Esperando a mi Daddy (2)

11:00 AM. Bedroom

Monica: [Asomada por la puerta] ¿Cuándo dejarás de mirarte el ombligo y harás algo de provecho? – Me pregunta y hasta cierto punto recrimina.

Jess: ¿Qué? – Le pregunto ya que no entiendo que me interrumpa ni su comentario.

Monica: Decía que, de todas las chicas que han pasado por aquí, eres la única que se pasa el día mirándose el ombligo. – Me contesta. – Si no haces nada de provecho, ¿te importa ir a un recado? – Me pregunta. – Se lo pediría a las demás, pero eres la mayor y, ya que tienes que estar por aquí, no está de más que eches una mano de vez en cuando. – Argumenta.

Jess: No, ahora no hago nada. – Le contesto y confirmo. – ¿Qué hay que hacer? – Le pregunto con plena disposición confiada en que no será complicado.

Monica: Iría yo, pero alguien se ha de quedar al cuidado de las pequeñas. – Me indica. – ¿Te importaría coger la bicicleta y acercarte al Foodmaster? – Me pregunta. – Ya sé que tú de los alrededores no sales ni aunque estalle una bomba y que, en tal caso, el Foodmaster se encuentra lo bastante lejos como para que ni te lo plantees. Aun así, no te lo pediría, si no fuera importante.

Jess: ¿No puedes pedir que te lo traigan? – Le pregunto intrigada y contrariada.

Monica: No, hay que acercarse a por ello. – Me responde muy segura. – Si Ana estuviera aquí, iríamos cualquiera de las dos, pero como sabes, me he quedado sola, porque de vosotras tampoco estáis todas, pero no me parece prudente meteros en la furgoneta y que esto se convierta en una excursión o dejarte a ti al cuidado de todo durante mi ausencia.

Jess: Nunca he ido y no sé si sabré encontrarlo. – Le contesto reprimiendo mi entusiasmo ante las expectativas.

Monica: Pues, si tú no vas, nos quedaremos sin comer pollo esta semana. – Me indica. – Es una donación que nos hacen, pero que esta semana habremos de rechazarla. – Se lamenta.

Si estuvieran aquí Jodie o Brittany, estoy segura de que no se lo pensarían. La idea, como tal, es una oportunidad bastante tentadora, irse lejos y de compras con el permiso de Monica. Aprovecharían para rebuscar en los bolsillos de toda su ropa en busca de cualquier moneda o billete perdido antes de coger la bicicleta. Sin embargo, se trata de mí. Lo cual, en principio, no resulta muy alentador porque, como Monica me ha dicho y las dos sabemos, el Foodmaster no se encuentra a la vuelta de la esquina, sino en el cruce Fellsway W y Salem St., lo bastante lejos como para que me lo piense dos veces antes de ser demasiado impulsiva. En realidad, el Medford High se encuentra más o menos a la misma distancia, pero en sentido opuesto y tengo que ir todos los días me guste o no, aunque por suerte a clase voy en bus y me evito el pedaleo. – ¡Pero más vale que salte de la cama cuando suene el despertador o me mandarán en bicicleta o a pie para que al día siguiente espabile y no sea tan perezosa ni irresponsable! – Lo que ahora Monica me pide es que vaya de compras, aunque sin dinero porque lo que espera que le traiga es algo que nos regalan, Lo que supongo no será de primera calidad, porque hay quien entiende la generosidad como dar lo que les sobra sin tener en cuenta que nosotras queremos lo que necesitamos. No lo que los demás ya no quieren. Por lo cual, lo que Monica pretende y espera de mí es que por una vez deje a un lado mis miedos y piense un poco más en los demás. Confía en que seré capaz de realizar esta tarea y no tanto en dejarme como responsable de las niñas porque teme que éstas no me tengan el mismo respeto ni consideración que a ella; no me ve con suficiente autoridad ni capacidad de mando.

Jess: El Foodmaster está lejos y siempre nos dicen que tengamos cuidado con los coches. – Argumento como excusa a mis reticencias.

Monica: No te obligo, de manera que no insistiré. – Me contesta. – Llamaré para darles las gracias y decirles que este sábado no nos lo reserven. – Me indica resignada.

Jess: ¿Por qué no me quedo de responsable y vas tú en un momento? – Le propongo como alternativa. – Seguro que se me ocurre algo entretenido que hacer durante tu ausencia.

Monica: En realidad, no sé qué es peor, que a ti te pase algo por mandarte a hacer ese recado o que les pase algo a las demás por dejarlas a tu cuidado. – Me contesta. – En cualquier caso, me habré de fiar de ti.

Jess: Estoy segura de que, si les propongo algún juego, ni se darán cuenta de que te has ido. Además, tampoco tardarás tanto. – Le indico confiada.

Monica: Sí, supongo que es la única solución. – Me contesta resignada. – Ya que estás aquí, le sacaremos algún provecho. – Me dice con cierto optimismo. – Pero, como suceda algo grave, ya sabes lo que te espera. – Me advierte. – Aún estamos a comienzo de curso y en Matignon High te guardan la plaza por si cambiamos de idea.

Supongo que mientras no avance más el curso la amenaza del traslado estará presente en todo momento. Sin embargo, cada día es menos creíble porque no me parece muy lógico que me cambien de high school a mitad de curso sin que haya una justificación coherente. Si no lo han hecho ya, dudo bastante que lo hagan la semana que viene o dentro de dos meses. Tal vez, si me cambiara de ciudad, se entendería, pero Cambridge no está tan lejos como para que se considere una mudanza. Ana me ha dicho que se encuentra al otro lado de Somerville. Tampoco soy tan ignorante como para no tener unos conocimientos básicos sobre el condado y el Estado, aunque mi mundo se limite a los alrededores del St. Clare’s y se han ampliado un poco debido a mis excursiones a Carson Beach y a que ahora soy alumna del Medford High. Se ampliaría un poco más, si accediera a la petición de Monica e hiciera ese recado, pero me parece demasiado arriesgado y son tantas las advertencias que se me han hecho con respecto a eso de que me vaya por ahí yo sola, a la aventura, que soy de lo más prudente en cuanto pongo un pie fuera del St. Clare’s. Tampoco es que me haya convertido en una adolescente acobardada. Más bien, ha aumentado mi desconfianza en los extraños porque he escuchado demasiadas malas historias con respecto a cómo nos tratan a las chicas jóvenes, aunque yo no haya tenido hasta ahora ninguna mala experiencia, más allá del hecho de que los chicos del parque querían que jugase sin camiseta o que los de las bandas rivales se excedían un poco en su obsesión conmigo. Por suerte para mí, quizás he sido demasiado ingenua en el trato con los chicos, pero las piernas no me han fallado cuando he tenido que correr de regreso aquí para ponerme a salvo. Era más apetecible un castigo por mis escapadas que consentir que se metieran conmigo y aprovecharan su fuerza en mi contra. Nunca llegó a pasar nada malo, pero sí me he visto revolcada por los suelos y con riesgo de volver con la camiseta desgarrada. De todos modos, he sido ágil y me he sabido defender con uñas y dientes cuando ha sido necesario.

Monica: Si te vas a ocupar de las niñas, deja lo que estés haciendo y baja. – Me pide.

Jess: Un segundo para que recoja. – Le indico. – Paso por el cuarto de baño un momento y voy.

Monica: Si es medio, mejor. – Me responde. – Es hora de comer y debido a esto la comida se tendrá que retrasar un poco. – Me indica. – Las chicas me tienen entretenida y me faltan manos.

Jess: Pero, ya está hecha ¿No? – Le pregunto contrariada.

Monica: Tal solo queda que pongáis la mesa y os sentéis. – Me contesta. – Si tenéis un poco de paciencia estaré de regreso en media hora o antes.

Jess: Creo que la mesa la podremos poner entre todas. – Le propongo.

Monica: Mientras no rompáis nada ni os peleéis por ver quién se sienta aquí o allá, lo dejo bajo tu responsabilidad. – Me contesta. – ¿Estás segura de que no quieres ir? – Me pregunta de nuevo por si he cambiado de idea.

Mejor que perder la mañana mirándome el ombligo, en espera de que me avisen para comer, el hecho de que pida que me implique parece mucho más entretenido. Ana no está y alguien ha de suplir su ausencia. En realidad, Monica nunca se queda sola del todo, siempre hay voluntarias que echan una mano, pero su constancia y disponibilidad depende de factores ajenos a nuestras necesidades. Aparte que, desde que ya no hay niñas tan pequeñas, se supone que quienes estamos somos un poco más capaces de cuidarnos de nosotras mismas. No me conozco demasiado bien la historia del St. Clare’s, no me la han contado con demasiado detalle. Pero por lo que vivido en estos años, la tendencia es que cada vez haya menos niñas y más mayores, no tanto porque se rechace a las que llegan y no cumplen con los requisitos, porque, como dice el lema, todas son bienvenidas, pero el edificio se queda pequeño para tantas y la tendencia es a buscarle a todas una familia de acogida, que se queden aquellas que por un motivo u otro no encuentran una solución, como es mi caso. Tengo la impresión de que cada año se reduce el presupuesto destinado a nosotras y la única alternativa que queda es reducir gastos. Supongo que con esto de que cada vez hay más mujeres que trabajan fuera de casa y que bastante tienen con compaginar su trabajo con su familia, nosotras hemos quedado un tanto relegadas. De todos modos, por el momento me quedo y supongo que Ana les habrá dado buenos argumentos a los administradores para convencerles de lo ventajoso que ello resulta para todos. La desventaja es que habré de estudiar un año de Spanish y es posible que Monica recurra a mí con frecuencia.

Soy una chica valiente ¿o una cobardica? Monica sabe que no me alejo demasiado, salvo para ir al parque o a Carson Beach. Este curso, además, acudo al Medford High. Todo lo demás hasta ahora ha sido por las malas y contra mi voluntad, incluso cuando he estado enferma. Entiendo que, si Monica ha acudido a mí en esta ocasión, es porque ya me considera lo bastante mayor y responsable como para hacer ese recado. El Foodmaster se encuentra mucho más cerca que Carson Beach, lo que me deja sin argumentos para negarme. Se me da la oportunidad de ir un poco más allá de donde alcanza la vista, aunque entiendo que la intención de Monica es aprovecharse de que estoy aquí y que, dado lo excepcional de mi caso, tampoco me quiere tratar como a las demás, que he de hacer algo para merecerme la concesión que se me ha dado. Es más, me atrevo a pensar que Monica se siente justificada a hacerme este encargo, porque si Ana me presiona con el tema de la asignatura de Spanish y ha conseguido que no falte a clase, ella intentará que rompa con mis fronteras mentales y sea un poco más abierta al mundo. Admito que la idea de ir hasta el Foodmaster es tentadora por todo lo que se puede curiosear por allí, pero tampoco sé si Monica me dará tanta libertad.

Monica: Si te lo estás pensando, te concedo un minuto para que te decidas. – Me dice. – De todas las chicas que han pasado por el aquí eres la única que siempre se busca una excusa para no ir de compras. Justo al contrario que las demás. – Constata y me recrimina.

Jess: ¿Es mucho lo que hay que traer? – Le pregunto intrigada. – Traerlo con la bicicleta puede ser complicado. – Argumento.

Monica: Si te llevas la mochila, no habrá problema. – Me contesta. – No acostumbra a ser más de dos o tres kilos. – Me aclara. – Si te atreves y vas con cuidado, estoy segura de que no habrá problema y con la bicicleta te defiendes bastante bien. – Alega.

Jess: Entonces ¿Quieres que vaya? – Le pregunto dubitativa. – Si prefieres que me quede al cuidado de las demás, me da lo mismo.

Monica: Si vas, me harías un gran favor. – Me responde.

Jess: ¡Vale, voy! – Le digo con decisión.

Monica: Entonces, en cuanto estés lista, márchate y no te entretengas por el camino. – Me indica. – Ten cuidado por Fellsway y procura no perderte. – Me recomienda. – El Foodmaster se encuentra en el cruce con Salem St, pero no hace falta que llegues hasta el cruce, callejea un poco y llegarás antes.

Jess: Creo que sabré llegar. – Le aseguro.

Fellsway W, Salem St y la I93 forman un triángulo. No me he movido del barrio ni alejado en exceso del St. Clare’s, pero soy una chica de Medford y más o menos tengo una idea de dónde vivo. No es fácil que me pierda, salvo que vaya por zonas por las que haya que callejear y me desoriente, pero hasta el Foodmaster me considero capaz e incluso de encontrar un atajo, como me ha recomendado Monica. Así me evitaré el tráfico y el peligro de los coches. Mentiría, si dijese que nunca he estado allí, pero lo cierto es que he ido con desgana y que son muy contadas las ocasiones en las que Monica o Ana nos han llevado de tiendas, porque dependemos en exceso de la generosidad de la gente y es una manera de evitar que los gastos se disparen. Aunque de todas maneras, desde siempre, se ha intentado que seamos chicas capaces de valernos por nosotras mismas y que no nos asunte el hecho de que vayamos de compras. Según Ana es una manera para que aprendamos, aparte de lo poco o mucho que nos enseñen en el St. Francis School durante los años que estemos allí. De hecho, entiendo que, como mi estancia se ha alargado y desde siempre he sido un poco peculiar con el tema de la ropa, ésta ha sido una actividad obligada en mi caso. Antes que dedicarme al trapicheo de ropa con los chicos, mejor que la consiga por métodos más recomendables. No hay necesidad de poner en juego ni integridad porque me haya encaprichado con un jersey o unos pantalones. Si no me gusta lo que se me proporciona, al menos que me lo compre, que aprenda a administrarme y sea un poco más responsable y consecuente con mis gustos.

Monica: En cuanto te hayas cambiado, baja a la cocina y te diré lo que has de traer. – Me indica.

Jess: Estaré lista en cinco minutos. – Le aseguro, aunque antes le he dicho que tardaría menos, pero se suponía que no iba a ninguna parte, pero ahora he de salir con la bicicleta. 

Supongo que en vista de que he cambiado de idea, Monica pensará que he tenido otra de mis estúpidas ocurrencias, que, si me he dejado convencer, no ha sido por hacerle una gracia ni porque por una vez vaya a hacer caso a lo que me diga. Reconozco que con ella no siempre soy tan obediente y que mi trato es muy diferente al que tengo con Ana. Porque mientras que Monica me trata con seriedad, Ana es más amigable, menos juiciosa y negativa con mis ocurrencias. Sé que, si hubiera sido por Monica, este curso yo ya estaría en el Matignon High y no sabría nada de Daddy; habría tenido que estudiar Spanish desde 5th Grade como las demás. De manera que eso de que yo no hablo español ahora mismo no resultaría muy creíble. Lo hablaría de manera tan fluida como el italiano. Pero lo cierto es que se supone que hablo o entiendo el español más y mejor de lo que aseguro, aunque a lo largo de los últimos cuatro o cinco años no haya estado en más de tres o cuatro clases. Monica es de las que piensa que las tácticas de Ana conmigo no han dado ningún resultado; que lo único que ha cambiado en mí desde que ésta llegó es que ya no tengo tanta ropa de chicos en mi armario y mi aspecto es el de una chica normal. Sospecho que, si le pidieran a Ana que hiciera una valoración de mis progresos, a pesar de mi cabezonería, diría que he cambiado mucho, aunque mantengo mi rebeldía de siempre y eso es lo que me frena. Lo mejor de todo es que con Ana, Daddy es alguien importante en mi vida, aunque Monica sea de la opinión de que eso es una tontería y que no me aporta nada positivo, ya que no sabemos nada de Daddy y hasta el momento su desinterés por mí es más que evidente.

Si he de volver cargada, me llevaré la mochila. Espero que no se trate de mucho peso ni de un paquete demasiado grande. Aunque, si se trata de una donación y se supone que es la comida para la próxima semana, en vista de lo tragona que es alguna, no me atrevo a adelantar acontecimientos. Ya sé que se reciben donativos de todo tipo, que la mayoría de ellos los recibimos a través de la parroquia más que de manera directa, pero está claro que tenemos que comer, que necesitamos algo más que ropa para vestir o dinero para las facturas. Como Ana me ha comentado en alguna ocasión, para que me hiciera una idea de lo que supone el mantenimiento, somos como una gran familia. Tan solo he de pensar en todo lo que yo gasto y multiplicarlo por quince. Como tal el St. Clare’s no tiene ingresos fijos ni se ha montado con ánimo de lucro, de manera que todo lo que recibimos es para cumplir con las necesidades básicas. Nunca tenemos de más y lo que ya no necesitamos, o nos sobra, se envía a familias y gente más necesitada que nosotras. En tal caso, no es muy coherente que nosotras tengamos nuestra asignación, porque ello supone un enriquecimiento. Sin embargo, Ana lo justifica como una necesidad básica, para que aprendamos el valor de lo que tenemos y sepamos lo que cuesta. En realidad, ese dinero es para que paguemos los gastos que, como tal, no pueden justificar de otro modo. Por lo que a mí se refiere, mi capacidad de ahorro está bastante limitada y condicionada por el hecho de que hasta ahora mi vida se ha centrado en el barrio. No tengo excesivos gastos, pero tampoco ingresos extras que sí tienen las demás y que reciben de sus familias de acogida, porque ese es un dinero que, como tal, no contabiliza. Sin embargo, tanto Ana como Monica intentan tener controlado, para que ninguna sea egoísta ni acaparadora con aquello que se pueda compartir.

11:10AM-11:30 AM Paseo hasta el centro comercial

11:30 AM. Foodmaster corridor

Soy toda una valiente porque he conseguido llegar, sin malos encuentros con extraños y sin problemas por causa del tráfico. Espero ser capaz de volver con la misma tranquilidad. Más o menos tengo una idea aproximada del camino y confío en no perderme. Por donde he venido no estaba mal, pero está claro que he de internar no circular por Fellsway W. Por lo cual habré de llegar hasta el parque y desde allí al cruce de Fulton St. Esa es una zona que me conozco bastante bien y no será tan fácil que los coches me sorprendan, aunque tampoco iré con idea de entretenerme en el parque, ni en el caso de que me encuentre con que los chicos estén allí. Ya he tomado la decisión de que no volveré a jugar con ellos, ignorarles para que no se confundan con mis pretensiones, porque no tengo ningún interés especial en ninguno de ellos. Aunque no pueda desmentir el hecho de que tal vez lo haya tenido en alguna ocasión, pero cuando tomé la determinación de alejarme de ellos fue con todas las consecuencias, aparte de que mi prioridad siempre ha estado en Daddy. El hecho de que haya llegado a interesarme por algún chico no es más que la evidencia que soy una chica como las demás, pero ello no ha contribuido a que mejore el concepto que me he creado de los chicos en general. 

Además, supongo que Monica no espera que me entretenga demasiado. He de recoger el encargo y regresar. Mi preocupación es que, como me vea demasiado responsable con estos recados, lo más probable es que haya una próxima vez y ya sabe lo poco que me gusta alejarme. Esta vez casi lo he hecho por imposición, por demostrar un poco de madurez, pero no se me quita de la cabeza el temor de que durante mi ausencia Daddy se presente allí, pregunte por mí y se encuentre con que no estoy, que quizá no tenga paciencia para esperarme quince o veinte minutos hasta que regrese, porque no espero entretenerme mucho más, aunque ya que estoy por aquí haya venido con idea de hacer alguna que otra compra y aproveche el viaje. Son muy contadas las ocasiones en que voy de tiendas y menos aun las que vengo por aquí porque hasta ahora me he negado a alejarme de barrio, salvo para ir a Carson Beach, que es como si me llevasen un poco más cerca de Daddy, aparte de pasar un día relajado de playa.

Mejor que primero cumpla con el encargo y después piense en el camino de vuelta. Le he de demostrar a Monica que soy una chica responsable y que se puede fiar de mí. Soy consciente de que ella es la más reacia a mi continuidad, pero Ana está segura de que ello será beneficioso para todos. De tal manera que me conviene hacer méritos, no tanto para que Monica cambie de parecer, sino de actitud conmigo. Ahora que Ana ha de estar ausente por cuestiones familiares y ha limitado sus horas de trabajo, alguien habrá de suplir sus ausencias. Estoy segura de que no es eso lo que se espera de mí, pero sí que eche una mano de vez en cuando; que lo considere como parte de esas horas de trabajo comunitario que se nos exigen en el plan de estudios y que después se valorará en la solicitud de acceso a la universidad. A mí no me parece que sea tan malo eso de que toda mi vida y méritos giren en torno al St. Clare, con ello se pone de manifiesto que no me quedo cruzada de brazos y que aprovecho el tiempo que estoy allí.

Lo primero que me llama la atención es que ya empieza a haber publicidad sobre la próximos Juegos Olímpicos en Atlanta, aunque me temo que este espíritu deportivo no llegará hasta nosotras. No me imagino que Ana, y menos aún a Monica, nos pongamos a hacer deporte en el jardín ni por los pasillos. Tengo la experiencia de hace tres años, cuando fueron en España y tampoco se hizo nada especial. En el supuesto de que se hubiera hecho, no creo que ni Ana ni nadie me hubieran convencido para que participase. Tampoco es que sea de las que se pasa el día con el culo pegado a la silla, con las ocasiones en que me he escapado para jugar al parque con los chicos y las prisas que me he dado en volver, aparte de la flexibilidad y agilidad que hay que tener para salir sin que se diera cuenta nadie he llegado a tener una forma física envidiable. Lo malo es que como he perdido esas malas o buenas costumbres tengo la impresión de que este curso lo único que evitará que se me aplane el culo será la asignatura de Physic Education\Health, aparte de las ocasiones en que me manden a hacer algún recado y haya de montarme en la bicicleta, dado que tengo entendido que el ciclismo es disciplina olímpica. Quizá, si mi amistad con Yuly va más allá del trabajo de Spanish, nos demos algún que otro largo paseo por la zona.

En cualquier caso, no he venido hasta aquí para entretenerme con los escaparates, sino a cumplir con el recado que me ha hecho Monica. Mentiría, si dijera que los escaparates no me llaman la atención. El inconveniente es que en algunos el cristal es como un espejo en el que veo mi reflejo y, por otro lado, mi inquietud está en encontrarme alguna alusión más o menos directa a España. Con los últimos juegos olímpicos era casi a cada paso, con la suerte de que debido a que Ana era bastante más controladora con mis entradas y salidas, que también era cuatro años más pequeña, no me vi demasiado influenciada ni afectada. Sin embargo, me temo que, en esta ocasión, dado que se espera que amplíe mis fronteras metales, será algo de lo que no me libraré con tanta facilidad. Por lo menos la atención estará centrada en Atlanta, como quien dice, aquí al lado, no en España. Por lo que tengo entendido los deportistas norteamericanos siempre regresan cargados de medallas. Desconozco el detalle de las medallas que gana España, quizá Yuly lo sepa, pero, si no quiero parecer demasiado interesada, mejor que no se lo pregunte. Me esperaré a que se comente algo en clase de Spanish. Sea como fuere no me imagino a Daddy como un campeón olímpico en ninguna disciplina, aunque por su edad ya la tendrá de participar.

Ignoro si en la ciudad de Toledo se han celebrado alguna vez los juegos olímpicos, o ha sido una de las ciudades candidatas. Por lo que sé, creo que Boston no y por supuesto tampoco Medford, que no dispone de capacidad ni de instalaciones para un evento de esa magnitud, aunque para los deportes acuáticos se pudiera pensar en el Mystic River y en el océano Atlántico. Como la Boston’s Marathon se celebra todos los años en el Patriot’s Day. Habría poco que planificar en ese aspecto. Para los deportes de montaña, siempre que ello no altere el paisaje, quizá se pusiera a condicionar la Reserva. Esto es, que, si la ciudad de Toledo es más o menos como me imagino, si no tiene capacidad para un evento deportivo a ese nivel, quizá lo haya organizado a nivel nacional o regional, que, en vez de concentrar a varios cientos de miles de deportistas, sean tan solo unos cientos o miles. En tal caso, quizá Daddy sea de los que participen y gane. Según Ana, si esto del deporte es una cuestión genética, yo tengo la medalla de oro en velocidad, en escapada libre, por lo rápido que desaparezco en cuando escucho algo que no me guste.

He venido a por un donativo en especies, dos o tres kilos de carne, lo cual me resulta un tanto extraño, porque es algo que hasta ahora ignoraba. Sé que no tiene nada de particular que se nos regale ropa, pero lo de la comida se escapa un poco a mi entendimiento. Hasta ahora he creído que la compraban con el dinero recaudado por las donaciones, que tal vez sea lo más lógico, porque así hay un mejor control del presupuesto y se sabe de la procedencia y el destino que se le da a cada centavo. Me da la sensación de que esto es incluso más serio que mi trapicheo, por muy generosa y altruista que sea la intención del carnicero. Tan solo espero que no haya venido a recoger las sobras, lo que los demás no quieren, porque supongo que es cierto eso de que se preocupan por nuestra alimentación y no nos dan cualquier cosa. De lo que estoy segura es que no nos habrán reservado lo más caro ni jugoso, salvo que el carnicero quiera tener un detalle con nosotras o quiera ganarse la gratitud de Monica, en todo caso, por lo que sé de mis años aquí, no se come mal, pero de vez en cuanto no estaría de más que fuese un poco mejor. La suerte es que hay variedad en el menú acorde con la cultura ay procedencia de cada chica, así como de sus necesidades o restricciones de manera que todas en algún momento nos sintamos como en nuestra propia casa. Entiendo que cuando se trata de comida española es en referencia a mí y me la como por hambre más que por gratitud o porque ello sea una concesión. Prefiero la comida ‘made in USA’, al estilo americano.

Fue a Ana a quien se le ocurrió lo de la alternancia en el menú por nacionalidades, que la comida se convirtiera en algo así como un juego, una manera de aprender de las demás y sobre las costumbres de cada cual, aunque en principio se supone que somos todas chicas del barrio, pero lo cierto es que nuestra variedad en ocasiones resulta llamativa. Ana ha conseguido que poco a poco el ámbito de actuación del St. Clare’s Home vaya más allá de los límites de Medford, porque, como ella argumenta, hay niñas con familias desestructuradas en cualquier parte del mundo y siempre viene bien que se les dé una oportunidad. En cualquier caso, las chicas de Medford y sus alrededores tienen preferencia y, como Ana argumenta, no se pretende alejar a nadie de su ambiente, salvo que no haya alternativa. En el tiempo que llevo en el St. Clare, chicas hispanas ha habido unas cuantas, pero yo soy la única a que se define como de sangre española, aunque sea mestiza.

¡Cómo si ni tuviera ya bastante con cruzarme con Mr. Bacon en clase o por los pasillos del Medford High, me le encuentro aquí! No hago más que dirigir la mirada hacia delante en un intento por localizar la carnicería y me tropiezo con el profesor de Spanish, quien, a pesar de su apellido, no creo que tenga una ocupación extra durante el fin de semana. Si fuera una malpensada y mi recelo hacia la asignatura no conociera límites, diría que este fin de semana debería dedicarlo a pensar en las maneras de torturarme durante el curso. Sin embargo, reconozco que no me tomo esta cuestión como algo personal, ya que, en tal caso, estaría molesta con todo el mundo. Lo que no me agrada es que los demás se entrometan en mis asuntos, que aludan a ello como si fuera algo que a mí me tuviera que hacer gracia. Con esta resistencia y oposición a todo lo español consigo que me dejen tranquila. La única que no tiene en cuenta mi postura es Ana, pero en su caso se lo consiento, porque aún confío en que sea cierto eso de que es capaz de cumplir promesas y será capaz de encontrar a Daddy, si es que no lo ha hecho ya.

Hasta ahora he preferido no tener una opinión objetiva y clara de ningún profesor, porque según Ana ello me condicionará a la hora de enfrentarme a su asignatura, que si el profesor me resulta antipático lo más probable es que no le dedique a la asignatura todo el tiempo que necesite y por cómo ha sido mi evolución hasta ahora está claro que soy una chica que necesita dedicar algo de tiempo a los libros, porque mis resultados académicos no reflejan que me baste con acudir a clase o en el caso de la asignatura de Spanish, por no haber pasado de la puerta. Tampoco es que sea mala estudiante, pero debería ser un poco más responsable y estar más centrada en lo que hago en vez de mirarme el ombligo, pensar en Daddy o morirme del aburrimiento porque ya no tengo la opción de escaparme al parque en cuanto me quitan el ojo de encima. Se supone que los chicos también necesitan las mismas horas de estudio que yo y no es muy lógico pensar que se reúnan en el parque a compartir apuntes y estudiar juntos. En caso de que así fuera mi presencia resultaría una inoportuna distracción, por eso de que los chicos tan solo tienen un pensamiento.

La cuestión es que Mr. Bacon se encuentra aquí y tengo la oportunidad de saber algo más de él fuera del ambiente de las clases, de descubrir algo que tal vez el resto de mis compañeros desconozcan, aunque, por lo que Yuly me dio a entender el otro día, ya tiene algunas nociones de cómo es cada profesor y se supone que lleva esa ventaja. Tampoco es que este inesperado encuentro cambie el hecho de que la asignatura de Spanish se vaya a convertir en mi favorita a partir de ahora. Me meto que eso sería imposible. Lo único es que me tendré que convencer que aparte de profesor, Mr. Bacon tiene su propia vida fuera del Medford High. Por lo que veo y deduzco, ha venido solo al Foodmaster. Tampoco es que sea un hombre muy mayor, pero por su edad ya debería estar casado y quizá tener varios hijos. Lo cierto es que no conozco demasiados detalles de su biografía, todo son suposiciones, pero no debe ser mucho mayor que Ana y por lo que ésta me contó de su vida aún no ha superado una relación fallida y se ha centrado en nosotras, que ya le causamos bastantes quebraderos de cabeza. Tal vez Mr. Bacon se haya centrado en su trabajo y haya decidido que en su vida no hay sitio para formar una familia, que ya tiene suficiente con sufrir a sus alumnos.

Ana tiene edad de ser mi madre, pero no lo es y por equiparación, por lógica, mi padre, en circunstancias normales, al menos debería tener la edad de Mr. Bacon. Sin embargo, no me cabe la menor duda de que éste no es Daddy, como se evidencia por el hecho de que su biografía no coincide en nada con los datos que sabemos de Daddy. De hecho, la suposición de Yuly es que mis padres deben ser de la edad de los suyos, aunque tal hipótesis no tiene más fundamento que la lógica y coherencia, en caso de que mis circunstancias fueran un poco más normales, como las suyas. El caso es que, según la información de que dispongo, Daddy tan solo tiene siete años más que yo, en principio edad insuficiente como para dar credibilidad a esa paternidad y de mi madre no se sabe nada, pero por dar un poco de sentido a todo se supone que debe tener al menos quince o dieciséis años más que yo, que en si momento doblase la edad de Daddy, porque hasta esa edad se supone que una chica no está preparada para ser madre. Lo de Daddy no debe ser más que un extraño caso de precocidad masculina, pero ello le hace tan inocente como yo en todo este asunto y tal vez no sea tan inadecuado que se mantenga a distancia porque yo soy su hija y se supone que cada día que pasa soy un poco más mujer, más madura.

De escoger, y si ello fuera factible de algún modo, que seguro no lo es, porque mientras no se desmienta ni demuestre lo contrario, Toledo se encuentra demasiado lejos de Medford, tal vez no sería una mala ocasión para que Daddy y yo coincidiéramos en la carnicería. Pero para darme cuenta de ello, antes deberías ser capaz de reconocerle, que no lo soy, porque tan solo me he formado una imagen suya con la imaginación, un extraño puzle o collage de todos los chicos con los que he cruzado y que por un motivo u otro han llamado mi atención, aparte de que tenga mis gustos y preferencias referentes a cómo ha de ser Daddy. Por el momento lo único que me queda es soñar despierta. Como Ana me recomienda, mejor que duerma con un ojo abierto, no sea que no vea donde piso o lo que tengo delante, porque el batacazo será de los gordos. De lo que estoy segura es que ni en el Foodmaster ni en ningún otro establecimiento comercial donde haya estado han puesto a Daddy en el escaparate ni en venta para que sea yo quien pase a recogerlo. Tal vez debería preguntar en la sección de objetos perdidos, pero en tal caso sería yo quien le esperaría allí para que fuese él quien me encontrase, pero para eso ya tengo el St. Clare y aún tengo edad y obligación de acudir a clase como cualquier otra chica de catorce años. Además, en la sección de objetos perdidos no dan de comer y no sería muy agradable quedarse encerrada.

12:00 AM. Butcher’s

Hay gente, de manera que tendré que esperar turno. Según Monica, ya deben tener el pedido preparado y no tengo más que identificarme como una de las chicas del St. Clare’s, que me lo entreguen y volverme por donde he venido, pero lo cierto es que no tengo prisa. Bueno, sí la tengo porque Monica se inquietará como tarde más de la cuenta, pero entiendo que de algún modo me ha mandado ‘a paseo’ de manera literal y simbólica. Mi presencia allí le incómoda. Aunque confío en que no me considere un estorbo y permita que ayude en lo que pueda para que no sea ella quien se ocupe de todas las chicas que quedamos los fines de semana, aunque la mayoría se vaya con sus familias de acogida y ello suponga un alivio, sobre todo ahora que Ana ha de pasar más tiempo en casa de sus padres y se toma los fines de semana libres. Tampoco es que Monica pretenda que no regrese en todo el día, porque me ha mandado a hacer un recado y se supone que soy responsable, que no he salido para entretenerme en el parque ni sentarme en un rincón. He de volver con el pedido o tal vez me acusen de robo. Aparte de tener sobrados motivos para deducir que soy tonta de remate, he de demostrar que, al menos, soy capaz de ir más allá de donde alcanza la vista desde la ventana de mi habitación.

Mr. Bacon: ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? – Me pregunta en español, lo que interpreto como un intento por ser afable, que me ha reconocido.

Jess: ¿Qué? – Le pregunto contrariada, porque no le he entendido.

Mr. Bacon: Hola. – Me saluda en inglés. – No he querido asustarte. – Se disculpa ante mi reacción. – Te he reconocido como una de mis alumnas y me ha parecido poco educado no acercarme a saludar.

Jess: Hola. – Le devuelvo el saludo sin mucho entusiasmo. – Lo siento. No le había entendido. – Me justifico.

Mr. Bacon: Eres alumna mía ¿Verdad? ¿Alumna del Medford High? – Me pregunta para que me lo confirme.

Jess: Sí. – Le respondo porque es absurdo que lo desmienta, nos veremos en clase el lunes.

Mr. Bacon: Sois tantos y cada año hay gente nueva que resulta complicado conoceros a todos. – Me explica. – ¿Estás de compras? – Me pregunta en tono cordial. – Por lo que he oído comentar, a los que acuden a mis clases les encanta el beicon. – Me indica con ironía. – No sé si serás de las que come de todo o si lo habrás probado alguna vez, pero el jamón está bastante bueno. – Me indica como sugerencia.

Jess: He venido a recoger un pedido. – Le indico para que entienda que ya tengo la compra hecha.

Lo cierto es que no me siento con ganas de conversación y menos aún de ser simpática con el profesor de Spanish, más cuando sus primeras palabras han sido en español y ha dejado claro que le suena mi cara, pero no tiene demasiado claro quién soy de todas sus nuevas alumnas. De hecho, me temo que el lunes cuando coincidamos en clase y se dé cuenta que yo soy la chica de la carnicería, dejaré de ser una más en el montón. Lo cierto es que no sé con cuántos de sus alumnos se cruza por la calle o se encuentra en circunstancias similares a ésta, pero me temo que los afortunados dejarán de ser alumnos anónimos. Es más, como Mr. Bacon sea un profesor de los exigentes, supongo que le molestará que un sábado por la mañana ande por ahí de paseo, en vez de estar en casa centrada en los libros, a pesar de que estemos a comienzo de curso. En realidad, con el trabajo de la asignatura de Spanish y la de World History I, tengo para estar entretenida una larga temporada, en vez de perder el tiempo con recados domésticos. Sin embargo, también tengo derecho a vivir mi vida más allá de los muros del Medford High y de mis obligaciones como estudiante.

Soy consciente de que hay gente que por cuestiones de religión o convicción personal no toma cierto tipo de alimentos y si no fuera porque yo como de casi todo, su sugerencia sería un tanto desacertada. Supongo que ello no le me hace ser mejor ni peor que nadie. El caso es que en vista de mi desarrollo físico habrá quien diga que no tengo una alimentación equilibrada, frente a otras chicas que con restricciones en su alimentación tienen un físico envidiable. De las palabras del profesor, lo que interpreto es que intenta darme una lección práctica de su asignatura, porque aparte del idioma también hemos de conocer un poco la cultura, como una parte fundamental de esa comunicación con los españoles y los hispanos. En alguna ocasión he comido jamón, en el St. Clare’s sobre todo nos dan jamón cocido que es mucho más económico. El jamón curado debo admitir que no es mi frecuente, quizá porque resulta demasiado evidente que es procede de un animal y ello causa un poco más de reparo, aunque de todos modos cuando nos lo han dado ha sido en lonchas ya cortadas.

Mr. Bacon: Entonces, ¿Cómo has dicho que te llamas? – Me pregunta contrariado.

Jess: Jessica, Jessica Marie Bond. – Le respondo un tanto apurada, aunque, después de todo lo sucedido en clase estos días, ya debería saberlo.

Mr. Bacon: ¡Ah, sí, Jessica! – Exclama como si se hubiera dado cuenta. – La chica ‘doesn’t speak Spanish’. – Me dice para que quede constancia de que me ha reconocido. – Fuera de clase cuesta más reconoceros porque no vais tan formales. – Se justifica.

Jess: Sí, soy yo. – Le confirmo.

 Mr. Bacon: Espero que mis clases te resulten entretenidas y cambies de parecer. – Me indica con complicidad. – El español no es tan complicado como parece.

Jess: Supongo. – Le respondo porque no quiero entrar en discusiones, ya que no es el momento ni el lugar para ello.

Como diría Ana, ya tendremos tiempo de conocernos. El curso está en sus primeros días y para su asignatura yo seré de las alumnas difíciles, de las que pondrán a prueba su vocación como profesor. Mi disyuntiva y lucha interior no estarán tanto en lo que sea capaz de enseñarme como profesor, si no en lo que yo esté dispuesta a aprender sin que ello suponga una contradicción contra mis principios y el hecho de que en caso de que suspenda el curso que viene estaré en Matignon High. Da la sensación de que, tal y cómo se plantea, las expectativas no me son muy favorables y antes o después habré de vencer toda resistencia. Sin embargo, no es tan sencillo como parece. No resulta tan sencillo aprender un idioma que para mí representa y significa tanto. Tiene demasiadas connotaciones personales como para que las ignore. Bastante es que le haya prometido a Ana que asistiré a clase con normalidad y que haré lo posible por merecer ese aprobado, pero ello no implicará que vaya a gustarme a la asignatura hasta el punto de querer continuar el próximo curso. Lo más seguro es que cambie de idioma.

Jess: Mi turno. – Le digo para dar por concluida la conversación y salir airosa de esta situación tan comprometida.

Mr. Bacon: Sí, salvada por la campana. – Me responde con buen humor.

Por si no fuese ya bastante comprometido el encuentro con Mr. Bacon, aquí, en presencia de todos los clientes que esperan su turno en la carnicería, me veo en la tesitura de tener que identificarme ante el carnicero como una de las chicas del St. Clare’s, la que viene a recoger el pedido de esta semana. No me gusta que me relacionen con el St. Clare’s y menos de una manera tan directa, pero no me queda otra alternativa, si queremos tener carne de pollo para comer, sin que ello suponga un coste añadido a la economía. El carnicero ha de tener claro a quién se lo entrega. Para mi tranquilidad y sin que tenga que dar muchas explicaciones. Quién me atiende es uno de los padres de acogida, de manera que me conoce y ello da un poco más de sentido a que esto sea una donación, que Monica haya confiado en mí. Es una manera distinta de estar informada sobre las gestiones que se hacen para mantener abierto el St. Clare’s y mantener los gastos dentro del presupuesto. En cierto modo, se desmitifica la idea de que todos los gastos se pagan con la recaudación que de vez en cuando se hace en la parroquia para ayudar a los niños necesitados. Ahora confirmo que no se refiere a nosotras y tiene más sentido que se nos pida nuestra aportación a la colecta. Reconozco que en alguna ocasión me he guardado ese dinero para caprichos porque se trata de mis ahorros, de mi asignación, de donde ya no hay más que rascar.

En realidad, no me debería preocupar demasiado que Mr. Bacon conozca este detalle de mí, en particular porque consta en mi expediente y sobre el que Yuly pretende basar toda la redacción sobre mis motivaciones para asistir a clases de Spanish en el Medford High, cuando tal vez estaría mejor en cualquier otro sitio rascándome la nariz. Al menos ya me ha dejado constancia de que destaco por algo que no resulta demasiado positivo ni alentador para su asignatura ni el plan de estudios porque soy la chica que ‘doesn’t speak Spanish’, tal como me ha definido, mientras que el concepto que tiene de Yuly será justo el contrario, la chica que disfruta cuando tiene ocasión de hablar en español y a la que hay que hacer que se calle para que dé opción a que los demás participen en clase. Tal vez piense que el hecho de que estemos juntas y nos hayamos hecho amigas sea algo intencionado, pero por mi parte entiendo que ello tan solo es una causa más, que, si fuera la única, ni tan siquiera me molestaría en darle los buenos días. La cuestión es que Yuly quiere se mi amiga y que se ha creado un mayor grado de confianza porque las demás no quieren nada con nosotras. Yuly es demasiado responsable y exigente con los estudios, mientras que yo soy un poco particular en función de la asignatura que se trate.