Versión de Ana

Ana empieza siendo una chica  de tantas, de esas que sin saber muy bien el motivo, Manuel tiene la impresión de que se fijan demasiado en él y se muestra nerviosa con su proximidad, que incluso se reprime un poco a la hora de hablarle de éste a sus amigas, cuando teme que éste llegue a escuchar la conversación. Es una chica con personalidad y las ideas claras, que no pasa desapercibida, aunque se muestre tímida y discreta.

La evolución sentimental de Ana pasa por tres amores, sin los cuales es complicado entender el comienzo de la novela y el desarrollo de la historia, tienen su lógica correspondencia con la historia sentimental de Manuel

OrdenAna
1º amorCarlos
2º amor“El poeta”
3º amorManuel

Leer comienzo de capítulos 1, 2, 3

Introducción al personaje

Es alguien que viene de lejos, que aparece de vez en cuando por la vida social de Manuel  y en quien no tiene demasiado sentido que éste fije ni con quien se relacione más allá de ese ambiente de amistad y fraternidad en que se encuentran. Aparte que, cuando ella llega la atención de éste está con otra chica del grupo que le trata con bastante más frialdad e indiferencia, lo que genera un fuerte contraste, en particular cuando se juntan, dado que mientras que una se muestra fría e indiferente, la otra se muestra algo cohibida, como si le observara de reojo, con curiosidad “¿A ver qué haces?”

Como queda constancia en la novela, Manuel comete la torpeza de reaccionar ante ese aparente interés, y lo que recibe es una rotunda negación y advertencia, tanto por ella misma como por parte de todas aquellas que se han visto afectadas por sus intentos románticos. “¡No y ojito con insistir!”

Entre los dos se crea una lucha tácita. Los dos quieren hacerse un sitio en el grupo, pero sus expectativas y planteamientos chocan. Ninguno de los dos está de más, nadie sobra, pero no es tan fácil olvidar ni ponerse de acuerdo cuando los dos huyen de algo y van en busca de alguien que les dé estabilidad en la vida.

A Manuel le resulta imposible apartar la vista, poner la atención en otra parte cuando ella se ha convertido en el centro de todo y su sola presencia es como un imán. Mientras ella triunfa, alcanza sus metas, Manuel se siente frustrado y atascado en su propia impotencia. Ella es alguien que en un abrir y cerrar de ojos ha conseguido lo que éste lleva años intentando y de lo que quiere formar parte, aunque le bloquea un muro que no es capaz de saltar. Lo peor de todo es esa sensación de que han conectado, aunque sean de mundos distintos.

En determinado momento ella se da cuenta de que con su actitud no consigue nada, más que perjudicarles a los dos, que ello enturbia la relación con el resto de la gente del grupo, de ahí que, en vista de que por parte de Manuel no hay ninguna reacción, que de un momento a otro le llegarán rumores de que el problema lo tendrá otra y no se habrá resuelto nada, aunque el asunto ya no le afecte, decide restarle gravedad al asunto, zanjarlo como si no hubiera pasado nada, con la expectativa de que ello favorezca el que Manuel supere sus recelos a tratar más con los demás, porque no tendrá motivos para sentirse rechazado como amigo, al menos por su parte no.

Su cambio de actitud provoca que Manuel se sienta descolocado y cometa una estupidez de la que ella consigue sacar partido y demostrarle lo equivocado que está con respecto a la apreciación que los demás tienen de él. Hasta cierto punto, también descubre cómo es Manuel en realidad y no tanto por lo que le han dicho o ha sufrido en persona.

En vez de mantener esa actitud negativa y reacia a el interés de Manuel por ella – en vez de permitir que se le amargue la existencia – adopta una postura un poco más abierta y se lo plantea como un juego, como algo divertido en lo que participen los dos, lo que le lleva a tener que reconocer que se ha enamorado y que tiene tantas razones para seguir con ese romanticismo como para cortarlo de raíz antes de que le perjudique. Quiere demostrarse a sí misma que es capaz de hacerse con el control de la situación, convencer a los demás, en particular a Manuel, de que esa opinión poco favorecedora que se ha creado de sí mismo es tan solo eso, una opinión, y está en sus manos la posibilidad de mejorarlo, si le pone un poco de empeño.

Llega un momento, cuando su relación ya parece afianzada y estable, con sus problemas del día a día, en que Ana se siente superada por sus circunstancias, por su enfermedad, y, para que nadie sufra, prefiere marcharse, esconderse, con el ruego a Manuel de que no la busque, dado que no dejará que la encuentre. Es una decisión dolorosa que no sólo les afecta a ellos dos, sino a todos cuantos les rodean y forman parte de sus vidas, pero considera que, aun así, es lo mejor para todos. La puerta se queda abierta para un posible reencuentro. Sin embargo, de antemano, esa posibilidad queda descartada.

La cuestión es que Ana no se termina de ir del todo. Se mantiene ahí, escondida y expectante porque siente que no puede renunciar a todo lo que deja tras de sí, aunque no busca tanto huir como distanciarse. Le duele tanto el hecho de verse separados como la resignación de Manuel ante los acontecimientos, porque tiene la sensación de que éste ha dejado de luchar por su amor y tan solo espera a que sea ella quien tome la decisión de regresar.

Me gustan los finales felices

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