Esperando a mi Daddy (2)

04:05 PM. Living room

He vuelto de clase, almorzado y me ha dado tiempo a cambiarme de ropa, porque la verdad es que no me gusta pasarme todo el día con la ropa del instituto. Prefiero algo más cómodo. Como Ana me ha dicho, tengo permiso para vestirme cómo quisiera, siempre y cuando sea apropiado, aunque en mi caso no creo que haya demasiadas quejas al respecto, a pesar de que se me pidan explicaciones sobre la procedencia de algunas prendas y la extraña desaparición de otras, pero es la manera que tengo de renovar mi vestuario y no atenerme únicamente a lo que consigo a través del St. Clare’s, porque no siempre es de mi agrado y, en todo caso, me gusta tener mi propio estilo, porque, en realidad, no perjudico a nadie. Aún me queda alguna prenda de las que he conseguido gracias al trapicheo, al trueque y las apuestas con los chicos del St. Francis, aunque desde hace algún tiempo es más habitual que me gaste mi asignación semanal y acuda a la tienda. Ahora que ya soy alumna de un high school me temo que lo tendré un poco más complicado para confiar en que los chicos estén más dispuestos a negociar con la ropa, aparte que también sé que estoy un poco más controlada por parte de Ana y que es mejor que no sea tan ingenua y obtenga la ropa por los cauces normales.

Los jeans y el cinturón que me he puesto esta tarde los conseguí por medio del St. Clare’s, de lo que se considera el vestuario básico que toda chica adolescente debe tener. Sin embargo, la chaqueta vaquera es cosecha propia, como a mí me gusta considerar con cierto orgullo. Lo cierto que es que me proporcionaron otra, pero no me terminaba de gustar, demasiado infantil para mi gusto. Como era mi costumbre, tardé poco en deshacerme de ésta y un poco más en conseguir la que llevo ahora y que he retocado a mi gusto, porque le he quitado las mangas, de modo que la chaqueta se ha convertido en chaleco y yo me he convertido en casi una experta en esto del corte y cose, porque la original era de chico y me quedaba un poco grande y no me gusta que quede tan a la vista mi ropa interior por lo cual los retoques me han servido para que quede un poco menos holgada. Si llevo o no alguna otra prenda debajo me parece que no es de la incumbencia de nadie. Mientras me sienta cómoda y no haya nada que me moleste es una prenda que llevo como me apetece, aunque dado que se nota que está retocada, prefiero no salir con ella a la calle, al menos no me la llevaré a clase.

Ayer le pedí permiso a Ana para que Yuly viniera e hiciéramos juntas el trabajo de Spanish. Estamos en los primeros días de curso y quizá parezca un poco raro que tan pronto le dé confianza a una extraña, pero se trata de un trabajo de clase. Además, es de la asignatura de Spanish I, lo que es un motivo más para que Ana se muestre menos recelosa ante esta visita. Esto me sirve para sumar puntos ante Ana y Monica, porque me he quedado aquí mientras las demás se han trasladado a Matignon High y vendrán por aquí tan solo de visita, cuando les apetezca, si es que no se reúnen con sus familias de acogida. Por mi parte sigo sin familia adoptiva ni de acogimiento temporal y ésta es mi casa mientras Daddy no venga a por mí. Poco más es lo que le contaré a Yuly sobre mi vida, porque tampoco hay mucho más que decir y estos días ya hemos compartido alguna que otra confidencia, que ya es hablar más de la cuenta. Lo cierto es que ella tampoco se ha mostrado demasiado reservada en cuando a su vida familiar y personal se refiere.

Jess: (Asomada a la ventana) Esa es Yuly. La chica rubia que se ha bajado del coche. – Le digo a Ana cuando veo que ésta se baja de un coche aparcado delante de la puerta.

Ana: ¡Te veo muy animada! – Constata. – ¿Es una buena compañera? – Me pregunta. – Es la primera vez que me dices que tienes una amiga que no es del St. Clare’s.

Jess: Tan solo es una compañera de clase. – Le digo para que no se haga muchas ilusiones. – Ella también ha ido a un colegio católico, al St. Theresa, que está en West Roxbury, al lado de su casa, pero se ha encontrado con el mismo problema que yo. Aunque vive en la zona sur de Boston, le han dado plaza en el Medford High School.

Ana: Entiendo. – Me dice con complicidad. – Las dos os habéis sentido un tanto perdidas en estos primeros días de clase y gracias a eso habéis hablado.

Jess: Supongo. – Le digo sin que su argumento me convenza demasiado. – Tan solo sé que de mis compañeras de clase no conozco a nadie y ella me pareció la más simpática. Además, somos vecinas de pupitre.

Ana: Sal a recibirla y después os subís a tu habitación. – Me sugiere. – Si no os dedicáis a hacer el trabajo, subo y os mando a la sala de estudio. – Me advierte.

Jess: Ella ha venido a conocer mi vida en el St. Clare’s. – Le recuerdo. – ¿Le puedo dar una vuelta? – Pregunto. Ana: Lo que quieras, pero no molestéis a nadie. – Me responde.

Ana tiene su hipótesis para justificar que Yuly y yo seamos compañeras para este trabajo o que en estos primeros días haya habido un mayor acercamiento entre nosotras que con el resto. La verdad es que yo no lo tengo tan claro. Supongo que Yuly es un poco más extrovertida y cuando nos presentamos en clase el primer día le resultó curioso que de toda la clase ella y yo seamos las únicas que tenemos padres de origen español, aunque en su caso ella no sea huérfana, tan solo hija única. Yo no le conté demasiado sobre mi vida ni mi familia porque no hay nada que contar, pero, como Yuly es un poco cotilla, en cuanto llegó el primer descanso se acercó a mí para que le contara algo más. Me confesó que le llamaba la atención que no conociera a mis padres y le intrigaba que supiera la nacionalidad de Daddy.

Cuando salgo a la puerta para recibir a Yuly, la cara de su padre resulta un tanto llamativa y su expresión confusa, como si de pronto se hubiera enterado de que esto es una casa de acogida o le pareciera poco creíble que Yuly hubiera quedado conmigo aquí. La verdad es que le pasa a mucha gente y por eso creo que Daddy aún no me ha encontrado. El St. Clare’s Home no es tan conocido en Medford, porque, como Ana me dice, es un error por mi parte considerarlo un internado, que esa denominación es la que confunde a la gente. Según Ana, esto es una casa de acogida, una vivienda propiedad de la parroquia de St. Francis, en la que se da alojamiento a chicas sin padres, de manera que para los que no son del barrio les resulta más difícil de encontrar. Si fuera un internado o un orfanato, acogería a más gente, pero la verdad es que tampoco somos tantas, porque los medios económicos de la parroquia son limitados. Como Ana dice, esta casa de acogida forma parte de esa labor de la parroquia que poca gente conoce, pero que más se valora. En cualquier caso, no es algo que se lleve en secreto ni de manera ilegal, porque los inspectores nos visitan con frecuencia.

Yuly: Hola. – Me saluda al verme. – Perdona el retraso, pero es que no he sabido decirle a mi padre cómo llegar hasta aquí. – Me confiesa. – Pensaba que me equivocaba de dirección.

Jess: Pues es aquí. – Le confirmo. – 193 Fulton St, o 43 Earl Ave, según por la puerta que entres. Un poco más arriba del St. Francis School.

Yuly: Él es Don Aidan MacWindsor, mi padre. – Me presenta al hombre que la ha traído.

Jess: Hola. – Saludo al padre con algo de vergüenza.

Don: Hola. – Me responde. – No sabía que el St. Francis School contase con un internado. – Me comenta.

Yuly: Adiós, papá. – Le interrumpe con intención de que se marche. – ¿Me recoges dentro de hora y media? – Le pregunta.

Don: Sí, vendré a por ti a 06:30pm. – Le responde. – Te quiero en la puerta, de modo que no me hagas esperar. – Le advierte. – Ya hablareis de vuestras cosas de chicas otro día.

Yuly: Únicamente haremos ese trabajo para clase. – Se defiende y asegura.

Don: Si tienes algún problema, llámame al móvil. – Le aconseja. – Adiós.

Yuly: Sí, adiós. Hasta luego. – Le responde y se despide.

Me parece que su padre se va tranquilo porque ya ha visto que Yuly se queda en buena compañía. Supongo que el hecho de que la haya traído es un motivo para que no se preocupe por nada. De todos modos, si quiere, creo que a Ana no le importará hablar con él y le asegurará que éste es un buen sitio. Como Yuly me dijo que también ha estudiado en un colegio católico, entiendo que su padre no tiene dudas en ese sentido. Además, ella me ha comentado que su colegio también está cerca de su casa y de su parroquia, de modo que no hay mucho más que explicar. Para las dos supone un cambio bastante importante que este año estemos en un high school público. Es más, creo que las dos tenemos la expectativa de ir a la misma universidad y parece que hemos escogido el camino más directo. En mi caso, ya me han dicho que hay universidades católicas, pero no me quiero mover de Medford por si Daddy viniera a por mí. Yuly no se quiere ir lejos porque cree que así después le será más fácil viajar a España, porque su idea es que pasará allí todos los veranos y sus padres no le han puesto muchas objeciones porque allí tiene familia.

Yuly: ¿Sabes cuál es la capital de España? – Me pregunta con cierta intriga.

Jess: Sí, Madrid. A eso llego. – Le respondo contrariada. – Pero, como te dije el otro día, no quiero saber demasiado sobre ese país. Siento que está muy lejos y mi padre es de allí. No quiero hacerme ilusiones.

Yuly: Sí, ya me has contado que te has apuntado a esta asignatura porque Ana te lo puso como condición para que te quedases a vivir aquí. – Me dice con complicidad.

Jess: Estudiaré lo justo. – Le aseguro. – Sin embargo, no soy mala compañera. – Le aseguro. – Si tú quieres una A+ en este trabajo, te ayudaré. – Le prometo convencida.

Yuly: ¿A ti te gustan los castillos y las historias de princesas? – Me pregunta.

Jess: Supongo que sí. – Le respondo, aunque no entiendo la pregunta.

Yuly: ¿Me aceptas un regalo? – Pregunta. – Como ya sé cómo piensas, mejor que no pidas detalles. Es un regalo para agradecerte que me hayas invitado.

Jess: Sabes que no quiero nada de Toledo. – Le advierto ya que me temo que es una chica bastante impulsiva.

Yuly: Si te pones quisquillosa, no te lo doy. – Me amenaza. – Lo he traído porque pensé que te gustaría. – Se justifica. – Es para agradecerte que me hayas invitado a venir. – Alega. – Te prometo que no te descubro nada que no quieras saber.

Jess: Vale. – Le contesto resignada. – Te acepto el regalo, pero no hace falta que me expliques nada. – Le recalco. – En realidad, el regalo debería ser para Ana porque es quien lo ha autorizado.

Antes de que me arrepienta o cambie de opinión, abre la cremallera de su mochila y saca del interior una foto tamaño cuartilla enmarcada, la foto de un castillo sobre una montaña y un paisaje montañoso despoblado al fondo bajo un cielo azul y sin nubes. Mi primera impresión es que se trata de un típico castillo medieval, aunque la fotografía parece reciente porque en torno al castillo se distinguen algunas farolas, un coche, y a la derecha, todo ello rodeado de vegetación sobre la ladera de la montaña. Como no le voy a preguntar dónde se encuentra este castillo, porque me temo que la respuesta es de las que no quiero oír, mejor que ninguna haga comentarios al respecto. Además, como no se ve muy claro lo que hay al otro lado del castillo, en el lado opuesto de la montaña, igual puede haber un valle que una playa. No aclara ni confirma muchas de mis ignorancias premeditadas sobre lo que no quiero saber de Daddy hasta que éste venga a por mí. Además, como Yuly me dijo que su familia es de Vigo, es muy probable que este castillo se encuentre por allí y sea uno de esos sitios que ella visita en verano. Ella me confirmó que no ha estado nunca en Toledo y la creo, aunque sí me hizo algún comentario referente a que su madre fue una chica viajera en su juventud.

Jess: Subamos a mi habitación. – Le propongo. – Ana me ha dado permiso. – Le indico. – Después, si quieres, nos damos una vuelta por la casa para que la vea y conozcas a todo el mundo. – Le sugiero animada y con intención de que se sienta bien acogida.

Yuly: ¿Me cuentas algo más de ti? – Me pregunta. – Yo sí quiero una calificación A+ por este trabajo. – Reconoce. – Lamento que ello te suponga que suba tu puntuación media y fastidie tus planes de rebeldía, pero me has tocado como compañera. – Se justifica con complicidad. – Mis padres están encantados ante la idea de que haga nuevas amistades y les ha parecido estupendo el asunto del trabajo.

Jess: Como te he dicho, soy una chica responsable y lo que no quiero es que las tutoras tengan un motivo para mandarme a otro high school el próximo curso.

Yuly: ¿Cómo es Jessica, la chica del St. Clare’s? – Me pregunta con complicidad para que se centre la conversación.

Jess: Soy una chica de 14 años y algo reservada. Quiero hablar con alguien acerca de mis problemas, pero es difícil hacerlo con franqueza y comodidad con los demás. Mis compañeras hasta ahora se han mostrado molestas conmigo porque no he compartido con ellas mis secretos; ellas no tenían reparo en contarme los suyos. Ahora que soy la única de mi edad tampoco tengo a nadie con quien hablar de nada, salvo con Ana.

Yuly: ¡Dímelo a mí! – Replica. – A veces tienes unas contestaciones un poco sorprendentes. – Constata. – La primera vez que me acerqué a ti me dijiste: (Intenta imitar mi voz y actitud cursi) ‘Hablemos, pero no me cuentes nada de España’

Jess: Me pareció que te acercabas a mí dispuesta a soltarme el rollo. – Me defiendo. – Supongo que las dos estábamos algo nerviosas en nuestro primer día de clase.

Yuly: Me dejaste helada. – Me confiesa. – Cuando hablas de tu padre se te ilumina la cara y pensé que querrías saber algo más de España, pero ya he visto que no.

Jess: Soy una chica solitaria, la mayor parte del día. – Le respondo. – Me paso en mi habitación mucho tiempo, ya que no soy una persona muy sociable. – Le comento. – Mis tutoras quieren que salga más, pero no me apetece. He intentado decirles que no quiero cambios, que ésta es mi manera de ser, pero no siempre me escuchan.

Yuly: ¡Pues mi madre me recrimina que no pase más tiempo en casa! – Me comenta con jocosidad.

Jess: Yo me he quedado porque Ana quiere seguir pendiente de mi evolución. Cree que no he superado todos mis problemas a causa del abandono. – Le digo. – Espera que ponga algo de mi parte y no me atasque porque piense que ya he conseguido mi objetivo, quedarme aquí. – Le explico. – Ella sabe que, en cuanto mi padre venga a buscarme, me faltará tiempo para hacerme la maleta y marcharme.

Yuly: ¿Tan maravillosa es la vida aquí? – Me pregunta intrigada y con cierta incredulidad. – Ahora eres la mayor de todas las chicas y no creo que consientan que nadie más se quede como han hecho contigo.

Jess: Aquí hay chicas de todas las edades y no somos un grupo demasiado numeroso. – Le aclaro. – Esto no es el internado del colegio ni un orfanato típico. Únicamente somos un grupo de chicas sin hogar tuteladas por la parroquia.

Yuly: ¿Apunto eso en la redacción? – Me pregunta. – Cuando le dije a mi padre que me tenía que traer aquí, la verdad es que pensó que me equivocaba de sitio. Mi antiguo colegio no tiene residencia de estudiantes ni creo que la parroquia tenga una casa de acogida.

Jess: Llevo aquí casi desde que nací. – Le comento. – Tan solo sé lo que me han contado, que tampoco es mucho, porque, como ya te he dicho, nadie sabe nada de mis padres y hasta ahora es muy poco lo que se ha descubierto sobre ellos. – Le comento. – Todo son divagaciones y suposiciones que aún nadie me ha confirmado.

Yuly: ¿No te han contado nada más sobre tu padre? – Me pregunta. – Si no quieres saber nada sobre España, tal vez piensen que no quieres nada con tu padre. – Razona con cierta coherencia. – Quizá, si mostrases más interés, se investigaría un poco más e incluso contactarían con él por si quiere tu custodia.

Jess: De quien no quiero saber nada es de mi madre. – Le aclaro y confieso. – No sé si Daddy será o no un buen hombre. Tal vez me equivoco al creer que es tan maravilloso, pero lo que tengo claro es que fue mi madre quien me tuvo y, por lo tanto, quien me abandonó.

Yuly: Ya se ve que eres una chica rotunda y con las ideas claras. – Me contesta.

Jess: No sé si soy o no rotunda, pero eso es lo que he pensado hasta ahora, que mi padre no tiene ninguna culpa, ya que pasé del vientre de mi madre a la cuna del hospital.

04:15 PM. Bedroom

Cuando entramos en mi habitación, me doy cuenta de que Yuly va a algo sorprendida por lo que ha encontrado en nuestro paseo hasta aquí. Supongo que es la primera vez que está en un hogar de acogida, en concreto en uno de chicas y con los limitados medios que tiene éste. Como comprobará, si viene en más ocasiones por aquí, éste es muy especial, no hay muchas chicas, pero tampoco una uniformidad en cuanto a la edad. Como en alguna vez me han comentado, aquí acogen a chicas con problemas familiares o las que, como yo, han sido abandonadas sin más explicación. En algún momento he pensado que el hecho de que acabase aquí se debió a que me abandonaron en el hospital. Sin embargo, ya me he convencido de que ello es irrelevante. Tampoco es que haya una rivalidad o competencia entre los internados y las casas de acogida por cuál se lleva a cada bebé. A mí me trajeron a éste porque en aquellas fechas era el único disponible. En realidad, creo que, debido a lo complicado de mis circunstancias, fue el único que acepto el compromiso, aún a riesgo de que el acogimiento no tuviera fecha límite. El hecho de que yo siga aquí, aunque ahora que ya sea alumna del Medford High School, acentúa más esa cuestión, pero el caso es que permiten que lo haga porque parece que es lo que me conviene, que el cambio me resultaría perjudicial.

Dormitorio de Jessica

Yuly: ¿El cartel es tuyo? – Me pregunta en referencia al póster de la película. – ¿Se os permiten que tengáis eso aquí? – Me pregunta extrañada. – Me esperaba un cuadro o estampita sobre el cabecero de la cama y no eso. – Constata. – Se supone que ésta es una casa de acogida católica y ese póster desentona un poco con la decoración, poco generoso.

Jess: Lo tengo desde el año pasado. – Le respondo. – Según a la tutora que le preguntes, es una buena o mala influencia.

Yuly: He visto la película un par de veces. – Me comenta. – ¿Te sientes identificada? – Pregunta. – Le daría un punto de vista distinto al trabajo. – Me propone. – ‘Jessica, una chica de película’ o mejor ‘Patada en el culo a Mr. Panceta’

Jess: Tú eres quien pregunta. – Le respondo porque no sé qué opinar al respecto. – No creo que mi vida dé para una película ni tan siquiera para una novela corta. – Le digo. – No le interesaría a nadie.

Yuly: Entonces ¿Anoto que eres una chica violenta? – Me pregunta con intención.

Jess: ¡No, no soy violenta! – Me defiendo. – Antes sí me peleaba con los chicos del parque. También he recibido lo mío. Me he rebozado por los suelos en más de una ocasión y regresado a la carrera. No había quien me reconociera. – Le confieso y repito los comentarios que en su momento me hicieron. – Sin embargo, no es esa la razón por la que tengo ese poster.

Yuly: Pues llevas el pelo como la protagonista. – Constata. – Eso creo que lo anotaré. – Me comenta. – Mis padres no son tan considerados conmigo y quieren que las paredes de mi habitación sigan intactas. Como mucho que cuelgue de ellos mis éxitos educativos.

Jess: Mi pelo es un poco más oscuro. – Le aclaro. – Se supone que a Mr. Bacon tan solo le interesa que le escribamos sobre mis motivaciones. ¿Qué tiene que ver eso con mis motivaciones sobre la asignatura? – Le pregunto intrigada.

Yuly: Supongo que nada. – Me responde. – Sin embargo, si Mr. ‘Panceta’ te suspende, por temor a que le des una patada en el culo, quizá te apruebe.

Jess: Mejor que no. – Le aconsejo. – Bastante es que se entere que la asignatura no me motiva ni entusiasma lo más mínimo como para añadirle esto. ¡Entonces sí que lo convertirá en una pesadilla!

Yuly: ¿Te enseño lo que he escrito hasta ahora y me dices qué te parece? – Me propone. – La redacción es de las dos y, aunque tú te conformes con un aprobado, yo voy a por lo máximo.

Jess: Has venido a estudiar, de manera que será mejor que Ana no nos encuentre perdiendo el tiempo. – Le aconsejo preocupada. – No suelen venir visitas, de manera que mejor que no se cree un mal precedente. – Le aviso. – Enséñame lo que llevas. – Le propongo animada.

Yuly: Tranquila. Mi padre también me ha aconsejado que no moleste más de la cuenta.

Esta mañana en clase ya me enseñó parte de la redacción del trabajo, el primer borrador y le comenté que me parecía bien, aunque me temo que no se ajusta a lo que supongo el profesor espera de ello, ya que más que responder a la cuestión de mis motivaciones sobre la asignatura, Yuly se lo ha tomado como un informe detallado y minucioso sobre mi personalidad, ante lo cual es inexcusable su visita. Supongo que la culpa es mía por haber sido tan sincera y reconocer que me matriculé en esta asignatura porque me obligaron. Por lo cual, después de haber dejado constancia que soy víctima de un chantaje, la labor que se ha encomendado ahora es suavizar esa imagen de Ana como la tutora malvada en todo este asunto. A mí no me interesa que, por culpa de un malentendido, no solamente me expulsarán de la asignatura, sino que, además, intervengan los Servicios Sociales y me saquen de aquí por una denuncia de maltrato o abuso que no tiene ninguna justificación. Yo me quiero quedar y me parece que estudiar un poco de español, aunque sea en contra de mis principios, no es tan degradante como parece. Aquí no hay nadie que sea una bruja. En todo caso, un hada madrina y mejor que las de los cuentos de princesas encantadas.

Lo que saca de su mochila es un trabajo mucho más amplio que el de esta mañana. Como me ha advertido desde el primer día, ella se lo ha tomado en serio, ¡demasiado en serio para lo que era mi pretensión inicial! y me temo que al final nos suspenderán a las dos por exceso, más que por defecto, porque seguro que la mayoría de nuestros compañeros se conformarán con una redacción de medio folio y Yuly parece que pretende escribir un libro y de los gordos. Más que indagar sobre mis motivaciones lo que le interesa es establecer una disyuntiva sobre mi situación, sobre la conveniencia o no de que yo asista a esa clase y parece que a cada paso que da encuentra una réplica y su contrarréplica, sin que ninguna de las dos le convenza más que la otra. Lo cierto es que, por mucho que me digan o insistan, yo tengo mis razones para no interesarme por ello mientras no tenga alguna noticia de Daddy, pero me he matriculado en esa asignatura porque es la única manera de garantizarme que al menos este año me quedo aquí y es muy probable que los tres siguientes, si los administradores no cambian de opinión porque necesiten la habitación disponible. De momento tengo suerte porque parece que no se prevé que haya muchas niñas desamparadas. A corto plazo no habrá falta de camas, de manera que no tengo que preocuparme por nada.

Yuly: No te asustes, esto tan solo es la redacción pasada a limpio. – Me dice. – Es como te he dicho esta mañana. A mí me parece un buen planteamiento, original por lo menos. – Alega.

Jess: ¡A mí me parece que nos estamos pasando! – Replico temerosa. – Sospecho que espera que seamos capaces de traducirlo a final de curso y, en nuestro caso, lo lamentaremos.

Yuly: ¿A ti no te parece buena idea? – Me pregunta para que me convenza. – Todo el mundo se inventará mil y una excusa para decir que el español es un idioma maravilloso y nosotras, además, presentamos la opinión opuesta.

Jess: Se nota demasiado que tú conoces el idioma y estás en la asignatura de rebote, porque no te ha quedado otro remedio. – Le comento. – Lee este párrafo. – Le pido.

El idioma español siempre ha tenido muchos dialectos que, respetando el tronco principal latino, tienen diferencias en su pronunciación y vocabulario, como con cualquier otro idioma. En este punto, se añade el problema de contacto con las lenguas de las poblaciones nativas de América, que han contribuido al léxico de la lengua, no únicamente en sus áreas de influencia, sino también en algunos casos en el léxico global.

Yuly: Mr. ‘Panceta’ quiere motivaciones y creo que esto es importante. – Se justifica. – Tú no te sientes motivada porque es un idioma con muchas variantes. – Argumenta. – ¡Ya verás cómo nuestro trabajo destaca por encima del resto de la clase y nos pone tan buena nota que no hará falta que estudies esta asignatura el resto del curso!

Jess: ¡Después de leer esto, me temo que cambiará el plan de estudios y le dedicaremos cada hora de clase a cada una de las variantes del español en el mundo! – Replico con cierta jocosidad y preocupación.

Yuly: Tampoco nos podrá suspender, porque no tendrá la certeza absoluta de que la pronunciación o el vocabulario estén mal. – Justifica. – Por ejemplo, yo le llamo ‘Panceta’ y tú lo pronuncias ‘Pancake’. – Me indica. – No creo que le consideres tal dulce como un pastel.

Jess: ¡Tú también lo pronuncias ‘pancake’! – Replico en mi defensa porque me parece que su observación es casi un insulto.

Yuly: Lo pronuncias mal. – Me corrige. – Es ‘Pan-ce-ta.’

Jess: Pomp chi two. – Le contesto

Yuly: ¡Ya veo que no tienes interés! – Me responde en vista de que mi pronunciación no es muy correcta.

No tengo ningún interés en el idioma y aún menos en que me enseñe la pronunciación en español del apodo del profesor, que es como si le añadiera otra complicación. Para mí el profesor será siempre ‘Mr. Bacon’ en todos los idiomas y me será indiferente, si no me entienden. Se trata del nombre de un profesor por el que no quiero tomar mucha simpatía, aunque espero que no lo considere como algo personal, es contra la asignatura. ¡Porque como consiga que al final de curso me guste la asignatura, no habrá quien me convenza para que no me matricule en Spanish II el próximo curso! Sin embargo, no creo que cambie de idea, prefiero mil veces cualquier otro idioma sin tantos lazos familiares, sin agobios. Aun así, soy consciente de que tal vez no sea tan fácil ese cambio de idioma, porque he de cumplir con unos créditos y requisitos mínimos para graduarme, pero no me importa. Como encuentre la más mínima posibilidad de estudiar tan solo un curso de Spanish, aunque la alternativa sea el chino mandarín o no abrir la boca en todo el año, lo preferiré antes que dejar que de mis labios salga una sola palabra en español.

06:30 PM. St. Clare’s porch

Puntual como un reloj, le dijo que estuviera a esta hora en la puerta porque pasaría a recogerla. Si se llega a dar un poco más de prisa cualquiera pensaría que somos los demás quienes llevamos el reloj atrasado. Por fortuna Yuly conoce a su padre y durante este último cuarto de hora ha estado más preocupada por recoger que por el trabajo. La verdad es que hemos progresado menos de lo que a ella le hubiera gustado, pero se lleva información para casa y no creo que, en general, la tarde haya sido tan desaprovechada. Hemos tenido ocasión de hablar en un ambiente distendido y sin los agobios del Medford High ni de los adultos, ante lo cual supongo que me alegro de la visita y espero que no tarde en repetirse. Después de esta tarde creo que Yuly es una de mis compañeras de clase preferidas, lo que dicho por mí ya es tenerle mucha estima a alguien. Además, creo que tanto Monica como Ana han dado su aprobación, creo que Yuly les ha causado buena impresión, al menos mejor que los chicos del parque con quienes mantenía amistad hasta hace no mucho. Tal vez Yuly se convierta en mi primera amiga fuera de estos muros, pero todo dependerá de lo simpática que yo le haya parecido y la confianza que me dé a partir de ahora y una vez que hayamos acabado el trabajo.

Don: [Asomado por la ventanilla del coche] ¡Vamos, Yuly, despídete! – Le pide con cierta impaciencia. – Ya os veréis el lunes en clase.

Yuly: ¡Qué ya voy! – Le contesta con cierto malestar.

Ana: Jessica, despedíos y no hagáis que su padre se impaciente. – Interviene. – Ya seguiréis con vuestra charla el lunes, durante el tiempo de descanso.

Yuly: Será mejor que me vaya porque está claro que se ha terminado la tarde. – Dice como si se lamentara porque se le ha hecho corta.

Jess: Nos vemos el lunes. – Le digo animada. – Intenta que la redacción no engorde más porque ya has escrito bastante.

Yuly: Me faltan las últimas anotaciones. – Me responde. – El lunes te lo enseño y me das tu opinión.

Don: (Suena el claxon del coche) ¡Vamos, hija, que se hace tarde! – Le pide para que no se entretenga.

Yuly: ¡Qué ya voy! – Le grita con desesperación.

Jess: Nos vemos y me cuentas. – Le digo como despedida y que no suene a definitiva.

Yuly: Sí. Hasta el lunes. – Se despide con prisas, mientras se dirige hacia el coche sintiendo que su padre es un imán.

Aún le da tiempo a despedirse con la mano antes de montarse en el coche y que su padre le lance una mirada asesina, dado que parece algo molesto por la tranquilidad con la que Yuly y yo nos hemos despedido, como si tuviera la sensación de que para él la visita de esta tarde ha sido por compromiso y no se volverá a repetir en el futuro. Esa mirada contrasta con el gesto de Yuly, quien parece que se ha divertido y quedado con ganas de más, sobre todo de más tiempo y libertad para que no haya ni un solo rincón del edificio que no haya pisado, porque lo cierto es que nos hemos encerrado en mi habitación y al final no ha visto nada. Supongo que a mí no me importaría que hubiera nuevas visitas, si ella quiere, aunque confío que para entonces también su padre le conceda algo más de tiempo porque en hora y media no ha habido ocasión para nada. Necesitaríamos por lo menos tres horas o más, pero el problema es que Yuly vive en West Roxbury, que no es como si lo hiciera al otro lado de la calle, por lo que depende de sus padres para que la traigan y la lleven, por lo que nos habremos de conformar con vernos en clase, salvo que tengamos alguna ocurrencia mejor.

Ana: Ahora a estudiar en serio hasta la hora de la cena. – Me dice con toda intención. – Se han terminado las visitas y distracciones por hoy. – Argumenta. – Spanish I no es la única asignatura y estoy segura de que las demás también necesitan que les dediques parte de tu tiempo. – Me aconseja con sutileza. – Aprovecha ahora antes de que sea demasiado tarde. Recuerda lo que hemos hablado y que hay mucho en juego.

Jess: ¡Ya es casi la hora de la cena! – Replico y alego. – Estos días estoy en la cama antes de las 09:00PM y mañana es sábado.

Ana: Entonces, ¡se acabaron los libros por hoy! – Me contesta animada por no contradecirme. – Aprovecha y date una ducha. Así te irás a la cama fresca y limpia. – Me sugiere.

Jess: ¿Me dejarán las demás? – Pregunto porque mi situación aquí es un tanto peculiar.

Ana: Si te duchas, quédate tranquila. – Me contesta. – Si apareciese Daddy, le pediré que espere. – Me dice con complicidad.

Es viernes por la tarde, de manera que no tiene demasiado sentido que me preocupe más de la cuenta por las demás. Las vacaciones aún están demasiado recientes y la costumbre es que, salvo que haya algo que lo impida, todas las que tengan una familia de acogida se pueden ir a pasar el fin de semana fuera. Dado que somos menores han de ser las familias quienes vengan a por nosotras. De las quince chicas la única excepción se hace conmigo, no tanto porque me haya faltado una familia de acogida para los fines de semana, en ese sentido supongo que he tenido la misma suerte que las demás, pero en mi caso y hasta que las tutoras se convencieron de que no cedería en mi negativa, los viernes por la tarde era el momento perfecto para una de mis escapadas al parque o por los alrededores del St. Clare hasta que hubiera pasado el peligro. Ya han desistido en esa búsqueda porque se han dado cuenta que es absurdo, me da lo mismo quien sea, salvo que se trate de Daddy, pero éste no ha aparecido en el tiempo que estoy aquí. Supongo que este año en que mi situación es excepcional no hay motivo para que me inquiete por ese asunto. Éste se ha convertido en mi hogar a todos los efectos, casi me siento parte del mobiliario y de momento no se plantean cambiarlo, no hay presupuesto y ese derroche quizá supondría su cierre. Por mi parte más me vale no suponer un gasto excesivo o de lo contrario Ana se quedará sin argumentos para que yo siga aquí un minuto más. No sé si en Matignon High me esperan y recibirán con los brazos abiertos, pero es seguro que habrá quien se alegre de que por fin deje el St. Clare porque considere que han sido demasiado permisivos y condescendientes conmigo y mis caprichos.

Ana: No te lo pienses dos veces y dúchate. – Me pide. – ¡Cómo esperes a que sea Monica quien te lo ordene, tendrás que restregarte detrás de las orejas! – Me advierte con complicidad. – Yo me fío de ti y no haré ese reconocimiento.

Jess: Prefiero la ducha antes que dedicarle dos minutos al libro de Spanish. – Le confieso.

Ana: Pues mejor que no te lo pienses dos veces. – Me contesta. – Aprovecha que ahora no te molestará nadie y tienes el cuarto de baño a tu entera disposición.

La intención de Ana es que no pierda el tiempo con la excusa de que tras la visita de Yuly necesito un descanso. Entiendo que no hay objeciones a que Yuly venga de nuevo. Me parece que se ha comportado cómo se esperaba y debía, que ha causado buena impresión, aunque supongo que al principio se la esperaba con cierto recelo porque yo tampoco he dicho demasiado de ella. No la conozco lo suficiente y hasta cierto punto me preocupaba que viniera con otras intenciones, por el morbo de entrar aquí, como quien entra en la casa del terror o en un lugar prohibido. Sin embargo, reconozco que a mí también me ha gustado la visita y no ha habido nada raro por su parte. Estaba demasiado interesada en saber de mí hasta el último detalle y con el asunto del trabajo ha encontrado la excusa perfecta para que le diera un voto de confianza. Ha sido la primera vez que he traído a una amiga al St. Clare’s, porque cuando jugaba con los chicos del parque no les invitaba a pasar. Cuando alguno venía a buscarme, no dejaban que pasara de la puerta. Yuly ha subido a mi dormitorio y nos han concedido cierta libertad. La verdad es que no sé qué pensar al respecto. Supongo que Ana se alegrará por mí porque esto es toda una novedad, algo positivo. La mejor evidencia de que me tomo en serio mi situación y estoy dispuesta a cambiar mi conducta y hacerme merecedora de que me permitan que me quede. Sin embargo, reconozco que no me convence demasiado la idea de que mi primera amiga fuera del St. Clare’s sea tan española, cuando es una cuestión de la que siempre he recelado.

Es viernes, de manera que tengo todo el fin de semana por delante para olvidarme de los libros, aunque me temo que por ilusionante que sea la expectativa, Ana no consentirá que sea tan irresponsable en ese sentido. Ya soy una alumna de 9th Grade y mientras no me invente o acepte otros planes para el fin de semana, los libros serán mis únicos compañeros en mis ratos de ociosidad y como es lógico durante el fin de semana lo que me sobrará será eso. De todos modos, espero tener permiso para salir de paseo, sin necesidad de que me haya de escapar por una ventana en cuanto se descuide. Ya hace tiempo que he dejado esas malas costumbres, en entre otras razones porque no soy tan pequeña y no me es tan fácil colarme por cualquier sitio como hacía antes. Es lo malo de hacerse mayor, aunque también tiene sus cosas positivas. Supongo que una de ellas es que los chicos, aparte de que se burlen de mí con esa cancioncita, empiezan a darse cuenta de que soy una chica como cualquier otra. Ya sé que desde siempre lo han sabido, porque no es algo que le haya ocultado a nadie. Es más, la sensación de que tal vez soy un poco más consciente de cómo miran a mis compañeras y tengo la sospecha de que yo también soy objeto de esas miradas, que hay algo de mí que les gusta. Lo cierto es que prefiero no pensar qué será porque temo que me ruborizaré, ya que estoy de acuerdo con Yuly en que los chicos son tontos y compiten entre ellos por demostrar quién lo es más. Nosotras, además de ser chicas listas, somos princesas de cuento y nos encanta ser un poco malas, dado que no nos agrada que nos consideren seres débiles e inferiores, porque no lo somos. Ella es la que mejor habla en español y yo seguro que tengo alguna cualidad en la que destaque por encima de los chicos, aunque todavía no la he descubierto. Tal vez que soy cabezota a más no poder y nadie me convencerá de lo contrario.