Versión de Manuel

Manuel

Ana se interesa por Manuel antes de que sus caminos se crucen, a causa de su no asistencia al campamento de verano del 2000, al que se supone que debería haber acudido, pero cambió de idea en el último momento. En principio, una ausencia que no debería haber tenido mayores consecuencias. No suele haber sitio para todo el mundo y cada cual hace sus planes en esos meses del año.

La evolución sentimental de Manuel pasa por tres amores, sin los cuales es complicado entender el comienzo de la novela y el desarrollo de la historia, tienen su lógica correspondencia con la historia sentimental de Ana

OrdenAmor
1º amorAmigas
2º amor“Dulce gatita”
3º amorAna

Leer comienzo de capítulos 1, 2, 3

En cualquier caso, se trataba de tener la oportunidad de pasar unos días de convivencia con los amigos, de conocer a la gente en un ambiente distinto y más relajado. Tal y como Ana se lo plantea, quien acude al campamento con su entonces novio Carlos, para sentirse más integrada en el grupo y que se empiece a contar más con ella. Se muestra un poco más dispuesta a implicarse y con ello afianzar su relación de pareja. Sin embargo, su atención se centra en alguien que no está. Se ha cometido un error en la organización y es ella la principal afectada, lo cual comparte con Carlos, quien no le da mayor relevancia de que la en sí tiene, incluso se lo toma con cierta gracia porque se trata del juego del amigo invisible y para Ana se convierte en el juego del amigo ausente y desconocido.

Con ese pequeño detalle, en apariencia insignificante, con ese secreto, surge una duda, una inquietud, una curiosidad, por saber quién está detrás de ese nombre y esa ausencia no demasiado justificada. No es un flechazo, porque ella ya tiene su corazón ocupado y comprometido. Tan solo una manera, una excusa de evadirse de sus problemas, una vez que su relación con Carlos se enfría. Ana siente la necesidad y la curiosidad por saber quién es quién dentro del grupo, frente al hecho de que los demás parecen encajar a la perfección, que tienen su lugar dentro de la estructura, se encuentra con el hecho de que yo estoy ahí, pero me comporto como si me fuera indiferente no estar.

La curiosidad le lleva a compartir confidencias con sus amigas, con aquellas que se supone me conocen mejor y pueden aclarar sus dudas. Éstas le confirman lo que ella ya ha tenido ocasión de escuchar por otros cauces, lo que, en cierto modo, da una explicación a la falta de implicación de éste, sobre todo, al hecho de que se hable más de sus torpezas sociales que de su implicación en el grupo, que haya quien prefiera evitarle para que no haya malentendidos. Hay que ser un poco más sociables y no inventarse historias que no llevan ninguna parte y perjudican a los demás.

Una mayor implicación en las actividades grupo por parte de Ana conlleva de manera implícita que se haya de relacionar más con Manuel, lo que termina por provocar lo que parece otro malentendidos, que Ana intenta subsanar de raíz, porque entiende que aquello no lleva a ninguna parte y es un perjuicio para los dos, en particular para ella que no quiere verse involucrada en nuevas historias y menos si son de ese tipo. Sin embargo, tampoco quiere ser ella la causa por la que se produzca un distanciamiento entre el grupo y Manuel. Lo que no quiere para sí misma, tampoco para los demás. Esto le provoca una cierta contrariedad, dado que necesita implicarse en el grupo por ella misma, pero se encuentra con que esa historia no se desvanece del todo.

Tal vez, lo más grave y peculiar de toda esta relación es que, casi sin darse cuenta, Ana  empieza a conocer a Manuel a un nivel distinto, que frente a aquellos que ven en sus historias un absurdo romanticismo no correspondido, lo interpreta como un deseo de integrarse en el grupo sin haber encontrado a nadie que le dé ese apoyo. Ella tampoco se quiere implicar demasiado, porque se siente la principal afectada en aquellos momentos y Manuel es alguien que le provoca curiosidad, lástima y frustración, por encima de cualquier otro sentimiento. No es alguien que le vaya a aportar algo en su vida más que problemas.

En las luchas internas entre los dos, en esa relación de frustración y fraternidad, casi sin que ninguno de los dos se quiera dar cuenta o reconocerlo de manera abierta, surge el flechazo, algo así como que “si no puedes contra tu enemigo, únete a él”. Que frente al hecho de que nadie puede acallar los rumores y las habladurías de unos y otros, lo mejor es darse una oportunidad, convertir esa historia en algo divertido, más que en una lucha que no lleva a ninguna parte más que a perjudicarles a los dos.

De hecho, desde el momento en que Ana decide abrir su corazón, su existencia se convierte en un juego, en la oportunidad de reír y ser feliz, aunque ello no éste exento de frustraciones ni desengaños, porque admite en sus planes a alguien que tiene mucho que demostrarle, que pasar de la teoría a la práctica, a quien rompe todos sus esquemas.

Si esta relación no conllevase una ruptura, no habría “Silencio en sus labios”. Tampoco es que la relación se rompa sin más. El amor entre los dos se mantiene, tan solo que Ana se deja llevar por sus propias circunstancias y en las que necesita marcar distancias, para llegar a la conclusión de que se ha precipitado, pero que volver atrás no es tan fácil. Es mejor callar y dejar que sea el transcurso de los acontecimientos lo que termine por devolver la normalidad a sus vidas o lo que quede de éstas.

Ana se interesa por Manuel antes de que sus caminos se crucen, a causa de su no asistencia al campamento de verano del 2000, al que se supone que debería haber acudido, pero cambió de idea en el último momento. En principio, una ausencia que no debería haber tenido mayores consecuencias. No suele haber sitio para todo el mundo y cada cual hace sus planes en esos meses del año.

En cualquier caso, se trataba de tener la oportunidad de pasar unos días de convivencia con los amigos, de conocer a la gente en un ambiente distinto y más relajado. Tal y como Ana se lo plantea, quien acude al campamento con su entonces novio Carlos, para sentirse más integrada en el grupo y que se empiece a contar más con ella. Se muestra un poco más dispuesta a implicarse y con ello afianzar su relación de pareja. Sin embargo, su atención se centra en alguien que no está. Se ha cometido un error en la organización y es ella la principal afectada, lo cual comparte con Carlos, quien no le da mayor relevancia de que la en sí tiene, incluso se lo toma con cierta gracia porque se trata del juego del amigo invisible y para Ana se convierte en el juego del amigo ausente y desconocido.

Con ese pequeño detalle, en apariencia insignificante, con ese secreto, surge una duda, una inquietud, una curiosidad, por saber quién está detrás de ese nombre y esa ausencia no demasiado justificada. No es un flechazo, porque ella ya tiene su corazón ocupado y comprometido. Tan solo una manera, una excusa de evadirse de sus problemas, una vez que su relación con Carlos se enfría. Ana siente la necesidad y la curiosidad por saber quién es quién dentro del grupo, frente al hecho de que los demás parecen encajar a la perfección, que tienen su lugar dentro de la estructura, se encuentra con el hecho de que yo estoy ahí, pero me comporto como si me fuera indiferente no estar.

La curiosidad le lleva a compartir confidencias con sus amigas, con aquellas que se supone me conocen mejor y pueden aclarar sus dudas. Éstas le confirman lo que ella ya ha tenido ocasión de escuchar por otros cauces, lo que, en cierto modo, da una explicación a la falta de implicación de éste, sobre todo, al hecho de que se hable más de sus torpezas sociales que de su implicación en el grupo, que haya quien prefiera evitarle para que no haya malentendidos. Hay que ser un poco más sociables y no inventarse historias que no llevan ninguna parte y perjudican a los demás.

Una mayor implicación en las actividades grupo por parte de Ana conlleva de manera implícita que se haya de relacionar más con Manuel, lo que termina por provocar lo que parece otro malentendidos, que Ana intenta subsanar de raíz, porque entiende que aquello no lleva a ninguna parte y es un perjuicio para los dos, en particular para ella que no quiere verse involucrada en nuevas historias y menos si son de ese tipo. Sin embargo, tampoco quiere ser ella la causa por la que se produzca un distanciamiento entre el grupo y Manuel. Lo que no quiere para sí misma, tampoco para los demás. Esto le provoca una cierta contrariedad, dado que necesita implicarse en el grupo por ella misma, pero se encuentra con que esa historia no se desvanece del todo.

Tal vez, lo más grave y peculiar de toda esta relación es que, casi sin darse cuenta, Ana  empieza a conocer a Manuel a un nivel distinto, que frente a aquellos que ven en sus historias un absurdo romanticismo no correspondido, lo interpreta como un deseo de integrarse en el grupo sin haber encontrado a nadie que le dé ese apoyo. Ella tampoco se quiere implicar demasiado, porque se siente la principal afectada en aquellos momentos y Manuel es alguien que le provoca curiosidad, lástima y frustración, por encima de cualquier otro sentimiento. No es alguien que le vaya a aportar algo en su vida más que problemas.

En las luchas internas entre los dos, en esa relación de frustración y fraternidad, casi sin que ninguno de los dos se quiera dar cuenta o reconocerlo de manera abierta, surge el flechazo, algo así como que “si no puedes contra tu enemigo, únete a él”. Que frente al hecho de que nadie puede acallar los rumores y las habladurías de unos y otros, lo mejor es darse una oportunidad, convertir esa historia en algo divertido, más que en una lucha que no lleva a ninguna parte más que a perjudicarles a los dos.

De hecho, desde el momento en que Ana decide abrir su corazón, su existencia se convierte en un juego, en la oportunidad de reír y ser feliz, aunque ello no éste exento de frustraciones ni desengaños, porque admite en sus planes a alguien que tiene mucho que demostrarle, que pasar de la teoría a la práctica, a quien rompe todos sus esquemas.

Si esta relación no conllevase una ruptura, no habría “Silencio en sus labios”. Tampoco es que la relación se rompa sin más. El amor entre los dos se mantiene, tan solo que Ana se deja llevar por sus propias circunstancias y en las que necesita marcar distancias, para llegar a la conclusión de que se ha precipitado, pero que volver atrás no es tan fácil. Es mejor callar y dejar que sea el transcurso de los acontecimientos lo que termine por devolver la normalidad a sus vidas o lo que quede de éstas.

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