Si has llegado hasta aquí (Revisado)

Reflexión

Sigo revisando esas otras partes de la web, que no sea tan solo recorrer Toledo.

Ya publiqué esta entrada (Si has llegado hasta aquí, 21 junio 2021) que es continuación de lo compartido el otro día, (¡¿Quién será?! ¡¿Quién será?!) porque he de reconocer que esta novela, «Silencio en tus labios», está llena de matices, curiosidades y detalles. A mí me resulta entretenida, divertida, con cierta jocosidad para reírme de mí mismo y dejar que aflore esa madurez y sentido común de que en ocasiones carezco.

Te quedas con la duda de saber si es el personaje de Ana quien habla con Manuel, quien se sincera con éste o soy yo quien, como escritor de la novela, busco la complicidad sincera con el lector, porque tampoco es que escriba sobre mi vida. Esta novela tiene lo justo de autobiográfica como para que resulte creíble, pero casi es su totalidad es pura ficción. Es como escribir una carta de amor, de valentía personal, de ruptura del silencio en mis labios.

Así, como sin pretenderlo, la novela deja a su paso pequeños guiños de complicidad con el lector, hasta el punto de que estos detalles parecen dirigidos a mí, por eso de estar contando una historia desde dos puntos de vista, cuento intimidades que son de otro personaje de la novela. Me reitero y reafirmo en esa idea. Te dejo leer hasta aquí porque mereces ese voto de confianza.

Con esta secuencia termina lo que considero es la primera parte de la novela, la conquista, el enamoramiento. Esta pareja dejará de ir cada uno por su lado a partir de ahora, aunque cada cual tendrá su propia versión de la historia.

Vuelvo a publicar esta entrada con alguna que otra corrección, para resaltar esa complicidad con aquellos que se acercan a la novela, para que os sintáis parte de la historia. aparte de recomendaros que le echéis un vistazo a los pasajes porque lo que aquí cuento está bastante resumido


Final del libro 1

El otro pueblo

Siguiendo con las reflexiones de la novela, previas a esa despedida, a esa separación temporal, dado que no viven en la misma ciudad y da la sensación de que todo volverá a ser lo mismo de antes, a sus encuentros cuando haya alguna de esas reuniones mensuales y las agendas les cuadren. Pero aún les queda pasar unas pocas horas en el otro pueblo, que la gente tenga constancia de que ya son pareja y, por lo tanto, que haya quien les anime a acortar distancias, que entiendan que están tan alejados el uno del otro como quieran estarlo, porque existe la posibilidad de hablar por teléfono, de intercambiar email, cartas y buscarse cualquier excusa para que sea una buena ocasión perfecta para volver a verse y saber el uno del otro.

Su llegada al pueblo, en un primer momento, se asemeja más a lo que han sido esos reencuentros previos. Allí se reúnen con la gente de Toledo, con aquellos que han sido testigos de sus desencuentros y desavenencias, sobre todo con el hecho de que todo son prisas porque hay mucho que hacer y poco tiempo. Lo prioritario es la Pascua, el compartir con los hermanos. Las cuestiones personales quedan aplazadas hasta que haya un momento de relax.

Los de Toledo aún no saben que Ana se muere por tener ese momento de oración compartida, por tener la ocasión de coincidir en el banco, de modo que, como es su costumbre, las amigas ejercen de «gadgets amigas» y hacen lo posible por mantenerles separados.

Cuando salen de nuevo a la plaza, cuando se forman esos corrillos de gente para contarse de manera informal cómo les ha ido en uno y otro pueblo, los unos no pueden evitar comentarles a los otros que la gran noticia del día es que:

«!ANA ESTÁ ENAMORADA!»

Así, como si fuera un titular de portada en los periódicos de tirada internacional, como si tuviera que ser la noticia que abriera todos los noticiarios, lo más importante y irrelevante que cualquier otro acontecimiento del universo, aparte del hecho de estar en Domingo de Resurrección. «Sí, Ana, nuestra Ana, está enamorada y su nuevo gran amor se encuentra entre nosotros». «¡Qué sí, que sí! ¡Que se trata de Manuel!»

Atención, gadgets amigas, operación ‘Comida romántica’, que somos muchos, pero Ana está loquita de amor por su amado y se teme que no haya sitio para que ellos desplieguen toda esa pasión. Para el Emaús el muy «….» le fastidió el plan. Sin embargo, esta vez no vamos a dejar que se escape. Que, si Ana tiene hambre, se lo vamos a servir en bandeja.

Pero eso sí, hasta que ellos no lo hagan público seamos discretas, que no se note demasiado.

Después de comer, cuando parece que la situación se ha calmado, que la noticia ha perdido toda su relevancia, porque quien no ha visto ese fuego de pasión entre ellos es porque no ha prestado atención; cuando Ana entiende que ya puede lanzar su cuerda de amor y atrapar al chico de sus sueños, arrancarlo de la atención de los demás, porque le quiere y necesita todo entero para ella, los dos van a sentarse a uno de los bancos de la plaza. Apartados de todos ya pueden hablar con toda tranquilidad, sin que nadie les preste atención. Ahora tan solo están el uno para el otro: «¿Me quieres?» «¿Cuánto me quieres?»

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¡Eh, vosotros dos, que se hace tarde para la asamblea! ¡Que nos tenemos que ir!

¡Eh, que estamos aquí! ¡Que no os habéis quedado solos! Ana, Manuel. A la asamblea final. ¡Vamos, tortolitos!

¡Ay, qué bonito! ¡los dos juntos! ¡Ya verás, ya verás! Ahora nos van a decir que se quieren, que se han hecho novios, cuando ya lo llevamos sospechando desde hace tiempo. Eso de que Ana fuera tanto por Toledo debía tener una explicación. Además, Manuel este año se ha animado a venir a la Pascua.

Para su próximo cumpleaños le regalamos a cada uno una tercera mano, porque les va a hacer falta.

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¿Alguien tiene dinamita? ¡Que nos tenemos que ir! Ana ha venido en su coche y Manuel se ha de ir con los de Toledo, pero ninguno sabe en qué hora vive.

Venga, de verdad. ¡Ya vale! ¡Qué se hace tarde!

¡Dale un beso y conduce! Venga, Ana, vámonos. Cuando llegues a casa le llamas por teléfono y os pasáis la noche en vela hablando, pero ahora, vámonos que tenemos prisa

Ana: ¡Qué sí, chicas que ya nos vamos! Adiós, Manuel, nos vemos pronto.

Manuel: Adiós, Ana. Hasta pronto, Nos vemos el mes que viene, pero te llamo el sábado como muy tarde. Adiós, chicas, cuidádmela bien

Sin embargo, debido a que la presencia de mis amigas, la mirada atenta de éstas, me limité a darle un beso en la mejilla,

Ana, despedida de Manuel

¿Dónde es «aquí»?

Todas las historias tienen «un hasta aquí» y la historia de nuestra pareja empieza en este punto, al final de este primer libro. El final de esta convivencia de la Pascua, de cuatro días, de esta historia romántica llena de tonterías.

No termina cuando se suben cada uno a un coche con destino a su casa. Ese no es el final de la historia, hay más. Nuestra pareja de enamorados necesita más, pero no es ahí donde terminan las confidencias y tampoco es donde termina la novela. Hay mucho más que contar, mucho más escrito, porque eso de «que fueron felices y comieron perdices» se queda para los cuentos. Esto tan solo es el comienzo. Queda mucho por compartir, por vivir, por disfrutar de la vida, con todos sus dulces y sinsabores.

Sin embargo, como escribe Ana en su diario, si te he contado todo esto es porque he encontrado el valor para que leas mis reflexiones. Pero lo que destaca de esa frase es algo crucial para toda la novela, para que toda su historia de amor tenga sentido y no se convierta en otra tontería: «Me respetarás ¿Verdad?»

Me respetarás ¿Verdad? Porque, si has llegado hasta aquí y has leído esto, es porque he encontrado el valor para dejarte que leas mis reflexiones.

Diario de Ana, Final del libro

Esta frase no es tan solo una más o la última en la versión de Ana en su diario, en esa carta que le envía a Manuel para compartir lo que ha sido su vivencia y experiencias de estos días. Para mí, como autor de la novela, con el tiempo ha cobrado mucha más trascendencia. Son mis palabras para todo aquel que se acerque a leer la novela. Porque es fácil deducir que se dice más de lo que se cuenta y, sobre todo, se trata de mis reflexiones. Que, como le ocurre a Ana, es una apertura total de corazón, de su ser, para entregarse a su amado.

Para mí, como escritor, es como reconocer que éste soy yo, que he encontrado el valor suficiente como para compartir todo esto. Que, ante todo, quizás las primeras impresiones pueden estar un tanto equivocadas. Pero al igual que te he mostrado mis debilidades, ahora quiero que te des cuenta de mis fortalezas. Que tal vez te has forjado una imagen de mí que está un poco distorsionada por los acontecimientos. Porque hay mucho que no he querido contar, porque no me ha parecido necesario, porque lo único que he presentado de mí es mi punto de vista. Que, si te apetece, te puedo contar mucho más.

Esa primera parte de la novela, en sus dos versiones, se compone de varios libros y después está la segunda parte con muchos más personajes y tramas, a lo cual ya he aludido en algunas entradas del blog. Aunque a la hora de presentar la novela, de dedicarle más atención, me suelo centrar en este primer libro, que es el que tiene un carácter más autobiográfico, aunque no todo lo que se cuenta es real ni todo fruto de mi imaginación. Porque, en realidad, la novela no trata de mis amigos ni de mis amigas, ni de mis amores, aunque hayan sido fuente de inspiración, trata del valor de haber sido capaz de contártelo.