Manuel. Silencio en tus labios ( 2)

26 de julio, sábado

Esa noche aún nos dio tiempo a estar más de media hora en la capilla, lo cual, después de la propuesta de Ana, estuvo más que justificado. Lo que a mí se me hizo raro fue el hecho de que ella se sentase a mi lado, que, a diferencia de otras ocasiones, no me evitase ni quisiera ocultarlo. Íbamos a rezar juntos, lo cual para ella no resultaba tan novedoso, pero en mi caso que una chica se buscase un sitio a mi lado era totalmente atípico y, más aún, cuando allí había gente que había sido testigo de la situación contraria, de manera que más nervioso no me pude sentir en aquellos momentos. No supe muy bien dónde fijar mi atención. Mientras que ella, al menos, aparentaba estar mucho más tranquila. No me lo había comentado, pero era de suponer que tampoco era la primera vez que se encontraba allí. Además, si quería que yo me quedase el domingo, debía hacer méritos para vencerme en aquella apuesta, que yo no sabía si dar definitivamente por perdida, dada la seguridad y determinación que ella demostraba. Sus padres ya me habían visto.

A la hora de despedirse, los matrimonios no tuvieron problema, pudieron hacerlo en la misma puerta de las habitaciones y quienes sólo éramos parejas nos vimos obligados a separarnos. Nosotros fuimos de los primeros en darnos las buenas noches y perdernos de vista. Ana no consintió en que la acompañase hasta la puerta. Como me dijo, debía imaginarme que su madre estaba allí con la zapatilla en la mano y obrar en consecuencia. Por ese día ya habíamos causado bastantes problemas y era mejor que guardásemos y respetásemos las formalidades. El descanso que Ana necesitaba en aquellos momentos no era solamente físico y consideraba preferible no darme muchas confianzas, no fuera que el domingo ni ella me quisiera tener en su casa por mucho que dijeran sus padres. Ni siquiera me dio un beso de despedida. Tonterías y carantoñas, las justas, y el tope no sólo lo poníamos nosotros, ya que de ser por mí nos habríamos pasado la noche hablando, pero no era ese el motivo de nuestra estancia allí ni se nos consentiría que lo fuera.