El cuaderno

La mañana del 26 de julio

Una de esas veces en que me dejó sola, me aproveché que se había dejado el cuaderno abierto sobre el banco, confiado en que lo dejaba bajo mi cuidado, y tuve el atrevimiento de echarle un vistazo, de intentar leer alguno de aquellos poemas,

Ana 26 de julio 2003

En es el Encuentro de mayo de 2002 la primera vez que Ana tiene la oportunidad la curiosidad de fijarse en que Manuel escribe poemas en su cuaderno. En esa época a ella le costaba reprimir su curiosidad por saber de él, era su entretenimiento en esos momentos en que se sentía un tanto aburrida y desanimada, en que buscaba una justificación para estar allí, aparte del hecho de compartir sus inquietudes y de tener ocasión de pasar tiempo con las amigas. pero de algún modo en su barrio también tenía eso mismo y la impresión era que tan solo acudía a Toledo para evadirse de sus propios problemas, para evitar cierto tipo de encuentros y situaciones que en aquellos momentos le inquietaban el corazón. Manuel tan solo era un chico más, uno la que olvidar en cuanto se montaba en el coche y regresaba a casa. era una excusa tonta para compartir complicidades con las amigas y preguntarse qué hacía un chico así, algo solitario, en un ambiente como aquel, sin que las respuestas que le daban fueran muy favorecedoras para éste.

No supe muy bien lo que escribió en su cuaderno, por rumores y comentarios, la deducción lógica era que algún que otro poema con más o menos sentido que en alguna ocasión se atrevía a compartir con los demás. Según mis amigas, eran cosas suyas. Lo preocupante era cuando pretendía que esos poemas tuvieran un sentido más romántico y se los enviaba a quien consideraba su inspiración. 

Ana, 18 de mayo 2002

Manuel escribe poemas para él y de vez en cuando, por lo que las amigas le comentan a Ana, tiene la osadía o la torpeza de recurrir a éstos como cartas de amor a las que nadie le contesta. Entre sus amigos hay quien compone canciones que después acompañan con el sonido de las guitarras y comparten con todo el grupo, pero los poemas de Manuel se quedan en el cuaderno y problema es que salgan de ahí porque se avecina el desastre. Un romanticismo demasiado personal al que nadie le corresponde y que fracaso tras fracaso va añadiendo tachaduras a esa agenda que los chicos tienen donde apuntan nombres, números de teléfono y direcciones de chicas que han cambiado de teléfono y de residencia incluso antes de que se agote su paciencia, de esas chicas de los que los chicos presumen de haberse comido veinte y casi siempre la primera les ha dejado con el apetito, justo en esa lista en la que en algún momento, como la mayoría, ha preferido que su nombre, más que tachado, ni siquiera apareciera.

Pero ahora se encuentra con la tesitura de que justo ese cuaderno, se encuentra ahí, a su lado, Manuel lo ha dejado a su cuidado, ahí, en el banco, donde un instante antes él ha estado sentado y han compartido esos momentos de oración y de meditación. Ese mismo cuaderno donde ella ha sido testigo de cómo esa página en blanco de pronto se ha llenado de palabras. ¡Es el cuadernos de Manuel! ¡Cuántas chicas han sido las que han salido corriendo, huyendo! Incluso ella misma lo ha mirado con cierto recelo en alguna ocasión, porque hay pueden estar las evidencias de sus propias torpezas: Día tal de cual, poema a una tal porque le ha inspirado por esto aquello o lo de más allá, Día tal de cual cinco minutos después, otro poema a esa misma tal por esto aquello o lo de más allá, etc. etc.

¿En serio? ¿Tanta inspiración le provoca a Manuel? Es cierto lo que le han dicho sus amigas, casi siempre son temas personales de Manuel y casi mejor que se queden en el cuaderno. Sin embargo, ya no se trata de las demás un de los poemas de un chico con demasiado romanticismo alocado en el corazón. Se trata del cuaderno, de los poemas de quien ya se considera “su chico”. Se lo ha dejado abierto en el banco, se lo ha confiado a ella para que se lo cuide ¿Por qué no echarle un vistazo? Ya han compartido esos ratos de oración, el día anterior ella le confío su coche y además, aunque lo sucedido durante el desayuno con ese poco afortunado comentario no tenga tanta importancia, Ana se ha pasado la mañana con ese reconcome ¿Cómo se siente Manuel por ello? ¿Cómo expresará el hecho de que vuelvan a estar juntos? ¿Habrá llenado su vida de poemas de desamor durante los meses en que han estado sin verse? ¿De verdad está enamorado de Ana o ha tenido un momento de debilidad inconfesable?

Si son pareja, algún día cuando estén en un ambiente un poco más relajado, a ella le gustaría conocer un poco más esa faceta de su amado, porque ella también tiene su corazoncito y necesita de esos detalles de cariño, sentirse amada, que cada palabra, cada verso de esos poemas, es una declaración de amor a la que ella le corresponde con su manera de ser, su personalidad.

Por echar un vistazo no va a pasar nada, además, el cuaderno está abierto, Manuel se lo ha confiado. de todas las chicas, de todas las personas que se encuentran allí en aquellos momentos, a tenido con ella esa deferencia durante su ausencia.

Sí, Manuel se ha ausentado, iban a pasar la mañana juntos, y en cuanto ha surgido la primera ocasión este se ha marchado de la capilla. Se supone que se están asentando las bases de lo que será su vida de pareja, que Manuel ha ido hasta allí con intención de enmendar errores del pasado, pero el amor de Ana no ha sido capaz de retenerle en el banco en cuanto ha visto la oportunidad de marcharse. Ella que tiene el anhelo de que éste se quede un día más, aunque los demás se marchen, porque el fin de semana se le queda corto, se encuentra de nuevo compuesta y sin novio, pero con el cuaderno de ésta al alcance de su mano, confiado a su cuidado.

Le ha confiado su cuaderno

En ese cuaderno está su vida, eso que hasta ahora ha compartido con tan poca gente y le ha causado algún que otro quebradero de cabeza cuando se ha atrevido a hacerlo público. Sin duda, sin duda alguna, su ausencia no se ha debido a esa falta de complicidad ni de entendimiento entre ellos. Más bien, todo lo contrario, le ha confiado lo más valioso, aún a riesgo de que se deje llevar por la curiosidad y le eche una ojeada, se encuentre con algo que tal vez no sea de su agrado o le prive de la oportunidad de sorprenderla. Si hasta ahora Manuel se ha comportado con cierta torpeza, y el hecho de ausentarse en esos momento se pueda considerar una de éstas, no se trata de una mala declaración de intenciones, sino de las mejores, dado que Ana le confió a él si mochila, cuando salieron de casa de sus padres, porque iban juntos; le confió su coche que ella iba en el asiento de copiloto. Sin embargo, Manuel le ha confiado su cuaderno y se ha marchado, se ha ausentado.

Antes le ha dejado con una mala sensación cuando ha aludido al hecho de que entendido con los debidos matices, han pasado la noche juntos, pero que quede claro que en habitaciones separadas y sin cruzarse por los pasillos. En cambio, ahora le ha confiado su cuaderno. El mismo chico que durante el desayuno parecía estar haciendo méritos para que me manden a casa incluso antes de que se marchen los demás, ahora, parece sumar puntos para que le permita quedarse no sólo un día más, sino el resto de su vida. Quizá lo segundo o termine de compensar lo primero, pero es que le ha confiado su cuaderno.

¿Y tú le echarías un vistazo al cuaderno?

2 comentarios en “El cuaderno

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