La tradición del candado

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en página aparte)

Introducción

Ya hemos estado por aquí en alguna ocasión, la última vez cuando visitamos la plaza de Amador de los Ríos (Agua que no has de beber), pero esta vez seremos un poco más curiosos. Pero ya que estos días andamos por la calle Nuncio Viejo (El viejo y los locos) y Hombre de Palo (De tal palo, tal calle), que se trata de darnos cuenta de lo cerca que se encuentra todo en Toledo, lo justo es que nos acerquemos, que nos adentremos en este callejn sin salida

Toledo, la única ciudad que aparece en Las mil y una noches, es mucho más que lo que se ve.

Cuenta Abdelhakem en el siglo IX:

Había en España una casa cerrada con muchos cerrojos, y cada rey le aumentaba uno, hasta el tiempo de don Rodrigo. Éste no quiso añadir otro cerrojo, sino entrar en el palacio encantado. Allí encontró figuras de árabes, con esta letra:

“Cuando el palacio se abriere, entrarán en España los que aquí están figurados”.

Candado antiguo. Imagen con carácter ilustrativo

Calle San Gines

Calle y callejón de San Ginés. Ambas con medidas de callejón toman el nombre de la «mezquita» de San Ginés, después iglesia de San Ginés, ambas hoy desaparecidas, que se encontraban en el entorno de lo que hoy conocemos como Cuevas de Hércules, espacio estudiado y conservado por el Consorcio de Toledo. Para más información:

Calle de San Ginés

Calle San Gines desde la calle de Granada

Callejón de San Ginés

Callejón de San Gines
Recodo del callejón de San Gines
Final del callejón de San Gines

Calle de la Granada

Calle con hechuras de callejón que va de la calle del Nuncio Viejo a la calle de San Ginés, otra con hechuras más estrechas. Su nombre puede provenir o no de una granada tallada en uno de los esquinazos de la calle. ¿Hace referencia a la conquista de Granada en 1492 por parte de Isabel y Fernando? La casa más importante de esta calle y que incluye la talla en forma de granada mencionada, podría haber sido el palacio que los marqueses de Terán poseían en Toledo durante el siglo XVIII.

Restos de la mezquita/iglesia de San Ginés

Callejón de San Gines, Cuevas de Hércules y restos de la iglesia de San Ginés (2014) . sentido de subida
Callejón de San Gines, Cuevas de Hércules y restos de la iglesia de San Ginés (2014) Sentido de bajada

La base de éste espacio se compone de una serie de estructuras romanas, que se prolongan bajo los solares vecinos, y que son las que se conocen como “Cuevas de Hércules”, nombre por el que es más conocido.

Siempre se creyó que sobre las mismas se erigió en época Visigoda una iglesia, ya que en el muro de cierre de éste solar hacia la calle San Ginés se localiza uno de los mayores conjuntos de restos visigodos reutilizados de Toledo; sin embargo, éste muro es posterior, como veremos, por lo que estos restos son reutilizados (además tenemos más en la cercana iglesia de Santa Justa). Esto vendría a indicar que en la zona sí debió existir un templo en dicha época, pero su situación nos es desconocida, ya que en la intervención arqueológica no se localizaron restos de época visigoda.

Muro exterior

Si tenemos documentación en 1148 que habla sobre el barrio de San Ginés, y en 1156 específicamente sobre la Iglesia de San Ginés. La misma no figura entre las iglesias Mozárabes de la ciudad (las que se mantuvieron como tales durante la dominación musulmana). Ésta iglesia pasó por distintas vicisitudes a lo largo de su historia, ampliándose en distintos momentos, quedando en distintas otras ocasiones sin culto, hasta que es definitivamente demolida en 1841.

Arranque de la arquería

Si conviene señalar que, desde Hurtado en 1576, que indica que la iglesia recuerda a la Ermita de la Luz (Cristo de la Luz), a Pisa en 1605, varios estudiosos valoraron que el origen de ésta iglesia era una Mezquita.

Muro exterior

Inicialmente se localizaba en el solar, sobre los restos romanos, una Mezquita cuya fachada muestra tres grandes arcos. Esto daría una planta de 3×3 arcos, siendo igual a las mezquitas del Cristo de la Luz y de Tornerías. Éste tipo de mezquitas, llamadas de 9 cúpulas, se sitúan en la ciudad en torno a los siglos X-XI.

Muro exterior, dintel de la ventana

Posiblemente tras la toma de Toledo en 1085, dicha mezquita se transformaría en Iglesia de tipo Mudéjar, pero sin demoler sus estructuras originales, si no integrándolas, como en el Cristo de la Luz. Se realizó un cierre hacia la calle de San Ginés y, posiblemente, hacia propiedades colindantes, y se le añadiría una cabecera.

Posteriormente la iglesia fue adquiriendo, a través a veces de donaciones particulares como la de los Rojas, propiedades colindantes para levantar nuevas capillas, la torre, la sacristía y un pequeño patio que funcionó también como cementerio, ampliando su tamaño, pero siendo el cuerpo de la mezquita el núcleo principal.

Tras distintos momentos en los que la iglesia quedó sin culto, sobretodo a partir del siglo XVII, la misma se fue degradando y arruinando hasta que en 1841 se decreta su demolición, dejando tan sólo los cierres perimetrales y estructuras como la Sacristía sobre la que existían unas viviendas particulares.

Actualmente se conserva un arco de herradura en el espacio de San Ginés. El mismo da acceso al lugar donde se localizaba la Sacristía. Debemos indicar que éste arco es FALSO! Se corresponde con la rotura de un muro de ladrillo, posiblemente del siglo XV (se puede observar la rotura del muro en el intradós- la parte interna- del arco, donde se ve el paramento de ladrillo roto y sin acabar), mientras que el arco está realizado con una fina capa de mortero o cemento, sobre el que se simuló el paramento de ladrillo. Es decir, es un trampantojo, pero quizá quien lo hizo si había visto la arquería original!

Las cuevas de Hércules

Las “Cuevas de Hércules” rodeadas de misterios y leyendas, resumen, en cierto modo, la tradición “subterránea” de Toledo. La tradición dice que este lugar fue labrado por Tubal o Hércules el Egipcio y sería la cátedra secreta desde la que el propio Hércules enseñaba las ciencias ocultas. Se decía que en esas cuevas había figuras o pinturas escondidas antes de la llegada de los árabes, cuyo desvelamiento acarrearía grandes males.

Se denomina cueva de Hércules a unos espacios subterráneos abovedados de época romana situados, que se localizan fundamentalmente en el número 2 y en el número 3 del callejón de San Ginés, bajo un inmueble que ocupa el solar de la que fue iglesia de San Ginés hasta 1841.

El solar que alberga las llamadas Cuevas de Hércules (callejón de San Gines, 3) presenta una rica historia arquitectónica, en cuanto ha sido ocupado por distintos edificios a lo largo de la historia: en época romana se había construido aquí un depósito de agua para el abastecimiento de la ciudad, que formaba parte de la red hidráulica romana de Toletum. Posteriormente, ya en época visigoda, parece que sobre el depósito de agua se levantó un templo cristiano. Después una mezquita. Más tarde, probablemente en el siglo XII, un nuevo templo se construyó en el mismo lugar, dedicado a San Ginés, sede de la parroquia homónima.
Con respecto a la cisterna romana (depósito de agua) se han obtenido nuevos e interesantes datos. La investigación ha podido constatar que el depósito fue construido en torno a la segunda mitad del siglo I d.C. con forma rectangular, de 6,00 m. de ancho por al menos 11,50 m. de largo y 4,00 de alto. Estaba realizado con pequeñas piedras cogidas con una fuerte mezcla de cal yeso y arena (opus caementicium) y revestido en su interior con un cemento hidráulico especial (opus signinum). Presentaba el aspecto de un gran tanque a cielo abierto con un rebosadero en el borde, se conserva la primera mitad del muro, que da al callejón de San Ginés, realizada en opus caementicium y revestido de opus signinum.

Este espacio, que se utilizó en época romana como depósito de abastecimiento hidráulico, se encuentra en la esquina este del patio actual y se realizó en dos fases constructivas en el periodo romano. Está cubierto con bóveda de cañón, realizada en sillarejo.

La estructura fue profundamente alterada con la construcción de una arcada de tres arcos de sillares, en el lado suroeste, que divide la primitiva nave en dos (de la que se duda si pertenece a la primera o a la segunda fase constructiva) y que actualmente la separa de la otra mitad del depósito, la perteneciente al n.º 2 de la calle de San Ginés.

La segunda mitad del muro nordeste que da a la calle, es la realizada en la segunda fase romana; se construyó un paramento, en opus quadratum de siete hiladas de sillares de variado tamaño, que se adosa al muro lateral nordeste de la estructura hidráulica de la primera fase, y que va a ir aumentando progresivamente su tamaño del noroeste al sureste creando una nueva línea de orientación al muro, que será la que genere la planta trapecial que tendrá la nave. En este espacio, se observan a lo largo de toda la superficie diversas interfaces de ruptura.

En época visigoda es muy probable que existiera una iglesia visigoda.

En el periodo islámico, se desarrollan construcciones, probablemente una mezquita, en cuyos muros se van a ir empotrando restos de relieves visigodos, esta mezquita seguiría una estructura similar a otras de la ciudad, siendo un pequeño oratorio con planta prácticamente cuadrada, cuatro columnas interiores y nueve bóvedas o cúpulas.

Las primeras referencias a este inmueble como iglesia de San Ginés proceden de 1148. A finales de esta época bajomedieval, o comienzos de la edad moderna, se realizan una serie de intervenciones constructivas y reformas en esta iglesia, como la creación de cinco capillas particulares.

El edificio se va deteriorando, durante un prolongado período de la época moderna. Abandonada y cerrada al público durante el siglo xviii, la iglesia es demolida en 1841; conservándose de ésta parcialmente el muro de la entrada, donde aparecen empotrados varios relieves visigodos, y en el interior restos de la sacristía. El solar fue puesto a la venta y se parceló entre varios vecinos, afectando esta parcelación también a las bóvedas romanas sobre las que se levantan viviendas.

Cuevas de Hércules. Interior del edificio

Se accede a las Cuevas a través de un espacio amplio de estructura de metal y vidrio que alberga el Museo de las Cuevas de Hércules, donde se puede contemplar exposiciones de artistas contemporáneos, organizados por el Consorcio de Toledo.​

Hoy en día las salas superiores son un espacio para exposiciones y ciertos eventos y el subterráneo se encuentra recuperado para las visitas turísticas. A La Cueva de Hércules de Toledo se baja por una angosta escalera de caracol no apta para claustrofóbicos.

En la parte inferior no hay mucho espacio disponible. Unos grandes espejos dan sensación de amplitud al espacio, tapando los muros que separan este espacio de la otra parte de la cisterna, que no ha sido recuperada y pertenece a una finca contigua.

Cuevas en la actualidad

En uno de los muros dotados de grandes sillares de granito aún se puede observar el agujero que los exploradores del sigo XVI dejaron al retirar algunos de estos sillares buscando el acceso a las galerías mencionadas en las leyendas.

Además hay otros subterráneos en las cercanías, como los de la casa Navarro Ledesma, 1, y los de Hacienda. Bien pudiera ser que todos estos subterráneos fueran refugios iberorromanos, constituyendo una especie de ciudad refugio comunicada por pasadizos. La tradición de las pinturas escondidas podría referirse a que las cuevas se usaron como templo pagano en el que estatuas paganas siguieran recibiendo culto secreto después de ser oficial el cristianismo en Toledo; las estatuas estarían escondidas para protegerlas de la ola iconoclasta que seguramente patrocinó el cristianismo, ya que no se han encontrado apenas estatuas romanas en la ciudad. Posteriormente, podrían haber sido utilizadas como refugio por los cristianos perseguidos por los árabes y, luego, por los árabes y judíos perseguidos por los cristianos. Las últimas excavaciones han demostrado por fin que realmente estas cuevas formaban parte de las cisternas del abastecimiento romano de Toledo.

La leyenda de Hércules

Según la leyenda, en los tiempos del mitológico rey Túbal, nieto de Noé y fundador de la primera monarquía española, el héroe Hércules llegó al peñón toledano y con las manos excavó una enorme cueva y allí edificó un magnífico palacio de mármol y jade donde instruir a los iniciados en el arte de la magia, la adivinación y la alquimia.

Así nació la Escuela de Nigromantes de Toledo, en la que se alcanzaron los niveles más altos del conocimiento; desde la cátedra secreta de ese palacio encantado, Hércules enseñaba a los elegidos las ciencias ocultas.

El héroe dejó ordenado que nadie entrara en la caverna, pues en su interior se hallaban fuerzas malignas y abrir su puerta acarrearía un gran desastre.

Ningún mortal debía penetrar en ella.

Durante muchas generaciones, cada uno de los sucesivos reyes de Toledo añadió un candado a la puerta de la gruta.

La primera mención a las Cuevas de Hércules se encuentra en los escritos árabes:

Cuando la puerta contaba con 24 candados, comenzó a reinar don Rodrigo.

De este rey Don Rodrigo escriben los cronistas que hizo abrir la Cueva de Hércules, que otros llaman palacio o torre, espoleado por las grandes y fuertes cerraduras que tenía.

En vez de continuar la tradición, quiso entrar en el palacio, buscar el tesoro, conocer el misterio. Traicionó la promesa ancestral, rompió el precinto sagrado, provocó el maleficio.

Hizo saltar los candados. Abrió la puerta.

Corría el año 711.

Rodrigo deseaba conocer el enigma allí encerrado y respetado por los reyes anteriores a él.

A la entrada del subterráneo, escrito en la pared, había un aviso:

“Vuelve por donde vienes, donde ahora vas está la muerte”.

Don Rodrigo no se amedrentó. Avanzó por las galerías.

En una sala roja, sobre una mesa encontró una arqueta.

Creyó haber dado con el secreto de la caverna.

Abrió el cofre, y en su interior halló una tela blanca con pinturas de jinetes árabes armados

y una inscripción que decía:

“Cuando este paño fuere extendido y aparecieren estas figuras, hombres que andarán así vestidos conquistarán Hispania y serán de ella señores”.

Una fuerza sobrenatural incendió el palacio, que se desmoronó con gran ruido.

Don Rodrigo y sus hombres consiguieron salir con dificultades y el rey hizo jurar a los suyos

que no contarían a nadie lo ocurrido.

Don Rodrigo se arrepintió de su atrevimiento, pero ya era demasiado tarde: Se había desatado la maldición que iba a destruir el Reino.

El último rey godo, con su osadía, condujo a su país a la ruina.

Llegó junio del año 711 y la profecía se cumplió: miles de guerreros cruzaron el Estrecho de Gibraltar y derrotaron a los visigodos.

Don Rodrigo murió en la batalla de Guadalete, en Cádiz.

En octubre los árabes entraron en Toledo.

Los detalles de la profanación de la Cueva por don Rodrigo fueron recogidos por muchos cronistas, dando cada cual su versión de lo ocurrido.

En los últimos años, buscadores de tesoros investigan por las cuevas y subterráneos de Toledo, dando por hecho que el verdadero tesoro de los reyes visigodos nunca fue encontrado ni abandonó la capital.

Leyenda de Rodrigo o la torre encantada

Esta cueva posee vinculada a ella otra tradición importante, referida al último rey godo, don Rodrigo, y la caída de España en manos árabes (La Cava). Estas cuevas eran el recinto misterioso cuyo ingreso estaba prohibido a los mortales y cuyo desvelamiento acarrearía grandes males. El rey don Rodrigo se atreve a entrar y con ello arrastra a la ruina a su país, que se verá invadido por los árabes. Esta tradición la recoge un personaje tan pintoresco y ajeno a Toledo como es el Marqués de Sade. En sus Crímenes del Amor recoge un cuento alegórico que titula “Rodrigo o la torre encantada”, en la que el divino marqués da su versión libre y fantaseada, pero bellísima:

“Mientras el peligro aumenta, el desgraciado monarca está en vísperas de ser echado del trono; se acuerda entonces de un monumento antiguo que hay por los alrededores de Toledo, el que llaman la Torre Encantada; la opinión vulgar cree que está llena de tesoros; el príncipe corre a ella con el propósito de aprehenderlos; pero no es posible entrar en el tenebroso reducto. Una puerta de hierro provista de mil cerraduras le impide tan bien el paso, que ningún mortal ha podido todavía penetrar en ella. En lo alto de esta puerta terrible se lee en caracteres griegos: No te acerques si temes a la muerte. Rodrigo no se asusta por esto: se trata de sus Estados, toda esperanza de encontrar fondos está perdida absolutamente: manda romper las puertas y sigue adelante.”

El Rey, tras cruzar varias salas con las más horrendas y dantescas visiones, penetrará en los mismísimos infiernos, donde habrá de seguir su búsqueda por lagos inflamados y ríos de fuego, volcanes sangrientos, llanuras gélidas pobladas de gigantes…, hasta obtener por fin el tesoro apetecido. Pero los árabes ya están invadiendo todo su reino y un guerrero lo abate, que resulta ser “Florinda la Cava”.

Tan fuerte era la creencia, al acabar la Edad Media, en las cosas infernales que sucedían en los subterráneos toledanos y los monstruos que los habitaban, que el cardenal Silíceo mandó practicar un reconocimiento en las Cuevas de Hércules en 1546. Los exploradores se internaron con antorchas en los subterráneos de San Ginés; pero aparecieron demacrados y contando tan terribles historias que la extraña cueva se tapió; este suceso fue registrado en los anales toledanos. Hasta 1839 no se intentó otro reconocimiento de la cueva, a raíz de la demolición de la iglesia de San Ginés. El vizconde de Palazuelos dice en su “Guía”, escrita en 1890:

«Una vez en el solar, vimos en el suelo, a la izquierda, un cuadrado boquete, ingreso de la cueva, recinto casi lleno actualmente de escombros que no impiden, sin embargo la entrada, ni hacerse cargo de lo que queda descrito. Formada por bóvedas de piedras paralelas y, semicirculares de indudable fabricación romana, unidas por arcos prácticamente cerrados. En los extremos de la estancia hay ciertos boquetes o puertas tapiadas que, sin duda, comunican con alguna bóveda inmediata.”

Al-Homaidi escribe:

Desoyendo las instancias de sus consejeros, marchó Rodrigo hacia el palacio cuya puerta tenía muchos candados, mandó quitarlos y cuando la puerta se abrió vio una mesa de oro y plata, guarnecida de piedras preciosas, sobre la cual se leía la inscripción siguiente:

“Esta es la mesa de Salomón, hijo de David”.

Otro objeto vio en otro departamento del palacio, también provisto de un candado que abrió Rodrigo; y encontró allí una urna, y dentro de ella un rollo de pergamino y una pintura que representaba a jinetes árabes que portaban cimitarras y lanzas.

Rodrigo mandó desenrollar el pergamino, y leyó la siguiente inscripción:

“Cuando este edificio se abra, el pueblo que está pintado en esta urna invadirá España,

derribará el trono de los reyes y someterá todo el país”.

Cuando Rodrigo leyó este pronóstico fatal, se arrepintió de lo que había hecho.

La mesa del rey Salomón

Cuentan que en las Cuevas de Hércules está escondida la Mesa de Salomón, que inicialmente estuvo en el Templo de Jerusalén y que, tras numerosos avatares, llegó a España y desapareció tras la invasión árabe.

En su tablero el rey Salomón escribió todo el conocimiento del Universo, la fórmula de la Creación y el nombre verdadero de Dios: el Shem Shemaforash, que, según la tradición cabalística, sólo debe pronunciarse para provocar el acto de crear.

La Mesa permitía ver el pasado y el futuro y daba a su propietario el conocimiento absoluto, ya que pronunciar el nombre de Dios significa abarcar toda su Creación.

Sigue habiendo quien la busca, pero, según la leyenda, el día en que sea encontrada el fin del mundo estará próximo.

Se cree también que esa Tabla, descrita en textos hispano-árabes, pudo ser la “Tabula Smaragdina”, atribuida a Hermes Trismegisto, la Mesa de Esmeralda del hermetismo alquimista que da título a uno de los textos de Hermes.

Dicen que la Mesa está custodiada por los Nephilim, titanes mencionados en el Antiguo Testamento, seres angélicos o demoníacos, hijos de los hijos de Dios y las mujeres.

Dicen también que la Mesa está custodiada por dos estatuas mecánicas, de metal, construidas para guardar la Cueva.

Dos gigantes de brillantes ojos rojos con grandes mazas de hierro, articulados con ingeniería y energía desconocidas.

Buscadores de la mesa de Salomón

Vaya por adelantado decir que nos alegra que no la encontrasen. Lo único es que pusieron a Toledo en el lugar que le corresponde en el mapa y en la Historia

Eva Perón hizo una visita a toledo para ver si ella podía hallar la cueva de Hércules y la mesa de Salomón, información que le dio´hitler en su residencia en argentina, en el pueblo de mendoza ,la dijo que allí tenía que hallarse la cueva de Hércules y la mesa de Salomón.

En 1941 fue a Toledo el jefe de la SS y de los campos de exterminios de judíos Heinrich Himmler a ver si el podia hallar la cueva de hercules y la mesa de Salomón, que los videntes y ocultistas en el castillo de la ss en Wewelsburg, Paderborn ,alemania, información que le habían dado a himmler y estos le habían dicho que se debería de hallar en la ciudad de Toledo, España ,los informadores de Himmler y de Hitler, y del vaticano , los satanistas de la secta satánica Thule, en el castillo de wewelsburg .

La verdad del mundo

Últimas investigaciones

En la actualidad, se puede descender a esta cueva gracias a la labor realizada por el equipo de Arqueólogos del Consorcio Ciudad de Toledo y el Ayuntamiento. Allí podrá observar los intentos de perforación que durante estas “visitas” se hicieron para descubrir hasta dónde llegaba la supuesta cueva. En enero de 2010 la cueva ha sido reabierta, con una nueva restauración para el disfrute de toledanos y turistas.

Pese a que es cierto que fue a esa ubicación donde descendieron los bragados enviados por el Cardenal Silíceo que más tarde morirían, estudios más rigurosos basados en antiguos escritos no ubican las cuevas de Hércules dentro de Toledo, sino que sitúan allí la entrada (que se encuentra desaparecida), mientras que las cuevas se encontrarían en las afueras de la ciudad.

La tradición popular cuenta que, durante la Guerra Civil, muchas personas huyeron a través de esas cuevas desde Toledo, saliendo a través de una bóveda hundida cerca de la vecina población de Mocejón.

Allí, existen unas enigmáticas cuevas construidas por el hombre y datadas en el 4000 a. C. a las que se accede a través de la bóveda derruida, desde la que se llega a una planta tan grande como la Catedral de Toledo, laberíntica, con salas de reunión, mesas donde se supone han realizado sacrificios, etc. Desde esta planta se pasa a otras salas y a otras galerías que se orientan hacia Toledo, pero que 100 metros más adelante se encuentran cegadas por el paso de los años.

Lamentablemente, las cuevas se encuentran en una finca privada y en un estado de conservación deplorable y peligrosísimo (en todo ese cerro se observan hundimientos y accesos adicionales a galerías cegadas). Esto, especialmente que no se trate de patrimonio nacional, ha impedido realizar una investigación oficial.

Web de referencia