¡Por favor, haz el tonto!

Nuevo capítulo. Versiones de Ana y Manuel. Ya se pueden leer. Pulsar en la imagen, al final

En los post/entradas de estos últimos días,

a la hora de hablar de lo que se supone ha de suceder en los próximos días de la novela, en los que serán unos días de convivencia y oración con los amigos, el momento en que se produzca esa declaración de amor entre los personajes, he destacado la idea de que Manuel tiene que ponerse en evidencia, que aprovechar la oportunidad para ese primer acercamiento, lo que contrasta con el hecho de que a la Pascua no se va a hacer el tonto, que Ana es una de las que está de responsable y no va a dejar que la ponga en ridículo delante de todo el mundo, que para eso se va a rodear y proteger de sus amigas. Ante eso lo mínimo es que Manuel haga al menos el primer intento, aproveche la menor oportunidad que se le presente.

Ella le recibe con la mayor de sus sonrisas, se muestra afable con su llegada, hace que su presencia y compañía destaque por encima de los demás hasta que considera llegado el momento de ponerse seria, que no están allí para ligar y, en cierto modo, necesita demostrar un poco de seriedad delante de los demás; necesita marcas distancias con Manuel para dejarle su espacio, con la expectativa de que éste haga el tonto, porque ella está segura de que éste será incapaz de reprimirse. Ya le ha dado pie y ahora espera verse correspondida, le ha allanado el camino, pero espera que esa él quien tome la iniciativa.

¿Qué es hacer el tonto?

“Hacer el tonto” en el sentido de no reprimir los impulsos del corazón, es demostrar interés por quien suponemos y entendemos es la chica por la que suspira y se desvive. Tonto para saltarse los convencionalismos sociales y querer destacar sobre el resto por méritos propios. “Tonto es el que hace tonterías”, pero este “tonto”, el nuestro, el de esta historia, ha de ejercer por derecho propio el título de “tonto enamorado”, dicho con el mejor sentido. Se tiene que poner en evidencia; hacer el ridículo más espantoso para que tenga sentido eso de que Ana se rodee de sus amigas, para que le observe de reojo y no salga de su asombro por tal atrevimiento u osadía

¿Cuándo es el mejor momento para “hacer el tonto”?

Por supuesto, durante la misa no, durante la cena tal vez, pero el momento de tratar con aquellos con los que va a forma grupo aquellos días, porque como la propia Ana nos cuenta, quizá con una cierta temeridad por su parte, Manuel se encuentra con gente con quien no tiene demasiada confianza, aquellos que han venido de Toledo con él están en los otros dos grupos, se entiende que por una cuestión de organización, tan solo se indica el detalle que una de las parejas prefiere estar en grupos separados. Puede decirse que Manuel se encuentra un tanto solo desamparado, aunque rodeado de buena gente, que no son unos completos desconocidos, pero Ana parece esperar que ante ese panorama éste reclame su atención, porque ya sabe que a los de Toledo no les va a molestar con sus historias.

Si no es durante la misa, ni durante la cena ni siquiera en el momento de oración posterior para empezar a crear ese ambiente entre todos tendrá que ser cuando se vayan a dormir, el alojamiento de los chicos está junto a la iglesia, pero el de las chicas se encuentra un poco alejado, lo que es un momento y una excusa para que se demuestre ese cariño entre los novios, entre las parejas y alguno aproveche para alargar la velada un poco más porque la tarde se les ha quedado corta y aún hay tiempo para buscar esa amistad y afinidad.

Sí, yo creo que sí, ese el el momento perfecto para hacer el tonto ¿No os parece? Hay que acompañar a las chicas hasta su alojamiento y dejar que repita ese cruce de miradas, ese momento de complicad, esa despedida del 15 de febrero, con un “Buenas noches y dulces sueños”, apararse em el grupo y como quien no quiere la cosa, juntarse con los demás y que Ana no proteste porque no tiene motivos. No hace falta que diga nada, pero aunque sea en silencio y con cierta timidez, hacerse valer, que ésta se de cuenta de lo mucho que la aprecia, un último capricho, un “buenas noches” robado, un hacer el tonto con todas las de la ley y sin que nadie le tenga que acusar de nada, porque tiene el amparo de los demás. ¡Venga valiente, que tú puedes! Que en el fondo de su ser en cada milímetro de su corazón, Ana lo esté deseando porque necesita saberse correspondida en eso que aún no termina de definir del todo, pero a lo que ya he la puesto nombre

Tan solo algunos de los chicos nos acompañaron hasta nuestra casa. Manuel no fue uno de ellos, consideró que no era necesario

Ana, Miércoles 16 de abril

Otro detalle de esta parte de la novela es que se vuelve a hacer mención a Carlos, al ex de Ana, quien se da a entender que sigue con su novia, pero le queda con Ana una conversación pendiente, se verán y hablarán el sábado por la noche, en cuatro días. ya parece que ha pasado el suficiente tiempo desde su ruptura como para que l habido entre ellos forme parte del pasado, del olvido. Se supone que por fin Ana ya lo ha superado, ahora ésta tiene los ojos puestos en otro chico y mantiene una relación de amistad con Carlos como si fuera otro chico más del grupo. Sin embargo, se han citado para el sábado por la noche. De hecho, Carlos no va a estar en la convivencia, pero ese momento entre ambos a a ser un punto de inflexión en la historia. Carlos sigue siendo el líder carismático y lo que tenga que hablar con Ana debe ser importante como para que no pueda esperar, cuando además los dos viven en la misma ciudad y se supone que se ven con cierta frecuencia, cuando se reúne el grupo en la parroquia.

Ya tenemos el lío montado el que esperábamos fuera a hacer gala de su encanto personal, pasa del tema, se comporta sin mucha sensibilidad, parece que quiere demostrar aquello que ya no es necesario que demuestre “¡Por favor, haz el tonto!” y quien se supone ha desaparecido de la vida de Ana parece que intenta recuperar un protagonismo que ya no le corresponde, ya tiene novia, Mientras que Ana de muestra segura de lo que quiere, pero parece que la situación se le escapa de las manos, si el amor de su vida no hace el tonto por llamar su atención.

¿Qué pasará? Tenemos hasta el último día de la convivencia para desenmarañar todo este jaleo y a ser posible, le pedidos a Manuel que no se reprima, que si alguien tiene licencia para hacer el tonto durante esos días es él, que como Ana ha tomado la decisión de guardar silencio y mirar de reojo, nadie se va a protestar.

Manuel, si andas por ahí, no defraudes a la muchacha. Haz el tonto como tú sabes.

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