Los limpios de corazón…. (Revisado)

Introducción

Sigo con las revisiones de las entradas sobre la novela y esta vez intento seguir un orden, de modo que en la entrada anterior (¡Por favor, haz el tonto!) dejábamos a nuestra pareja protagonista con la expectativa de lo que debería hacer Manuel y que al final no hace esa noche de miércoles primer día de la convivencia de la Pascua, dado que, a diferencia del comportamiento o actitud de Ana, todo lo que envuelve al personaje de Manuel parece lleno de certezas, pero también de sin sentidos: va a hacer el tonto, se va a poner en evidencia delante de todo el mundo por llamar la atención de ésta, pero va a necesitar una buena patada en el culo para que reaccione.

Incluso nos atrevemos a asegurar que Ana se lo teme y se lo espera. No tanto por el hecho de que parezca un tanto sospecho que éste haya escogido esa convivencia, justo donde está ella, sino porque ambos se tienen que aclarar las ideas, los sentimientos. Han de demostrarse a sí mismos si son o no capaces de compartir esos días con los amigos, de pasar más de doce horas juntos, como suele decirse: el espíritu está pronto, pero la carne es débil. Está por ver lo fuerte que es su espíritu, su intención de que haya un buen trato entre ellos.

Sobre esa premisa, en cierto modo, fue cómo me plantee esa secuencia de la novela e intenté escribir esta entrada, sobre la fortaleza de cada uno, el planteamiento se han hecho para estar allí, dónde y en quién ha puesto cada uno su confianza. Es la mañana del jueves con cierta resaca por lo que ha sucedido y no ha sucedido el miércoles por la tarde/noche.

Entrada (2/06/2021)

Lo prometo, pronto llegará la mañana del jueves y va a sonar el despertador tanto en la casa de los chicos como en casa de las chicas.

No vamos a dejar a dormir a Ana ni un segundo más. Sí, nos vamos a colar en su dormitorio y a verla con cara de sueño, de recién levantada, aunque no habrá tiempo para distracciones porque van con la hora pegada, porque ella es una de las responsables de la convivencia y su grupo es el que sirve el desayuno en esta ocasión. Ya sabemos que allá donde va Ana ésta brilla con luz propia ¿Qué mejor manera de hacerse notar que el desayuno?

Despertador

Aquella mañana fue mi despertador el que sonó para todas las chicas. Había tenido la oportuna ocurrencia de traerlo conmigo de casa y a las ocho, cuando le oí, mi primer pensamiento fue de remordimiento por ello. 

Ana, despertar jueves 17 de abril

Por otro lado, estamos esperando con ansia a que Manuel empiece a hacer gala de su extraordinaria personalidad, a que haga el tonto. Por lo cual, no se puede quedar durmiendo, metido en el saco, mientras los demás aprovechan el tiempo. ¡A ver si esta vez no nos defrauda!

Tras una noche no muy tranquila, fue la primera y en la única que todos nos relajamos, se aprovechó hasta el último minuto de fuerza, de resistencia al sueño, antes de que hubiera silencio en la casa. El despertar fue como siempre. El despertador sonó para todo el mundo a las ocho y media; no se dejó que nadie cediera a la pereza.

Manuel. Despertar, jueves 17 de abril

Los dos tienen un intenso romance por delante y cada segundo que pierden soñando lo pierden para hacer vida esa pasión. Todos esperamos que prenda esa llama de un momento a otro o termine esta historia de amor. Dependerá de sus propios méritos y decisiones, por lo cual, mejor que no les presionemos demasiado.

Así que el jueves por la mañana van a desayunar, y como ya os he dicho en entradas posteriores, tampoco es un momento al que le haya dado la relevancia que se merece.

El desayuno lo sirvió su grupo y, como ya me comentó el día anterior, tuvo mucho cuidado y no se acercó por donde yo estaba. De mi mesa se ocupó otro, aunque confieso que hubiera esperado algún detalle por su parte en ese sentido, pero comprendí aquella actitud con algo más de humildad y resignación. Yo, como todos, había ido hasta allí, a la Pascua, despreocupado por quién estuviera, con la excepción de alguien conocido que me llevara. La presencia de Ana para mí había sido toda una sorpresa y, en consecuencia, no había entrado en mis planes, aunque tampoco negase que me fuera del todo indiferente. Su sola presencia, nuestro encuentro en aquella pascua, era toda una novedad y después de los últimos acontecimientos para mí cobraba una mayor relevancia.

Manuel, desayuno 17 de abril

Aquel sería un desayuno casero y normal, con la particularidad de que lo serviríamos nosotros. Que una vez estuvieran las mesas puestas, nos sentaríamos y desayunaríamos mezclados con los demás, pendientes de que en la mesa donde estuviéramos no faltase nada. Recordé la experiencia del restaurante chino en febrero y consideré que en aquella ocasión era preferible que mantuviera las distancias con Manuel. Aparte que me sintiera un poco desencantada tras su frialdad con la despedida de la noche anterior y no quisiera ser muy abierta con mis sentimientos e impulsos hacia él.

Ana. Desayuno, 17 de abril

¡Qué pena! ¿no?

Después de una despedida de buenas noches un tanto fría debería ocurrir algo que le devolviera la fuerza a la novela. Eso de que Ana haya de adoptar esa actitud servicial parece el momento más idóneo, que este comienzo de un nuevo día sirva para repetir el saludo de la llegada, de modo que no sea capaz de reprimir ese acercamiento, ese hacerle saber a Manuel que ella se alegra verle allí; que en sus últimos campamentos y convivencias ella ha sentido que brillaba con luz propia porque éste no se encontraba cerca. Sin embargo, ahora se siente como si ella fuera la luz que ilumina el mundo y necesita que también éste sea consciente de sus ganas de vivir, de disfrutar hasta el último momento.

¡Es Ana! Si Ana no brilla, el mundo parece que se ve inundado por la oscuridad! Manuel es como esa batería que mantiene encendida la bombilla. ¡Esta vez sí!

Pero para verlo hay que estar limpios de corazón y la verdad es que ya hemos visto cómo, en la misa del miércoles, Ana se levanta a comulgar y Manuel se queda sentado en el banco. Se ve que Ana viene preparada de casa para vivir aquellos días. Aunque, en cierto modo, este momento, desde un punto de vista literario y novelesco, de la historia, es una clara alusión a aquella misa del 18 de mayo del 2002, en que los dos coincidieron a la hora de colocarse en la fila, que fue cuando Manuel empezó a ser un poco mas consciente del nerviosismo de Ana ante su cercanía.

Tal vez ella hubiera necesitado de una nueva confesión por los malos pensamientos que le rondaron por la cabeza ante mi proximidad, 

Manuel, 18 de mayo de 2002

Manuel, en cierto modo, se dejaba llevar por la subjetividad de aquellos momentos, porque no es un algo a lo que se dé tanta relevancia en la versión de Ana, aunque ésta sí reconoce que aquel día ella y sus amigas hablaron sobre Manuel con bastante inquietud. Hasta cierto punto, Ana intenta buscar una justificación a ese comportamiento, pero desde una visión general de todo el día. Ella empieza a sentir curiosidad por todo lo que éste hace. Hasta cierto punto le preocupa que la descubra, dado que tan solo busca una distracción frente al comportamiento lógico de los demás, Manuel rompe con la norma.

Lo que hay en el corazón

El caso es que para Manuel aquel momento fue el comienzo de todo y la verdad es que no se vuelve a hacer mención a momentos como éste hasta entonces. Aunque, por lógica, es fácil deducir que éstos se producen. En cualquier caso, la actitud de Ana ha sido la de mantener las distancias, de dejar que cuestiones personales ni sentimentalismos le condicionen. Aunque, como ocurre en la misa del 11 de enero, sea ella quien busque se acercamiento para propiciar esa reconciliación tras el desencuentro en Navidad.

La cuestión es que ese miércoles, 16 de abril, no se da dado esa coincidencia. Ella se levantó y él se quedo sentado. Y los que se quedan sentados son los que ven es cómo los demás se levantan, como los demás han ido hasta allí con todo dispuesto y preparado para aquellos días, que no han dejado nada para el último momento. Por lo que se entiende el pesimismo que de pronto e invade a Manuel. Quien de nuevo parece convencerse de que hay un abismo que se interpone entre los dos ¿Así cómo va a tener alguna posibilidad? Ya le reiteró Ana la tarde del 15 de febrero que ella no le iba a conceder ninguna. Que antes iba a tener mucho que mejorar y que no merecía la pena que se esforzara.

De hecho, casi me dio la impresión de que, cuando se levantó del banco, se distanció de mí. Que su simpatía conmigo en los primeros momentos no iría más allá.

Manuel 16 de abril

¡Vaya una manera de empezar esta convivencia, esta pascua! Él que ha ido todo contento, dentro de lo que cabe, que ha visto cómo Ana le ha recibido con la mejor de las sonrisas y una actitud afable que ha terminado en la puerta de la iglesia, se encuentra con que la ha defraudado; que parece que ha saltado en el coche de sus amigos, se ha aprovechado de un un descuido de éstos mientras subían las maletas y, cuando se quisieron dar cuenta de que llevaban un polizón, ya era tarde para dar la vuelta.

¡Pues, hale! Manuel se despierta el jueves por la mañana con el desánimo en el cuerpo. Que recoja sus pertenencias y que alguien le lleve de regreso a Toledo porque no tiene mucho sentido que se quede. Más bien, ninguno ¿No os parece?

Lo único es que Ana ya sabía de su llegada. Ya cuenta con él, y en la primera ocasión que tiene de demostrar cómo lleva de preparado el corazón, éste se queda sentado en el banco. Prefiere no jugar en el equipo titular. Mientras que Ana va equipada y preparada de pies a cabeza desde lo material a lo espiritual. Y lo peor es que, si éste hubiera sido un partido de fútbol oficial, Manuel no hubiera estado preparado ni siquiera para que le convocase como reserva. El partido se hubiera dado por perdido, porque, de los dieciocho que son, no todos estaban preparados para jugar. Esta vez no es Ana quien está necesitada de una confesión por sus malos pensamientos.

La limpieza del corazón

Si se me permite que os adelante algo, es importante este estado del corazón y ese es un detalle que se destaca y resalta en la versión de Manuel para hacer alusión a la actitud de Ana

Pasamos la mañana en la iglesia, hubo tiempo para que confesara quién lo necesitara, como lo haría la gente del pueblo. La única que no necesitó moverse del banco fue Ana. De hecho, se sentó en el primer banco y permaneció ajena a cuanto sucedía a sus espaldas.

Manuel, 17 de abril

Ana le da la espalda a todo el mundo. Lo que suceda parece que nada tiene que ver con ella. Su corazón está inquieto, pero limpio. De modo que no importa lo que pase, dado que ella demuestra una confianza plena ¿Tan preparada está para aquellos cuatro días de convivencia? ¡Vaya sacudida de orgullo para Manuel!

Es Ana y demuestra ser una chica que, por lo menos, se muestra comprometida; que se ha ganado ese reconocimiento y admiración de los demás por méritos propios. Es alguien en quien parece se puede confiar porque no defrauda a nadie. Luego ya contará Ana su versión de los hechos, dejará ese ideal de mujer casi por los suelos, porque ya tiene bastante con todo lo que tiene y, además, se ha enamorado por segunda vez, pero no se siente correspondida. Más bien, perseguida, acosada.

En cierto modo, me escondí de cuanto sucedía y de mis propias distracciones, con cierto sentimiento de culpa porque la Pascua estaba en sus inicios y mis pensamientos estaban en la Vigilia,

Ana, 17 de abril

Y después de confesar, una vez que Manuel se ha descargado de todo eso que le atormenta y le han dado una serie de consejos para afrontar aquellos días, para que no convierta su interés por Ana en algo que le domine, ya siente que se puede quedar. Pero como Ana se encuentra sentada en el primer banco

Sin embargo, ella estaba sentada en el banco de delante y yo no podía darle la espalda

Manuel, 17 de abril

El jueves es un buen momento para empezar a hacer el tonto, pero mejor después de haber hecho un poco de limpieza. Para tranquilidad de todos, la primera que no reprime esos impulsos es Ana, quien a la hora de volver a ser un poco más consciente de la realidad a quien busca es a Manuel. Sin embargo, éste de nuevo parece que se ha desentendido de ella.

Cuando me quise dar cuenta, cuando me avisaron, ya era la hora de comer y, aunque mi primer impulso fue localizar a Manuel, no le encontré por ninguna parte.

Ana, 17 de abril

Miércoles por la noche

El despertador sonará pronto, de modo que dejemos que nuestros protagonistas descansen, Ana porque tiene el corazón inquieto y Manuel porque todavía mantiene un poco de desorden en su alma. El jueves es día de confesiones, de la limpieza del alma y la noche será larga porque habrá que mantenerse en vela. Pero, como ya he avisado en «la hora de Cenicienta«, Lo días no acaban a las doce, hay un continuo avance de la historia en el día siguiente.

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