La vida empieza hoy (Revisado)

Silencio en tus labios

Introducción

Esta entrada y reflexión sobre la novela se centra en la despedida de esa noche de viernes, donde se pone de manifiesto un cierto desacuerdo en cuanto al tiempo, a la hora ¿Cuándo se van a dormir? ¿A última hora del día, antes de medianoche, como Cenicienta o avanzada la noche cuando ya hasta los gatos duermen? ¿Qué cansados están el uno o el otro para querer abreviar o alargar el día?

Se entiende que debido a que Ana se ha sentido un poco más relajada, ha tenido ocasión de descansar a causa de su estado de salud el día se le haga corto y quiera aprovechar cada segundo de más que se le conceda para compensar el tiempo que no ha estado con la gente, mientras que los demás parece que se caen de sueño, que a esas horas de la noche vagan como almas en pena en busca del saco de dormir.

El día para ambos, y como novedad de esos días de convivencia, termina a las puertas del alojamiento de las chicas, porque están han de recorrer más distancia desde la iglesia y ya ha quedado claro que salvo aquellos que no se sienten con ánimos ni motivación para seguir despierto ni ser sociable cinco minutos más, el resto de mueve como un grupo unido, detallista con las chicas, que aquello que tienen pareja no se muestran demasiado frío y el resto se ampara en el grupo. Se supone que las chicas agradecen tantas atenciones, aunque haya a quien le pueda incomodar esa falta de privacidad, ese sentirse perseguidas casi hasta que se cierra la puerta de la casa.

imagen de un pueblo por la noche

Buenas noches de parte de Manuel

Por caballerosidad o porque no quisimos que la velada concluyera demasiado pronto, los chicos acompañamos a las chicas hasta la puerta de su casa. Era de noche y, aunque no fuera necesaria aquella molestia, nos causaba pereza la separación, como si quisiéramos que se mantuviera esa unidad fraternal que habíamos encontrado ante la cruz, aparte de que alguno aprovechase la ocasión para una despedida un poco más larga con su novia, con el inconveniente de renunciar a esa complicidad entre ellos a causa de los testigos, lo que, por otro lado, favorecería que ésta no se alargase demasiado, dado lo comprometido del momento. Ana fue la primera que desapareció por la puerta, evidenció que entre los presentes no se encontraba el amor de su vida y, en cualquier caso, no esperaba una declaración apasionada aquella noche.

Manuel, viernes 18 de abril por la noche

Buenas noches de parte de Ana

La cuestión es que ese sábado, de un modo u otro, ha de ser el gran día. Ana es consciente de ello y por eso durante esos últimos momentos y sucesos días día, sobre todo en lo que ha sido el acto de Adoración de la Cruz, tras el Vía Crucis. Por eso, como ha hecho durante los días y noches previos, se muestra esquiva, huidiza, pensativa, hasta cierto punto necesita que Manuel se dé cuenta de que ella está allí por si tenía algo que decirle, aparte de ese silencio o de ese perseguirla en vano.

Si el miércoles por la noche, Manuel fue el primero que se escondió en el alojamiento de los chicos, se desentendió de mí, cuando se hubiera amparado en el grupo sin mayor problema, aquella noche yo hice lo propio. Fue mi pequeña venganza y, en cierto modo, fue una sutileza para que se fijara en mí, que se diera cuenta de que yo estaba allí, que se le acababan las oportunidades de conquistarme, si es que se lo había planteado en serio en algún momento. Aquella era nuestra penúltima noche en la Pascua y, aunque él no lo supiera, faltaba un día para que Carlos se presentase allí con intención de que habláramos y que su final de Pascua fuera con el grupo. Mis ideas y expectativas con Carlos estaban bastante claras, como suponía que las suyas conmigo, pero para él nos quedaba una conversación pendiente antes de que quedase zanjado para siempre lo que en su momento hubo entre nosotros, a pesar de que, una vez ya tenía estabilizada su vida sentimental, perdía todo el sentido que removiésemos el pasado. Sin embargo, éste sabía que aquella era una situación que no tenía superada del todo y necesitaba que me aclarase, que no le afectara como antes.

Ana, 18 de abril por la noche, dia 19

La vida empieza hoy

entrada publicada el 10 de junio 2021

No sé, si los que seguís la lectura de la novela «Silencio en tus labios», os habéis percatado de un pequeño detalle, debido y provocado en gran medida por eso de que los días no terminan justo a medianoche, sino a criterio de los personajes y el viernes 18 de abril concluye de manera distinta según una u otra versión. Para Manuel cuando se van a dormir, en cuanto se cierra la puerta del alojamiento de las chicas, porque en esta ocasión sí tiene el detalle de juntarse a los demás y acompañarlas. Nos queremos imaginar que el día se le ha hecho tan breve debido a las ausencias de Ana que prefiere esperar hasta el último minuto, como si el viernes no fuese a terminar nunca.

Ana fue la primera que desapareció por la puerta, evidenció que entre los presentes no se encontraba el amor de su vida y, en cualquier caso, no esperaba una declaración apasionada aquella noche.

Manuel, 18 de abril. Últimas líneas

Sin embargo, para Ana el día termina mucho antes, quizá porque para ella el día estaba resultando demasiado largo, intenso, aun a pesar de lo mucho que ha dormido a lo largo del día, debido a sus propias debilidades por causa de su enfermedad; a su deseo de que ello no trascendiera para aquellos que son desconocedores de ese detalle, por lo cual, y de manera un tanto simbólica, para ella el día termina con el Vía Crucis nocturno, con la reflexión que hace de la séptima estación. Esta vez se siente unida a Manuel, identificada con el hecho de que cada cual ha de cargar con su cruz y, en cierto modo, evidencia su propia debilidad personal, que no se siente muy digna de recibir todo el cariño ni el amor que le profesan.

En cierto modo, tenía la sensación de que aquella noche se me pedía que fuera un poco más sincera y, aunque temiera ser una carga pesada e insufrible para los demás, permitiera que cargasen conmigo. Pero mi cruz resultaba pesada.

Ana, 18 de abril. Últimas líneas

De modo que para Ana el día 19 de abril comienza tras el Via Crucis, con la Adoración a la Cruz.

se esperaba una entrega personal y de manera un poco más ordenada, que cada cual buscase en su propio interior y decidiera qué dejaba a los pies de la cruz, dado que quizás hubiera quien se sintiera la persona más pobre del mundo y quien, por el contrario, sintiera que lo que ofreciera no sería bastante.

Ana, 19 de abril.

Y Ana habla de su ofrenda de aquella noche, de la disposición de su corazón, pero con la discreción que hasta ahora tanto le ha caracterizado, que casi se queda como un secreto entre sus amigas y ella, un ruego orante. En este caso, es algo que se guarda un poco más para sí misma. Después de un viernes un tanto desafortunado en cuanto a su salud, se siente revivir de nuevo. ¡No va a dejar que la adversidad le frene ni le derrote! A la Pascua no se va a hacer el tonto, pero a veces consigue que cambie el corazón. Que, si Manuel no es capaz de ser lo bastante tonto como para hacer tonterías durante la Pascua, ella se siente tan cargada de vitalidad, que está dispuesta a servirle de ejemplo y hacer alguna tontería de las gordas

Tan solo quise que quedase constancia de que de aquella Pascua no me iría sin mi cruz, una manera sutil en que asumía el compromiso firme y serio de que hablaría con Manuel,

Ana, 19 de abril

En mi caso fue el silencio, asumía que en aquellos momentos era mejor callar, no tanto por una negativa a compartir lo que llevaba en el corazón, como porque sentía que no aportaba nada a los hermanos. A los pies de la cruz hubiera puesto toda mi vida, me hubiera entregado por entero, pero, de cara a los demás, bastó con dejar algo mío. 

Manuel. 18 de abril, Adoración de la Cruz

De manera que una vez que ya he publicado esa parte de la novela que le falta a Ana, que para ella el sábado ya ha comenzado y ahora descansada confiada en que será un gran día, nos podemos hacer una pequeña idea de lo que va a pasar. Está claro que Manuel en lo único que se fija es que ella le evita, que pone entre los dos a sus amigas y todo lo que tenga a su alcance. Sin embargo, ya vemos que a veces la realidad es muy diferente, que Ana tan solo le concede la misma libertad que ella quiere para sí misma. Prefiere que Manuel no le agobie con sus historias, si éste no se lo va a tomar en serio. Por eso, al menos, se han de dar la oportunidad de hablar. No para decirle lo mismo que el sábado 15 de febrero, sino para confesarle que tal vez, entonces, se dejó llevar por la tensión del momento y ahora tiene la curiosidad de saber si ella se merece alguna oportunidad o, por muchos méritos que haga y miraditas que se lancen, todo es una pérdida de tiempo.

Además, no nos deberíamos olvidar que se cuentan las horas para la llegada de Carlos, quien ya intuimos que no acude a hablar con Ana en plan reconquistador, porque éste ya tiene novia, pero a Ana le inquieta la impresión y reacción que la visita y conversación de esa noche provoque en Manuel, ya que teme perderle también.

De modo que pase lo que la vida ha de comenzar este sábado 19 de abril, que la Vigilia Pascual suponga un antes y un después en la vida de todos, que no sea una Vigilia más como la de todos los años, como si siempre fuera lo mismo. Ana ha tenido tiempo de reflexionar sobre ello, ha tenido toda la pascua para vivir y reflexionar sobre ese momento.

Ya veremos qué pasa el domingo cuando recojan y se marchen al otro pueblo a reunirse con los de la otra pascua o cuando regresen a casa.

Manuel se ha de dar cuenta de que ella le está mirando fijamente……

Buenas noches, felices sueños y hasta mañana

Cuando se despierten para desayunar y salgan de paseo al campo, ya os aviso. Ahora tan solo quedaros con la idea de que Manuel tiene que hacer el tonto, pero tonto de libro, si no quiere perder a Ana, pero se ha de atrever a ello, a pesar de que ésta le dé la espalda. Ana, por su parte, se va a mantener a la expectativa de lo que pueda pasar, porque pasar tiene que pasar algo. El sábado ya ha comenzado, aunque da la sensación de que para Manuel aún queda mucho y Ana ya empieza a vivir con toda la intensidad que le permite su corazón.

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¡Por favor, Manuel, no te esperes al último momento! Si alguien se cruza con él en la próximas horas que le avise de que viene Carlos; recordadle que en esta pascua él tiene todo el derecho de mundo a hacer el tonto, que es capaz de superar ese muro de amigas que se interpone entre Ana y él, dado que Ana tan solo desvía la mirada para que no la sorprenda mirándole ni dudando de sus sentimientos hacia ella.

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