Recógeme en la estación

Viernes, 24 de octubre 2003

Manuel se marchó de casa de Ana un lunes 28 de julio. Después ha pasado el resto de verano; nos hemos enterado los proyectos interrumpidos de Ana, que ha vuelto ha retomar con en apoyo de Manuel; Carlos, el exnovio de Ana, nos ha anunciado que se casa y que Ana se ha visto en la tesitura y necesidad de hacer una visita rápida a Toledo para cerciorarse de que Manuel no le fallará en esta ocasión con otras de sus excusas y acudirá a la boda. También nos hemos enterado que Ana ya sabe quién se esconde bajo la identidad de su amigo secreto de Internet, “El poeta”. Aunque Manuel aún ignora la identidad de “La dulce gatita”

El viaje de Ana

Ana si nos relata cómo han sido estas semanas. ¿Qué han sido, tres, cuatro semanas? Más bien, cuatro, pero digamos que este error de la novela se queda como algo premeditado, intencionado, derivado de los cambios de fechas que en su momento tuve que hacer para ajustar las dos versiones y cuadrar fechas. En todo caso da a entender que el tiempo para Ana ha pasado demasiado de prisa. Manuel viene a pasar el fin de semana y esta vez sí le puede dar el recibimiento que se merece, aparte que ella se sienta el centro de atención, de los comentarios por parte de todo el mundo. “¡Que sí, que sí, que el novio de Ana es el mismo que estuvo aquí dos meses antes!” Ya sabéis, los típicos comentarios de las vecinas y hasta cierto punto el desahogo de la madre ante la constatación de que tiene esta batalla perdida. le convenza o no la idea, esa historia de amor aún tiene futuro.

Para mí aquellas tres semanas fueron de pesadilla, de nervios, sin tener muy claro si me tenía que preparar para asistir a la boda de Carlos o a la mía, aunque de momento aún fuera un poco pronto para pensar en ello, a pesar de que en las conversaciones con las amigas casi fuera una constante por el hecho de que mi novio regresaría a mi casa y, a diferencia de lo sucedido tres meses antes, en aquella ocasión sería una visita organizada. 

Ana

Ella ha puesto toda su ilusión, va por ahí compartiendo su alegría con todo el mundo “Su chico viene a la ciudad y esta vez no hay que engañarle” Aquel de quien no todo el mundo tiene tan buena opinión porque no le conocen lo suficiente, esta vez va a estar a la altura de las expectativas y va a mostrar su mejor cara, porque viene a una boda, por lo tanto se espera que vista con sus mejores galas, que esté casi irreconocible, que cause tan buena impresión que ella se permita presumir de novio delante de sus amigas y de aquellos que no ven futuro a su relación, porque ahí por ahí un escritor aficionado aficionado de tres al cuarto que se dedica a malmeter contra ellos y decir que su historia de amor va a saltar por los aires. – ¡Ya veréis, Manuel va deslumbrar a todos con su personalidad, con su presencia! – Hasta la madre de Ana va a cambiar de opinión y empezar a pensar que este chico merece la pena.

Estaba segura de que en aquella ocasión tampoco me defraudaría, aunque fuera la primera boda en la que coincidiéramos y por lo tanto casi me era previsible cualquier sorpresa de última hora. 

Ana

Estación de autobuses

Aquella tarde me fui directa desde la gestoría a la estación de autobuses, porque había quedado que sería yo quien le recogiera, en aquella ocasión sin que mi hermano me acompañase de carabina.

Ana

Pero Ana llega a la estación con tiempo más que suficiente y tiene tiempo de adelantarnos el plan para el fin de semana. Manuel viene a la boda, pero también va a ser una visita para una mayor acercamiento a la familia y a la vida de Ana. Han de empezar a labrarse un futuro como pareja y ante la constatación de que Manuel ha de sumar puntos delante de los padres de Ana, ante la evidencia de que éstos no quieren quedarse al margen le han dejado claro que los méritos que este no pueda aportar por si mismo, ellos se los van a sacar, aunque hayan estrujarle, exprimirle como una naranja. Que si en Toledo no tiene nada que hacer, más que buscarse excusas, en la gestoria siempre cabe la posibilidad de que eche una mano ¿Qué sabe hacer aparte de ligarse a la hija del jefe de la gestoría?

Lo cierto es que yo casi prefería que demostrase sus aptitudes sin que mi padre se entrometiera, porque confiaba en que con un poco de empeño por su parte le demostraría a todo el mundo de lo que era capaz.

Ana
Fotomontaje de Ana

Viaje de Manuel

Ya os podéis imaginar como han sido estas últimas semanas en la vida de uno y otro. Manuel, la verdad, es que no cuenta nada, nos vamos a quedar sin saber si le ha contado a su familia que Ana ha estado allí de visita, de los nervios previos a esta visita porque ha de regresar a casa de Ana y enfrentarse de nuevo al juicio y valoración de los padres de ésta ¿Habré mejorado en algo la opinión que se han formado de él? ¿Será verdad que empiezan a mirar con buenos ojos esas relación, que le ven futuro? ¿Qué ha cambiado para que en dos meses casi hayan estado a punto de echarle a escobazos de casa para que ahora le reciban con los brazos abiertos? Vale que el optimismo y la positividad de Ana contrasta con el recelo de su madre y eso es un punto a favor de Manuel. Además, cuando ésta le sugirió que se apuntase a sus planes, que hiciera alguna aportación a la cuenta vivienda para empezar a saldar esa deuda con Carlos, Manuel ha sabido estar a la altura, tampoco a aportado mucho, pero menos es nada ¿Acaso eso es suficiente? ¿Acaso no tiene Manuel que mejorar infinidad de conceptos y apreciaciones de si mismo, de su personalidad para ser considerado digno de ese amor, de ese beneplácito paterno? El listón en esa casa lo ha marcado Carlos, el mismo que está a menos de veinticuatro horas de casarse con otra. ¿Bastará con que Manuel acepte quedarse todo el fin de semana no una noche, sino dos, para que se considere que empieza a hacer méritos?

A las ocho menos cuarto de la tarde el autobús hacía su entrada en la estación de autobuses tras un largo y agotador viaje que justificaba que Ana prefiriera hacer el trayecto en coche evitando tener que atravesar y parar en todos los pueblos del recorrido para recoger o dejar pasajeros.

Manuel

En cierto modo sufre en propias carnes las dificultades con que se encuentra Ana casa vez que ha de hacer el trayecto desde su casa a Toledo o de Toledo a su casa, aunque en el caso de ella cuente con la ventaja de disponer de coche, cuando no han sido sus amigos quienes la han traído y llevado. Esta vez a diferencia de lo sucedido en julio, Manuel ha de hacer el viaje solo, en autobús.

Según las referencias de Google Maps, por donde se supone es la ciudad de Ana, dato que no se precisa en la novela, pero que por lógica, para mi labor creativa ha de situar en alguna parte, el trayecto en bus a día de hoy es de unas 3 horas, en coche algo más de 2 horas. Porque ahora que Manuel se mueve de Toledo, que se empiezan a acortar distancias y ese detalle empieza a cobrar su importancia, esto cobra su importancia. En principio tan solo se dice que Ana vive a 2 horas de viaje en coche, pero para ser exacto, como Manuel ha de hacer el trayecto en el autobús, ha de tomar un poco más de consciencia de las distancias.

A partir de ahora la novela se desarrollará en su mayor parte allí ¿Vosotros lo dejaríais todo por amor? En principio, la base de la novela es que sí. Pero ¿Será suficiente para que se termine de forjar esa relación? ¿No supondrá un riesgo que Manuel abandone su zona de confort, sus excusas, para que sea Ana quien se quede donde está? Quien más tiene que perder es ella porque ya tiene una estabilidad laboral, aparte de que debido a sus problemas de salud cuanto menos ande de acá para allá mejor. En cualquier caso, Manuel con este viaje da el primer paso en ese sentido. Será Carlos quien se case, pero de una boda sale otra, aunque ellos aún estén en los inicios de su relación y tampoco conviene precipitarse, pero es la excusa y la ocasión para que piensen en su futuro, en lo mucho que tienen en común y las distancias que se pueden acortar,

Reencuentro

Llega el autobús y a diferencia de lo que sucedía en la pascua cuando uno u otro entraban en la iglesia, allí lo que Ana destaca es que aquel lugar está lleno de gente. Ella se ha sentado a esperar y tiene la sensación de que se le ha ido un poco el santo al cielo y Manuel no va a ser capaz de localizarla. Allí fue donde se despidieron en el mes de julio, pero Manuel a penas conoce la ciudad y ella se ha despistado ¿Y si pasa de largo y no la ve? ¿Y si no encuentra su móvil y no tiene manera de llamarla porque no se sabe su número de teléfono? ¿Y si pasa por delante de ella y ninguno de los dos se da cuenta?

El autobús llegó con puntualidad, aunque desde donde estaba sentada, se apreciaba más por el tránsito de la gente, porque no tenía una visión directa de los andenes, por lo cual fue el movimiento de gente, el bullicio, lo que provocó mi reacción, me levantara y fijase la mirada en Manuel, quien en esos momentos ya parecía tenerme localizada

Ana

La primera impresión que Manuel le causa es la misma de su primer día, en aquel encuentro de octubre de 2000, “Era el de siempre“. Ella ha acudido la estación vestida con la ropa de trabajo, se entiende que como trabaja en una gestoría ha de mantener una cierta formalidad en su manera de vestir, ha de cuidar su presencia de cara a los clientes, que no son gente de la calle, sino de negocios. Lo cierto es que se siente un tanto desubicada, todo aquello supone una gran novedad para ella y la espera se le ha hecho demasiado larga, por lo que se siente un poco cansada, que es un mero formalismo, aunque en el fondo hubiera querido que el recibimiento fuera de otra manera, pero el día se le ha hecho muy largo.

La verdad era que en aquellos momentos me sentía un tanto fría, con demasiados agobios en la cabeza como para mostrar mucho entusiasmo por el reencuentro.

Ana

Manuel por su parte aunque cansado del viaje, a pesar de la frialdad que en ocasiones demuestra con sus afectos, en esta ocasión tiene la iniciativa, el intento de darle un beso a Ana en la mejilla demostrarse encantado de ilusionado por volver a verla. Entiende que por el hecho de estar allí por haber cumplido con lo prometido se merece un poco de cariño, tal vez no que le nombren hijo predilecto de la ciudad, ni le dediquen una calle, pero al menos que su chica le acepte un beso en la mejilla

Su primer impulso fue darme un beso en la mejilla, pero le obligué a que se reprimiera, estábamos rodeados de desconocidos y no me sentía demasiado cómoda, aunque sí feliz por su llegada, porque hubiera cumplido con su palabra y acudido a la boda. 

Ana

Me admitió un piropo como saludo, pero no así mi intento de darle un beso en la mejilla, para evitar que me arrimase más de la cuenta

Manuel

A pesar de mi frialdad inicial, se sentía en la necesidad de expresar de algún modo su alegría por el hecho de que volviéramos a estar juntos, resaltar la importancia tanto del reencuentro como del fin de semana que nos esperaba, por lo que se permitió decirme que estaba muy guapa, lo cual le agradecí e interpreté cómo una demostración de su cariño y un intento por ganarse una de mis sonrisas. 

Ana

Manuel ha llegado en el autobús interurbano, pero para ir a casa de Ana, ya que ésta no se ha traído el coche, han de tomar el bus urbano, por lo cual tras aclarar las dudas de Manuel con respecto al alojamiento y recibimiento que le esperaba se marchan los dos juntos. Y durante el trayecto Ana aprovecha para informar a Manuel del plan para el fin de semana, sus padres quieren hablar con él y ponerle las cosas claras. Es hora de empezar a ponerse serios y pasar de las palabras a los hechos. Está bien que haya apoyado algo a la cuenta vivienda, ayudado a Ana con sus deudas económicas con Carlos, pero lo que se espera de él es que se implique de una manera más personal, que deje aflorar esas aptitudes y encantos que han hecho que Ana se enamore de él y que ahora han de conquistar a sus padres.

Sin medias tintas le avisa de que sus padres pretenden hacer todo lo posible por hacer de él un hombre de provecho o más vale que se vuelva a subir al autobús y regrese a Toledo porque en su casa no le van a dar ni las buenas tardes. En realidad, ya se lo había advertido con antelación, que cuando fuera por su casa tendría que sacar toda su valentía para no acobardarse ante sus padres

Fotomontaje de la madre de Ana

De hecho, hasta cierto punto, incluso él debía convencerse de sus verdaderas cualidades y no vivir tan condicionado por la opinión de la gente. Como siempre, estaba segura de que no me defraudaría, que, aunque aquel mal trago fuera inevitable, estaría a la altura de las mejores expectativas que se hubieran puesto sobre él.

Ana

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