como siempre aclarar que cualquier parecido con la realidad es intencionado y fruto de mi inventiva, Consciente de que hay cuestiones planteadas desde un punto de vista subjetivo para dar argumento y ambientar la historia, Como tal la novela fue escrita con la única intención de buscarle una explicación lógica a mi manera de entender el mundo. De ahí ese pretendido intento de empatía con ambos personajes, ese doble narrador, con la torpezas de uno y ese pretendido sentido común y visión crítica de la otra.


Alojamiento de las chicas

Este domingo por la mañana los chicos han tomado las guitarras y se han acercado hasta el alojamiento de las chicas para despertarlas, lo cual se de a entender que es una «tradición» en este grupo de amigos, en las actividades de este movimiento juvenil con este carácter religioso, cuando la alegría les impulsa a afianzar esa confianza y afinidad entre todos, en este saltarse las normas, la separación de los alojamientos sin perder la compostura. Ya se puede hacer el tonto.

Chicas en pijama

Ana

Cuando los cánticos llegaron a nuestros oídos, con voces no muy afinadas, todas nos alborotamos un poco. Algunas de las chicas ya habían salido del saco, se aseaban, porque ya era la hora y había que ir a rezar laudes antes del desayuno, mientras que otras nos sentíamos mucho más perezosas y dormidas. 

Ana. 20 de abril. Despertar

Los chicos llegan a la casa, consiguen pasar de la puerta y se encuentran a las chicas un tanto desprevenidas, al menos es la impresión que éstas pretender dar, para demostrar un mínimo de complicidad con éstos. En realidad después es cada una la que decide cómo quiere que sea ese recibimiento de bienvenida.

Yo fui de las que se quedaron en el saco, superé ese primer impulso de levantarme. Estaba indecisa. No sabía si levantarme y recibirles con toda naturalidad, como si aquella mañana no tuviera nada de especial para mí o quedarme dentro del saco para que Manuel no me viera en pijama, posibilidad ésta que me causaba un poco de vergüenza. Como mis amigas aún no sabían que ya habíamos superado nuestras diferencias, pensé que quizá se asustarían un poco, si me veían en actitud tan confiada con aquel de quien no siempre había tenido tan buena opinión. En el saco me sentía segura, como si me escondiera, aunque mis ojos estuvieran todo el tiempo pendientes de la puerta en espera de que Manuel se asomase, porque confiaba en que no se quedaría en la puerta de la casa ni se asustaría ante la expectativa de la invasión del alojamiento de las chicas, ya que, en principio, no nos comeríamos a nadie y ninguna se tomaría a mal la visita, siempre y cuando ellos se comportaran y nos respetaran.

Ana. 20 de abril. Despertar

Desde el saco, escuché las conversaciones y los cánticos provenientes del pasillo. Mantenía los cinco sentidos puestos en la puerta, a la espera de que ésta se abriera y algunos de los chicos se asomaran por ella, si es que las chicas que ya se habían levantado no les podían muchos reparos, dado que, a pesar del buen clima de fraternidad que imperaba, tal vez hubiera quien pensara que aquellas que no nos habíamos levantado nos escondíamos de los chicos por pudor o vergüenza y era mejor que se respetase nuestra intimidad. Supongo que, en cierto modo, así era.

Ana. 20 de abril. Despertar

Después de una espera de no menos de diez minutos que a mí se me hizo interminable y que puso bastante nerviosas a todas las chicas que aún quedábamos en la habitación, por fin la puerta se abrió de par en par y por ésta se asomaron algunos de los chicos, que se encontraron con nuestra cara de felicidad por la visita y de vergüenza por las condiciones en que nos encontrábamos, pero la que más o la que menos ya había procurado que la situación no resultase incómoda ni comprometida para nadie. Entre las caras y cabezas que distinguí, en segunda fila descubrí a Manuel, quien no reprimió una mirada de cierta complicidad y picardía conmigo. Sentí que toda su atención se centraba en mí, que a su manera buscaba mi reacción por el hecho de que él se encontrase allí, como si temiera que ello me molestara, porque invadía mi intimidad cuando no tenía aún tan claro que hubiera algo que compartir conmigo. Ante aquellas miradas intenté mostrarme tranquila, aunque no lo estuviera, dado que para mí aquel momento y situación eran igual de relevantes. En cierto modo, me sentí aliviada cuando comprendí que no buscaba ningún protagonismo, que no le había hablado a nadie de lo nuestro y temía que su actitud resultase tan inoportuna como siempre para más de una.   

Ana. 20 de abril. Despertar

Manuel

Ana fue una de las que aún estaba metida en el saco y a la que contemplé desde la puerta de la habitación, lo que, en todo caso, para mí suponía una novedad encontrarla tan natural una mañana en la que aún no tenía claro si lo sucedido durante la noche había sido en serio o la llegada de Carlos había alterado sus planes y sentimientos.

Manuel. 20 de abril. Despertar de Ana

El gesto de su cara para mí fue de lo más evidente. Ella tomaba plena conciencia de la relevancia de aquella situación y, en cierto modo, se sintió avergonzada, invadida en su intimidad; se me daba la oportunidad de verla en pijama antes de haber escuchado una respuesta a sus palabras de amor. 

Manuel. 20 de abril. Despertar de Ana

Carlos se va de la lengua

En medio de aquella tensión, cuando ya pensaba que nadie aludiría a ello, que lo sucedido aquella noche había pasado desapercibido para todo el mundo, fue Carlos quien habló más de la cuenta, pero con la discreción que le caracterizaba, como si sintiera que sobre él recaían todas las miradas y de aquel modo desmentía cualquier rumor sobre que él y yo volvíamos a estar juntos o algo así. Él no había acudido a la pascua por mí, sino para estar con la gente de la parroquia, del Movimiento.

Ana. 20 de abril. Despertar

Fue Carlos, quien se aprovechó que estábamos allí, sin que nadie le preguntase, confesó con cierta jocosidad que su intención había sido reanudar su relación con Ana, pero ésta le había dejado claro que entre ellos no había nada porque ya estaba con otro chico, sin mencionar su nombre.

Manuel. 20 de abril. Despertar de Ana

¿Lo has escuchado bien? ¿Le pedimos a Carlos que nos reitere lo que acaba de desvelar? Para aquellos que siguen la novela y las entradas que voy añadiendo según la publico, la noticia de esta mañana del domingo 20 de abril, es:

¡Ana tiene novio!

¡Sí, como lo oyes! Carlos se ha va de la lengua para aclarar que entre Ana y él, ya no hay nada, que él está feliz con novia y no tiene pensado romper con esa relación ni volver la vista atrás , que lo suyo en en serio y está muy asentado, aunque ést ano le haya acompañado en ésta ocasión. Sin embargo, tampoco ha querido decir el nombre del afortunado.

Al final va a ser verdad que lo de la charla sobre la Vigilia Pascual, con ese trasfondo romántico, escondía lo que para todos resaltaba a simple vista: «¡Ana está enamorada!». Pero no es que esté «enamorada» con minúscula y para el cuello de su pijama.

«¡ANA ESTÁ ENAMORADA!»

¡Alguno, que ya se había ilusionado con que la historia entre Manuel y ella terminara con un final feliz, se va a llevar un chasco de los gordos!

Bueno, confiesa, ¿Tú sabes quién puede ser el afortunado?

El caso es que no se cortó un pelo y le contó a todo el mundo que yo ya tenía novio, que no era la chica soltera que todos suponían y fue como si con ello insinuara que el afortunado se encontraba entre los presentes, sin más detalles ni aclaraciones.

Ana, 20 de abril. Despertar

A las chicas les falta tiempo para escuchar la noticia y agarrar las escobas para echar a los chicos de la casa, del alojamiento de las chicas.

«¡Fuera, cotillas! ¡Hale, idos con la música a otra parte!» Fuss, fuss, sape, sape. ¡Aire!

Lo de las «gadgets amigas» ya no es tan solo para Manuel, sino para todo el que no haya pasado la noche en esa casa, porque tampoco es cuestión de ponerse mirar lo que cada cual esconde en los pantalones.

Si no has dormido allí te vas a la calle, aunque seas la más femenina y más mujer de todas las chicas.

En la casa hay una chica que tiene un secreto, que tiene un nuevo amor y no necesita que le anden rondando como moscas a la miel.

  • ¡Que éste, ese y aquel ya tienen novia entre las presentes y éstas se pueden tomar a mal el desplante!
  • Carlos es su ex y se ha descartado por sí solo.
  • Luego están estos tres que es poco probable que se les pueda tener en cuenta
  • y, por último, está Manuel, quien, con sus absurdos afanes de conquistador, no merece ni que se le tenga en consideración. Ana ya le ha debido decir que es mejor que se olvide de ella; que, si se ha mostrado un poco más afable con él, es porque ella tiene un corazón de oro y se lleva bien con todo el mundo, siempre que no le saquen de sus casillas. Lo cual Manuel ya ha sufrido en propias carnes, de modo que ¡aire como a todos!

Sin chicos en la casa

Y ahora que los chicos se han ido:

«Ana, venga, cuéntanos, quién es el afortunado, ¿le conocemos?«

Sin embargo, no hay tiempo para confidencias ni cotilleos de chicas ni entre chicas. Aparte que ella es un tanto discreta con sus asuntos personales y ya el día anterior, a la hora de planificar lo del «Camino de Emaús», se puso en evidencia.

Eso de que ninguna nombrara a Manuel debía significar algo, aunque el muy tonto debería haber participado en esa reunión y entendido que tampoco era muy recomendable que se nombrase a Ana, ¡y menos aún la segunda! porque era la dirigente y quién tenía que controlar que todo se desarrollara con normalidad.

Eso de nombrar a «Ana» le salió de una manera tan natural, tan convincente, que si no hubiera sido porque ella prefirió marcharse, se contuvo, le hubiera dado una buena bofetada por tonto. ¡¿A quién se le ocurre?!

El caso es que ahora no hay tiempo que perder. Han de vestirse para el rezo de laudes, desayunar y terminar de recoger porque han de marcharse al otro pueblo, donde les esperan.

Pero, por si acaso Ana tiene ganas de hablar con sus amigas, porque se muere de ganas de gritar a los cuatro vientos el nombre de su amado para que éste la escuche, ahora que los chicos se han ido, intentemos que se sincere que nosotras también somos «sus amigas»:

«Ana, venga, cuéntanos, ¿quién es el afortunado? ¿le conocemos? ¿Es uno de los chicos del otro pueblo? ¿Por eso tienes tanta prisa porque nos marchemos?«

Y si ella calla, nosotros no podemos reprimir el alegrarnos por ella: ¡Ana tiene novio! ¡Ana tiene novio! (Se dice con cierto retintín y sin reprimir la alegría)

20 de abril por la mañana

Versión de Ana

Versión de Manuel