Mi ciudad, mi coche. Tú conduces

Publicado día 25 de julio al completo

Si lo típico en las historias es que el príncipe rescate a la princesa y los dos huyan del castillo a galope de los caballos, en esta historia es Ana quien ha de salir al rescate de Manuel, porque en el piso se empieza a concentrar demasiada gente y se entiende que como tal la broma ya ha llegado a su punto álgido y no tiene sentido que se alargue mucho más. Manuel ya ha tenido tiempo de hacerse una idea del panorama, de lo que implica ser el nuevo novio de Ana, y por lo tanto hacerse una idea de si le merece la pena seguir con esa historia de amor. Mejor sacarle de allí antes de que se lo piense demasiado porque la tensión se palpa en el ambiente y Ana prefiere que Manuel aún conserve algo de fuerza para aguantar todo el fin de semana.

¡Sí, ella, una chica decente, se va a pasar el fin de semana con su chico! Con su chico y un montón de amigos más en plan de mucha oración y pocas tonterías de esas que se te pasan por la cabeza, ¡que quede claro! Van a estar cerca

¡Qué! ¿nos quedamos a cenar y le pides permiso a mis padres para que me vaya contigo? ¿No? Pues, venga que se nos hace tarde. Mi mochila es esa y tengo el coche en la calle.

Mientras bajan por el ascensor, disminuye el nerviosismo y aumenta el cariño la complicidad entre ellos. ¡Este chico se merece un beso en la mejilla después de superar la tortura! Ya está, ya pasó todo, Tranquilo.

Cuando llegan a la calle, al coche, es Ana quien se ocupa de meter la mochila en el maletero y al ver que Manuel se dispone a ocupar el asiento del copiloto, de dejarse llevar con total confianza, pero Ana ésta dispuesta a que éste siga sumando puntos para ser el chico perfecto, para que afloren todas esas aptitudes ocultas, por lo cual le entrega las llaves del coche y le propone que sea él quien conduzca. Es la ciudad de Ana, es el coche de Ana, Ana es la que sabe cómo llegar hasta la Casa de Ejercicios….. Sin embargo, prefiere que sea él quien conduzca. Van a aprovechar para dar un paseo y ella prefiere ir pendiente de darle todas las explicaciones que considere oportunas de los lugares por lo que pasen. No llevan prisa y en caso de que la tengan, da lo mismo. En la calle no se van a quedar y esa noche al menos tiene plena permisividad en ese sentido. Esa tarde/noche es para ellos.

Confío en ti. Quiero que te des cuenta de ello. Te confío mi vida, mi corazón. Voy donde tú me lleves. Donde vayamos, vamos juntos.

Hacer un recorrido por la vida de Ana, por su pasado, por su presente y hasta cierto punto por su futuro, porque ella pretende que él se sienta partícipe de todo aquello, que lo sienta como su hogar y en cierto modo que a diferencia de lo sucedido en mayo, no tenga la sensación de que viene a un lugar extraño e inhóspito. Es el corazón de Ana y él tiene allí un lugar preferente.

Cena romántica

Como no puede ser de otro modo, cuando llegan a la casa de ejercicios, los demás ya han cenado, ya se han instalado y están rezando en la capilla. Ellos llegan con ganas se seguir juntos, de que les dejen un rincón para seguir compartiendo confidencias.

No puse ningún reparo en que me acompañase a subir la mochila hasta la que sería mi habitación durante aquellos tres días, las dos noches que tendría que dormir allí. Ocasión que aprovechó para explicarme cómo se habían distribuido los dormitorios y aclararme que el suyo no se encontraba en la misma planta.

Ana. 25 de julio por la noche

Durante la pascua, aquella primera noche, Manuel ni siquiera se había molestado en acompañarla hasta la puerta para darle las buenas noches. Sin embargo, aquella noche la acompaña hasta la misma puerta de su dormitorio con la excusa de ayudarla con la mochila, ejercer de anfitrión y en cierto modo para despejar cualquier duda con respecto a sus expectativas, aunque Ana ya da por sentado que no tiene motivo para inquietarse al respecto. Esta vez parece que Manuel se ha tomado en serio eso de no hacer tonterías y hacerse merecedor de la confianza.

Sentados en aquellos escalones, a la luz de la farola, 

Ana, 25 de julio cena

La luz no es la luz de las velas, sino sentados en los escalones de la puerta del patio, a la luz de las farolas. Y si en la pascua no fuimos testigos de su charla, esa noche casi nos dejan meter baza en la conversación, que opinemos con respecto a las primeras impresiones de esa primera cita en serio. A diferencia del 15 de febrero. Esta vez Ana habla desde el corazón, de que si por aquel entonces le había dicho que le consideraba el último de sus opciones, ahora le confiesa la pena por la distancia por la separación. Manuel se marcha el domingo por la tarde y no está claro cuándo volverán a verse.

Como se trata de tomarse su relación en serio y que, en realidad, el motivo por el que Manuel se ha de marchar es porque se vuelve con la gente de Toledo Ana tiene una ocurrencia un tanto ingeniosa para retenerle allí al menos un día más, que todo depende del aprovechamiento del fin de semana, de que sean capaces de entenderse. En cierto modo ponen de nuevo su relación a prueba, pero esta vez con el deseo de todo vaya bien, de tal manera que el domingo, cuando Manuel decida en qué coche ha de meter su maleta, lo que haya de preguntarse es si quiere o no seguir con Ana o aquello no tiene sentido. Ana tan solo le pide un día más y, en realidad, Manuel no lleva prisa. Si se queda le dará sentido a su presencia allí.

Quédate conmigo

El 15 de febrero también fue Ana quien le propuso que se quedara con ella, que la acompañara a esa cena con los amigos, sin que éste tuviera muchas opciones de negarse, aunque su casa estuviera a un paso de allí y considerase que ya había abusado en exceso de la confianza y paciencia de Ana. Entonces, ésta le había recomendado que la olvidara. Esta vez le da un plazo de dos días, o día y medio, para que se lo piense, que el hecho de regresar a Toledo sea el menor de sus problemas.

¿Al final se quedará? Y sabemos que Manuel es muy dado a hacer el tonto y esta vez tiene el aliciente de que Ana ya no puede refugiarse en las amigas porque se suponen que están juntos, que el uno le guardara al otro una silla en el comedor y un sitio en el banco de la capilla. Además, es una convivencia de novios, por lo que ciertas actitudes están permitidas, de modo que la pregunta es si Ana tendrá paciencia y aguante suficiente como para soportar sus meteduras de pata porque ella ya tiene experiencia en esto de las relaciones de pareja, pero Manuel se va a sentir un tanto fuera de lugar, ¡Está allí con una chica, con su chica!

Que me hiciese sentir como un sapo convertido, gracias a un beso, en su príncipe azul, no parecía una manera muy apropiada de dar sentido a nuestro noviazgo, por muy romántico que a ella le pareciese.

Manuel, 25 de julio, cena

¿Tendrá razón la madre de Ana de que esta historia carece de sentido? ¿Será cierto eso de que Ana se merece a alguien mejor?

¿Qué os ha gustado la cena a la luz de las farolas? Punto para Ana porque si todo el fin de semana transcurre en este clima de entendimiento. Manuel no se irá muy lejos el domingo por la tarde. Ya os adelanto yo que se queda, pero decidid vosotros quien gana de verdad la apuesta.

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