Ana. Silencio en tus labios (1)

Junio 2001

En marzo Carlos y yo rompimos, nos dimos cuenta que no nos entendíamos, que no era capaz de seguir el ritmo que me marcaba y optamos por lo más doloroso, pero también por lo más conveniente para los dos. Nos dimos un tiempo para replantearnos nuestra relación y decidir si seguíamos o lo dejábamos definitivamente. A mí me costaba reconocerlo, pero, por mucho que lo quisiera y me ilusionara con ello, nuestras expectativas de futuro no eran tan prometedoras como nos habíamos creado, nuestros planes se quedaban en eso. Carlos esperaba más, pero yo me sentía bastante limitada por mi situación y no podía ponerme a su altura, como tampoco pretendía que él se frenara, tenía que vivir. Si yo no iba con él, se iba sin mí, por mucho que a mí me pesara ese plantón. En todo caso, me consolé pensando en que centraría mi vida en las actividades de la parroquia, que resultaban más compatibles con mi agenda y circunstancias personales. Tenía mis razones para moderar mis salidas y Carlos pareció que no lo entendió del mismo modo.

Por aburrimiento, una de esas tardes de viernes en que hubiera quedado con Carlos para salir, pero debido a nuestra ruptura ni siquiera esperaba que me llamase por teléfono, me entretuve navegando por Internet, me sentía sola y desanimada, por lo que casi a la desesperada buscaba quién me hiciera compañía, sin comprometerse demasiado conmigo. No buscaba otro novio, dado que mi relación con Carlos no la consideraba del todo perdida porque nos veíamos en la parroquia y aún compartíamos muchos intereses que no se quedaban arrinconados sin más, a pesar de que su interés por recuperar lo que estábamos perdiendo brillara por su ausencia. Él se sentía libre de nuevo para rehacer su vida y no perdía el tiempo con lamentaciones por algo que ya no tenía ningún porvenir. No buscaba en Internet a alguien que llenase ese vacío que quedaba en mi vida, tan solo conversación para esos momentos en los que no tenía a nadie. Necesitaba a alguien que me escuchara.

Por sugerencia de mi hermano, me apunté a un chat, no es que en su caso le hubiera ido bien, pero confiaba en planteármelo de manera distinta. No dejaría que la situación se me escapara de las manos, de tal manera que pretendía ser bastante selectiva con los chicos que se interesasen por mí. Es más, casi me había planteado que no respondería a ninguno de los mensajes que me llegaran, por temor a estar dando pie a romper definitivamente con Carlos y ser infiel a la relación que había mantenido con él. La verdad es que no sabía qué quería, pero tenía claro que no esperaba encontrar al gran amor de mi vida a través de la red, porque siempre me he considerado una chica romántica a la que se ha de conquistar al método tradicional. Internet no me inspiraba ninguna confianza, dado que encontrar a ese pretendiente al otro lado del mundo y no poder vernos me parecía de lo más absurdo. Si me enamoraba otra vez, quería a alguien con quien compartiera mi vida, que de verdad compartiera sus intereses conmigo, como había sido mi relación con Carlos hasta nuestra ruptura.

A pesar de que no incluyera foto en mi perfil, tardé poco en recibir los primeros mensajes de hombres interesados por mí, a pesar de que en la página Web se aseguraba que la inclusión de la foto aumentaba las posibilidades. Mantuve mi planteamiento inicial. La verdad es que en principio no les hice ningún caso, consideré que había sido una estupidez apuntarme a aquella página de contactos. La mayoría daba la impresión que intentaba ligar conmigo, no era esa mi pretensión, de manera que borré aquellos mensajes para vencer la curiosidad de saber quién me los había mandado, tan solo me atreví e hice una excepción con uno cuyo perfil no decía mucho y el mensaje resultaba igual de escueto o más.

Perfil: Poeta

Soy:

Género: Hombre

Edad: 27

Raza: No consta

Estado Civil: Soltero

Ubicación: No consta

País: España

Descripción:

Soy poeta aficionado

Hijos: 0

Religión: Católico

Bebedor/a: No consta

Fumador/a: No Fumador/a

Comida: Comida Variada

Ocupación: No consta

Educación: No consta

Idiomas: Español (Fluido)

Intereses: Música Variada, Literatura/Historia, cine/películas

Apariencia

Mido 1,66 y soy de constitución normal. Mi pelo es rubio y lo suelo llevar corto.

Color de Ojos: Verdes azulados

Color de Pelo: Rubio

Constitución Física: Delgado

Altura: Entre 160 y 170 centímetros

Entendí que se trataba de alguien que tampoco se implicaba demasiado en esa relación, que, como yo, estaría aburrido y buscaba a alguien que le escuchase. Es decir que le contesté por probar, aunque no me lo tomase muy en serio. Confié en que él así lo entendería.

Por hablar de algo, y ante el temor de ser demasiado sincera en esa primera toma de contacto, le comenté mi situación sin mucho detalle para que no se hiciera excesivas ilusiones respecto a lo que surgiera de esa relación. Le dejé bien claras mis intenciones y, por no ser demasiado fría, acepté que intercambiáramos direcciones, manteniendo los pseudónimos, para que los siguientes mensajes no fueran por medio de aquel chat y se preservará un poco más nuestra intimidad. No quería perder el control de la situación ni la capacidad de decisión sobre cuándo y cómo le contestaba a sus mensaje. No es que quisiera que perdiera el interés en mí, pero sí que entendiera que no me dejaría llevar por aquella historia, que no esperaba llevara a nada serio. Si él estaba dispuesto a mantener aquel intercambio de mensajes, por mi parte tendría una amiga; de lo contrario mejor que me olvidara, dado que no le abriría mi corazón ni contaría nada que le diera pie a pensar que intimaríamos más.