El Camino de Emaús

SILENCIO EN TUS LABIOS

Se inicia el camino para Ana

Sigo con las reflexiones sobre la novela y todo lo relativo a la secuencia de la convivencia de la Pascua, centrado ahora en «El Camino de Emaús», con un inicio un tanto desastroso, lamentable, ridículo. La intención de Ana era que Manuel y ella volvieran juntos al pueblo, que se hubieran quedado solos, los últimos, como en febrero y se dieran una nueva oportunidad para hablar y que se avivase ese sentimiento mutuo que ha surgido entre ellos y que ninguno de los dos es capaz de apagar. Sin embargo, los comienzo de este paseo, ese escoger pareja, ha sido un tanto desastroso (No pronuncies mi nombre).

Me remito a la entrada de Íbamos dos… camino de Emaús (revisado) para preguntarte con quién te apetece hacer el camino, ¿Con Ana? ¿Con Manuel? Este paseo se incluye en las dos versiones de la novela, aunque mejor que no nos adelantemos a los acontecimientos.

Manuel ha nombrado a Ana, la ha descartado para ir juntos. De manera que, según las normas, Ana se ha de marchar, ser de la segunda pareja que emprende la marcha. Para lo cual escoge al novio de una de sus amigas.

¿Y por qué sabemos que es el novio de una de las amigas de Ana? Ella no lo dice con esas palabras, de manera tan directa, pero se deduce de sus palabras:

El chico que escogí como acompañante se vio un tanto sorprendido por mi elección, aunque mi compañía no contase entre sus preferencias porque ya tenía novia y conmigo no tenía tampoco más relación que la mantenida como miembros del grupo de la parroquia.

Ana. 19 de abril. Camino de Emaús

El chico en cuestión, según las palabras de Ana, se encuentra un tanto contrariado por el desarrollo de los acontecimientos. De hecho, éste se plantea el Emaús como se entiende que es la costumbre de años anteriores. «El Camino de Emaús» es un momento de fraternidad. No tiene reparo en sincerarse y darle conversación a Ana. Da evidentes muestras de que se siente mucho más unido a su novia, reafirmado en ese compromiso, después de haber escuchado la meditación sobre la Vigilia Pascual.

Aquel chico, ajeno a mi situación, como se sentía afortunado de que le hubiera escogido, lo primero que me dijo fue que mi charla le había encantado, ayudado en la reafirmación de su vocación al matrimonio y comprendía mucho mejor el sentido y la intención del Sábado Santo, lo que trasladado a su vida diaria lo consideraba toda una enseñanza y fuente de santidad, esa espera confiada y activa, ese esfuerzo por un objetivo, ese apoyo en la persona amada cuando se presentaban las dificultades. 

Ana. 19 de abril. Camino de Emaús

Se inicia el camino para Manuel

Como ya no tiene sentido que Manuel se quede allí, se respete ese pacto entre amigas, eso de que éste sea intocable, se le reservara para que Ana y él hicieran el paseo juntos, en cuanto ésta pone el primer pie delante del otro en dirección al pueblo, ese despojo humano, antes conocido como «Manuel», no se merece la más mínima consideración. Ya a nadie se le van a hacer ojitos por salvarle el cuello ¿Quién querría ir con él? ¿Algún voluntario?

¡Oye que Ana se aleja, decídete pronto!

O dejamos que se quede allí para que se le coman gusanos, aunque dudo que a éstos les vaya a resultar muy apetecible alguien que ha sido capaz de caer tan bajo.

Manuel, consciente de su torpeza, de su metedura de pata, cuando ya intuye que a Ana le sobran motivos y razones para marcar distancias, cuanta más mejor, porque no querrá verle ni en pintura después de que éste se haya puesto en evidencia y la haya avergonzado de esa manera, se encuentra con que le escogen para salir como la tercera de las parejas, que se produce un sospechoso intercambio de «parejas». Porque, si Ana se ha ido con el novio de su amiga, lo correcto es que se le respondan con la misma moneda

Y dado que nada parecía que fuera salir bien aquella tarde, detrás de Ana salí yo. Me escogieron como acompañante porque quien me eligió quería ir con quien era pareja con Ana. Mis buenas intenciones del camino se quedaban en eso.

Manuel. 19 de abril. Camino de Emaús

Se hace camino al andar

Una vez emprendida la marcha, salvo que los dos miembros de la pareja se concienciaran, mantuvieran las distancias o aceptasen al compañero que nos hubiera correspondido, el resto no tenía mucho sentido.

Manuel. 19 de abril. Camino de Emaús
"Emaús"
Íbamos dos camino de Emaús, 
entristecidos, discutiendo.
......

Me permito la licencia de escribir dos versos de la canción que, en cierto modo, son las inspiración para el planteamiento de esta secuencia de la novela, como reflejo de esa tristeza, de ese dolor en el corazón de nuestra pareja de tortolitos, aunque poca discusión puede haber entre ellos, si cada uno va con una pareja distinta

En ambas versiones de la novela se pone de manifiesto el contraste entre estas dos parejas. Ambos, en su relato, parecen olvidar a la primera pareja que ha salido y tampoco se molestan demasiado en volver la vista atrás.

Sobre Los acompañantes

  • Ana va en compañía de un chico enamorado y comprometido con su novia, en cierto modo contrariado por el hecho de no hacer el camino con ésta, pero con la suerte de que tiene la oportunidad de darse ese paseo con Ana, quien siempre brilla con luz propia y puede explicarle con más detalle todo eso que ha hablado sobre la Vigilia Pascual e incluso, si ésta no se cohibe demasiado por tratar cuestiones demasiado personales, ni se lo toma como un abuso de confianza, hablarle de su novia, porque son amigas, buenas amigas.
  • Manuel va en compañía de una chica que ha visto cómo su novio se alejaba, cómo las normas hacen que se distancien, aunque tan solo sea por un momento y con absoluta confianza en que entre amigas no se roban los novios y que las amigas de la pareja son intocables. Aquel tan solo es «un novio prestado» para un momento de apuro, de desesperación, aunque lo que ésta se ha encontrado a cambio no compensa tanta confianza ni generosidad.

Sobre ellos

  • Ana va como un zombi, se deja llevar mientras se hunde en la tierra, se ahoga en su propia frustración. Le pesa demasiado el corazón, el desengaño que ha sufrido, porque confiaba ir flotando, como si la llevasen entre algodones. Manuel ha dicho su nombre y la ha descartado como compañera de «El Camino de Emaús» y ha convertido esa pretendida heroicidad en la mayor de las estupideces. Sin embargo, ella va más pendiente de lo que sucede a su espalda que de la conversación. Se siente incapaz de andar y con ello retiene y frena los pasos de su acompañante.
  • Manuel, viene volando, se siente arrastrado y sin frenos. La chica que va con él es la novia de acompañante de Ana y no está muy dispuesta a renunciar a su paseo por culpa de un chico que no se merece ni que le tengan un mínimo de consideración, que ni siquiera le da conversación. No se siente el mejor de los acompañantes en esos momentos porque le pesa demasiado la culpa, de manera que va sin voluntad propia, que hay que ir a paso ligero, pues mientras las piernas aguanten el ritmo, por su parte no hay objeción, mejor centrarse en ir deprisa que en conversar con alguien que, en realidad, no demuestra ningún interés.
Camino

Por ese camino se aleja un chico arrastrando la poca dignidad y orgullo que aún le queda a Ana; un chico que se ha quedado a cuadros cuando ésta la he escogido a él, aunque ésta ya sabe que tiene novia y, en vista de cómo se iban a formar las parejas para «el Camino de Emaús», ya sabía con quién iba a darse el paseo. En todo caso, ¿Cuál de las chicas le escogería? Lo último que se hubiera esperado es que fuera Ana, porque entre amigas se supone que hay un pacto de respetar a los novios de las demás. Ana tiene fama de respetarlo. Incluso cuando se supone que hay sido ella la perjudicada, pero es que lo suyo con Carlos ya no tenía ninguna validez y con la actual novia de éste tampoco es que mantuviera una gran amistad. De todos modos, es un poco raro. Aunque después de lo que ha pasado, se entiende que ella no se haya querido quedar allí ni un segundo más, por lo que ha escogido de acompañante al primero que se le ha ocurrido ¿o no?

A la Pascua no se va hacer tonterías y después de que Manuel haya hecho la más gorda de todas, los demás no deberían tomar ejemplo, pero Ana se siente tan decaída que avanza a pasos de tortuga, que el chico que va con ella, casi ha de tirar de ésta para que se mueva porque es como un peso muerto.

Por detrás viene la liebre arrastrando cualquier lastre que le pongan como si no pesara, como si nada ni nadie fuese capaz de frenarla.

En principio el paseo, «el Camino de Emaús» ha de ser un tranquilo paseo, con tiempo para mantener una tranquila y amena conversación, con el único requisito de que haya la suficiente separación entre las parejas, dado que por ello no han salido todos a la vez, se consigue ese cierto margen mientras se forman las parejas. Aparte que para no perderse, tampoco conviene perder de vista a quienes van delante porque se supone que conocen el camino a recorrer hasta el pueblo, que nadie se ha lanzado a aquella aventura a lo loco. En caso de perderse siempre se puede confiar en que la pareja que viene por detrás nos sirva de referencia.

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