La lección más importante

Esperando a mi Daddy

Publicado: Tuesday, September 19, 1995. 11:45 AM-08:15 PM

Reflexiones de Jessica

¿Tú sabes cómo me pongo cuando me tocan las narices? ¿Tú lo sabes?

Ya te he contado sobre mi último partido de beisbol con los chicos, aquella rabia no contenida me puso en el mayor de los ridículos, porque me envalentoné le quise demostrar a los chicos del equipo contrario que yo no me iba a amedrentar ante sus burlas y terminé por enseñarles el ombligo, después de que éstos de despojasen de sus camisetas para demostrar lo hombres que son porque claro, yo no iba a llegar a ese punto de desnudez. Con enseñarle el ombligo se podían dar por contentos.

El caso es que fui yo quien, por un impulso, tras batear la primera vez, por llegar a la primera base, terminé lanzándome en plancha el hice el mayor de los ridículos sin pretenderlo les di un espectáculo a todos, pero la cosa no fue tan grave como para que no pudiera seguir jugando, me sentía más dolida en mi orgullo que por los arañazos o las heridas físicas provocadas por esa caía.

La gente tiene la impresión de que soy una mosquita muerta, indefensa, propicia para toda clase de burlas y cancioncitas tontas porque no me voy a defender por mucho que me saquen de mis casillas, pero se equivocan.  Se equivocan.

Period 4      11:48 AM-12:36 PM          Physical Education

En la clase de hoy de Physical Education, Mr. Ford me coloca en esa tesitura, porque después de todo lo que sucede quiero pensar que él fue el único responsable, al menos el causante de ello. Se trataba de una carrera por parejas, de relevos, con trampa, porque había que quitarse la pelota unos a otros. de manera que quien recorriera dos largos del campo, quien regresara con la pelota en su stick, podría descansar y dar el relevo al siguiente, mientras que el otro tendría que seguir corriendo, con la competición. Vamos, un ejercicio un poco raro, complicado, no muy bien pensado por quien tuvo dicha ocurrencia. Se le fue de las manos desde el primer momento.

La intención es más que evidente, conseguir que Yuly y yo nos peleásemos. Que se rompiera la armonía que hasta ese momento se había creado entre nosotras como compañeras de clase y sobre todo, como amigas. sacarnos el mal genio y carácter a las dos, lo que sin duda alguna consigue. Es más pretende salirse de rositas porque se omite de la novela todo lo que a nuestro buen entender de ese momento nos decimos la una a la otra sin la menor consideración. Como si ninguna necesitase lavarse la boca con jabón, ni agradeciera que tras la clase ambas tuviéramos prisa por ir a la siguiente, cada una a la suya. en caso Álgebra. Que, si no, hubiera habido más que palabras dichas sin pensar y en todos los idiomas que tanto la una como la otra supiéramos en esos momentos. Pero ya te digo, la culpa fue del ideólogo de la práctica y la suerte que no hubiera tiempo ni ocasión para acordarnos la una de la otra. Pero ¡acordarse bien y no para bien!

El hockey está integrado por cuatro componentes principales: técnica, táctica, preparación física y cualidades psicológicas para la competencia

El campo de juego es rectangular y tiene 91,4 metros de largo y 55 metros de ancho.

Jockey

Yuly, que en un primer momento había estado despistada y no se enteró demasiado bien de cómo se desarrollaba el ejercicio, tuvo la inoportuna idea de que nos ofrecieramos como voluntarias para empezar. Creyó que tan solo tendría que competir entre nosotras. Que sería una carrera por parejas, sin más complicaciones, un juego inocente para fomentar el compañerismo. La oportunidad de que afianzásemos nuestra complicidad. Mejor rivalizar entre nosotras, de una manera sana, que enfrentarnos a los chicos o a cualquiera de las otras chicas. Es decir, que, al ser las primeras, nos podríamos pasar el resto de la clase sentadas en cualquier sitio y ajenas a todos, porque ya habíamos cumplido. Podríamos reírnos a carcajada limpia del pardillo o la incauta que tuviera que recorrer más de una vez el largo de campo del jockey, por no ser capaz de hacerse con la pelota.

Yo, que me vi arrastrada por su impulsividad, no tuve a menos que intentar aclarar su confusión. De manera que, en cuanto ella se tomó aquello en serio, yo hice lo propio. Me recogí el pelo en una coleta y me puse a la altura de la situación, de lo que Mr. Ford esperaba. Controlar la pelota, conservarla, era salvarse- Lo contrario, era seguir corriendo hasta que la suerte me pusiera como rival a alguien con menos aptitudes que yo. Se trataba de luchar por la supervivencia, la ley de más rápido y ágil.

La tensión y la situación llego a tal punto que nos enfadamos, peleamos. por la pelota como ni no hubiera nada más importante en esos momentos. Yo me sentí humillada por quien hasta entonces había supuesto que era mi mejor amiga. Una chica que de pronto se mostraba como una chica vengativa, rencorosa, competitiva como ella sola y sin la menor empatía. Capaz de ponerme en el peor de los ridículos delante de todo el mundo. Ella tampoco estaba dispuesta a cederme la pelota, rendirse sin más, porque era su ocasión de lucirse delante del profesor y compensar la mala imagen que éste se hubiera formado de ella hasta ese momento. ¡Eso no se hace con una buena amiga! ¡Eso no lo hacen las buenas amigas!

Cuando regresé al internado, no pude menos que contárselo a Ana, quien me esperaba para que le contase como me había ido con el Foreign Language Club y se encontró con un problema que no se esperaba. Lo positivo de que hubiera aceptado hacer ese trabajo sobre España, se truncaba. Se frustraba con mi enfado con Yuly. Que, si tenía que seguir yendo a clase, sería porque no me quedaba otro remedio, pero vamos ya que no me parecía tan horrible la idea de mudarme al otro high school con tal de no volver a cruzarme con Yuly, porque mi vida y porvenir e habían convertido en una pesadilla.

Enfadada con Yuly

La chica que me había enseñado eso de los “falsos amigos” y los cognados para mejorar mi nivel y fluidez a la hora de hablar en español, me había traicionado de la manera más vil. Se había burlado de mí.

Que su padre mediase en el conflicto no hizo más que agravar la situación, porque según Ana, era una simple pelea de amigas, sin mayor importancia, en cambio el padre lo plantea, como si fuera el fin del mundo, el comienzo de la Tercera Guerra Mundial. De manera que todo el mundo se tuviera que posicionar del lado de una de las dos, si no lográbamos zanjarlo de raíz antes en que el problema se enraizase más. No sirvió para nada.

Cuando por fin Ana se decide a tomar cartas en el asunto. una vez que entiende que estoy un poco más calmada. Que ya he descartado la posibilidad de contratar mercenarios o a quien sea para que mantengan a Yuly a más de ochocientas millas de distancia de mí. Porque que no quiero que volvamos a saber nada la una de la otra en lo que reste de nuestras vidas.

Me toca a mí. Sí a mí, ser quien la llame por teléfono para disculparme. ¡Qué se disculpe ella! ¡No te fastidia!

☎️: (Voz de mujer) Casa de los MacWindsor. Soy Carmen. ¿Quién es? – Me pregunta.

Hasta ahora la madre de Yuly ha sido alguien que ha estado por ahí, pero que no ha tenido una participación directa en la novela. No ha sido presentada de manera formal. ¿Qué mejor ocasión que hacerlo en esta ocasión? Aunque sea por teléfono, para resaltar esa faceta de madre que no está dispuesta a creerse las tonterías que le cuente Yuly y que, por otro lado, se muestra en plena sintonía con Ana. El problema lo hemos de resolver entre nosotras y mejor que sea antes de que lo lamentemos porque nos apoyamos la una en la otra y sin esta amistad ambas perdemos todo y no ganamos nada.

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