Madre y futura suegra

Introducción

Nuestra pareja de enamorados (Manuel y Ana), de protagonistas de esta historia con dos versiones, tras el reencuentro en el portal, la conversación para aclarar su presente y futuro como pareja, ha subido subido en el ascensor hasta el piso de Ana y al salir se han topado con que la madre de Ana les esperaba en la puerta.

Las presentaciones, dado que para Manuel esta es la primera ocasión en que se ve cara a cara con la madre de Ana se resume en esta frase incluida en ambas versiones de la novela:

Como remate de mi inquietud, Ana le dijo: “¡Mamá, me he encontrado a este tonto ahí abajo!”.

Manuel. Silencio en tus labios, 25 de julio 2003 (4)

La madre de Ana

Como ya he comentado en entradas anteriores, la figura de este personaje, Victoria, la madre de Ana, está basado en estereotipos típico de las suegras y no todos demasiado favorables, hasta el punto de que se puede llegar a considerar que es «la mala de la película«, entendiendo que en su modo de actuar tan solo hay un lógico instinto de protección. Antes que suegra, es madre. No hay como tal una maldad premeditada ni especifica.

Victoria, la madre de Ana // Copilot designer

Manuel. Silencio en tus labios, 25 de julio 2003 (4)

La contestación de su madre me pareció más apropiada: “Buenas tardes, Manuel. Soy la madre de Ana. Encantada”. Y me tendió la mano de manera cordial para saludarme, a lo que correspondí con la misma cordialidad. 

Ana. Silencio en tus labios. 25 de julio, 2003 (4)

La verdad es que Manuel tampoco iba tan mal, quizá demasiado natural e informal, para una primera presentación en mi casa; aquellos vaqueros y aquella camiseta desentonaban un poco, pero, si se hubiera presentado allí vestido como si acudiera a una entrevista de trabajo tampoco, creo que la situación hubiera mejorado demasiado porque mi madre le habría sabido encontrar algún defecto. Así, al menos, se quedaba con la tranquilidad de que Manuel tampoco había llegado hasta allí con idea de impresionar a nadie.

A solas con «la suegra»

Mi madre me había prometido no ser demasiado intransigente con sus primeras valoraciones ni trato con Manuel, por lo que me planteé con cierta tranquilidad el hecho de que se quedasen solos en el comedor, aunque en el fondo temía que fuesen a saltar chispas porque ésta no dejaba de tener a Carlos idealizado y por debajo de éste no parecía que ningún otro chico le gustase para mí. 

Ana, que ha tenido a Manuel agarrado a su mano desde que se encontraron en el portal, ahora le deja solo y desamparado ante la conversación y los juicios de su madre, quien ha tenido tiempo que mentalizarse de este encuentro, aunque par Manuel todo esto resulte del todo improvisado, inesperado y sobre todo comprometido.

Él ha ido hasta allí con el objetivo de reconquistar el corazón de Ana, tras una separación de tres meses por causa de las distancias entre sus ciudades y el desencuentro provocado con una cita fallida organizada por Ana, a la que éste rehusó acudir por tener otro compromiso en esas fechas.

Manuel (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Se quedan en el salón a la espera de que Ana termine de arreglarse, porque les ha dejado solos sin dar muchas explicaciones. Se entiende que acaba de volver de la calle después de haber asistido a misa de 8 y se tiene que preparar para salir de nuevo con Manuel, a parte que te tiene otra sorpresa preparada, ella también se ha apuntado a la convivencia de novios por su cuenta

¿De que hablar con «la suegra»?

Manuel, que no ha ido allí preparado ni mentalizado para esta primera conversación, para verse sometido al que podemos considerar «el juicio de su vida», no tiene argumentos. Entiende que no puede hacer ni decir nada para mejorar esa no muy afortunada primera impresión. él es el chico que en los últimos tres meses le ha roto el corazón a Ana y ahora a acudido en plan reconquistador, pero de los torpes, aunque le haya salido bien la jugada.

Sin embargo, Victoria lleva estos últimos tres meses conversando y escuchando los lamentos de Ana por ese chico que al principio creía era el más maravilloso del mundo, pero con el paso de los días y la sucesión de los acontecimientos, con ese desengaño por aquella cita de fin de semana frustrada, ha llegado a ser «lo peor de lo peor«, con

  • esas insistentes e infructuosas llamadas de teléfono de finales de mayo a las que Ana le respondía,
  • esas cartas de amor, casi de soliloquio durante el mes de junio a las que Ana no respondía
  • el silencio del mes de julio, con la expectativa de un reencuentro del que Ana se ha sentido más víctima de partícipe.

Una madre se fija en esas cosas, aunque también haya tenido ocasión de escuchar de labios de Ana que Manuel es un chico especial, cautivador, con un nosequé especial, que nadie más que Ana parece haber descubierto porque algo bueno debe tener este chico para que el corazón de Ana palpite de esta manera con solo pensar en él, con oírle nombrar

Ana mirando escaparates // Copilot designer

Victoria tiene uno y mil argumentos para considerar que Ana se merece algo mejor, aunque también la suficiente mano izquierda como para no decirlo muy abiertamente, pero se la puede entender entre líneas, porque como se suele decir, es de las que no da puntadas sin hilo.

Ana (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

El novio, el chico que Ana se merece, con el que ésta ha de forjar un futuro en común, ha de ser uno que esté a la altura de sus circunstancias, no uno que ta solo pueda argumentar que tiene a su favor que ésta se ha enamorado, eso de que el amor es ciego y no se aviene a razones, pero para eso ya están las madres.

Lo único que parece que Ana y Manuel tienen en común es la pertenencia al grupo, que comparten las mismas creencias, los mismos principios, pero también hay que pensar en cuestiones más prácticas del día a día, esas que en una primera impresión Manuel no parece que esté en disposición de satisfacer como es debido.

En esa casa el referente como «novio ideal», aunque aquella relación se rompiera dos años antes es Carlos, un chico del barrio, de buena familia, trabajador, con personalidad, carisma, de esos que cualquier madre querría por «yerno» y se lamenta de que se haya convertido en una historia imposible.

Manuel. Silencio en tus labios, 25 de julio 2003 (5)

(…) La conversación que tuve con su madre se resumía como: “Hija casadera busca marido”. 

(…) Tal y como su madre me habló de ella, el único defecto atribuible era haberse fijado y enamorado de mí. Como si la princesa se hubiera dejado cautivar por el bufón de la corte.

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