Daddy invita

Esperando a mi Daddy

Introducción

La visita del 11 de octubre de 2004 termina aquí, en la calle de Santo Tomé, sobre la que ya he hecho mención en la entrada (Después del Corpus). Lo que no implica que tras la visita al cuadro de El Greco nuestra pareja de turistas se marche a casa porque ya no haya nada más que ver. ¡Aún queda mucha ciudad o casco histórico por recorrer! Sin embargo, me pareció prudente hacer esta parada, este paréntesis, y dejar el resto del recorrido para otra ocasión. El objetivo sigue siendo llegar hasta la catedral. Sin embargo, la suerte es que no hay una única manera de llegar y queda abierta la posibilidad de probar otras alternativas y descubrir nuevos rincones de la ciudad. ¡No, Daddy no se va a escapar con tanta facilidad!

En esta entrada hablaré un poco de la iglesia de Santo Tome y nos tomaremos un chocolate con churros

Lo visitado hasta la fecha

  1. La puerta del Cambrón
  2. Con los brazos extendidos. – Monumento al Sagrado Corazón y Ermita del Cristo de la Vega
  3. Lleva mi recuerdo a los peces. – Río Tajo
  4. El puente sobre el río Tajo.– Puente de San Martín
  5. Patrimonio de la Humanidad. – Cuestas y calles de Toledo
  6. Esas noches de verano en Toledo. – Baño de la Cava.
  7. Después del Corpus. – Desde Calle del Ángel a Calle Trinidad
  8. Turistas a la carrera. – Barrio Judío
  9. La capital del mundo. – Palacio de Fuensalida
  10. Lo pintó El Greco. – Cuadro del Conde de Orgaz

Calle de Santo Tomé

Para acceder a la calle de Santo Tome desde la plaza del Conde hay que ir por la Travesía del Conde bordeando la Iglesia de Santo Tomé.

Iglesia de Santo Tome

Web de referencia: Toledo monumental

Fue reconstruida notablemente a comienzos del siglo XIV, a expensas del señor de Orgaz, Don Gonzalo Ruiz de Toledo. Entonces debieron añadirse las dos naves laterales con la cabecera plana.

La torre

Es el elemento que perdura de la primitiva iglesia, de cuya cabecera se encontraba exenta. Conserva en sus muros, embutidas, piezas labradas en época visigoda. De planta cuadrada y siguiendo el esquema de los alminares islámicos, en el interior conserva el machón central alrededor del cual se disponen las escaleras. Sobre el cuerpo inferior de mampostería encintada se superponen dos cuerpos en ladrillo en los que se abren ventanas con arcos de herradura para acoger el campanario. Entre los dos cuerpos, destaca por su belleza, el friso de arcos ciegos polilobulados sostenidos por columnillas de cerámica vidriada de color verde y ocre, detalle que la pone en relación con las torres de San Román y San Miguel. 

Torre de la Iglesia

Capilla mayor

Las primeras noticias acerca de la construcción de la actual capilla mayor en estilo gótico datan de 1483, momento en el que Juan Guas a pocos metros está iniciando la edificación del monasterio de San Juan de los Reyes, en el estilo denominado gótico de los Reyes Católicos simbiosis del gótico flamenco con el mudéjar castellano. El dominio de las soluciones constructivas también se demuestra aquí: una compleja bóveda estrellada de ocho puntas cuyos nervios son recogidos por ménsulas que se decoran con las imágenes de los cuatro evangelistas. 

Perdido el primitivo retablo, el actual del siglo XIX ostenta una buena pintura de Vicente López, pintor de cámara de los reyes Fernando VII e Isabel II, con el asunto de la Incredulidad de Santo Tomás. La armónica composición de figuras escultóricas de dibujo académico y colores puros contribuye a plantear la duda de Tomás y a resolverla a través del magistral juego de manos y gestos.

Iglesia de Santo Tomé
Altar mayor de la Iglesia

Calle de Santo Tome

En 1142 ya existía la parroquia que le da nombre, en la que se observa la famosa torre mudéjar y muy cercana a ella el conocido crucifijo votivo adornando el testero de la parroquia. Un establecimiento curioso hubo en esta calle, una carnicería oficial con una sala o capilla en alto, para decir misa. Se ubicaba al final, en la plaza de San Antonio, según Porres. También como curiosidad, a esta calle desemboca el callejón más estrecho de Toledo. Santo Tomé es una arteria principal del casco viejo, que lleva hacia la judería si venimos desde Zocodover, un recorrido típico que diariamente hacen miles de turistas.

Leyendas de Toledo

Novela

Jess: Eh! I remember that street! – Exclamo.

No estoy muy segura, pero sí me parece recordar que hace nueve años pasamos por una calle con muchos comercios, que tal vez fuera ésta, aunque entonces llegamos después de subir por una calle empinada, larga y estrecha, en poco o nada equiparable a la ruta que hemos seguido esta tarde y por la que hemos llegado a donde se expone el cuadro y desde ahí, bordeando la iglesia, por un callejón hasta aquí, de manera que se afianza mi idea de que toda la ciudad es como un laberinto donde las calles se entrecruzan. Si no fuera porque ya estoy un poco más ubicada, casi me esperaría que a la vuelta de la próxima esquina nos encontremos frente a la puerta de la muralla, aparezcamos en el cruce, porque Ana fue capaz de regresar hasta la puerta y tengo la sensación de que no fuimos sobre nuestros pasos. Sea como fuere, el caso es que Daddy y yo nos encontramos aquí y ésta sí me parece una de esas típicas calles que recuerdo, aunque en este caso sea llana y tal vez no tan estrecha, pero empiezo a creerme que de verdad estamos en Toledo, que no es la primera vez que estoy aquí, a sentirme un tanto frustrada porque hace nueve años estuve a un paso de conocer a Daddy y se me privó de esa posibilidad, aunque en parte ya sé que se debió a que éste no lo considero oportuno y Ana no le insistió.

De lo que estoy casi segura es que no fue en esta calle donde nos detuvimos a comprar recuerdos ni estaba ese cartel que anunciaban la venta de “typical product manchegos”, que, si hubiera tenido más claro que se trataba de Toledo, a Ana le hubiera sido bastante difícil convencerme para que regresase con ella a Medford mientras no le hubiéramos hecho una visita a Daddy. Sospecho que ella tuvo oportunidad de hacerle unas cuantas. Las suficientes como para asegurarse que no me cerrarían la puerta en las narices, si algún día se me ocurría presentarme sin avisar o aunque lo hiciera. Lo que tengo claro es que a pesar de sus pretendidas restricciones, de ese castigo, Ana se empeñó en darme pistas más que suficientes como para que tomara consciencia de donde me encontraba y de todos sus esfuerzos por localizar a Daddy. Ella estaba segura de que nada ni nadie me retendría en Medford en cuanto tuviera la más mínima oportunidad de venir y los acontecimientos le han dado la razón. Para tranquilidad de ambas, no sé si el mérito es de Daddy o de sus padres, pero la cuestión es que me he instalado en su casa y no me encuentro desamparada en mitad de la calle no maldiciendo mi desgracia.  Al menos se le da una cierta validez a esa paternidad legal.

Lunes 11 de octubre de 2004. 05:30 PM

Daddy: ¿Te apetece que descansemos y así nos relajamos? – Me pregunta y propone.

Jess: Yes. I do, please! I get tired.

Daddy: Donde quieras. – Me responde con plena disposición.

Si me da ocasión de escoger, prefiero que sea un sitio tranquilo, donde podamos estar cómodos y tengamos ocasión de hablar con calma, dado que entiendo esa es la finalidad de estos paseos, que nos conozcamos un poco más y superemos las discrepancias que hayan surgido, dado que asumo que le tengo que convencer para que me tome en serio, para que se crea eso de que soy su hija, por mucho que le cueste aceptarlo. No es porque yo lo diga. Es porque así consta en toda mi documentación. No fui yo quien tuvo ese detalle de originalidad un día en que me aburría. El caso es que me mostré igual de incrédula y sorprendida el día que Ana me lo explicó, cuando ya más o menos tenía las ideas claras de que no era como tal una niña abandonada sin más, sino que tenía un padre, que ese anhelo de siempre de que este viniera a por mí no era tan solo un capricho infantil. La cuestión es que le convenza o no la idea, él es Daddy, todos los datos que tengo sobre mi padre coinciden punto por punto con él, sin la menor duda. Lo absurdo es que se le considere mi padre biológico cuando tiene edad de ser mi hermano mayor e incluso un posible novio que me hubiera buscado. Pero no, es mi padre, al menos, mientras no se desmienta, a efectos legales.

Antes he presumido de que conozco la calle, al menos que estaba segura de ya haber estado aquí, por lo cual ahora Daddy pretende que  se lo demuestre, que sea yo quien tome la iniciativa y decida dónde nos paramos a tomar un café, como si tuviera más idea que él, aunque ya le he advertido que me siento un tanto perdida, como una turista más, con el añadido de que me he buscado un mal guía porque me da la sensación de que él se sabe orientar, pero la información que me puede ofrecer no sacia toda mi curiosidad. Quizás, si la visita fuera un poco menos improvisada, se habría preparado mejor o he sido yo quien me he creado expectativas demasiado altas, porque la verdad es que el tema del aviso me ha resultado curioso. Me da la sensación de que a Daddy le preocupa esto de personalizar demasiado la visita y quitarles todo el rigor histórico a sus explicaciones. Sin embargo, a mí lo que de verdad me apetece es escucharle, porque después de todo, aunque, con sus reservas, las historias que me ha contado de su vida en la zona del parque han tenido su encanto. Quizá sea un tanto exagerado que me lo plantee así, pero es la genética de aquello años lo que he heredado de él y tal vez por eso no hay entre nosotros ese parecido físico, él ha cambiado con los años y se ha visto afectado por el entorno. Sé que es una ocurrencia un tanto sin sentido, pero si de verdad fuera mi padre, yo habría heredado tan solo su inocencia infantil.

Un poco antes del final de la calle, a la derecha, hay una pastelería y en el escaparate han montado una composición con figuras que parecen hechas con pasta de almendra, lo cual no sé si será muy típico de la ciudad, pero al menos me resulta curioso, una técnica de marketing para atraer la atención de los turistas. Después de haber visto el cuadro, se agradece esta atención artística y aprecio por el detalle, que no se trate tan solo de vender un determinado producto, dado que otras tiendas han sacado sus expositores a la puerta de sus locales. Aquí, más bien, se anima a entrar e incluso a quedarse delante del escaparate y observar con detalle la composición. A creerse eso de que, si han sido capaces de elaborar un escaparte con esas figuras, la calidad de sus productos ha de estar a la altura. En el St. Clare’s se nos decía que no debíamos jugar con la comida, pero esto es más que eso, es arte y no solo culinario. Es arte por el detalle, por la calidad, para pensar un tanto a lo grande y que, si Jack estuviera aquí, se dejaría tentar y compraría todo el escaparate sin que le importase el precio, aunque después le remordiera la conciencia por tener comérselo antes de que se estropee. Para mí, en el estado actuar de mi economía, supone un capricho que está mejor de mi alcance. De hecho, si tan solo fuera una turista, como mucho, me permitiría una o dos piezas de mazapán, siempre y cuando tengan un precio asequible.

Lunes 11 de octubre de 2004. 05:30 PM

El Café de las Monjas

En calle de Santo Tomé hay variedad de establecimientos y en cualquiera de ellos hubiera podido situar esta secuencia de la novela y ya he hecho mención a alguno de ellos en entradas anteriores, como el obrador de Mazapán de Santo Tomé. Sin embargo, éste tiene una vinculación especial con la novela, con esa manera en la que Jessica consigue localizar a Daddy y confirmar que éste es alguien real. En días anteriores de la novela, ya hacen a correspondiente visita a las proximidades del convento, porque fue en el aparcamiento donde escribí ese poema, de modo que ésta es una manera de completar esa parte de la novela, por lo cual mi interés en este caso, es, más bien, personal novelesco.

Daddy: ¿Te acuerdas de dónde estuvimos el sábado por la tarde? – Me pregunta.

Jess: Where were we? I’m in a hurry.

Daddy: Después te lo cuento. – Me contesta en vista de que ahora no tengo muchas ganas de conversación.

Jess: Yes, I expect you talk to me.

Lunes 11 de octubre de 2004. 05:30 PM

El debate existente en Toledo en cuanto al mazapán es quién produce el de mejor calidad o tiene mejor aceptación. En esta disputa de preferencias el mazapán del Convento participa de manera activa, sin hacer de menos a los demás obradores. El caso es que las monjas del Convento tienen aquí, al final de la calle de Santo Tomé, su local, donde aparte de un servicio de cafetería ofrecen los productos elaborados en el convento

El escaparate de esta cafetería me resulta un tanto extraño, atípico, porque han utilizado muñecas vestidas de monjas, se utiliza la religión como reclamo, aunque la primera impresión y la sensación que ello causa es que lo hacen desde el respeto, dado que las muñecas están como si trabajaran preparando dulces, como lo que se exponen junto a éstas y entiendo se ofrecen a los clientes del local. En realidad. El local es como el resto de la calle, como cualquier cafetería, por lo que no entiendo demasiado bien el sentido ni la intención de que utilicen esas muñecas para adornar los escaparates, cuando en el supuesto de haber buscado algo de originalidad hubiera bastado con seguir el ejemplo del otro local, sino para hacer figuras con la comida, al menos para una presentación similar y alusiva a algo relacionado con la ciudad. De todos modos, por lo que entiendo al respecto del marketing y ya voy conociendo la cultura local, supongo que lo peculiar de este negocio quizá esté en las muñecas y en darles ese carácter, en el sentido de que el local tenga un aspecto un poco más acogedor, tal vez pensando incluso en esos turistas que busquen sentirse un poco más cerca de sus casas y no como una cafetería más. Hoy en día, si las hermanas McPherson vinieran por aquí, quizá lo considerasen uno de sus favoritos. Si hubiera sido hace algunos años, tal vez ni se plantearían venir por Toledo.

Lunes 11 de octubre de 2004. 05:30 PM

En lo que se refiere a la novela, como algo típico de España, más que una tradición de Toledo, se me ocurrió que se tomasen un chocolate con churros, de manera que Daddy pueda tener un detalle con Jessica y compense así, de algún modo, lo frío y distante que se muestra en el día a día

Para evidenciar mi conocimiento de la cultura española puedo decir que esto son churros y no “porras”, dado que éstas son más gruesos, largos y rectos. Los churros son como lazos con el tamaño justo para que quepan en la taza y se coman en un par de bocados, de manera que comerse cuatro o cinco no causa ningún remordimiento, pero son la cantidad justa pasara saciar el apetito hasta la cena, incluso como sustitutivos de ésta, como me impuso Ana en una ocasión como aliciente a mi aprendizaje del idioma, lo que confío no sea la intención de Daddy en este caso, aunque soy consciente de que en ese sentido no estoy realizando todo el esfuerzo que debería. Sin embargo, el también debería ser consciente de que necesito de un apoyo un poco más profesional y no tan solo de su buena voluntad y predisposición porque terminan en fracaso. Una vez que se haya normalizado un poco más mi situación será una de mis prioridades porque si me quedo a vivir por aquí habré de encontrar trabajo y el idioma se convierte en un obstáculo, aunque por otro lado el hablar inglés sea una ventaja porque ya lo traigo aprendido de Medford. Sea como fuere creo que esta tarde me he ganado esos churros.

Aquí, en este local, lo más internacional son los clientes. No sé, si me plantease trabajar aquí, quizás, casi con completa seguridad, mi titulación universitaria no me serviría de mucho. De algún modo me plantearía como una continuación al trabajo en la parroquia de St. Clement, mezclado con el trabajo en Dewick y “Brown & Brew”. Sería como dar por perdidos cinco años de mi vida en cuanto a los estudios, cuando mis aspiraciones van más allá. Quisiera algo que me permitiera estar al corriente de lo que ocurre a ambos lados del océano y esta cafetería se consideraría comercio local, salvo en el remoto caso de que, aparte, se dediquen a la exportación, pero me cuesta imaginar que un convento disponga de medios y capacidad para ello, ya que, en principio, ésta debería ser una actividad sin afán de lucro, tan solo para su mantenimiento y en último caso para recaudar fondos para destinarlos a las necesidades de la Iglesia. Me cuesta creer que sean capaces de montarse una gran empresa para comerciar con dulces, porque ello requeriría muchos intermediarios y la producción debería ser en grandes cantidades, con el coste de producción que ello conlleva. Quizá me equivoque, pero desde mi conocimiento no es algo que les aconsejase, si es que pretenden mantener la actividad propia del convento. Sin embargo, a nivel local, como un medio para evitar depender de la caridad desinteresada, como alternativa a las limosnas, me parece perfecto siempre y cuando el precio sea justo y no haya un lucro injustificado.