Esperando a mi Daddy (2)

05:00 PM. Bedroom

Ana: (Se asoma por la puerta) ¿Puedo pasar? – Me pregunta. – Dispongo de veinte minutos y he pensado que tal vez necesites ayuda con la asignatura más odiosa del mundo. – Me dice con sutileza y sin ninguna credibilidad.

Jess: Estudiaba ‘English Language’. – Le contesto.

La verdad, la pura y auténtica verdad es que he subido a la habitación y he puesto sobre la mesa el primer libro que he visto, para guardar las apariencias, en caso de que alguien entrase. Por lo demás no hago nada de particular más que calentar la silla y la cabeza, porque me siento algo cansada después de lo mucho que he madrugado esta mañana, por lo relajada que me he pasado el verano. Lo último que se me hubiera pasado por la cabeza es malgastar la tarde con la asignatura de Spanish I, porque me temo que, desde que Ana supo que me habían aceptado en el Medford High, no hay nada más ni mejor que estudiar. Se ha empeñado en que tengo que aprender el idioma y no le convence el hecho de que me niegue en redondo. Ya sea por las buenas o por las malas, me molestaré lo justo e indispensable para aprobar el curso y, en cuanto terminen las clases y me confirmen que he aprobado esa asignatura, los apuntes se irán a la basura y los libros se los regalaré al primero que me los pida. No haré preguntas, ya que para mí supondrá todo un desahogo, una liberación. Lo primero y único que quiero saber de España es que Daddy se interesa por mí y desea que me reúna con él lo antes posible. De todo lo demás soy la primera ignorante convencida, soy amnésica congénita. De hecho, si lo que Mr. Bacon nos ha prometido en clase y Yuly se toma la redacción tan en serio, estoy salvada.

Ana: Sabes más español de lo que crees. ¡Si no lo hablas ya es porque no te da la real gana! – Me dice en español y constata como si fuera algo tan evidente. – No será porque no me has oído que quiero que te acostumbres y no te suene a chino lo que te digo. Sé que me comprendes perfectamente.

Jess: I don’t speak Spanish. – Le reitero. – ¡No quiero y no me gusta! – Le respondo con convicción.

Ana:  Por eso no tocarás el libro en todo el curso y te perderás algo maravilloso. – Repite mis argumentos y me recrimina. – Como ya habrás comprobado, estoy empeñada en que aprendas. Aunque no siempre tengo tiempo y se me pasa. Cuando me acuerdo te hablo en español, te pongo un dictado y espero que con ello algo se te quede. – Me explica. – Algún día espero que me entiendas y conversemos de manera fluida.

Jess: Ese es el libro de Spanish. No es el libro sobre Daddy. – Le respondo.

Ana: Si no abres el libro, no lo sabrás. – Me contesta con complicidad.

Jess: ¿Qué debo saber? – Le pregunto intrigada.

Ana: Abre el libro y te enterarás. – Me contesta con intención y para que entienda que me dejará con la duda y la intriga. – Esta mañana, mientras estabas en clase, como te has dejado el libro olvidado, he tenido una lectura muy entretenida.

Libro de Spanish

Jess: Ese es el libro de Spanish. No es el libro sobre Daddy. – Le reitero.

Ana: Si no abres el libro, no lo sabrás. – Me contesta con complicidad.

Jess: ¿Qué debo saber? – Le pregunto intrigada.

Ana: Abre el libro y te enterarás. – Me contesta con intención y para que entienda que me dejará con la duda y la intriga. – Esta mañana mientras estabas en clase, como te has dejado el libro olvidado, he tenido una lectura muy entretenida.

Lo de dejarme olvidado aquí el libro esta mañana ha sido en parte premeditado y en parte un despiste porque al ser el primer día tampoco me ha parecido que fuera a ser muy necesario, dado que el primer día suele ser para las presentaciones, para que el profesor nos vaya conociendo y sepa el nivel que tiene cada uno. A mí el libro tan solo me hubiera servido para hacer bulto en la mochila y al final, la verdad, es que Mr. Bacon no nos ha pedido que lo sacásemos. Tampoco es de un libro que Ana quiera que deje en la taquilla porque se supone que se ha de convertir en mi libro favorito, sin que hasta ahora lo haya tocado. De modo que ahora parece algo usado se debe a que Ana lo ha hojeado, al menos para cerciorarse de que hemos comprado el que nos han recomendado para clase. 

Jess: ¡Es mío! – Replico porque considero que ha invadido mi intimidad.

Ana: Cuando me presentes la factura o lo desgastes por el uso, me creeré que es tuyo. – Me responde. – Hasta entonces, es propiedad del St. Clare’s Home. – Alega en su defensa.

Jess: ¡OK! Entonces, ¡nunca será mío! – Le respondo porque no me apetece que discutamos.

Ana:  Estudia cinco minutos. – Me aconseja. – Coge un folio y te dictaré unas frases. – Me indica.

Jess: Díctame lo que quieras, porque no pienso escribir nada. – Le respondo con cierta rebeldía.

Ana: Ya sabes lo que eso supone. – Me advierte con gesto serio y actitud poco negociadora. – Si no cooperas, no le pediré a los administradores que te reserven la habitación para el curso que viene. – Me avisa.

Jess: ¡Aprobaré 9th Grade! – Afirmo convencida de ello.

Ana: Entonces, escribe y no malgastes saliva ni mi paciencia. – Me contesta en un tono más afable. – ¡Si no quieres hablar, no hables, pero por lo menos escribe en silencio, por favor! – Me ruega.

Jess: Al menos, que sean frases fáciles. – Le ruego en tono más conciliador.

Ana: Escribe y calla. – Me responde.

Como no me dejará en paz por mucho que proteste, no me queda otro remedio que hacerle caso. Saco el cuaderno y lo abro por la primera hoja en blanco. Este cuaderno es exclusivo para todo lo referente al español, de manera que en cuanto haya rellenado todas las páginas no tendré ningún reparo en echarlo a la basura, de manera que no lo recupere, aunque tenga remordimientos en el último momento, que seguro no los tendré, salvo que Daddy venga a por mí. Ana conoce mis intenciones, pero tampoco le preocupa demasiado mientras disponga de un cuaderno para esto. Lo peor sería que no tuviera ninguno, que me negase en redondo, que lo hago, pero lo del cuaderno o mi resignación ante las presiones es solamente por apariencia, porque me conviene, ya que no me agrada que me amenacen con que no seguiré aquí el próximo curso. Por mucho que Ana se lo crea, yo no hablo español, aunque se empeñe en hablarlo conmigo y ya me tenga un poco harta por ello, dado que es lo único que hace que mi permanencia aquí no sea tan idílica como quisiera. ¡Esto es Medford, en el estado de Massachusetts y no es Toledo, en España, de manera que se habla en inglés!

No estudié Spanish mientras estuve en el St. Francis School y tengo los oídos taponados en todo lo que se refiere a ese idioma, pero llegué a un acuerdo con Ana y a su manera ésta me ha impuesto su criterio por las malas. Frente a la condescendencia o falta de autoridad de los profesores, ella no se ha rendido y lo que no he aprendido de los libros y en clase, ella ha hecho que me entrara por los oídos. Tal vez no haya conseguido que hable ni escriba en español ni tan siquiera que entienda a otras personas cuando me hablan en ese idioma, pero con ella no me ha quedado otro remedio. Con ella ya me da igual el idioma en que me hable porque la entiendo, al menos hago el esfuerzo, lo que no significa que mis sentimientos ni planteamientos hayan cambiado respecto a esta asignatura. Aún me provoca recelo, arcadas y todo lo malo que provoque en mi situación personal. Sin embargo, Ana no tiene en cuenta los síntomas y considera que la mejor cura es que me olvide de ello y sea un poco más abierta de mente.

Ana: ¿Lista? – Me pregunta. – Escribe. – Me pide. – Iré despacio. Si no entiendes alguna palabra, deja el espacio en blanco y lo completas después.

Jess: Espera un momento. – Le ruego. – Deja que me prepare.

Notebook of Spanish
Dictado 06/09/1995 (6 de septiembre 1995)
Dos curos can chocolate it ¡Delicious! Los curros con chocolate for coxtúnvre es two man in el desallunó, ahun qué a beses tanvien is two man como merrihenda. Sing in bar goes, it is chocolate it can curros no es solló un dexallunó ó una merrihenda: tanvien is exdiente como un ascó sócial. Tuxa jente ceda con susa mijas o familyares en una café tierra para tómate los viernes charlon. Este delicious dexalluno lo acampan una tasa de chocolate calienpe y un pláto de chuzos, que se xellen xerbir caen bien. Se moga el chuzo en el chocolate calén te. Ahí qien dice que la coxtunvre de dexallunar chuzos expresó en el sigla ___ in Madrid en las fárreas ambos antes y que se izo popular for que era baluarte bar andador. El chocolate se teme una history más larja, pues fue sede del caco American. Si basa España, no olbides dos mares chocolate conchudos.

Ana: (Le echa un rápido vistazo a lo que he escrito) [Habla en español] ¡Tan perfecto como siempre! – Me dice con sarcasmo. – Esta vez tan solo te han faltado una palabra. – Constata. – Ahora solamente queda que lo corrijas y averigües cuántos errores has tenido. – Me indica.

Jess: ¡Únicamente una falta palabra! – Replico ante su condescendencia porque para entenderla en este caso no hay mucha dificultad. – Es lo mismo que los dictados que me ha hecho este verano.

Ana: Si eso es verdad, ya sabes lo que te espera en la cena. – Me dice animada. – Esperemos que tengas apetito o, por el contrario, que prefieras no cenar.

Jess: ¿Hay cena para mí? – Pregunto contrariada porque me parece entender que estoy castigada.

Ana: Si te la mereces, la tendrás en la mesa, a tu hora. – Me contesta. – En caso contrario, ya sabes a qué hora se apaga la luz.

Si de lo que deduzca del dictado depende mi cena, la verdad es que más vale que se trate de algo que merezca la pena, algo delicioso, porque no me he enterado de casi nada y estoy más que segura que aquello que creo haber entendido no es muy exacto. Me ha parecido que se refería a algo con chocolate, pero también es cierto que Ana en ocasiones me engaña porque espera que con ello aprenda una lección. De todo lo que ella me dice, cuando habla despacio y claro, alguna que otra palabra consigo entender y con base en eso tengo una idea más o menos aproximada de lo que me dice, pero, por lo general, me siento bastante perdida, confusa. Con los dictados ella es consciente que no sé de qué me habla y que escribo tal y cómo me suena, sin que me preocupe si ello es o no correcto. Como ha comprobado esta tarde, le da más importancia al hecho de que no me haya dejado palabras en blanco que al texto en sí. El esfuerzo de la corrección y traducción lo deja bajo mi criterio, aunque ya sospecha que no perderé mucho tiempo con ello, a pesar de que en este caso ello condicione mi cena de esta noche.

El hecho de que Ana tan solo resalte el hecho de que me ha faltado una palabra por escribir de todo el texto lo cierto es que me contraría un poco porque estoy convencida de que está lleno de errores de todo tipo, pero no se trata de que escriba en perfecto español, sino de que preste atención y mis oídos se acostumbren al idioma. Es lo mismo que con la lectura comprensiva, pero con los dictados es ella quien habla y yo quien me he de esforzar en escuchar. De hecho, Ana asegura que, si fuese yo quien le dictara, sus resultados serán casi perfectos, porque asegura que mi grado de pronunciación es bastante aceptable. El objetivo es conseguir que haya la misma corrección cuando escribo y cuando hablo, pero eso a mí me resulta demasiado complicado de lograr, aunque me haya dado este año de plazo para que me convenza de lo equivocada que estoy, porque, de hecho, le entiendo cuando me habla en español, aunque con Mr. Bacon no me haya resultado tan fácil esta mañana.

Ana: Otra cuestión antes de que se me pase. – Me dice en inglés. – ¿Cómo llevas la cuestión de las amistades? – Me pregunta preocupada. – ¿Te pasarás el curso en un rincón de la clase y el tiempo del descanso aislada de todo el mundo?

Jess: ¿Recuerdas que la semana pasada te comenté que una chica no había venido al Orientation Program? ¿Qué había quedado un pupitre libre junto al mío? – Le pregunto animada. – Pues resulta que le he caído simpática y nos hemos pasado la mañana juntas. – Le digo en tono de victoria.

Ana: Sí, recuerdo que algo me comentaste. – Me responde no muy segura. – ¡Confío en que se trate de una buena chica y no te hayas juntado con malas compañías! – Me indica preocupada.

Jess: Por lo que la he tratado hasta ahora me parece que será la empollona de la clase. – Le comento sin querer dar muchos detalles. – Yo aún no he abierto ningún libro y ella ya los ha hojeado todos. – Añado con intención,

Ana: ¡Sí, la chica debe ser lista! – Me responde con una sonrisa de aprobación. – Las tontas son las que el primer día de clase aún no han tocado un libro. – Alega con complicidad y sutileza.

Jess: ¡Ya veremos lo que pasa mañana y cómo nos entendemos los próximos días! – Le indico y evidencio con mi desconfianza habitual.

Ana: Como te digo siempre, intenta poner algo de tu parte y no te cierres en banda. – Me contesta. – Si desde el primer momento empiezas a ponerle objeciones, la chica pensará que no tienes interés en su amistad y así es normal que te olvide. – Me advierte. – Proponle que estéis juntas durante los descansos, buscad gustos y aficiones comunes de las que hablar, … No sé, estoy segura de que en esa cabecita tuya hay un pozo de conocimiento a la espera de que lo compartas con alguna chica de tu edad.

Jess: Ya veremos. – Le respondo.

Que encuentre temas de conversación con una chica con quien no tengo nada en común y cuyo entusiasmo por la asignatura de España es razón suficiente como para que me lo piense dos veces antes de permitir que se me acerque, sobre todo porque en cuanto nos conozcamos un poco más, sobre todo después de haber hecho el ejercicio de clase, se dará cuenta que mi aportación a la asignatura es nula y ello le perjudicará en su calificación final, salvo que no le importe juntarse con la chica tonta de la clase. En el resto de las asignaturas será fácil que encuentre por mi parte una motivación más interesada, pero tampoco creo que le entusiasme eso de juntarse con una chica tan selectiva, cuando ella pretende ser un pozo sin fondo de conocimientos y pensará que yo soy una aprovechada porque me quedaré con lo que desborde sin esforzarme demasiado, en todo caso, como llegue a oídos de Ana que adopto una postura demasiado cómoda, ya se encargará ella de que esta amistad no llegue muy lejos. Además, se trata de una chica de West Roxbury, por lo que ni siquiera podremos estudiar ni vernos después de clase, de manera que todo se pone en contra de Yuly, pero mientras tengamos que hacer ese trabajo juntas supongo que mejor que no hable más de la cuenta o seré yo misma quien me perjudique y ponga en evidencia delante del profesor y de mis compañeros.

Ana: Corrige ese dictado y cuando acabes, bajas a cenar. – Me indica animada. – A ver si consigues que eso que has escrito tiene algún sentido

Jess: ¿Debo corregirlo? – Le pregunto contrariada y desanimada.

Ana: Al menos la primera frase. – Me propone en tono afable. – No queremos que te salga humo por las oreja antes de tiempo.

Jess: ¡OK! – Le respondo resignada.

Ana: Te dejo sola para que estudies.- Me indica. – Cuando termines, baja a cenar. ¡ Y mejor que sea antes de que sea tarde! – Me advierte con intención.

Que corrija el dictado sin tener como referencia el texto original va a ser una tarea un tanto complicada, pero, según Ana, ya sé lo bastante español como para que no sea algo tan inviable y, en todo caso, me da la oportunidad de echarle imaginación y que aflore todo ese vocabulario que se supone ya conozco. Al menos que demuestre la suficiente inteligencia como para encontrar respuesta a mis dudas y bloqueos sin necesidad de que sea ella quien me dé la respuesta. En definitiva, que para ella eso de que soy una ignorante convencida no es más que una pantomima para llamar la atención y no le da ninguna credibilidad por mucho que yo me empeñe e insista en ello cada vez que me ponen a prueba. Sin embargo, en contra de lo que ella pueda pensar, mis dictados son un auténtico desastre y no porque sea intencionado, aunque sí es cierto que se me arma tan jaleo mental en la cabeza que escribo sin pensar. Lo que me delata con Ana es que a ella la entiendo casi todo, pero es por el contexto y porque no me deja muchas más opciones. Ella es la persona que mejor me comprende y en quien me apoyo desde hace algunos años.

Dos curos can chocolate it ¡Delicious!”  Es evidente que esto está mal escrito y que no tiene ningún sentido, sobre todo sin una aclaración previa por parte de Ana. Entiendo que se refiere a comida y que se trata de algo con chocolate, porque es lo único que me parece está bien y he entendido, que la pronunciación en los dos idiomas es bastante similar. Lo de “¡Delicious!” lo he escrito en inglés, pero supongo que lo he escuchado bien porque Ana ha sido muy expresiva y lo ha recalcado con intención de que  “¡Delicioso!” me entré el hambre y resulte tentador, que lo considere un premio por el hecho de haber acudido a clase de Spanish sin que nadie tuviera que llevarme al aula a la fuerza ni buscarme por todos los rincones del Medford High hasta dar con mi escondite, con la ventaja de que en mi  primer día de clase aún no conozco el lugar ni la gente sabe de mis malas costumbres. Como he asistido a clase con normalidad se entiende que se ha de premiar tanto mi esfuerzo como mi buena actitud. Lo que no quiero es que me manden a Matignon High porque Daddy me vendrá a buscar aquí.

Mentiría, si no admitiera que me encanta el chocolate, suponiendo que eso esté bien escrito porque en inglés y es español tienen una pronunciación parecida. Según me ha explicado Ana, es una palabra que se ha asimilado, que al igual que ellos tienen anglicismos, el idioma inglés tiene palabras de origen español, aunque el origen del chocolate es de Centro América y los españoles lo llevaron a Europa durante el Descubrimiento y desde allí llegó a Estados Unidos por los colonos. De manera que esta noche para cenar tengo algo que se come con chocolate y que supongo que debe ser algo muy característico de España. Es decir, que, si esta noche no quiero irme a la cama sin cenar, me conviene superar ese bloqueo mental y echar mano de mis limitados conocimientos de la cultura española, sobre todo porque no es tan frecuente que por aquí se nos dé chocolate con las comidas, ya que, según dice Monica, es un alimento que engorda y nos daña los dientes porque lleva demasiado azúcar. Sin embargo, Ana prefiere que lo veamos como un premio, de modo que tampoco es algo de lo que abusemos, porque nos lo hemos de merecer.