El menos común de los sentidos

Continuación domingo, 27 de julio

Para nuestra feliz pareja el domingo ha comenzado lleno de romanticismo, de optimismo, en cuanto a los acontecimientos de ese día, tienen un plan en común, van a llevar su relación más allá del trato con sus amigos, van a enfrentarse juntos a la cruda realidad, a dar ese salto que por cuestión de agendas o por excesiva improvisación no pudieron dar en mayo y ahora parece que todo se pone a su favor. Manuel se queda un día más, aunque a Ana le gustaría que alargase su estancia, retenerle todo el tiempo posible, dado que es su chico y está en la ciudad. En cuestiones del corazón, la posibilidad del secuestro debería considerarse como justificada, porque ya han visto que en cuanto se distancian lo más mínimo surgen los desacuerdos, los malentendidos. Además, Ana se siente tan llena de vitalidad que no quiere desaprovechar ni un segundo ¿Cuándo volverían a verse? Retener a Manuel durante veinticuatro horas, tan solo implica retrasar la despedida un día y tienen tanto que contarse, de lo que hablar, que planificar. El fin de semana se les ha quedado corto porque el sábado estuvieron demasiado centrado en no discutir y se terminó generando una situación un tanto tensa que por suerte para ambos y también para nosotros, no acabó en tragedia.

Quienes también han tenido el fin de semana para pensar, para recapacitar y no se han visto tan limitados por ese ambiente de oración, han sido los padres de Ana. El viernes por la tarde tuvieron la oportunidad de conocer a Manuel en persona, crearse una primer impresión, después de que ésta les hubiera anunciado la visita con antelación Y aquel sábado por la noche, quizás un poco tarde, Ana les ha avisado de que éste se queda a dormir una noche, lo cual les pilla un poco de sorpresa y ante lo cual no saben muy bien cómo reaccionar, de manera que en un primer momento no le ponen reparos, porque sitio en el piso hay. Sin embargo, tienen toda la noche para consultarlo con la almohada y esas primeras horas de la mañana del domingo para hablarlo entre ellos y tomar una decisión un poco más firme al respecto, que no se trata tanto de dar acogida a un amigo de Ana por una noche, como del hecho de dar su conformidad y beneplácito a esa relación de pareja, que la pretensión de Ana es un tanto envenenada en ese sentido.

Los padres se presentan sin previo aviso en la casa de Ejercicios, en la misa de once y media organizada para los asistentes a la convivencia, cuando saben que su presencia puede ser mejor admitida, aunque como tal la puerta no le cierra a nadie y en ese sentido la misa del domingo es el momento más propicio para acoger a las visitas Los padres acuden a la misa, pero no puede decirse que lo hagan en una actitud muy conciliadora. Tienen intención de mantener una charla muy seria con Ana, no para sacarla de allí por las malas, considerando que se la tuviera engañada, más bien, para ponerle los puntos sobre las íes en todo lo referente a su relación y expectativas con respecto Manuel.

Sin embargo, lo consideraron una conversación familiar y privada, porque de antemano se temían que la situación se pondría un poco tensa y había cuestiones que era mejor que quedasen entre nosotros, lo cual empecé a comprender en el momento en que empezaron a ponerse serios y dar evidencias de que no valoraban de manera tan favorable que me hubiera enamorado de Manuel. 

Ana

El precedente y el motivo de la inquietud de los padres está en el caso de la hermana pequeña, ante el temor de que Ana cometa una estupidez similar e incluso mayor por un impulso del corazón, en vez de dejarse guiar por la cabeza. Esa hermana, esa hija rebelde, era lo que estropeaba la idea de ser la familia perfecta e ideal, de manera que por intentar que Ana no cometa el mismo error, se deciden a intervenir antes de que sea tiempo, a tomar cartas en el asunto y cortar por lo sano. Con una hija rebelde en la familia ya se dan por satisfechos y hasta entonces habrían creído que Ana era una hija de la que poder sentir orgullosos, tranquilos en ese sentido, pero les ha llevado a casa un pretendiente, un novio, que poco o nada tiene que ver con sus expectativas a respecto, tras la ruptura con su relación anterior, quien había llegado a ganarse el favor de ambos.

En realidad, ¿Quién es ese chico del que Ana dice estar enamorada? ¿De qué lo conoce? ¿Qué puede decir de él? ¿Qué méritos tiene para que ella le haya entregado su corazón de esa manera? ¿Cuáles son sus intenciones a corto, medio y largo plazo? ¿Merece la pena comprometerse de una manera tan seria con alguien así? ¿Será capaz de encajar en la familia? Porque quizás Ana le haya engatusado con sus encantos, con su personalidad. Sin embargo, más allá de esas primeras impresiones, de ese flechazo incontrolable, Ana es una chica, una mujer, con una vida propia que se ha forjado y labrado a lo largo de los años ¿Qué sabe Manuel de todo eso? ¿Va ella a renunciar a todo aquello simplemente por amor? ¿Le merecerá la pena? Ella ya tenía trabajo en la empresa familiar, además se debía preocupar por su salud, un tanto delicada. En la ciudad había cientos de chicos en los que se podía fijar antes de dejarse engañar por los encantos ocultos de uno procedente de Toledo, de quien ellos apenas sabían nada y que vistos los acontecimientos de aquellos dos meses tampoco es que les hubiera causado una impresión tan favorable ni cautivadora.

Manuel tenía sus defectos, eso nadie lo negaba ni ocultaba, pero frente al pesimismo general, incluso el suyo propio, por mucho que me dijesen que el amor me cegaba, estaba convencida de sus muchas cualidades, que, por poco que se diera la oportunidad de demostrárselo a sí mismo, los demás cambiarían ese concepto tan negativo.

Ana

>> ¡Esta niña, esta hija nuestra, se ha enamorado del primer tonto que ha pasado por delante de sus narices! La enfermedad, la medicación está teniendo efectos secundarios con los que nadie contaba. Tiene demasiadas ganas de vivir y se agarra a la vida sin que le importe que sea un clavo ardiente, más que su tabla de salvamento y como Manuel es el primero que le hace caso, que parece dispuesto a seguirle el juego, sin saber a lo que se compromete, ella se siente justificada, la chica más feliz y afortunada del mundo, pero más pronto que tarde los dos se van a dar de bruces con la realidad.

La mochila de Manuel ya ésta en el coche. Ella le ha convencido para que se quede esa noche porque en un principio los padres le han dado el beneplácito. Ana es consciente de que sus padres están allí para intentar convencerla de lo contrario, para que se lo piense mejor, que aún está a tiempo de romper con esa relación sin que haya más perjudicados ni complicaciones, que, si Manuel es tan buen chico como ella asegura, lo entenderá. Su relación no tiene demasiado futuro, porque la vida de Ana esta allí mientras que la de Manuel está en Toledo, proceden de ambientes distintos, de mentalidades distintas. Sin embargo, a Ana no le convence demasiado la expectativa de que haya de hacer méritos ante sus padres para que ésta le corresponda dándole calabazas. Su mochila ya está en el coche y le ha convencido para que se quede. Mandarle a freír espárragos cuando está a un paso de reafirmarse en su condición de novio formal no resulta demasiado coherente. ya ha estado a punto de perderle una vez, porque surgió ese malentendido, ese desacuerdo y va a ser una burla que después de reencontrarse haya de ser ella quien le dé la patada en el trasero para que se aleje de su corazón.

Tampoco es que quisieran que me sintiera presionada, la decisión final debía tomarla yo. De hecho, mi padre me dijo que quería verme feliz y constató que se había dado cuenta de que había recuperado la sonrisa y las ganas de vivir.

Ana

Ana consigue convencerles para que le concedan una última oportunidad, para que la ruptura no sea algo demasiado brusca. Entiende que la resistencia es por parte de su madre que de su padre, pero dado que éstos ya han dado su beneplácito, acaban cediendo a la pretensión de Ana, concederle ese día de más para que tenga ocasión de hablar con Manuel y no exponerse de aquella manera ante sus amigos, dado que la consecuencia de asistir a aquella convivencia de novios tampoco debía ser que ambos montasen un escandalo, aparte que entienden que ninguno de los dos se lo merecen, que por lo menos Manuel se merece que le den una explicación, que entienda los motivos por lo que su historia de amor ha llegado a un punto y final sin más miramientos y sin planes más allá de aquel fin de semana, Van a dejar que se quede a dormir, pero casi mejor que no se acomode demasiado a la cama porque tiene tres pies y medio en la estación de autobuses, en el primer autobús que vaya a en dirección a Toledo o le saque de la ciudad.

Cuando los padres de Ana se marchan, ella acude al encuentro de Manuel. Ya la esperan para comer, hay una silla libre a su lado, por lo cual no puede reprimirse a la hora de darle un cálido beso en la mejilla y confirmarse que sus padres les esperan esa noche para cenar, aunque con ello intenta evitar que le hagan preguntan incomodas sobre la conversación mantenida con éstos. Ella intenta aparentar normalidad. aunque en su interior se encuentre con una guerra interior entre los razonamientos de sus padres y sus sentimientos hacia Manuel. Ella está empezando a conocerle, ha sabido descubrir esos encantos y virtudes que quizá no quedan tan a la vista, ha sabido encontrar ese optimismo frente al pesimismo que provoca. Ella se siente vivir cuando está con él y la idea de perder, la sensación de sentirse derrotada por la lógica de sus padres, de algún modo le parte el corazón y la remata por dentro.

Si en algún momento alguien había tenido motivos para dar por zanjada aquella relación, sin duda alguna había sido ella. En diciembre, aunque no hubiera sido con intención, la había sacado de sus casillas y entonces ella hubiera dado lo que fuera con tal de que Manuel no se hubiera vuelto a cruzar en su vida. Se hubiera puesto del lado de aquellos que no hubieran apostado ni un ápice por su relación, hasta el punto que así se lo había dado a entender con aquella carta escrita y enviada de manera impulsiva, aunque con posterioridad se hubiera arrepentido de haber sido tan directa y sentido la necesidad de, por lo menos, suavizar la situación, que se conformaba con que la dejase tranquila y no la involucrase en sus historias románticas, cuando de seguro habría alguna chica que estaría encantada de recibir ese tipo de atenciones, porque le deseaba lo mejor y no quería acabar como la mala en toda esta historia, que no iba a ser ella la razón por la que Manuel se alejase del grupo o de sus actividades. Era esa impotencia y frustración lo que sus padres querían que aflorase, para que diera por terminada esa historia sin futuro.

Como las mochilas ya están en el coche y ella no se siente con mucho ánimo para seguir en la convivencia, para participar de la asamblea final, para escuchar los testimonios llenos de vida y amor de los demás, consigue convencer a Manuel para que se marchen, para que aprovechen la tarde y tener su primera cita como pareja, antes de que se le escapase el tiempo, sin confesarle no comentarle que aparte de la primera cita, sería la última, porque ella tampoco se quiere privar de la oportunidad de disfrutarla, aunque en el fondo se sienta confundida, contrariada, que no sabe dónde ir ni que hacer, tan solo que necesita tiempo para aclararse y que Manuel esté con ella para no sentir que le abandona ni le engaña.

Acaban en el cine, un sitio tranquilo donde Manuel esté entretenido y ella encuentre tranquilidad para pensar sin sentirse culpable por tener la mente en otra parte.

Episodio I:
La Amenaza Fantasma

Me acurruqué en la butaca y refugié en el silencio de la sala en cuanto comenzó la película, aunque para mí tampoco resultaba demasiado fácil estarme quieta, porque me sentía demasiado nerviosa, igual había momentos en los que buscaba esa proximidad con Manuel, como me distanciaba de él, hasta el punto de que de manera involuntaria él recibió alguna que otra patada.

Ana

Terminada la película, Ana se siente mucho más relajada, de manera que se permite darle un beso lleno de ternura y complicidad en la mejilla, para después irse a tomar algo y hablar con calma. Ella se toma una tila para calmar los nervios y Manuel un granizado de limón para apaciguar los calores de la tarde. En en ese ambiente relax cuando Ana se sincera con Manuel, le pone al corriente de la situación y de las divagaciones de sus padres al respecto, como que tal vez detrás de todo aquello hubiera algo que ninguno de los dos se atreviera a confesar, pero que mas pronto que tarde se haría evidente. sin embargo los problemas de salud de Ana de aquellos meses poco o nada tenían que ver con ese tipo de cuestiones, en ese sentido ambos podían estar tranquilos, como tampoco había dobles intenciones como pretender darle celos a nadie por querer parecer más inaccesible a las pretensiones de otros chicos. Ella estaba enamorada de él, pero e encontraba con que sus padres no daban su beneplácito, de manera que pocas alternativas es quedaban.

¿Y si nos fugamos?

Ella quería vivir enamorada y lo demás era secundario, si yo tampoco lo consideraba tan vital. Admitía que conmigo no tendría una vida de lujos ni muchas comodidades, que quizá pudiera aspirar algo más, pero se contentaba con escuchar los latidos de su corazón. Las cuestiones materiales se las resolvía ella misma.

Manuel

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