¡¿Quién será?! ¡¿Quién será?!

Introducción

Ya publiqué esta reflexión el año pasado (¡¿Quién será?! ¡¿Quién será?! 21 de junio 2021) Y después de haberle hecho alguna pequeña corrección la publico de nuevo, porque, aunque últimamente parece que esta web se centra en recorrer las calles y monumentos del casco histórico de Toledo, no he abandonado mi faceta de poeta, novelista por afición ni ese deseo de dar voz a mi propia experiencia personal.

Mis reflexiones noveladas siguen tan solo sobre mis dos novelas y, como hace tiempo que no hago mención a «SILENCIO EN TUS LABIOS«, me parece una buena excusa y ocasión. Quienes no conozcan el argumento se pueden sentir un tanto confundidos, pero tan solo pretendo que aflore esa parte de mi labor creativa y esta secuencia de la novela me resulta curiosa, divertida, romántica.

La reflexión, esta entrada del blog, es una búsqueda de complicidad con el lector, que se convierte en partícipe de lo que sucede en la novela. ¿Es la técnica del lector omnisciente o del lector testigo? Tan solo aclarar que esta parte de la novela tiene dos narradores y con estas reflexiones es como si surgiera un tercero, que es algo así como la visión de los demás, de quienes no saben muy bien lo que sucede, pero lo intuyen, porque los narradores principales, los protagonistas de esta historia, no deberían entrar en contradicciones. Lo que le falta a esta secuencia de la historia es la confirmación, de lo que para todos ya es evidente.

Es el despertar del domingo de Resurrección, de la convivencia de la Pascua. Y a la Pascua no se va a hacer el tonto, pero la tarde anterior Ana le dijo a Manuel eso de «Te quiero, tonto, Luego hablamos«, sin que hasta ahora hayan hablado.

Aclaración

Como siempre aclarar que cualquier parecido con la realidad es intencionado y fruto de mi inventiva, Consciente de que hay cuestiones planteadas desde un punto de vista subjetivo para dar argumento y ambientar la historia, Como tal la novela fue escrita con la única intención de buscarle una explicación lógica a mi manera de entender el mundo. De ahí ese pretendido intento de empatía, ese doble narrador, con la torpezas de uno y ese pretendido sentido común y visión crítica de la otra.


Reflexión

Para aquellos que siguen la novela y las entradas que voy añadiendo según la publico, la noticia de esta mañana del domingo 20 de abril, es que Ana tiene novio. ¡Sí, como lo oyes! Carlos se ha ido de la lengua para aclarar que entre ellos ya no hay nada, pero tampoco ha querido decir el nombre del afortunado. Al final va a ser verdad que lo de la charla sobre la Vigilia, con ese trasfondo romántico, escondía lo que para todos resaltaba a simple vista: «¡Ana está enamorada!». Pero no es que esté «enamorada» ¡ESTÁ ENAMORADA!» ¡Alguno que ya se había ilusionado con que la historia entre Manuel y ella terminara con un final feliz, se va a llevar un chasco de los gordos!

Bueno, confiesa, ¿Tú sabes quién puede ser el afortunado?

El caso es que no se cortó un pelo y le contó a todo el mundo que yo ya tenía novio, que no era la chica soltera que todos suponían y fue como si con ello insinuara que el afortunado se encontraba entre los presentes, sin más detalles ni aclaraciones.

Ana, 20 de abril. Despertar

A las chicas les ha faltado tiempo para echar a los chicos de la casa «¡Fuera, cotillas! ¡Hale, idos con la música a otra parte!» Lo de las «gadgets amigas» ya no es sólo para Manuel, sino para todo el que no haya pasado la noche en esa casa, porque tampoco es cuestión de ponerse mirar lo que cada cual esconde en los pantalones. En la casa hay una chica que tiene un secreto, que tiene un nuevo amor y no necesita que le anden rondando como moscas a la miel. Que éste, ese y aquel ya tienen novia entre las presentes y éstas se pueden tomar a mal el desplante! El otro es su ex y se ha descartado por sí solo. Luego están estos tres que es poco probable que se les pueda tener en cuenta y, por último, está Manuel, quien, con sus absurdos afanes de conquistador, no merece ni que se le tenga en consideración. Ana ya le ha debido decir que es mejor que se olvide de ella; que, si se ha mostrado un poco más afable con él, es porque ella tiene un corazón de oro y se lleva bien con todo el mundo, siempre que no le saquen de sus casillas. Lo cual Manuel ya ha sufrido en propias carnes, de modo que ¡aire como a todos!

Y ahora que los chicos se han ido: «Ana, venga, cuéntanos, quién es el afortunado, ¿le conocemos?«

No hay tiempo para confidencias ni cotilleos de chicas, aparte que ella es un tanto discreta con sus asuntos personales y ya el día anterior, a la hora de planificar lo del «Camino de Emaús» se puso en evidencia. Eso de que ninguna nombrara a Manuel debía significar algo, aunque el muy tonto debería haber participado en esa reunión y entendido que tampoco era muy recomendable que se nombrase a Ana y menos aún la segunda. Eso de nombrar a «Ana» le salió de una manera tan natural, tan convincente, que de no haber sido porque ella prefirió marcharse, se contuvo, le hubiera dado una buena bofetada por tonto. ¡¿A quién se le ocurre?!

El caso es que ahora no hay tiempo que perder. Han de vestirse para el rezo de laudes, desayunar y terminar de recoger porque han de marcharse al otro pueblo, donde les esperan.

Y ahora que los chicos se han ido: «Ana, venga, cuéntanos, quién es el afortunado, ¿le conocemos? ¿Es uno de los chicos del otro pueblo? ¿Por eso tienes tanta prisa porque nos marchemos?«

¡Ana tiene novio! ¡Ana tiene novio! (Se dice con cierto retintín y sin reprimir la alegría)

Llegan a la iglesia y, como en ocasiones anteriores, haya o no más gente allí, entre Manuel y Ana se produce ese cálido cruce de miradas en cuanto uno se da cuenta de la entrada del otro. Pero en esta ocasión es Manuel quien está a la espera y pendiente de que lo sucedido al despertar haya tenido alguna repercusión. Que ésta haya hablado con sus amigas y, sobre todo, que, como se supone que ya son pareja, tienen la ocasión de rezar juntos. Sin embargo, ésta mantiene la misma postura de los días previos y prefiere la compañía de sus amigas.

Mirada de Ana

¿Acaso no está el novio de Ana entre los chicos? ¿Qué pasa? ¿Quién entiende a las mujeres? La noche anterior se daban besos de chocolate, pero a lo largo de la mañana tan solo ha habido miradas desde la distancia ¿Qué significan? ¿Es cierto que el brillo de sus ojos es reflejo de su amor o es que se ha dado cuenta de su error y está intentando pedir perdón? ¿Acaso es que se ha dado cuenta de que está enamorada de otro y no sabe como decírselo a Manuel? ¿Por qué mantiene esa actitud tan reservada cuando ya todo el mundo se ha enterado de que ella tiene novio, aunque Manuel no haya dicho eso de «Esta boca es mía»?

Es el grupo de Ana quien sirve el desayuno esa mañana, de tal manera que, si al despertar, con la noticia de que ya tiene novio, ésta acapara toda la atención. Allí, en el comedor, tiene la excusa perfecta para irradiar esa felicidad de enamorada porque «¡ya tiene novio!»

  • Bueno ¿y Manuel donde se va a sentar esta vez? ¿En la silla del rincón donde los demás no lleguen o en ésta de aquí que está al paso?
  • ¿Qué va a desayunar? A ver. Pasad la jarra de leche y las galletas, que parece que tiene hambre.
  • Espera, deja que Ana te sirva.
Desayuno con galletas

«A la Pascua no se va a hacer el tonto» ¿Os acordáis? Pues eso es lo que todo el mundo debe estar pensado que hace Ana mientras sirve el desayuno. Se la ve llena de felicidad, ¡está enamorada! Se la ve rodando de acá para allá como una peonza y tan solo se atasca cuando llega junto a Manuel. Sin embargo, éste debe tener hambre porque ha sido el primero en terminar. Eso de «con verte me alimento» no va mucho con él. ¿O sí?

Tras el desayuno, salvo los encargados de recoger y aquellos que aún no hayan terminado, los demás han de ir a recoger sus mochilas porque el tiempo apremia. No hay tiempo para hablar con Ana, aunque todos tenemos curiosidad por preguntarle por la identidad de su novio, de su enamorado. Se comenta que Carlos sabe quién es porque en ese aspecto la conoce mejor que los demás. Sin embargo, ya ha hablado demasiado y tampoco es asunto suyo.

Se recogen las mochilas y todo el mundo a misa a las doce porque después, nos vamos, nos distribuimos entre los coches y nos vamos. Que, como Carlos ha venido con el suyo, habrá sitio para todos.

Quien no tenga coche aún, que lo diga, que seguro se le hace un hueco

¿Ana en tu coche quiénes van? ¿Hay sitio para tu novio? Ja ja ja. Bueno, perdona, pero es que alguien te lo tiene que preguntar. Es broma.

Manuel, ¿Tú, con quién vas? Pregúntale a Ana si tiene sitio en su coche, porque, como no parece que se vaya a montar su novio, quizás te puedas acoplar. ¡Tan solo es hasta el otro pueblo! Después, te vuelves a casa con los de Toledo

Esto de repartirse por los coches, se parece mucho a lo del «Camino de Emaús», ¿si te nombra alguien, es que no quiere llevarte o que sí quiere llevarte? No sé. Ahora eso es un poco lio.

¡Venga, que nos vamos! Que nos vemos en el otro pueblo, que, según dicen las chicas, Ana se va a reunir con su novio. Que van a hacer público eso de que están enamorados como locos ¿No te quedes atrás?

20 de abril por la mañana

Versión de Ana

Versión de Manuel