¡Cuenta, cuenta!!! (Revisado)

Introducción revisión

Doy un pequeño salto en el tiempo, un gran salto para la novela, porque poco menos se puede decir que la noche del sábado 15 de febrero de 2003, Versiones: (Manuel) y (Ana) Termina como si a alguien hubiera que traerle de regreso al planeta tierra. Demasiado relevante ese día en la historia y en la novela como para no darle la importancia que se merece, porque supone un cambio de actitud. Toda una novedad.

Debería publicar todas mis reflexiones sobre su conversación de esa tarde, pero ahora me apetece más destacar el final de este día, que, como era la intención en cuanto a esta entrada, más que centrarme en lo que cuenta en la novela, ir un poco más allá, porque es lógico pensar que en la vida real los acontecimientos hubieran dado pie a más de una conversación y confidencia entre amigas, para el caso de Ana, e incluso un intercambio de impresiones para aquellos que han sido testigos incrédulos de lo sucedido. De manera que desde estas líneas la curiosidad nos lleva a que les roguemos de manera encarecida que nos permitan participar de esas conversaciones, a ver si nos enteramos de algo.

Reflexión (18 de mayo 2021)

En la entrada anterior («Compartir«) y en el final de este día (versiones de Manuel y versión de Ana), dejamos a Ana en la puerta del restaurante, que sigue de fiesta con las amigas y a Manuel que regresa a casa. Se marcha solo, pensativo y sin entender muy bien lo que ha pasado.

Puerta Restaurante.

Todo queda pendiente de un hilo, de lo que suceda después, cuando sea su próximo reencuentro ¿Cuándo será?

Dado que Ana se queda todo el fin de semana, tal vez al día siguiente se vuelvan a ver, antes de que se ésta se marche, porque lo sucedido esa tarde/noche no va a dejar a ninguno de los dos indiferente. En todo caso, mejor que no les agobiemos en exceso.

Algo ha pasado. No está claro si ha sido algo premeditado o fruto de los acontecimientos – se deja a la libre deducción del lector -. El caso es que han tenido ocasión de hablar, Ana más que Manuel. Se han dicho cuatro verdades a la cara, ya sea por el impulso del momento o por el impulso del corazón que habla cuando todo lo demás guarda silencio. La cuestión es que han tenido lo se podría considerar una primera cita, un tanto forzada, cuando el día se había iniciado con una moderada frialdad por parte de ambos.

De esta secuencia posterior a esta despedida no se dice nada en la novela, pero no resulta complicado imaginarse la situación.

¡¿Qué han tenido una primera cita?! ¡Cuenta, cuenta!

Aquella noche….. Manuel

A Manuel nadie le va a preguntar. Se marcha a casa y ya sabemos que a veces se deja llevar por su propia subjetividad. Además, lo único que tiene claro es lo que Ana le ha dicho mientras hablaban en la calle y que no le deja en muy buen lugar frente a esas expectativas románticas que se pudiera haber creado.

las cagadas de los perros o las cáscaras de plátano eran más dignas que yo, porque resbalar conmigo, más que un accidente, era una tragedia

Versión de Manuel, esa tarde

Lo que contrasta un poco con sus últimas impresiones

Me dio las gracias por la compañía y un “hasta luego” por el que creí que podía marcharme con la cabeza alta y mirando por encima del hombro a más de uno. 

Versión de Manuel, esa noche

Además, tiene tan pocos afortunados precedentes en ese aspecto que casi mejor que no se haga muchas ilusiones. ¡Qué ya sabemos lo que pasa! Aunque en esta ocasión haya sido algo más que un espejismo o malentendido por su parte. Ha sido Ana quien le ha pedido que la acompañe, que ella no sabía dónde estaban sus amigas y él era él único que podido ayudarla. Mejor él que pedirle a alguien que fuera a buscarla.

Al final la cita han sido un cúmulo de circunstancias y Ana tan solo ha pretendido ser un poco más afable para suavizar el mal trago y rebajar la tensión. Ya le ha dicho que con ella no tiene nada que hacer y ha sido él quien se lo ha confirmado a los demás. Que simplemente han llegado juntos al restaurante porque tenían que hablar en serio y después él no se ha podido escapar.

De manera que ahí dejamos a Manuel que se marche a casa, que se ponga a salvo.

Como se supone y concluye su versión del capítulo, aquella noche, con respecto a Ana, ésta «se había desahogado y no esperaba tener que volver a hacerlo.» Ha sido ella quien le ha puesto el punto final a la historia entre los dos.

Sin embargo, en lugar de humillarle, aprovecha la excusa de la cena con los amigos para favorecer que Manuel se acerque a éstos, porque son más amigos de él que de ella. Que si por causa de esos desencuentros románticos Manuel marca distancias, esta vez se queda sin argumentos. De modo que para Manuel tan solo queda gratitud. Ya que, si en sus otros desplantes ha sentido el impulso de encerrarse en sí mismo, Ana le pretende dejar claro que esta vez no será ni por culpa ni por causa de ella.

Ana, como siempre, pretende ser luz que ilumine a cuántos le rodean hacer felices a todo el mundo.

¿Surtirán efecto los buenos propósitos de Ana o Manuel será tan tonto cómo le ha hecho pensar? Dejemos que se lo piense, se lo plantee con calma, porque aún queda tiempo hasta que vuelvan a reencontrarse. Y no, no será en el mes de marzo, porque, como se suele decir en estos casos, no todo los días son fiesta y Ana se da cuenta de que Toledo se encuentra un poco lejos y que no hay mejor refugio que el hogar para dejar que la situación se calme y suavice.

Aquella noche…. Ana

¿Qué pasa con Ana? Las palabras y últimas reflexiones de Ana, dejan esa duda latente. ¿De verdad ella es una chica tan fría e insensible? ¿De verdad aquello es el final de todo y a partir de ahora tan solo queda ver cómo todo vuelve a la normalidad? ¿Puede terminar todo así?

Cuando se marchó se despidió con un adiós en general y yo le respondí con un sentido “hasta luego”. Me salió tan natural que en aquellos momentos no hubiera negado el hecho de que esperaba que nos viéramos de nuevo y a no tardar mucho.

Versión de Ana, esa noche. Último párrafo

No debemos pasar por alto el hecho de que Ana se queda en compañía de sus amigas. Se sobreentiende que, como el grupo de los que se han quedado a cenar se reduce, quienes se quedan con Ana son aquellas amigas con quienes tiene más confianza, con quienes compartirá la diversión del todo el fin de semana y, aunque suene un tanto típico y tópico: «¡las amigas están ahí para compartir confidencias!».

De hecho, me intento aprovechar de ello yo como escritor, como autor de la novela a la hora de componer la personalidad y mentalidad de este personaje

Las amigas se supone que son testigo de sus quebraderos de cabeza, de sus sinsabores con todo lo referente a su trato con Manuel y sin duda aquella noche, aquella tarde, han sido sus mejores cómplices, aunque haya sido desde la distancia, aunque haya dado la sensación de que se desentienden y la dejaban a su suerte. Lo cierto es que esas llamadas al teléfono de Ana resultan un tanto sospechosas.

Ellas fueron testigos de la reconciliación en el encuentro de enero, de ese darse la paz. Es fácil suponer que en ese tipo de cuestiones no hay secretos entre amigas. Es más, es posible que Ana lo consultara con éstas antes de presentarse de nuevo en Toledo, aunque su excusa para acudir estuviera más relacionada con las actividades del grupo que con cuestiones o apetencias personales.

¡Venga, Ana, no nos tengas en ascuas ¡Cuenta, cuenta! «¿Cómo ha sido esa charla con Manuel? ¿Qué te ha dicho? ¿Le has cantado las cuarenta? Nosotras íbamos a ir a buscarte, pero, como nos dijiste que preferías que os dejásemos solos, nos tienes con el alma en vilo, nos morimos de curiosidad porque nos cuentes todo con detalle…..»

«¿Te lo puedes creer? ¡Manuel ha tenido una cita con una chica! ¡Eso sí que es noticia! Pero… ¡Cuenta, cuenta! No te calles nada….

«Os hemos visto llegar juntos y nos hemos quedado de piedra…. ¡Habéis llegado juntos!

«Sí, vale, él ya ha dicho que no sois novios, pareja ni nada de eso, pero….

de ti no lo hemos oído.»

«¡El pobre se ha quedado sin saber qué decir cuando te has puesto a su lado para salir juntos! Así es normal que la gente pregunte porque contigo no hay quien se aclare.

Entonces ¿qué?»

«Si no vienes en marzo, ya hasta la Pascua no nos vemos. Porque nos veremos en la Pascua ¿verdad? A él no le esperes porque últimamente se queda en casa. Ya sabes, cosas suyas. Tal vez este año se anime, después de lo hoy no se sabe qué hará. ¿Le decimos algo?»

«Ya sabemos cómo es Manuel. Pero, si a ti te gusta, por nosotras está bien. A ver si así te animas. ¡Aunque, como él se anime, vas a tener que frenarlo un poco! No es mal chico. Tan solo tiene sus rarezas.»

Aquella noche….

Aquella noche, Ana se dedica a disfrutar de la compañía y complicidad de las amigas. En cierto modo a reprenderlas porque la han metido en un pequeño lio por eso de que se ha extendido el rumor de que ha venido a Toledo a reunirse con su novio. Ya que, cuando aquella tarde le han visto con Manuel, se ha creado una pequeña confusión al respecto.

¡Sobre todo, que Manuel no se lo crea demasiado! Mejor que éste se piense que entre ellos tan solo ha quedado una buena amistad y que por parte de Ana tan solo esperan que se lleven bien.

Por eso, a diferencia de lo sucedido en diciembre, esa noche nadie escribe cartas por impulso. Todo queda como algo comedido. Sobre todo porque, si coinciden en la Pascua, en esa convivencia de varios días, ya no bastará con que sea la hora de marcharse a casa para no verse en una larga temporada ¿A ver qué pasa, si es que pasa?

Pongamos serios y no mezclemos las churras con las merinas, que Ana brilla con luz propia cuando Manuel no está cerca.

Ana brillando con luz propia. Fotomontaje

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